Cómo una bacteria intestinal puede frenar la depresión

Dos kilos de su peso corporal son solo bacterias intestinales. Cien billones de estos organismos microscópicos componen la ‘microbiota’: una parte de nuestro cuerpo alojada en los más de siete metros de intestinos que alojamos en el abdomen, con funciones de vital importancia para la salud. Entre todas estas bacterias, un equipo de investigadoras españolas ha identificado una cuyas cualidades trascienden las funciones relacionadas con la digestión y la alimentación. Se llama Christensenella Minuta y tiene un futuro prometedor por sus propiedades terapéuticas contra la depresión.

En dos años podría ser tomada en gotitas o cápsulas, a modo de suplemento alimenticio o probiótico, para ayudar al organismo a luchar contra los estados ansiosodepresivos. El descubrimiento es valioso para el futuro y, por ello, ha sido patentado por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su desarrollo como fármaco correrá a cargo de una empresa francesa que ya ha licenciado la patente y ha mostrado su compromiso en cumplir con el proceso. No hay ningún otro tratamiento en el mercado que tenga este origen biológico, como el de una bacteria, para combatir la que llaman el mal del siglo XXI. La Organización Mundial de la Salud calcula que unos 300 millones de personas en el mundo padecen depresión. Así, el hallazgo abre la puerta al nacimiento de una nueva generación de medicinas innovadoras, con menos efectos secundarios y muchísimas posibilidades.

El hallazgo de este valioso microorganismo ha sido fruto de algo más de dos años de trabajo investigador englobado en el proyecto europeo MyNewGut (traducido del inglés, ‘Mi nuevo intestino’). Las científicas implicadas en él han dispuesto de los restos orgánicos almacenados en biobancos (la mayoría de los hospitales los guardan hoy en día) para analizarlos cuidadosamente y aislar el ‘oro’ que esconden.

El oro de los residuos

Puede sonar extraño, incluso puede hace torcer el gesto en una mueca de asco, pero las posibilidades curativas que tiene –hablando en plata– la caca es uno de los campos de investigación en materia de salud más nuevos y en constante crecimiento. Se estudian el papel de la microbiota en las alteraciones de la digestión, cómo no, pero también aumentan las publicaciones científicas que ahondan en cómo influye en el sistema inmune o en la obesidad y sus enfermedades asociadas (diabetes y patologías cardiovasculares). Es un campo tan incipiente que es ahora cuando se están dando los primeros descubrimientos. Este nuevo ‘eureka’ con firma española es uno de ellos y revela una propiedad no documentada hasta ahora: su poder de regular los estados de ánimo de la persona.

¿Cuál es la conexión entre lo que pasa en la barriga y el devenir de la cabeza? Popularmente, sabemos que los nervios del enamoramiento nos hacen sentir mariposas en el estómago y que el miedo intenso suelta la tripa. Pero esto tiene traducción científica. «Se ha demostrado que el intestino afecta al cerebro y viceversa, a través de rutas inmunológicas, endocrinas y neuronales. Y numerosos estudios sugieren que la microbiota regula este eje y que podría ejercer una función muy importante en enfermedades neurodegenerativas y psiquiátricas», explica Yolanda Sanz, investigadora del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos (IATA-CSIC), quien ha liderado, junto a Ana Agustí, el trabajo de investigación.

Sobre el mecanismo biológico que crea esta conexión, Sanz explica: «La bacteria patentada es la que producía más cantidades de neurotransmisores, específicamente, la serotonina. Una sustancia deficitaria en sujetos con depresión». Hay que tener en cuenta que el 90% de esta sustancia, clave para el bienestar cerebral, se genera en los intestinos.

El estrés crónico, la base

La investigación consistió en someter a ratones a situaciones de estrés crónico (generador éste de la mayoría de las depresiones) y vieron que el organismo se alteraba en tres ejes: producía más corticosteroides (hormonas del estrés) y el nivel quedaba elevado de forma permanente, se desregulaba el sistema inmune y se desarrollaban comportamientos depresivos. «Probamos en estos modelos animales que la administración de la bacteria restablecía la respuesta al estrés, reduciendo la producción excesiva de corticosterona, atenuando las alteraciones en la síntesis de serotonina y también regulaba algunos de los aspectos del comportamiento depresivo, junto a otros relacionados con la ansiedad», añade la investigadora.

Ahora toca dar el salto a los ensayos en humanos y la creación de los nuevos fármacos. Sanz destaca que «no existe nada igual; es algo muy novedoso». Hasta ahora solo se habían explotado por su potencial en el tratamiento de la obesidad. La doctora del IATA calcula que en unos dos años la empresa que ha licenciado la patente, la francesa LNC Therapjeutics, podría desarrollar el nuevo fármaco. Confía en que en este plazo aproximado esté en el mercado para ofrecer alternativas a los tratamientos actuales.

Las claves del hallazgo

Eje intestino-cerebroLa influencia en uno y otro órgano es un campo de investigación «reciente» en pleno desarrollo. Existe una comunicación bidireccional entre ambos órganos. Procesos que ocurren en el tracto intestinal tienen efecto en distintas funciones cerebrales, como el estado de ánimo. Y, a la vez, aspectos funcionales del cerebro, como una exposición continuada al estrés pueden alterar la ‘microbiota’ intestinal , deteriorándola.El valor de la microbiotaExiste consenso científico en que regula parte del sistema nervioso. Hay evidencias en modelos experimentales de que sus deficiencias pueden afectar al aprendizaje, a la acción locomotora, a la producción de metabolitos y de neurotransmisores. Pero los mecanismos precisos de este fenómeno aún se desconocen y hay pocos estudios en humanos, ahora en desarrollo.Una bacteria diferenteLa bacteria identificada por los investigadores del CSIC es especial porque no se encuentra en todos los individuos, sino que está relacionada con el genoma. De ahí que el hallazgo sea más importante porque personas que carezcan de ella, tomándola en probiótico, podrán beneficiarse de sus efectos. La ingesta de antibióticos, estilos de vida no saludables y la propia edad deterioran la microbiota.Una patente con futuroPatentar es una forma de proteger el descubrimiento, una vez que se ha visto que puede tener una aplicación práctica. Si cualquier empresa se hiciese con los datos, la ventaja competitiva se perdería. LNC Therapjeutics es la empresa francesa que ha licenciado la patente y ha mostrado su intención de desarrollar los ensayos en humanos y la fabricación del fármaco. En el país galo hay muchas empresas que dedican recursos y una fuerte inversión en investigación en este campo.Otras aplicacionesUna ‘prima’ de Christensenella Minuta, perteneciente a otra cepa, ha sido patentada recientemente en EE UU para el tratamiento de la obesidad. En España, el mismo equipo del CSIC trabaja en también en este campo aunque con otros microorganismos. Otros estudios están enfocados al cáncer.

Las heces, guardadas como oro en paño

Al estilo de los bancos de cordón umbilical, las heces también empiezan a ser conservadas por sus posibles aplicaciones terapéuticas. Por un lado, se encuentran los trasplantes de heces. Estos están aprobados con cuentagotas y para unas patologías intestinales muy específicas. Pero, al margen, hay entidades privadas que ofrecen almacenar la ‘microbiota’ joven para utilizarla en un futuro, cuando, con la edad se pierd o los estilos de vida poco saludables la hayan deteriorado. Esto, que tiene lógica, aún no cuenta con estudios suficientes que avalen su aplicación. Pero se está estudiando profusamente y en un futuro se verán resultados, cuando se cuente con más experimentos en humanos.

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