Nantes, la ciudad de los prodigios

Cntemporánea, atrevida, ingeniosa, verde, lúdica, a veces irreverente, volcada a sus ríos, con un pasado esplendoroso y un presente y un futuro que la convierten en una de los ciudades con mayor calidad de vida de Francia. Es Nantes, la patria chica de Julio Verne, donde lo extraordinario se convierte en habitual, una ciudad urbana y joven que, sin embargo, no renuncia a la naturaleza, con sus más de 100 parques y zonas verdes, los infinitos viñedos que la rodean y a tiro de piedra del oceáno Atlántico.

Situada en el oeste francés, entre el Valle del Loira y Bretaña, a dos horas de París en el tren de alta velocidad y a poco más de una hora de Madrid en avión, Nantes supo plantar cara a una muerte anunciada por la desaparición de sus históricos astilleros en 1987.

Allí, en la isla de Nantes, entre las grandes naves de los antiguos arsenales, patrimonio industrial y portuario de la ciudad, se pasea hoy un elefante mecánico de 12 metros y otros ingenios monumentales de hierro que hacen las delicias de grandes y pequeños, locales y turistas: son las máquinas de la isla (Les Machines de L’Île), una especie de parque de atracciones temático inspirado en los dibujos de Leonardo da Vinci y la imaginación desbordante de Julio Verne que, por momentos, parece trasladarnos en un viaje al centro de la tierra.

Un proyecto artístico inédito inventado por Francois Delarozière y Pierre Orefice, que se incluye dentro de la renovación urbana de la Île de Nantes como atractivo turístico y cultural.

El Carrousel des Mondes Marins
El Carrousel des Mondes Marins. Inma Moscardó Cinco Días

Además del gran elefante, que puede pasear hasta 40 personas, no se pierda el no menos gigantesco tiovivo, el Carrousel des Mondes Marins, de 25 metros de aultura y otros 22 de diámetro, donde tres plataformas superpuestas en tres alturas, le sumergirán en el abismo marino.

El proyecto rinde homenaje a los antiguos tiovivos del siglo XIX y al apego que los ciudadanos de Nantes sienten por su pasado marino. Gracias a él podrá pilotar máquinas inverosímiles, cuan moderno capitán Nemo a bordo del Nautilius, amenazado por cangrejos gigantes, peces de mandíbulas imposibles y criaturas abisales.

En el mismo recinto de los antiguos astilleros, otra visita obligada es La galería de las máquinas (La Galerie des Machines) donde expertos maquinistas explican la historia y el funcionamiento de extrañas criaturas, como arañas, hormigas y garzas, todas descomunales, que cohabitan en una especie de invernadero con plantas naturales y mecánicas.

En este museo de la imaginación creado por la compañía de teatro callejero La Machine, hay un nuevo proyecto en marcha: el Arbre aux Hérons (el árbol de las garzas). Un gigantesco árbol de acero –como no podría ser de otra forma– de 50 metros de diámetro y otros 35 de altura, coronado por dos garzas que recibirán a los visitantes entre jardines colgantes de rama en rama. Para muestra, ya hay construida una rama de 20 toneladas de peso y otros 20 metros de largo que es la primera de una estructura que contará con un total de 22.

La galería de las máquinas
En La galería de las máquinas, arañas, hormigas y garzas gigantes cohabitan en una especie de invernadero con plantas naturales y mecánicas. Inma Moscardó Cinco Días

Nantes es una ciudad que sorprende al visitante casi en cada esquina; reconocerá su pasado medieval en su bonito y cuidado casco antiguo, en su catedral y en el emblemático château de los duques de Bretaña, un palacio fortificado que se empezó a construir en el siglo XV. De inspiración renacentista, conserva elementos góticos y sus típicas fachadas de toba anuncian la arquitectura característica de los castillos del Loira. Hoy alberga el museo de la ciudad.

En el siglo XV también se iniciaron las obras de la catedral de San Pedro y San Pablo, una mezcla de estilos románico y gótico, con preeminencia de este último. Como curiosidad, los trabajos no se terminaron hasta cuatro siglos después, siguiendo las pautas del proyecto inicial que alcanza una altura de 37 metros.

Frente a la entrada principal se sitúa uno de los elementos arquitectónicos más polémicos de la ciudad, la Torre Bretaña. Una construcción de los años setenta que recuerda a la Montparnasse de París y que ofrece inmejorables vistas panorámicas desde la terraza del piso 32. Allí hay también un bar de lo más cool que concentra a jóvenes, modernos y el pijerío de Nantes, que bien merece una copa, aunque solo sea por contemplar las tribus urbanas y el original mobiliario.

En el casco histórico, resulta un placer recorrer la rue Chateau que conserva los carteles y las tiendas tradicionales; muy cerca está el ambientado barrio de Bouffay, el más antiguo de la ciudad, hoy repleto de bares, restaurantes y terrazas –cuando el buen tiempo lo permite–, famoso por sus casas de madera –aunque apenas hay restos de las mismas– y cuyas calles conservan los nombres de antiguos oficios.

La plaza homónima es el icono revolucionario y la más antigua de Nantes. Allí se celebraron ejecuciones con guillotina durante la Revolución francesa. Hoy alberga exposiciones temporales de arte urbano, industrial e hiperrealista.

Casi como museo se considera también la nave industrial donde se fabricaron las famosas galletas LU, en honor a sus propietarios Lefèvre y Utile y otro de los símbolos más internacionales de la ciudad. En la actualidad, la antigua fábrica se ha rehabilitado como centro cultural y de exposiciones, donde se concentran bares y restaurantes.

El pasaje de Pommeraye, una galería comercial acristalada y con un armazón de hierro, del siglo XIX, da el toque modernista y la calle Crebillon alberga las tiendas más glamurosas y chic de una ciudad en constante transformación que no se entendería sin su famosa línea verde. Un trazo de color de 12 km pintado en el suelo recorre la ciudad y le guiará hasta las mayores obras de arte contemporáneo, urbano o callejero, a los principales edificios patrimonio histórico de la ciudad o hasta el espectacular jardín botánico para admirar las impresionantes obras de Claude Ponti.

Una exposición que no se puede perder y que recorre Nantes y 60 km de las riberas del estuario del Loira es el singular proyecto de L’Estuaire. Un museo al aire libre donde encontrará una colección de arte contemporáneo de artistas locales e internacionales y que cuenta con itinerarios para recorrer a pie o en bicicleta.

Guía para el viajero

Berlingots
Caramelos berlingots en la pastelería Debotte. Inma Moscardó Cinco Días

Cómo ir. Air Nostrum tiene vuelo directo entre Madrid y Nantes (1 hora y 15 minutos) desde 39 euros el trayecto. Consulte precios y fechas de salida en Airnostrum.es. Servicio atento y amable a bordo.

Pass Nantes es un pasaporte turístico válido 24, 48 o 72 horas que permite acceder a 30 monumentos, centros y lugares turísticos y a toda la red de transportes públicos (tranvía, autobús y barcos). También ofrece ofertas y precios reducidos para cruceros por el estuario. Información en Nantes-tourisme.com o Levoyageanantes.fr.

Dónde comer. La Cigale (4 place Graslin). Esta antigua y preciosa cervecería del siglo XIX es una institución en la ciudad. Platos típicos de la región, ambiente bullicioso y servicio poco diligente, pero el local es espectacular. Coma donde coma, no deje de probar las salsas autóctonas de mantequilla, el vino blanco de la región con D.O. Muscadet y el pastel de Nantes. No se prive de los caramelos berlingots. Los más famosos son de la pastelería Debotte, otro icono de la ciudad.

cincodias.com

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