Camino de Santiago: el mejor negocio turístico del mundo

El año pasado fueron 237.800 personas las que recorrieron el Camino. La mitad de ellos son extranjeros, que vienen de Corea del Sur, Italia, Estados Unidos y Alemania. Y en ninguno de estos países hay un cartel anunciando el Camino español, Patrimonio de la Humanidad desde 1993, pero vienen a miles. Es el producto ideal para cualquier promotor turístico.

El Camino es, además, el mejor ejemplo de lo que ahora se llama Turismo Experiencial. No hace falta que un genio diseñe aventuras, submarinismo o un curso gastronómico. El Camino es una aventura en sí mismo. Una experiencia desde cualquier punto de vista que se quiera.

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Rentabilidad

Se pueden tener dudas sobre la rentabilidad real del sector turístico español en su conjunto y en las partes, pero el Camino es todo lo contrario. Es de una rentabilidad asombrosa y si se pudiera cuantificar, el Ebitda superaría el de Apple o Google.

No se si Benidorm es rentable más allá de pagar sueldos, las financiación de los hoteles y el descalabro medioambiental que supone esa concentración urbana artificial. Pero el Camino lo es sin destrozar un árbol ni gasta más agua de la precisa. Y no ha habido que comprar suelo como en Marbella o Tarragona, ni financiar costosas depuradoras para campos de golf.

El negocio perfecto 

Con más de 250.000 visitantes previstos para este año, el Camino de Santiago cumple los objetivos soñados de cualquier empresario turístico:

1.- Marca poderosa. Una marca poderosa por encima de cualquier circunstancia, guerras, religiones o costumbres. Al contrario. Cuanto peor le ha ido a la Humanidad más atractiva ha sido la marca. Es el mejor ejemplo de LoveMark tal como lo entiende Kevin Roberts: sentimientos.

2.- Poca inversión. La inversión inicial en el negocio debió hacerla la Iglesia cuando anunció que en Santiago estaban los huesos del apóstol Santiago y no los del Prisciliano. Una magnífica planificación.

Desde ese día el marketing ya fue un fenómeno gratuito. No ha habido que hacer grandes campañas. La marca se vende sola. La promocionan los propios clientes.

Vinieron al Camino los enfermos de cornezuelo para comer mucho pan de trigo. Y la orden de los hospitalarios aportaron los medios para el sustento de los enfermos, y los templarios la protección frente a las bandas que asaltaban a los peregrinos en la subida a San Juan de Ortega (Burgos).

Y vinieron miles de gentes que buscaban iniciarse en la cábala y el alquimismo para convertir plomo en oro. Todo eso sin gastar ni un real. Y aventureros. Y gentes que creían en los milagros. Y señores de la guerra a llevarse campanas. Y ahora hasta coreanos budistas que vienen a conseguir créditos para las universidades donde estudian.

Nadie ha hecho una campaña de marketing, pero el Camino está lleno. Es famoso en el mundo entero y es una marca querida. Un ejemplo de los que cita el gurú Roberts. Un ejemplo de cómo vender un producto turístico.

3.- El cliente siempre queda satisfecho.- El Corte Inglés tuvo que poner aquello de que si no se encuentra satisfecho le devolvemos el dinero , para que el público nunca quede descontento.

En Apple te atienden hasta la saciedad para atraerte y que te sientas cómodo con sus productos.

Y en los hoteles de nuestras costas tiemblan cada vez que un cliente pide el libro de reclamaciones porque las toallas están sucias.

En el Camino no existe ese riesgo. Es el único lugar del mundo donde el cliente sufre, le duelen los pies, duerme en un camastro, le pican los mosquitos y soporta ronquidos. Aguanta porque disfruta de ello. Nadie protesta. Algunos incluso lo echan a cuenta de la mortificación por sus pecados.

Unos clientes llevan un presupuesto de 100 € y duermen en albergues y comen de bocadillo. Y otros gastan 2.000 € en una semana y duermen en paradores. Pero todos coinciden en el Camino y hablan unos con los otros. ¿Sería eso posible en Marbella?

El producto se recomienda con el boca a boca. Se valora de forma entusiasta en las redes. Y hay mil libros que exaltan el Camino desde mil prismas distintos, como atractivo para aventureros, deportistas o buscadores del silencio o la introversión.

Los negocios del Camino

El Camino es el mejor negocio turístico. Pero además permite mil y una subcontrataciones en su seno. Restaurantes, albergues, hoteles, fondas, masajes, zapaterías, paraguas, contadores de historias a medio euro, guías, novelistas y noveleros, películas y peliculeros.

Transportistas y hasta caballistas. Todos ganan un diezmo a cuenta del caminante, que paga gustosamente porque está en el Camino. Son como las caricaturas en el Puente de Carlos en Praga, pero con fe ciega en el destino divino del óbolo.

Cada pueblo con su propuesta

En San Juan de Ortega uno entra en la Iglesia y hay una alfombra con cuatro o cinco cojines para descansar los cansados pies. Solo hay un cepillo para poner la voluntad. Pero es tan agradecido que todos cumplen el rito. Una alfombra y cuatro cojines. ¡Menuda inversión! ¡Y que rentable!

En Navarra hay comedores en los bosques que ofrecen agua y un bocadillo por la voluntad. La Rioja y Castilla son más sobrios, pero siempre hay una bota disponible.

Pero entrando en Galicia el Camino se desparrama en un negocio continuo. Los gallegos lo han hecho suyo y han elevado a categoría de experiencia pasar por sus bosques. ¿Quién se levanta a las 5 de la mañana para pasar entre meigas? Los clientes del Camino.

El Camino es un ejemplo de cómo montar un negocio turístico muy rentable a partir de una marca. Hay otros ejemplos en España, como el de la Comarca de Baztan (Navarra), a partir de la trilogía de Dolores Redondo. ¿Es esto más rentable que construir cientos de miles de apartamentos y traer millones de turistas para que paguen cuatro duros por el sol y la playa?

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