El juez Calatayud aboga por una «mili» de cuatro meses

Emilio Calatayud achaca errores a los últimos cuatro presidentes de gobierno que ha tenido España. «Felipe la cagó cuando quitó los manicomios, hay gente que no puede estar en su casa; Zapatero quitó el derecho a corregir razonable y moderadamente a nuestros hijos, Mariano no lo devolvió y Aznar quitó la mili». El juez de Menores de Granada asegura que se ha perdido la autoridad a los padres y, en definitiva, a cualquier figura autoritaria. De ahí que crea que se debería recuperar la mili. «No como estaba antes, un campamento de cuatro o cinco meses, para todos y todas, estaría muy bien». Su propuesta incluye igualar los sexos a este nivel y que tanto chicos como chicas puedan aprender disciplina, esfuerzo, compañerismo y «la patria». El juez Calatayud se hizo conocido hace tiempo por lo ejemplar de sus sentencias: obligar a niños que habían dejado los estudios a recuperarlos o mandarles a cumplir servicios para la comunidad. En los últimos tiempos su opinión ha trasladado los juzgados y saltado a los medios de comunicación y las redes sociales y no deja indiferente a nadie.

Asegura que él es «un producto de los medios de comunicación, porque lo mismo que hago yo lo hacen otros muchos, pero no les gusta hablar». Y culpa a esos mismos medios, como parte de la sociedad, del punto al que se ha llegado en la actualidad en que los jóvenes no responden ante las autoridades. «Un chaval que con 12 años mata a un profesor es porque ha fallado todo el sistema», asegura. La familia, la escuela, las redes sociales… son responsables de la situación a la que se ha llegado, pero apunta especialmente a los progenitores. «Bastante bien salen algunos chavales con los padres que tienen», afirma. «Nos piden titulación para todos y no para eso». Precisamente ante los padres, los de los alumnos del colegio San Fernando de Avilés, ha hablado este jueves. A ellos les ha dicho que «se nos ha quitado la autoridad a los padres. Yo soy más igual que mi hijo, porque soy responsable de él. Si soy su colega dejo a mi hijo huérfano. En la escuela también son todos colegas, yo soy partidario de la tarima».

El juez apunta que desde la justicia «se tiene miedo» a aplicar determinados artículos que irían a castigar a menores cuando contradicen la ley. «Cuando un chaval agrede a un maestro está cometiendo un delito. Eso lo tienen que reconocer los hijos, pero primero tienen que hacerlo los padres, que no lo hacen», asegura. Y añade que «ni los políticos reconocen su autoridad», en referencia a como cada vez son más los padres que reclaman que se apruebe a sus hijos a pesar de que hubieran suspendido varias asignaturas a fin de promocionarles y permitir que pasen de curso. «Es como si a los políticos de la carrera de San Jerónimo los operase un médico que suspendiera quirúrgico», ironiza. «Aprueban por ley y así nos va, que cada vez son más brutos y maleducados», apunta. Y advierte de cómo aumentan los casos de violencia de niños hacia sus padres y de menores adoptados en otros países que son «devueltos». Asegura que él ahora es amigo «de aquellos a los que condene» -a los que se refiere coloquialmente como «mi choricillos»- «los que absuelvo no vuelven». El juez diferencia entre cómo se comportan los adultos y los niños ante el quebrantamiento de la ley: «el mayor escarmienta, el menor se reinserta».

«El móvil es una droga»

Calatayud culpa a la sociedad en general del comportamiento de los menores, pero apunta a la existencia de determinados instrumentos peligrosos. «El móvil es una droga, un instrumento peligroso para cometer hechos delictivos y para ser víctima», apunta y añade que «yo soy fumador y nunca se me ocurriría darle un cigarrillo a mi hijo y ahora los padres están en una terraza y le dan el móvil a niños de cuatro años para que los deje tranquilos».  «Es una vergüenza que el móvil sea el regalo estrella de una Primera Comunión. Un menor ha de tenerlo cuando pueda pagárselo, o a los 14 años», asegura tajantemente.

Ante esta perspectiva el juez de Menores apunta que la solución es bastante sencilla: «aplicar sentido común, decir no y tratar a los niños como niños, no como adultos». Y de paso da un consejo a los abuelos: «maleducar a los nietos, disfrutarlos y que los eduquen sus padres, que para eso los han tenido». Aunque también reconoce que no lo tienen fácil, precisamente por la propia legislación. «¿Qué hacen con una niña de 16 años que no quiere ir al colegio si no pueden obligarla o con el que quiere salir a las doce de la noche si no pueden obligarle a quedarse en casa porque es retención contra su voluntad?», pregunta.

lavozdeasturias.com

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