¿Existe la Responsabilidad Social de las Empresas o es sólo marketing?

El concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) surgió en Estados Unidos en torno a la década de los cincuenta del siglo pasado, en los momentos en que el mundo sufría la guerra de Vietnam y otros conflictos como el Apartheid de Suráfrica. El concepto tuvo un impulso importante con la aparición en 1953 del libro Social Responsibilities of the Businessman (Responsabilidad Social del Empresario) de Howard R. Bowen.

En los últimos años se aprecia cada vez más en todo el mundo un incremento del interés público y privado por la denominada Responsabilidad Social Empresarial o Corporativa (RSE o RSC), definida como “la contribución activa y voluntaria de las empresas al mejoramiento social, económico y ambiental con el objetivo de mejorar su situación competitiva y su valor añadido”. El concepto implica la implantación de una filosofía empresarial que plantea la reparación a la sociedad por los daños que pudo haber causado la empresa en la realización de sus fines, ya que a lo largo de los años el denominado progreso de la tecnología industrial ha dejado a su paso gravísimos daños al medio ambiente. Entre otros se pueden citar la lluvia acida, la contaminación de ríos, lagos y mares, la contaminación atmosférica, el calentamiento global y la destrucción de la capa de ozono.

Para analizar este proceso hay que tener en cuenta que hace medio siglo las empresas desarrollaban su actividad sin tener en cuenta el marketing y tampoco tenían en cuenta la calidad como una de sus orientaciones principales de su actuación. En la actualidad, sin embargo, las empresas son cada vez más conscientes de la importancia que tiene el incorporar a su marca corporativa una imagen que la relacione a las preocupaciones sociales, laborales, medioambientales y de derechos humanos.

Hay que entender por tanto que la Responsabilidad Social Corporativa o Empresarial es una actitud o un comportamiento que debe ir más allá del cumplimiento de las leyes y asumir que el cumplimiento de normas establecidas en cada país no debe calificarse como una actitud de Responsabilidad Social, sino que representa una obligación que cualquier empresa debe acatar por la mera razón de realizar su actividad. Sería difícil entender que una empresa alegara que lleva a cabo actividades de RSE si no ha cumplido o no cumple con la legislación correspondiente a su área o sector de trabajo, comete fraude contra los consumidores o abusa de sus trabajadores.

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “la responsabilidad social de la empresa es el conjunto de acciones de carácter voluntario, que toman en consideración las empresas para que sus actividades tengan repercusiones positivas sobre la sociedad y que afirman los principios y valores por los que se rigen, tanto en sus propios métodos y procesos internos como en su relación con los demás actores”.

Principales responsabilidades éticas de la RSE

Las principales responsabilidades éticas de las empresas que asumen una auténtica responsabilidad social, hacia los trabajadores y la comunidad, deberían ser:

– Producir para la sociedad productos útiles y en condiciones justas.

– Crear riqueza de la manera más eficaz posible.

– Respetar los derechos humanos con unas condiciones de trabajo dignas que favorezcan la seguridad y salud laboral y el desarrollo humano y profesional de los trabajadores.

– Procurar la continuidad de la empresa y, si es posible, lograr un crecimiento razonable.

– Cuidar el medio ambiente evitando en lo posible cualquier tipo de contaminación, minimizando la generación de residuos y racionalizando el uso de los recursos naturales y energéticos.

– Cumplir con rigor las leyes, reglamentos, normas y costumbres, respetando los legítimos contratos y compromisos adquiridos.

– Procurar la distribución equitativa de la riqueza generada y respetar los derechos de los consumidores.

No obstante, y desde el punto de vista de FACUA-Consumidores en Acción, existe la preocupación justificada de que detrás de la RSE, tan defendida a priori, sólo se encuentre el propósito de las compañías por proyectar su imagen o por puro marketing. Estamos convencidos que la mayoría de éstas se mueven con dicho fin, aunque debemos reconocer que hay empresas que quieren mejorar su prestigio, a la vez que desean adquirir cierto compromiso por el respeto hacia el medio ambiente y el consumo sostenible, así como hacia los derechos de la infancia y las minorías.

