Son ‘kimo-kaps’: bandanas para niños en tratamiento oncológico.

Yolanda y Carmen entran en el Hospital del Vall d’Hebron con el paso ligero de quien ha venido muchas veces. Arrastran un carrito con cuatro cajas de cartón y un logo repetido: un ‘smiley’ con bandana hippy. Nadie lo diría, pero en estas cajas llevan gorros mágicos. Así los definió un niño con cáncer. Porque cuando se los ponía -explicaba-, la gente le dejaba de mirar con cara de

Kimo-kap’, se llaman. En inglés significa: “Gorro de quimio”. Hay quien los ha rebautizado como “amuletos de tela”. Tienen un aire a los gorros de los cirujanos molones de ‘Anatomía de Grey’: estampados coloridos que nadie se espera en un hospital. “Son bandanas para que los ‘pelones’, como nosotros los llamamos, cubran sus cabecitas de color y alegría”, resume Yolanda.

Yolanda Santos es una de las delegadas de Kimo-Kap Catalunya. Hace casi tres años que se unieron al proyecto solidario que creó Jeanne de Montluzin: norteamericana con base en Madrid, superviviente de un cáncer de mama. Ya hay 26 delegaciones en España. La semana pasada enviaron ‘kimo-kaps’ a Guayaquil (Ecuador), así que van camino de cumplir el dicho: el mundo es un pañuelo (solidario).

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MÒNICA TUDELA

Yolanda Santos (de rojo) y Carmen Marín (a su izquierda) enseñan la nueva remesa de ‘kimo-kaps’ a dos enfermeras del Hospital Materno-Infantil Vall d’Hebron. Les han entregado 500.

¿Qué es un ‘kimo-kap’? “Es un pañuelo-bandana para los niños que están en tratamiento oncológico”, resume Yolanda. “Están hechos con algodón 100% y sin costuras visibles, para que no haya ningún roce en esas cabecitas tan delicadas”. Todos son reversibles: un lado estampado; el otro, liso. Un paciente de 7 años le dijo a Jeanne que el lado liso era perfecto para “las mañanas lisas”. Un código visual con el que decir sin hablar cuándo están literalmente hasta el gorro.

Los gorros son reversibles: un lado es liso, para “las mañanas lisas”. Un código visual con el que expresar cuándo están hasta el gorro literalmente

Yolanda ha venido hoy con Carmen Marín, voluntaria veterana. Es una MacGyver de la solidaridad: lo mismo te convierte un trozo de tela en una rosa que te consigue una cuna de la nada. Todo sin ánimo de lucro. Estas dos oenegés andantes entregan hoy en el Vall d’Hebron unos 500 ‘kimo-kaps’. “Que ha hecho gente altruista”, apunta Yolanda. Sería reiterativo decir que aquí hay tela de solidaridad. “Hay mucha gente solidaria”, asegura la delegada. No se atreven a poner cifra. “Miles de personas”, calculan.

“ES UNA CADENA DE FAVORES”

No hace falta saber coser para implicarse. “Solo con difundirlo, ya estás colaborando”, anima Yolanda. Hay voluntarios que donan telas, hilos, bolsas, etiquetas, que recogen entregas. “Es una cadena de favores”, dice Carmen. Hay tutoriales en internet, hacen talleres en ayuntamientos… “Nosotros vamos donde nos llaman”, asegura Yolanda. El patrón se puede descargar por internet. Hay de todas las medidas: desde bebés hasta 18 años. “Lo difícil es conseguir telas para los adolescentes”, apunta Carmen. “Yo pido a EEUU”, asegura. Hoy han traído hasta pañuelos para colorear. “Una empresa nos ha donado rotuladores”, explica Yolanda. Hacen gorros incluso para comuniones.

¿El efecto ‘kimo-kap’? “Es como cuando me dicen a mí: ‘¡Qué gafas llevas! –las gafas de Carmen son de colorines-. ¿A que tú no me has mirado las arrugas? Me has mirado las gafas. Ni las canas me miran ya”, se ríe. Lo mismo ocurre con estos gorros mágicos. “Hala, qué pañuelo más chulo –añade la voluntaria-. Y no miras si tienen ojeras o están pálidos”.

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JOAN PUIG

David Sole, de 6 años, con su ‘kimo-kap’ de Spiderman.

¿Lo que más les gusta a sus dueños? “Me convierto en superhéroe”, responde David Sole sonriendo en una cama del Hospital Materno-Infantil Vall d’Hebron. Tiene 6 años y hoy lleva una bandana de Spiderman. “Pues es cómodo”, añade Laura Calls en la cama de enfrente. “Y te lo puedes combinar con la ropa, que es muy importante”, recalca riendo. Tiene 15 años. Acaba de cambiar por primera vez su gorro de lana por un ‘kimo-kap’. “Me pilló en invierno todo esto”, se justifica sin drama. “Es un gesto muy bonito”, asiente Eva Ras mientras le atusa el gorro de muñequitos a su hijo, Adrià, de 5 años. Le acaban de hacer un trasplante de médula. “Se agradece mucho”, añade la madre.

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JOAN PUIG

Pere Bergadà y Eva Ras, con su hijo Adrià, de 5 años, en brazos.

La delegación catalana de Kimo-Kap entrega gorros –“cada vez que nos piden”- en la Casa Ronald McDonald, La Casa dels Xuklis, Vall d’Hebron, Sant Joan de Déu y la Fundación Enriqueta Villavecchia. Su próximo reto: “Entregar 3.000 ‘kimo-kaps’ cuando hagamos los tres años. Son muchos, ¿eh?”, sonríen. Los celebrarán en junio. ¿La recompensa? “Cuando sale un niño con el ‘kimo’ con esa sonrisa es…”, Yolanda se emociona. “¿Qué mejor recompensa que esa?”.

elperiodico.com

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