Qué rentabilidad hay que exigir a un producto bancario para no perder dinero

Las previsiones de inflación obligan a que los inversores, incluso los más conservadores, deban buscar entre un 1 y un 1,5% de rentabilidad anual a sus inversiones para no perder poder adquisitivo.

Si hay un país en Europa que peque de conservador a la hora de invertir ese es España, y eso se ve en los datos de ahorro financiero que publica periódicamente el Banco de España. Los últimos de cierre del año pasado muestran cómo la mayor parte del ahorro financiero sigue estando en depósitos, que suponen el 38% frente al 29% que suponen en Europa.

Y de hecho, esta cifra puede ir a más si se tiene en cuenta que una encuesta de JP Morgan revela que el 49,4% de los españoles declara que tiene intención de contratar un depósito, abrir una libreta de ahorro o bien una cuenta de ahorro. Quien convierta en realidad ese deseo debe saber que la rentabilidad media del depósito, aunque esté subiendo, lo hace mínimamente y ahora de media los grandes depósitos bancarios ofrecen a 12 meses un rendimiento del 0,09%.

Una cifra que se queda muy por debajo del 1,5% de tasa de inflación con la que la OCDE espera que España despida el ejercicio, por lo que todo aquel que hoy contrate un depósito a buen seguro estará perdiendo poder adquisitivo. “Si dicha rentabilidad no supera la inflación, no solo bloqueas tu dinero -sin opción para usarlo para otras actividades-, sino que tus ahorros también pierden valor: debido a la inflación -el incremento del precio de bienes y servicios a lo largo del tiempo- con el paso de los años no podrás comprar lo mismo que lo que compras hoy en día con 100 euros”, afirma el robo advisor Finizens en su blog de Finect.

Vigile la inflación

La inflación es el gran concepto que debe tener en cuenta el inversor cuando acuda a la entidad o asesor para contratar un producto financiero, ya que “como mínimo hay que exigir una rentabilidad que iguale los niveles de inflación previstos y eso se antoja realmente complicado para los inversores conservadores”, apunta Paulo Gonçalves, del servicio de estudios de Banca March.

No en vano, como explica Sergio Míguez, de EFPA, “la inflación es un impuesto silencioso y el gran enemigo del inversor”. Si ese inversor es de corto plazo y lo que se busca es un producto en el que entrar hoy y salir en 12 ó 24 meses, la rentabilidad a exigir a la hora de contratar un producto financiero deberá ser similar a las expectativa de inflación que se maneja para ese periodo.

“Los tipos de interés en Europa van a estar cercanos a cero hasta finales de 2018 y para preservar su capital con liquidez habrá que obtener una rentabilidad mínima de entre el 1 y el 1,5%, lo que no se va a conseguir vía depósitos”, apunta Gonzalo Rengifo, director en España de la gestora Pictet. La duda es: ¿se pueden conseguir esas tasas de rentabilidad sin que ello suponga un cambio radical en el perfil del inversor más consevador?

“En el actual escenario, lograr que una rentabilidad supere esos niveles conlleva la asunción de mayores riesgos que en anteriores ciclos económicos debido al nivel reducido de tipos de interés”, afirma Gonçalves. En la actualidad, estos tipos de interés se sitúan en el 0%, lo que ha dejado al activo libre de riesgo de referencia, el bund, en niveles del 0,4%.

Esto quiere decir que todo producto que ofrezca más de ese 0,4% implica riesgo, aunque pueda ser mínimo. Además, no se esperan grandes cambios en esta cifra teniendo en cuenta que el mercado no descuenta la primera subida de tipos del BCE hasta marzo de 2018, según el consenso que recoge Bloomberg.

El problema es que las alternativas a los depósitos tradicionales, fondos de renta fija a corto plazo o fondos garantizados de renta fija, también tienen complicado aspirar a ese 1-1,5% de rentabilidad anual. De hecho, en los últimos 12 meses solo cuatro de los 39 fondos de deuda pública a corto plazo europea consiguen una rentabilidad de al menos el 1% y en la categoría de renta fija corporativa euro la cifra que lo logra es de 21 fondos sobre un total de 67, según los datos de Morningstar.

Similar fotografía ofrecen los fondos garantizados que, aunque sí pueden alcanzar ese 1% anual de rentabilidad garantizada, lo hacen a cambio de periodos de permanencia de hasta ocho años, lo que deja ese 1% como algo insuficiente, teniendo en cuenta que en ese periodo la inflación y los tipos no harán otra cosa que ir al alza.

Ampliar el plazo o cambiar perfil riesgo

Ante esta situación, el inversor tiene dos opciones. La primera es ampliar su plazo de inversión ya que, como explican desde la Eafi Bull4All, “a largo plazo es más fácil asumir riesgos por dos motivos. El primero es que hay tiempo para enmendar errores y asumir los estragos de la volatilidad. El segundo es pura estadística. En periodos de 20 años el mercado rara vez ha registrado pérdidas”.

De hecho, calculan que la probabilidad de obtener pérdidas disminuye sustancialmente a partir del quinto año de inversión y, de hecho, al menos entre los partícipes de fondos, ésta es una práctica habitual ya que, según el Observatorio Inverco, siete de cada diez inversores conserva un fondo por más de tres años. La segunda opción pasaría por modificar el perfil de riesgo, siempre que el inversor sea consciente de que ese cambio implica mayores posibilidades tanto de ganar como de perder dinero.

Y a este respecto, la CNMV advierte: “Un riesgo inadecuado, ya sea porque no hayamos determinado correctamente nuestro perfil, o porque conociendo nuestro perfil los productos no encajen en él, puede provocarnos más de un disgusto”.

eleconomista.com

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