Las empresas han comenzado a adoptar la RSC no sólo como resultado de las presiones de distintos grupos de interés como consumidores, proveedores, comunidad, organizaciones de activistas o los inversores (también llamados en conjunto stakeholders), sino que la RSC se ha convertido en una actividad estratégica adicional en la competencia comercial entre ellas y para captar más clientes.

A las organizaciones de consumidores este tema nos parece una cuestión de gran relevancia, porque la RSE descansa en el concepto de las buenas prácticas, aquellas que las empresas deben sostener incluso más allá de lo exigido por la legislación vigente de cada país. Fundamentalmente, son de importancia las acciones relacionadas con el cuidado del medio ambiente, el respeto a los derechos de los trabajadores y de los consumidores en general. Las buenas prácticas son el mejor indicador de que estamos ante empresas dignas de nuestra confianza, que no sólo respetan las normas y cumplen con sus obligaciones, sino que buscan aportar algo más a la sociedad, aunque todo indica que en la mayoría de las ocasiones esa imagen proyectada es puro marketing sin acciones reales detrás.

Partiendo de lo dicho, la RSE implica acciones corporativas que, además de no causar daños, sugieran propuestas para solucionar problemas específicos en asuntos como el medio ambiente, la pobreza, la justicia para los trabajadores, consumidores y para la ciudadanía en general. Es decir, las exigencias de las empresas deben ir más allá de las normas que regulan el desarrollo de los negocios y contribuir a reparar los daños causados a lo largo de años.

Dimensión político social de la RSC

La Responsabilidad Social Empresarial ha ido adquiriendo, como consecuencia de los profundos cambios tecnológicos, comunicativos y sociales experimentados en el mundo, una dimensión político-social que ha motivado dos importantes iniciativas internacionales: el llamado Pacto Global, auspiciado por las Naciones Unidas y la propuesta de la Comisión Europea para establecer un marco regional para la responsabilidad social empresarial.

En medio del debate sobre los efectos de la globalización, el 31 de enero de 1999, durante la celebración en Davos (Suiza) del Foro Económico Mundial, el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, hizo un llamamiento mundial a los líderes empresariales para que se unieran al llamado Global Compact o Pacto Mundial. Su objetivo era promover la creación de una ciudadanía corporativa global que permitiera la conciliación de los intereses y procesos de la actividad empresarial con los valores y demandas de la sociedad civil, así como con los proyectos de la ONU, organizaciones internacionales sectoriales, sindicatos y ONG.

Se trataba de un proyecto internacional de unir a las empresas del mundo con las agencias de Naciones Unidas y la sociedad civil y laboral para lograr alcanzar y mantener los nueve principios, en la actualidad diez, del Global Compact. Estos desafíos tenían su origen en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo y en la Declaración de Río sobre Desarrollo y Medio Ambiente.

La ONU promueve desde 1999 el proyecto Global Compact para conciliar los intereses y procesos de la actividad empresarial con los valores y demandas de la sociedad civil. | Imagen: flickr.com-un_photo (CC BY-NC-ND 2.0).

La ONU promueve desde 1999 el proyecto Global Compact para conciliar los intereses y procesos de la actividad empresarial con los valores y demandas de la sociedad civil. | Imagen: flickr.com-un_photo (CC BY-NC-ND 2.0).

 

La responsabilidad social corporativa comenzaba a surgir como tendencia empresarial, si bien las empresas carecían de un marco que permitiera su gestión en un entorno global y bajo unos valores éticos universales. Así, el Pacto Mundial, fundamentado en unos principios aceptados a nivel internacional, nació con la vocación de servir de guía y apoyo a las empresas socialmente responsables. De esta forma, las empresas a la vez que contribuyen a un desarrollo sostenible, pueden sentir que las actuaciones que llevan a cabo son reconocidas a nivel internacional, por basarse en unos valores o principios universalmente respaldados y avalados.

Factores que impulsan la RSC

Lógicamente hay muchas explicaciones sobre las causas que están motivando que la RSE o RSC esté adquiriendo tanta importancia para las empresas, pero para FACUA algunas de las razones que están provocando que se esté convirtiendo crecientemente en un tema de interés y debate, son las siguientes:

Un primer factor es la globalización de los mercados, que estandariza las exigencias de los países, mas allá de que existan o no políticas medioambientales estrictas o exigencias de responsabilidad social para las empresas en sus respectivos países. Sólo así se puede competir en mercados globalizados y por ello, las empresas deben elevar sus estándares y obligaciones.

