Lucía Etxebarria ‘Squirting’ y el capitalismo aplicado al sexo

El punto G no es difícil de encontrar. Solo hay que poner el dedo en el interior de la vagina, empujar hacia arriba… y ya. Luego hay unas tales Glándulas de Skene, que son las responsables de que si presionas en cierto punto una mujer acabe soltando un chorro que en sánscrito se llama ‘amrita’, el néctar de los dioses. Muy cuqui todo.

Y claro, se ve que debe haber tutoriales de internet o algo porque últimamente el nuevo jueguecito es hacer que ‘esquirtees’ y que pongas perdidas las sábanas, lo cual parece divertir mucho al que lo consigue, pero no tanto a la dueña de las sábanas susodichas, que soy yo.

¿Y por qué no me divierte tanto? Pues, porque evidentemente no me encanta cambiar de sabanas cada noche. Pero, por otra parte, porque a mí me gustan los orgasmos múltiples, los largos, los que se mantienen durante 20 minutos, y lo de la fuente de marras queda muy espectacular y muy bonito, pero dura poco. Además, eyaculación y orgasmo son cosas distintas, aunque a menudo vayan juntas. De hecho, muchas mujeres que eyaculan lo hacen antes de llegar al clímax.

Así que lo lógico es que le digas al susodicho : «Oye, ¿no te importaría dejar de jugar al jueguecito de hacerme ‘esquirtear’ y que intentemos lo de siempre?». Y claro, ves la cara de pena del otro, tal como a un niño pequeño al que le han quitado su juguete favorito. Y entonces entiendes que ese pobre chico ha visto mucho porno.

Y es que en el porno hasta le han puesto nombre a la postura de la mano para conseguir el ‘squirteo’: ‘Spiderman’, porque se unen los dedos corazón y anular, simulando la mano del superhéroe al lanzar su tela de araña.

Pues eso: el porno ha glorificado el ‘squirting’ de tal forma que ahora el puñetero ‘squirting’ está de moda y no hay modo ni manera de que le expliques que, por mucho que le hayan contado, el mayor placer que has experimentado en la vida no va asociado precisamente a cargarte la colcha de 100 euros.

Los hombres creen que si ellos sienten placer al eyacular, nosotras tendríamos que ser iguales

¿Y por qué el porno glorifica el ‘squirting’? Bueno, en primer lugar, porque los hombres creen que las mujeres queremos ser como ellos. Y si ellos eyaculan y asocian la eyaculación con placer, pues entonces nosotras deberíamos ser iguales. Pero no, no funciona exactamente así.

Por otra parte, vivimos en un sistema capitalista que exige de cada actividad un rendimiento mensurable y contable. Por ejemplo, si salimos a correr, no basta con ir a correr sin más. Tenemos que hacer ‘running’. Y llevar un aparatito en el brazo que va midiendo y monitoreando el ejercicio. Para ver cuántos kilómetros has hecho y compartirlo con el mundo entero. Correr con pulsómetro es algo básico hoy en día. Saber a cuánto va tu corazón mientras sudas por las calles de tu ciudad es muy importante para poder controlarte y saber tus límites, y sobre todo, para picarte y compararte con el vecino. No vale correr sin más, tienes que saber cuánto y cómo corres.

Por eso no vale correrte sin más. Hay que saber cómo y cuánto te corres. Un orgasmo normal, de los de toda la vida, se puede fingir a la mínima que una tenga maña, y vale, se pueden contar contracciones, pero hay que ser muy avezado para eso. Pero un ‘squirt’ no se finge. Imposible. Un ‘squirt’ no es fingible. Y es mensurable. Y quien lo ha provocado se siente como el ‘runner’ que se ha hecho dos kilometros en 10 minutos. En el fondo, se la pela como te sientas tú. Lo que le importa es cómo se siente él.

El otro día por casualidad me encontré por Facebook con uno de mis novios de adolescencia. Lo conocí hace 30 años, en Francia. El vivía en Florencia, yo en Madrid. En aquella época no había ni internet, ni vuelos ‘low cost’, ni móviles, así que nuestra relación estaba sentenciada antes de nacer, pero yo estuve loca por él. Y yo recordaba todo. El apelativo cariñoso que me puso, las canciones que me dedicaba, la marca de sus gafas, su novela favorita. No se me había olvidado nada en 20 años. Algo sí: No recordaba nada de cómo era el sexo. Eso, precisamente, lo había olvidado. Y había estado enamorada de verdad.

Lo que quiero decir con todo esto es que una mujer puede enamorarse mucho sin que el sexo sea tan importante. Queridos: Para una mujer los preliminares son todo aquello que sucede 24 horas antes del sexo. Y el punto G, en realidad, está en la cabeza. Hacer feliz a una mujer no consiste en hacer que chorree como la Fontana de Trevi, sino tratarla con respeto. Y que 20 años después te recuerde con cariño.

elperiodico.com

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