Una ley redactada en femenino genérico: ¿cuál es el problema?

No hay fallo: cada vez que alguien se sale de la norma lingüística impuesta por la academia, aparece una reacción más o menos virulenta. Pasó en España con el Consejo de Ministras, cuando este órgano comenzó a estar formado por más mujeres que hombres. La RAE –a cuyos miembros los desdoblamientos les parecen «artificiosos e innecesarios»– dijo que esta fórmula no era correcta pero, al menos, el debate sirvió para zarandear aquello que se considera normativo y aquello que no y por qué el uso no sexista del lenguaje –que no necesariamente significa utilizar el femenino genérico– todavía se encuentra en este último grupo.

Esta semana, el Ministerio de Interior de Alemania ha anunciado su rechazo a un proyecto de ley redactado por el Ministerio de Justicia por estar escrito en femenino genérico. Utilizar «directora» en vez de «director» o «consumidora» en vez de «consumidor, es, a ojos del ministro conservador Horst Seehofer algo que no se puede aceptar por «ir en contra de la Constitución alemana» –en un artículo de opinión, la periodista Katrin Gottschalk recuerda que las recomendaciones de este documento dicen que las mujeres deben estar incluidas en los textos legales–.

Finalmente, por estar escrito en femenino genérico, desde Justicia –el área más a la izquierda de la coalición de gobierno de Angela Merkel, con la ministra socialdemócrata Christine Lambrecht a la cabeza– deberán reescribir su proyecto de ley de protección de la deuda.

A la crítica de Seehofer se unió también el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania, quienes compararon la iniciativa del Ministerio de Justicia con «el comportamiento provocador de un niño».

Para la Asociación de la Lengua Alemana y, según recoge el medio alemán Deutsche Welle, «utilizar esta formulación engañosa invita directamente a impugnar una ley».

¿Quién decide la norma lingüística? En su mayoría: hombres, conservadores y de clase alta

Más allá de la norma, «hay una cuestión ideológica», apunta Asunción Bernárdez Rodal, profesora en el Grado de Periodismo y directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid. Solo hay que fijarse en quién perpetúa esta norma y en los sectores desde los que a menudo provienen las reacciones antifeministas –conservadores y extrema derecha en el caso de Alemania–.

«No es una cuestión de normatividad lingüística porque la lengua es algo vivo», prosigue. La experta se refiere, por ejemplo, a cómo influye la clase social en la forma de hablar: «Las academias de la lengua determinan cuál es la forma correcta de hablar o escribir, pero sus expertos son varones y de una clase concreta, por lo que esa determinación de lo correcto se ha hecho en función de cómo hablaban las clases altas», explica sobre el funcionamiento de las academias de la lengua que existen en muchos países europeos, como España, Francia o Alemania.

Una consecuencia: antes de que llegara la crítica feminista al lenguaje, se utilizaba con mucha más frecuencia la palabra «hombre» para hablar de todo ser humano, de toda la humanidad. Incluso como sinónimo de «persona».

Todo lo que no sea masculino genérico provoca rechazo

Esta resistencia ideológica que nombra Bernárdez Rodal a menudo se justifica porque «se considera la cuestión del lenguaje no sexista una tontería». «Pero que nos nombren o no es una de las bases más importantes para el cambio social», dice la profesora de la UCM, quien, sobre el caso de Alemania, opina que «las leyes tienen también un sentido educativo, una motivación social por la que se hacen, ese sentido pedagógico en lo social».

También en Alemania, en marzo de 2019, el Partido Socialdemócrata en la ciudad de Hannover decidió que utilizaría un lenguaje neutro en cuanto al género –palabras que no hacen referencia explícita a hombres o a mujeres– en las declaraciones durante su mandato. Un grupo de 70 figuras influyentes publicaron un manifiesto en contra. Su argumento: que «el llamado lenguaje de género neutro se basa, primero, en un error general; segundo, produce una gran cantidad de estructuras lingüísticas ridículas; y, tercero, no se puede sostener de manera consistente».

En España, la RAE criticó ya en 2012 las guías de lenguaje no sexista por considerar que sus recomendaciones son «injustificadas» e «insostenibles». Sin embargo, estas guías, que se han ido extendiendo en casi todos los ámbitos durante los últimos años, demuestran que lejos de proponer estructuras enrevesadas, se trata de utilizar el lenguaje de una forma diferente a cómo se venía haciendo hasta ahora.

«Es curioso que nosotras nos tengamos que ver siempre representadas en el masculino genérico y que al revés salte esta virulencia», explica Bernárdez Rodal, quien se pregunta cuál es realmente el problema. Y se responde que «la masculinidad sigue siendo lo intocable, el código fuerte». «Con que tengamos un poco de cuidado y sensibilidad, ya está; pero hay muchísima resistencia», termina.

lamarea

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