Un segundo factor es la mayor conciencia y movilización de los consumidores en todo el mundo. Grandes firmas como Nike, The Gap y Talismán Energy ya sintieron la presión dirigida a cambiar sus políticas corporativas al conocerse que realizaban prácticas empresariales poco éticas en los procesos de producción y en relación al trato a sus trabajadores, sobre todo en sus factorías ubicadas en países del llamado tercer mundo.

Un tercer factor, como consecuencia del segundo, es el hecho de que en cada vez más países se extienda la afirmación de que “los consumidores están empezando a exigir las biografías éticas de las empresas al momento de adquirir sus productos”. Esta tendencia seguirá creciendo, pues cada vez más consumidores querrán saber que el producto que compran no está manchado de explotación infantil, persecuciones sindicales, deterioro del medio ambiente o cualquier otra acción que atente a la sociedad.

Críticas a la RSE

Desde algunos sectores de la izquierda social y política se alzan voces críticas contra las corrientes que promueven la RSC por considerar “que ésta sirve, sobre todo, como una forma de publicidad empresarial. Es cierto que se está produciendo la paradoja de empresas nocivas para la salud o para el medio ambiente que pretenden mejorar su reputación a través de un discurso retórico acerca de la RSC (por ejemplo, una empresa de cigarrillos que compra el tabaco a campesinos pobres para contrarrestar las críticas sobre el cáncer de pulmón)”.

Del mismo modo, hay críticas que están dirigidas a “cómo la empresa capitalista construye un nuevo paradigma en cuanto a la intervención directa del capital en lo que podría llamarse la ‘gestión del riesgo social’ o del conflicto social. Es decir: frente a un proceso de acumulación y concentración de capital a gran escala en el marco del proceso de globalización del capital -maximizado en los 90-, se ha potenciado también la concentración del ingreso y por ende la brecha entre ricos y pobres. Este incremento de la pobreza a raíz de esa concentración de riqueza en pocas manos ha generado exclusión y conflictos sociales en ascenso. La RSC vendría a dar respuesta por parte del capital para ‘gestionar’ dichos conflictos a fin de aplacar su ebullición y generar mecanismos sistémicos de contención social sin necesidad de alterar las relaciones sociales establecidas”.

Asimismo, las posturas opuestas a esta cuestión hacen referencia “al progresivo alejamiento de las empresas de fijar sus comportamiento basándose en parámetros regulados por ámbitos políticos que representan la conformación de gobiernos elegidos democráticamente por voluntad popular (como la readaptación de derechos del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU, o del Pacto de Derechos Civiles y Políticos de la ONU)“. Otra de las críticas que también tiene que ver con el objetivo de la RSC, en cuanto “a la tendencia a la liberalización y mercantilización de la economía: las normas ISO vienen también a cumplir ciertas necesidades del capital para globalizar la producción y circulación de mercancías, pugnando por el ‘acceso a mercados’ (apertura de mercados nacionales) y la ‘facilitación del comercio’ (estandarización y liberalización del comercio), en consonancia con directivas de organismos como la Organización Mundial del Comercio (OMC)”.

En este sentido, el posicionamiento de los sectores sindicales toma también parte de esta visión sobre la RSC. Esto se suma a su crítica al paulatino abandono por parte de las empresas transnacionales del tripartidismo (participación de los sectores de empresarios, trabajadores y del Estado) dentro de los organismos internacionales como la OIT, donde dicha práctica se utiliza para el dictado de resoluciones vinculantes.

Actualmente existe la tendencia a que la RSE no sea una actividad regulada por ningún organismo nacional e internacional, además de no constituir necesariamente una forma de responsabilidad jurídica, bien por no estar prevista en las leyes o por descansar simplemente en la libre decisión de las empresas. Sin embargo, incluso cuando no está respaldada por la ley, la violación de un compromiso social puede acarrearle a las compañías una imagen negativa ante la opinión pública (sanciones mediáticas), pérdidas de clientes (boicot de los consumidores), e incluso la pérdida de accionistas (sanciones bursátiles).

__________

Paco Sánchez Legrán es presidente de FACUA.

71 total views, no views today

Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Website Protected by Spam Master