Ocho usos posibles para un túnel (de Metrotrén) sin uso

El 19 de diciembre de 2006, los gijoneses supieron que su ciudad disponía ya de casi cuatro kilómetros de conducto subterráneo apto para el uso ferroviario. La tuneladora Noega había concluido su cometido después dos años y medio después del inicio de sus trabajos y algo más seis años desde que el entonces ministro Francisco Álvarez-Cascos anunciase a bombo y platillo el proyecto del llamado «Metrotrén». Era la primera pieza del macroproyecto de integración ferroviaria y de transporte intermodal que iba a revolucionar la movilidad y el perfil urbano de la ciudad. Casi diez años exactos después de que la Noega parase motores, después de una década en la que lo único que ha circulado por el conducto ha sido la propia tuneladora, Gijón supo que también contaba con un túnel someramente navegable. Y de que se cumplían así algunas de las jocosas especulaciones que la coña local, macerada durante diez años largos en escepticismo, fueron fabulando para posibles usos alternativos de la multimillonaria infraestructura.

Canal navegable con salida al Piles y de ahí al Cantábrico. Sede subterránea donde terminar con la perpetua peregrinación de la Semana Negra (aunque sin noria). Túnel del Amor, también navegable, de 3,9 kilómetros. Mercadillo sin miedo a las inclemencias del clima. Ruta alternativa para el tráfico de superficie. Refugio atómico. Reserva zombi. Base de submarinos de bolsillo para la Armada. Criadero de champiñones. Circuito de carreras… Con alguna punta de veras, pero casi siempre abiertamente en broma, en columnas periodísticas, redes sociales o en el jolgorio del chigre las ocurrencias han ido dando algún uso al Tunelón -el de estimular la imaginación, al menos- y llenado de fantasías el interior del gran boquete.

Pero, ¿y si todo el proyecto fracasase finalmente? ¿Si pudiese suceder con el ferrocarril urbano gijonés lo que sucedió con quiméricas líneas ferroviarias del siglo pasado como la línea Baeza-Utiel, o, más recientemente, con túneles con el del Barranco de los Gafarillos, en la inacabada línea del AVE entre Murcia y Almería, por cuyo hueco se fueron para siempre 500 millones de euros? ¿Y si el Tunelón quedase como una gran pieza de arqueología del dispendio y la mala planificación política, destinado a una de esas páginas web de culto de los forofos del ferrocarril? ¿Qué hacer entonces con él? Estos son algunos ejemplos de usos ya efectivos o posibles. La ventaja es que, con casi 4 kilómetros y cuatro estaciones disponibles, incluso se podrían combinar varios de ellos.

Cultivar champiñones

Es la opción más socorrida. Y una de las más frecuentes en los antiguos túneles ferroviarios españoles para un sector muy rentable, como lo demuestra su pujanza en Castilla-La Mancha o La Rioja. Las condiciones en el interior de un túnel, muy estables en términos climáticos, son óptimas para un producto que requiere de temperaturas y humedad constantes, como bien saben desde siempre los cultivadores del hongo que han recurrido desde siempre a cuevas. Y a túneles, por descontado: algunas líneas, como la Baeza-Utiel -iniciada en 1926 en plena fiebre de las obras públicas durante la dictadura de Primo de Rivera, y con 107 túneles que suman casi 30 kilómetros- fueron reclamadas formalmente para este uso. De hecho, en 1980, un vecino de Villanueva del Arzobispo (Jaén) recibió la concesión de todos esos túneles, de los que pensaba aprovechar medio millón de metros cuadrados para crear 300 puestos de trabajo. No debió de prosperar, porque los túneles fueron reclamados de nuevo formalmente a finales de la década de los ochenta por vecinos de algunos de los tramos que atraviesa el trazado, definitivamente inhabilitado en 1984.

No es este un uso que se haya descartado incluso en tiempos más recientes. En 2010, un representante del PP malagueño en la diputación de Málaga proponía el mismo destino para los túneles inutilizados en la red ferroviaria de la provincia en un proyecto que pretendía contar con la colaboración del Centro de Investigación y Experimentación de Servicios del Champiñón (CIES). No hay noticias del proyecto.

Montar huertos subterráneos

Las mismas razones que hacen tan adecuados los túneles para el cultivo de hongos valen para vegetales destinados al uso humano. Y en plena zona urbana. Y con cierto toque hipster. Lo vienen demostrando desde hace unos años dos emprendedores británicos, Steven Dring y Richard Ballard, a los que se les ocurrió convertir en invernaderos los túneles a 33 metros bajo el barrio londinense de Clapham. Utilizados primero como refugio antiaéreo en la II Guerra Mundial, destinados a integrarse en la Línea Norte del metro después y finalmente abandonados, ahora acogen en uno de sus tramos los cultivos de brotes de todo tipo bajo la marca «Growing Underground», que ha recibido bendiciones como la del exalcalde de Londres y actual ministro de Exteriores, Boris Johnson, y de lumbreras de la restauración como el mismo Jamie Oliver.

