Juan Goytisolo muere a los 86 años en Marrakech

Otra particularidad: ni bandera ni himno nacional. Oposición radical y tajante a todo lo que institucionalice, momifique: enmascare…» Lo escribió Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) en «Juan sin Tierra» (1975), una novela cuyo título -como «Señas de identidad» o «Reivindicación del conde don Julián»- constituye toda una declaración de intenciones. Sus inspiradores: Blanco White, Américo Castro, Turmeda, Genet… «Murió el domingo, por causas naturales, en su casa en Marrakech», confirmaron a Efe fuentes del Consulado español en Casablanca. Será enterrado el lunes en el cementerio civil de Larache. El pasado mes de marzo sufrió un ictus, que se añadió a una fractura de fémur en 2016.

Recordamos al escritor en su ciudad natal rindiendo tributo al autor de «Diario del ladrón» en «Genet en el Raval». Ambos compartían iniciales, condición homosexual y voluntad subversiva. Con diferencias. Goytisolo nació en una familia burguesa en 1931 mientras, por aquella época, Genet se pateaba el Barrio Chino barcelonés, tras pasar por un reformatorio y el ejército colonial. Conocer y tratar a Genet supuso para aquel joven de familia bien afrontar su homosexualidad y superar el narcisismo literario: «Me enseñó a desprenderme poco a poco de mi vanidad primeriza, del oportunismo político, del deseo de figurar en la vida literario-social, para centrarme en algo más hondo y difícil: la conquista de una expresión literaria propia».

Nacido un 5 de enero en una torre de la Bonanova barcelonesa, Goytisolo pertenecía a una familia con raíces vascas que hizo fortuna en Cuba. Su infancia y la de sus dos hermanos José Agustín y Luis estará marcada por la Guerra Civil. El 17 de marzo de 1938, su madre, Julia Gay, es una de las numerosas víctimas del bombardeo de los Savoia italianos sobre Barcelona. Así lo recuerda, con su característico «tú» cernudiano en «Coto vedado»: «Lo que te fue arrebatado entonces iba a pesar con fuerza en tu destino, pero las consecuencias de tu orfandad no se manifestarían sino más tarde: extrañamiento de la figura paterna, tibieza religiosa, indiferencia patriótica, rechazo instintivo de cualquier forma de autoridad…»

Señas de identidad

Después de su debut en el realismo social con «Juegos de manos», y tras un breve entusiasmo por la revolución cubana, el escritor acomete una retadora empresa literaria; reencarnado en Juan sin Tierra, decodifica sus señas de identidad españolas: reniega del marxismo y de toda forma de nacionalismo: «Castellano en Cataluña, afrancesado en España, español en Francia, latino en Norteamérica, nesrani en Marruecos y moro en todas partes, no tardaría en volverme a consecuencia de mi nomadeo y viajes en ese raro espécimen de escritor no reivindicado por nadie, ajeno y reacio a agrupaciones y categorías».

Casado con Monique Lange, reside en París y trabaja en Gallimard. La capital francesa inspira las primeras líneas de «Señas de identidad» (1966), primer mojón de su extrañamiento: «Instalado en París cómodamente instalado en París…» A la deconstrucción personal une la demolición de la historia oficial en «Reivindicación del conde don Julián», «Juan sin Tierra» y «Makbara». El Goytisolo de París y Marrakech combate las ideas recibidas en los ensayos «El furgón de cola» (1967), «Disidencias» (1977), «Crónicas sarracinas» (1981) y «Contracorrientes» (1985), alternando con las provocadoras incursiones de «Paisajes después de la batalla» (1985), «Las virtudes del pájaro solitario» (1988) o «Telón de boca» (2003).

Numerosos galardones

Colaborador de la prensa, Goytisolo agavilla artículos en «Pájaro que ensucia su propio nido» y «Contra las sagradas formas». Comprometido en conflictos como la guerra yugoslava, será reconocido con los premios Octavio Paz de Literatura y Juan Rulfo (2004), el Nacional de las Letras Españolas (2008), el Internacional Formentor (2012) y el Cervantes (2014).

El autor del Quijote como único nexo respetable: «Sigo aprendiendo palabras como un colegial, aun a sabiendas de que desaparecerán inexorablemente conmigo. No sé si ello es un síntoma de inquietante inmadurez o el resultado de la divisa socrática grabada en el frontón de Delfos y que traducida a nuestra lengua reza simplemente: conócete a ti mismo», afirmaba en un curso de la Menéndez Pelayo en 2007. La lengua como forma de libertad: «Mi conquista tenaz de un idioma propio y orgulloso de su diferencia se hizo pues en oposición dialéctica al estímulo generador de otras lenguas: sin esta correlación dinámica con el francés, el inglés o el árabe en la encrucijada feraz de varias culturas opuestas, no habría podido tributar mi modesto y respetuoso homenaje al Arcipreste de Hita en el ágora de Xemáa el Fna…»

Deliberada apostasía

En su recepción del Cervantes, Goytisolo tituló su discurso «A la llana y sin rodeos». Con descuidada indumentaria marcó distancias con lo que él considera cultura oficial. Olvidaba, tal vez, sus palabras en ABC: «Estoy dispuesto a firmarlo ante notario: no pienso aceptar el premio Cervantes nunca. No soy ningún bien nacional ni estoy dispuesto a admitir ningún premio nacional». Era la última polémica de un escritor ya seriamente enfermo.

Del Goytisolo más cervantino, Pere Gimferrer ha destacado «Las semanas del jardín». Y, sobre todo: «Su enorme labor de agitador cultural y, cuando correspondía, político también y hasta sus libros de viajes y su reciente manifestación pública como poeta, así como su valentía, su generosidad y una rarísima fidelidad a los amigos». El premio Cervantes ha muerto en Marrakech, donde vivió las últimas décadas y donde dormirá el sueño eterno. Tierra marroquí, definitiva y definitoria de una deliberada apostasía.

abc.es

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