El teatro que convierte los aplausos y vítores del público en energía

Desde ayer, el histórico Teatro Gran Vía de Madrid se llama Teatro EDP Gran Vía. La compañía energética portuguesa patrocinará durante los próximos tres años este espacio inaugurado en 1944, y que hoy pertenece al grupo Smedia. Sin embargo, la colaboración entre estas dos entidades a priori tan dispares va mucho más allá del simple cambio de nombre y de la aportación económica, que EDP no quiere hacer pública. Y es que la multinacional ha querido poner su propia dosis de saber hacer al acuerdo.

La empresa ha diseñado el primer sistema capaz de medir, extraer, almacenar y convertir la energía generada por el público en cada una de las funciones que se lleven a cabo en el teatro, que hasta marzo acoge el aclamado musical El jovencito Frankenstein. “Cuando surgió la oportunidad de estar presentes en este lugar rápidamente nos pusimos a pensar qué podíamos hacer, que fuese diferente y que nos caracterizase”, explicó durante la firma del acuerdo Vera Pinto, consejera delegada de la división comercial de EDP. La idea fue intentar generar una energía diferente para compartirla con el mercado, ya que de aquí a que termine la relación de patrocinio, al final de cada función, cada compañía teatral decidirá a qué proyecto o entidad se dona lo generado. “Le daremos el dinero que suponga esa cantidad de energía en el mercado”, dijo Pinto.

Un teatro como este, prosiguió Fabián Doñaque, ingeniero responsable del sistema encargado de todo el proceso, genera más energía de la que parece, entre los diálogos o música de la función, los aplausos del público, los vítores y otros sonidos. “Lo que hemos hecho ha sido instalar una red de micrófonos repartida por toda la sala que captura cualquier tipo de ruido o resonancia”, explicó. A partir de ahí, gracias a un algoritmo, la herramienta convierte esos decibelios capturados en forma de energía acústica en kilovatios hora. “Podría decirse que sacamos la potencia acústica del emisor, y tras multiplicar su intensidad, la convertimos en energía”, apunta.

Es cierto, reconoció Doñaque, que la cantidad de energía que se obtiene mediante la conversión del sonido sigue siendo ínfima en comparación con otras alternativas del sector. Para hacerse una idea aproximada, un teatro como el EDP Gran Vía, con un aforo de 950 personas, puede generar entre 100 y 600 kilovatios hora, en función del tipo de obra o de la cantidad de personas que haya en la sala. “No es lo mismo un monólogo que un musical”, recordó el ingeniero. Por establecer una comparativa real, un hogar medio español consume entre 3.500 y 4.000 kilovatios al año.

A esto se le añaden las complicaciones que conlleva medir el sonido, ya que no es lo mismo un silbido, que suele ser lineal, que un aplauso, mucho más cambiante y dispar. “Por eso, a medida que veamos cómo avanza el invento, seguramente tendremos que ir cambiando los cálculos para adaptar la herramienta a cada función o momento concreto”, añadió el experto.

Esta tecnología, recordó Enrique Salaberría, presidente del grupo Smedia, además de generar nueva energía, también abre la puerta a cuantificar de alguna forma las emociones generadas en cada espectáculo. “Las compañías y los actores podrán tener una medición real de todo lo que han hecho en cada obra”, ya que el propio teatro hará públicos los datos generados al final de cada espectáculo. Es una forma novedosa, reconoció, de que los profesionales conozcan de primera mano el impacto que causan en los espectadores. 

cincodias

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