Los riesgos del formol obligan a redoblar el control de las prácticas con cadáveres

La Universidad de Oviedo extremará la seguridad en las prácticas con cadáveres de las titulaciones sanitarias después de haber detectado índices elevados de formol en el aire durante las labores de disección que realizan los profesores, no así en las clases con alumnos. La institución académica ha entregado a los docentes unos equipos dotados con mascarillas y otros protectores para reducir el impacto de su exposición a esta sustancia, declarada como cancerígena hace unos meses por la Unión Europea, y se plantea instalar unos sofisticados extractores que actúen durante el contacto con los cuerpos embalsamados. Además, se intensificarán las medidas de control y se incrementará el uso de otras técnicas, como la congelación de los restos.

El servicio de Prevención y Salud de la Universidad inició en noviembre una serie de mediciones en las estancias de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud donde están depositadas las decenas de piezas cadavéricas empleadas para las prácticas de alumnos con el objetivo de adaptarse a una nueva directiva europea que prohíbe altas concentraciones de formaldehído, una sustancia empleada para el embalsamamiento. «Los resultados fueron tranquilizadores porque los niveles registrados cuando están presentes los estudiantes son muy inferiores a los fijados por la normativa», señala Santos Suárez Garnacho, director del departamento de Morfología y Biología Celular. Sin embargo, los índices superaron el tope legal durante la manipulación de los restos que realizan los docentes en ausencia de los jóvenes. Unos resultados que han obligado a extremar la precaución.

«Los profesores somos los encargados de diseccionar los cadáveres. En ese momento, sin alumnos, es cuando se han detectado los niveles de formaldehído más elevados», explica Suárez Garnacho. «Después, esas piezas se meten en agua, lo que permite prácticamente eliminar la sustancia antes del trabajo de los estudiantes», añade. «Por eso, estamos bastante tranquilos, aunque nunca está de más avanzar en la prevención», remata.

En ese sentido, el servicio de Mantenimiento de la Universidad analiza cómo dar un paso más en favor de la seguridad. Por eso, desde hace semanas planea instalar unos potentes extractores que permitan reducir la cantidad de formol en aire. Además, los docentes encargados de estas labores bajarán la concentración de la sustancia de manera significativa en el líquido fijador empleado para el embalsamamiento. Y probarán otros productos para, en la medida de lo posible, limitar esta práctica en favor de otras más seguras.

«El principal problema es que el formol es la mejor forma de conservar los cuerpos porque se conservan durante más tiempo que con otros procedimientos, como la congelación. Y a nuestra Facultad no llegan muchos cadáveres cada año», apunta el director del departamento de Morfología y Biología Celular. Aún así, los profesores tienen pensado aumentar el enfriamiento, después de que el vicerrectorado de Infraestructuras se haya comprometido a arreglar uno de los dos congeladores de la Facultad de Medicina, averiado desde hace tiempo. «Cualquier acción que sirva para controlar los niveles de formol será bienvenida. Nosotros somos los primeros interesados en extremar las medidas de seguridad, aunque nadie debe alarmarse por esto, porque no hay motivos para ello», remata Suárez Garnacho.

Unos cuatrocientos alumnos de varios cursos de los grados de Medicina, Odontología, Enfermería, Fisioterapia y Logopedia realizan prácticas con cadáveres en la Universidad. Estas clases son impartidas por una veintena de profesores.

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