A 16 grados de temperatura constante, usando cultivos hidropónicos y un sistema de leds y con un ahorro del 70 por ciento en el consumo de agua, Dring y Ballard han conseguido meter un rentable huerto en el corazón de Londres, ahorrándose de paso un buen pico en transportes. Durante la exitosa campaña de crowfunding que sustentó el despegue, ya prometían una rentabilidad de 1.200 libras anuales por metro cuadrado en los más de 2.000 metros cuadrados del invernadero subterráneo.

Cultivos «alternativos»

Bajo tierra se pueden cultivar rentabilidades incluso mayores. A pesar de su evidente atractivo empresarial, no existen iniciativas similares a las de Growing Underground en otras ciudades del mundo… que se sepa, y a este lado de la raya de la ley. Porque puede darse el caso de que una exploración a fondo de los antiguos túneles del metro depare sorpresas como la que hace unos años se llevaron las autoridades italianas al descubrir, tras un muro de un cultivo legal de champiñones en un túnel del barrio romano de Tor Pignattara un segundo invernadero. Este, de marihuana. Cuatro mil metros cuadrados y 1,3 toneladas en un antiguo trazado que mandó construir el mismo Mussolini. Qué hubiera dicho el Duce.

Un emporio del ocio «underground»

Naturalmente, a los parisinos, siempre creativos, también se les ha pasado por la cabeza la idea de hacer algo con los túneles de su afamado metropolitano. Solo que, como era de esperar, el toque parisino orienta las ocurrencias hacia terreno más sofisticado. Hace unos años, la candidata conservadora a la alcaldía de París Nathalie Kosciusko-Morizet puso sobre el mapa (o más bien, bajo él) una deslumbrante galería de proyectos concebidos por el arquitecto Manal Rachid y el urbanista Nicolas Laisne para recuperar las estaciones fantasmas parisinas.

Así precisamente, Estaciones Fantasmas, titularon su catálogo de ultralujosas visiones de antiguas estaciones y túneles reconvertidos para el ocio y el uso (público y no tan público): jardines, discotecas, restaurantes, teatros e incluso piscinas que no han saltado -de momento- del estudio al subsuelo.

Una reserva para ciclistas y peatones

De vuelta a Londres, y  mucho más pragmático, es un proyecto que sin duda interesará a los colectivos ciclistas que hace unos días sugerían otro uso cantado para un trazado que discurre por el centro de Gijón y sus calles precisamente más hostiles para los usuarios de los dos pedales.

Existen en todas partes numerosos trazados ferroviarios reconvertidos en rutas ecológicas rurales o periurbanas para el tránsito peatonal y ciclista; sin ir más lejos, ahí mismo, el del antiguo ferrocarril de La Camocha a El Musel, con su largo túnel. Caminos Naturales, el organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, afirma en su manual «Adaptación túneles al tránsito peatonal: Obra civil» que es preciso «dar  un nuevo uso a una infraestructura de gran coste, en la actualidad abandonada, normalmente en buen uso y con una larga vida que, de otra manera, iría deteriorándose o utilizándose para usos privados»; algo que «permite ahorrar en trazados alternativos» y moderar el impacto sobre el medio. ¿Por qué no también en zona urbana?

Esto mismo se le ocurrió a la firma de diseño Gensler London, que con su proyecto London Underline ganó el premio al mejor concepto en los London Plannign Awards de 2015. Su propuesta consistía en una red de caminos peatonales y ciclistas en la Piccadilly Line, entre las paradas de Holborn y Aldwych y entre Green Park y Charing Cross: pleno centro de Londres. Y con un añadido aún más ecológico: la inclusión de un pavimento especial capaz de convertir en energía eléctrica el paso de peatones y ciclistas.

Un «best-seller», un videojuego o un perfil de Facebook

Y en fin, si todo lo demás fallara, siempre quedará la imaginación pura para sacarle al Tunelón al menos rentabilidad literaria, como lo hizo el escritor ruso Dmitri Glukhovsky en la serie de novelas de ciencia-ficción iniciada en 2007 con Metro 2033: una distopía postapocalíptica que se desarrolla fundamentalmente en los túneles del metro moscovita donde los seres humanos se refugian, sobreviven o se enfrentan a mutantes y también entre ellos. Las historias de Glukhovsky dieron un pelotazo en Rusia, se tradujeron a decenas de idiomas, han generado exitosos videojuegos y pronto tendrán adaptación cinematográfica a cargo del productor de las Sombras de Grey. 

Si se consiguiera algo parecido con el túnel del Metrotrén, siempre podría haber un retorno turístico en forma de visitas guiadas al escenario de la ficción. Mientras eso llega, y desde enero de 2010, hay en Facebook quien sabe sacar punta al desastre y llenar el tunelón de zombies. La última entrada es precisamente del día en que se reveló en qué situación se hallaba la infraestructura. «No sé que problema tienen con que los zombis tengamos piscina municipal. La más larga de Xixón», largaba el zombi responsable del muro. También es un uso a considerar, desde luego. Y además, asegura Fomento, es la mejor opción para la conservación del túnel mientras el tren llega. O no.

lavozdeasturias.com

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