Relojes con llamada y gps para niños, la antesala del móvil

a sido uno de los regalos estrella de las pasadas Navidades. Los relojes inteligentes para niños, un dispositivo con el que los menores pueden hablar y enviar mensajes a móviles, son el último objeto de deseo entre los escolares de 6 a 12 años y «la pesadilla» de muchos colegios, que ya los han prohibido o regulado su uso. «Los niños no necesitan más distracciones dentro del aula y menos a esas edades», zanja Laura Segura, orientadora del grupo de psicólogos y pedagogos del Ministerio de Educación y Ciencia (MEC).

Los ‘smart watches’ infantiles se han colado en la vida diaria de miles de niños, que los usan básicamente para comunicarse con sus padres y familiares en momentos puntuales. Al menos, esa es la idea con la que se crearon y la que venden empresas como Save Family, la marca líder en el mercado español, con más de 50.000 dispositivos vendidos. A diferencia de lo que ocurre con los móviles, los niños solo pueden ponerse en contacto con los números que figuran en la memoria de su reloj y no reciben llamadas de teléfonos extraños.

«Los padres tienen el control absoluto del dispositivo a través de una aplicación. Son ellos los que configuran la agenda y los que deciden a qué números pueden llamar o enviar un mensaje. La idea es retrasar lo máximo posible la llegada del ‘smartphone’», explica Jorge Álvarez, director general de la compañía Save Family, con sede en la localidad cántabra de Castro Urdiales. La mayoría de los relojes inteligentes, cuyos modelos más avanzados incluyen cámara, funcionan con una tarjeta microsim con datos –las más económicas cuestan cuatro euros al mes– y se cargan como cualquier aparato electrónico.

No tienen juegos, ni conexión a internet y la función de teléfono se puede activar y desactivar desde la propia aplicación en el horario que los adultos decidan. Por ejemplo, cuando los niños están en clase. Aún así, muchos centros escolares han regulado su uso con los mismos criterios que se aplican a los móviles. «Los niños no tienen ninguna necesidad de llamar a nadie en las horas de clase. Si ocurriese cualquier situación anómala dentro del colegio se comunicaría de inmediato a sus padres, como se ha hecho toda la vida», insiste Segura.

Además de las llamadas y el chat privado, los relojes inteligentes infantiles –de todos los colores y formatos imaginables a partir de 48 euros– llevan incorporado un dispositivo gps que permite geolocalizar al menor en tiempo real y acceder a las rutas realizadas por el aparato en el último mes y medio. También se puede definir «un perímetro de seguridad», de manera que cuando el reloj salga de esa zona manda un aviso. Pero eso no es todo. La mayoría de los modelos que se comercializan en España, donde la mitad de los niños menores de diez años ya tiene móvil, también dispone de un ‘botón del pánico’. Basta con que el niño presione la tecla ‘SOS’ para que el reloj envíe una triple llamada de emergencia a sus contactos. «Esta es una de las opciones mejor valoradas por los padres, porque les da mucha tranquilidad», explica Álvarez, a quien se le ocurrió la idea de comercializar un reloj con llamadas y gps después de tener «un susto» con su hija de seis años. «Se perdió al salir de la playa y lo pasamos fatal. Ella y nosotros», recuerda.

Padres helicóptero

«Estamos poniendo excesiva tecnología en manos de niños muy pequeños, por no hablar de la continua intromisión en su intimidad. En lugar de controlar tanto, debemos educar en libertad», recomienda María Zalbidea, madre de cuatro niños de entre 8 y 14 años y experta en educación digital. Una opinión con la que coincide Laura Segura, también coordinadora nacional del Defensor del Profesor del sindicato ANPE. «Cada vez hay más padres helicóptero, que quieren controlar no solo la vida de sus hijos sino también todo lo que ocurre dentro del propio colegio, docentes incluidos», lamenta.

De hecho, una de las aplicaciones que más polémica ha generado en la comunidad escolar es precisamente la denominada ‘escucha remota’; una función que permite a los padres acceder al altavoz del dispositivo de forma discreta y escuchar lo que ocurre alrededor sin que nadie se percate. Escuchar, no grabar. Los fabricantes defienden esta opción como un «recurso contra el acoso escolar», mientras que los centros educativos lo entienden como «una intromisión intolerable» en su trabajo.

Zalbidea, autora del blog ‘Cosiendo la brecha digital’, recomienda hacer un «perfil tecnológico del niño» antes de lanzarse a la compra de un smart watch o cualquier dispositivo de estas características. «Tenemos que saber cómo se comporta el crío con la tecnología y actuar en consecuencia. También es importante definir para qué queremos el aparato y si realmente lo necesitan. El reloj no es ni bueno ni malo. La clave está en cómo y para qué se usa», resume.

eldiariomontanes.es/

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