Inglaterra se queda sin su té

Los policías desarmados, las cabinas telefónicas rojas y el té de las cinco de la tarde, constituyen las señas de identidad de Gran Bretaña. Pero estos tiempos de crisis y desconcierto han cuestionado todas ellas. La indefensión del ‘bobby’ no parece acorde con la amenaza terrorista, los teléfonos móviles han arrumbado los locutorios públicos y una guerra secesionista prácticamente desconocida lleva camino de arruinar la mejor variedad de esta bebida que los ingleses consumen con fruición. Los problemas políticos locales han impedido acceder a la exquisita variedad procedente de la región india de Darjeeling, en situación de ebullición política.

El aroma floral, su cuerpo delgado y un sabor denominado ‘moscatel’ son algunos de los rasgos de la mejor especialidad de este estimulante, una exquisitez que valoran quienes son capaces de discernir calidades dentro del té negro y que, seguramente, lamentarán la pérdida de la recolección que tiene lugar en junio y que da lugar a la mejor cosecha, en calidad, de todo el año. Las 8.000 toneladas de esta planta proceden de las faldas del Himalaya, en el norte del Estado de Bengala Occidental, una zona habitada por los ‘gurkhas’, población de origen nepalí que reclama denodadamente la constitución de una entidad autónoma dentro de la potencia asiática.

El boicot a los trabajos en el campo lleva camino de provocar la ruina de los empresarios del sector, los principales afectados por una insurrección que ya ha provocado varios muertos, y el aumento exponencial de los precios. La variedad más común procedente de aquellas laderas se paga en torno a 13 euros el kilogramo, aunque las más exóticas pueden alcanzar los 67, frente a tan sólo los 1,7 del té negro de la vecina Assam, totalmente desprovista del influjo de las altas cimas. Más del 65% de lo recolectado se dirige a Europa y existe el temor de que, además del mayor coste, a corto plazo pueda adulterarse un producto que goza de la condición de denominación de origen.

Paladear el licor de Darjeeling también retrotrae a otros tiempos, cuando la monarquía británica gozaba de un imperio y la joya de la Corona era el subcontinente indio. Los colonos ingleses introdujeron a mediados del siglo XIX las plantaciones en este territorio, al que desgajaron de la soberanía del Reino de Sikkim y que también convirtieron, por su clima templado, en el balneario para sus elites, ahora reconvertido en el destino para la luna de miel de muchos nativos con suficientes medios. El característico color ambarino de su té lo distingue dentro de las 165 millones de tazas que los ingleses consumen diariamente y perderlo también supondrá sin duda, para los más exquisitos, despojarse de un pedazo de su gloriosa historia, la más sabrosa.

laverdad.es

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