«Horribles abusos» a niños en el paraíso fiscal de Jersey

Una anomalía medieval ha acabado convirtiendo a Jersey, una verde y bonita isla de 118 kilómetros cuadrados en el Canal de la Mancha, en un paraíso fiscal en el corazón de Europa. El oasis tributario se comenzó a construir en los años cincuenta del siglo pasado. En 2007, con solo cien mil habitantes administraba 220.000 millones de libras de depósitos bancarios y 221.000 más de fondos. ¿Su secreto? Fiscalidad casi cero y opacidad. Cuando se desmoronaron la URSS o el odioso apartheid sudafricano, Jersey fue el destino elegido por sus jerarcas para ocultar parte de sus fortunas. Ahora Jersey ha saltado a los titulares británicos al destaparse los abusos que durante casi 70 años sufrieron los niños internados en sus hospicios y correccionales. Las denuncias eran constantes, pero todo se tapó hasta hoy.

Jersey (Bailía de Jersey de nombre oficial) goza de un extraño estatus, que la convierte en un raro limbo. Aunque está a 22 kilómetros de la costa gala y a 87 de la inglesa, formalmente debe obediencia a la Corona Británica y su moneda es la libra de Jersey, asociada a la del Reino Unido. Pero en la práctica goza de una inmensa autonomía, con sus propias leyes, gobierno… y modelo fiscal especial.

Con solo cien mil vecinos, Jersey suele asomar a las noticias por escándalos o polémicas fiscales (allí se destapó, por ejemplo, la cuenta que acabó con la carrera política del ministro Soria). Pero ahora Jersey se sonroja ante los resultados de una investigación sobre sus hospicios y centros para niños y adolescentes que ha costado 26 millones de euros. La conclusión es que «hubo abusos horribles durante más de medio siglo». El escándalo tiene su símbolo, un correccional llamado Haunt de la Garenne, al que la prensa apoda «la casa de los horrores». El informe pide incluso que el edificio sea demolido, «porque recuerda un pasado de vergüenza para mucha gente».

Más de doscientas víctimas han denunciado abusos, pero hasta ahora no se les había prestado crédito. El jefe de Policía de Jersey que en su día inició la primera investigación fue apartado por el Gobierno local. Hoy cree que la única manera de limpiar el sistema de hospicios para niños de la isla es «una robusta intervención interna». No es la única voz que recomienda que el Gobierno de Londres tome las riendas y limpie todo el sistema. Y es que la investigación recoge que las malas prácticas con los niños continúan todavía hoy, invocando las ancestrales costumbres isleñas, lo que llaman el «Jersey way».

La investigación concluye que durante casi 70 años los niños residentes sufrieron «tratos brutales y degradantes», con encierros, castigos físicos, abusos sexuales y prácticas como restregar con ortigas a quienes se orinaban en la cama. Ian Gorst, el ministro principal de Jersey, ha pedido unas tardías disculpas a las víctimas, a las que nadie escuchaba, y reconoce que «hubo verdades indigeribles escondidas debajo de la alfombra».

Entre quienes se aprovecharon del desamparo de los niños internados en Haut de la Garenne figura Jimmy Savile, fallecido en 2011 a los 84 años, un simpático personaje en vida, un presentador de la BBC enormemente popular y con una veta filantrópica que le valió el título de «sir», a cuya muerte se descubrió que en realidad había sido un maníaco sexual con centenares de víctimas. En 2008 hubo sospechas sobre su comportamiento allí, pero se abandonó el caso por supuesta falta de pruebas.

La historia de la isla de Jersey arranca en cierto modo en 1204, cuando el Rey inglés Juan pierde frente a Francia el Ducado de Normandía. Pese a su derrota, logra mantener ciertas posesiones de ducado en el canal: Guernesey, Alderney, Sark, Herm y la mayor de las islas, Jersey. Una bula del papa Sixto IV en 1481 acabó de blindar a esas posesiones, que quedarían al margen de las continuas agarradas bélicas de ingleses y franceses.

Desde entonces hasta el siglo XX, Jersey no tiene mucha historia. Hasta los años cincuenta vivía de la agricultura (buenas vacas y buenas patatas) y del turismo, pues goza de hermosas playas y paisajes y un clima levemente más benigno que el de Inglaterra, aunque el mercurio no sube en verano de los 21.

Tras el batacazo de la crisis del 29 las grandes potencias restringieron la libre circulación de capitales. En algunos países, como en el Reino Unido, los plutócratas sufrían con la enorme carga fiscal, pues debido a las carencias que siguieron al inmenso esfuerzo de la Segunda Guerra Mundial, el país acabó adoptando un modelo de intervencionismo económico que en la práctica era socialista. Las herencias de más de un millón de libras llegaban a pagar a Hacienda un tipo del 80%. Pero Jersey era diferente: allí no existía el impuesto de sucesiones. Los ricos ingleses comenzaron a trasladar allí su dinero y constataron que en realidad podía evadirse casi cualquier impuesto.

Los bancos fueron detrás. Hoy en la llamada Explanada de la coqueta capital St. Helier pueden verse las sedes con buenos edificios de HSBC, Credit Suisse, Sociéte Générale… A finales de los años sesenta los depósitos bancarios eran ya de 300 millones de libras y el ratio de renta por habitante era diez veces mayor que en el Reino Unido. La industria financiera de Jersey, una «posesión peculiar» de la Corona inglesa, tomó tal velocidad que solo en 1970 creció un 45%. No hay IVA, ni impuestos sobre los beneficios y las herencias.

Jersey ha perdido algo de fuelle, porque su situación de paraíso fiscal de facto acabó por escandalizar y movilizar al paquidermo comunitario. La UE exigió en 2008 que las empresas foráneas que se radicasen en un territorio tributasen del mismo modo de las locales. Dado que el único gancho de Jersey y su primera industria eran sus servicios financieros (la llamaban la City del Canal), no podían perder esa ventaja. Así que lo que hicieron fue reducir a cero los impuestos para los habitantes y las industrias locales, que antes si pagaban algo. Eso ha dañado sus arcas públicas, con serios problemas de déficit, pero ha permitido mantener su rasgo distintivo de oasis tributario. Aunque no tiene IVA, Jersey aceptó en 2008 crear un impuesto de bienes y servicios del 3% y gavar con otro del 20% a las empresas financieras y de servicios públicos.

Su tirón se ha reducido. Si en 2000 había 73 bancos operando con licencia de Jersey, en 2014 eran 33. De 2007 a 2014 los depósitos bancarios también cayeron un 40% y la industria financiera se ha recortado un tercio. Jersey ha aceptado también ser más transparente (o eso repite) y en principio menos abierta aceptar capital de origen deleznable –dictadores y criminales-, pero se la sigue considerando la punta del iceberg de una procelosa montaña de dinero turbio.

abc.es

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