Un ránking de calidad democrática suspende a la mayoría de partidos españoles por tercer año

Los 15 partidos con representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados han sido analizados mediante un cuestionario de 41 indicadores por la plataforma +Democracia, que acaba de presentar su tercera edición. Agrupados y ponderados en cinco capítulos, la clasificación evalúa la democracia interna, los sistemas de selección de candidatos, los derechos de los afiliados y su protección, la información pública sobre el partido y la publicidad de los códigos éticos.

Pero el resultado no es esperanzador: “La principal conclusión es la baja calidad democrática de los partidos políticos españoles, en comparación con las normas de funcionamiento requeridas en países como Alemania o Gran Bretaña”, explican los investigadores sociales de +Democracia.

No obstante, hay algunos avances, ciertos partidos que aprueban escapan del suspenso: la mayoría de los partidos no ha experimentado variaciones sustanciales respecto a los resultados obtenidos en el Ránking de 2016. Sin embargo, en general han aumentado algunas décimas sus puntuaciones. “La única y notable excepción es la del Partit Demòcrata Europeu Català (la antigua CDC), que aprueba y se sitúa entre los cinco partidos con más calidad democrática con la misma puntuación que Podemos tras haber emprendido cambios sustanciales en sus estructuras orgánicas y funcionamiento interno”, se lee en el informe.

Entre los 15 analizados, y de mayor a menor puntuación, aprueban Equo, Anova, BNG, PDeCat, Podemos, Bloc Nacionalista Valenciá e Iniciativa del Poble Valencià. Entre los que suspenden, y también de arriba hacia abajo, ICV e Izquierda Unida al borde del aprobado, seguidos de PSC, PSOE, ERC, UPyD, Ciudadanos, Coalición Canaria, PNV, PP y UDC.

“Podemos establecer que ningún partido político español cumpliría con las normas de funcionamiento requeridas por la Ley de Partidos Alemana o con los usos de Gran Bretaña”, se lee en el informe, que se refiere a congresos bienales o anuales, celebración de los congresos a fecha fija, elección de candidatos a cargos públicos por votación de los afiliados del partido residentes en el distrito, reuniones periódicas de los parlamentos internos (comités, consejos, juntas directivas) o elección de los cargos internos mediante voto directo a personas, entre otros.

Entre los indicadores mejor valorados, los partidos políticos puntúan 6,0 sobre 10 en lo que se refiere a disponer de códigos éticos y a su publicidad y 6,9 sobre 10 en la información que facilitan en sus webs sobre documentos internos, resoluciones de congresos, etc.

“El diferencial de puntos en estos dos conjuntos de indicadores respecto al resto demuestra que los partidos han sido permeables al debate público y que la presión ciudadana les ha empujado a tomar medidas de transparencia, a pesar de que todavía quedan partidos muy opacos y de que queda mucho camino por recorrer”, concluye +Democracia.

Las puntuaciones medias de los partidos españoles están por debajo de 5 en el indicador de democracia interna (3,8 sobre 10), y entre el 5 y el 6 en derechos de los afiliados y su protección (5,5 sobre 10) y procedimientos de elección de sus candidatos a cargos públicos (5,2 sobre 10).

Estas puntuaciones se deben principalmente, según el informe, a los siguientes aspectos:

  • Los congresos de los partidos se celebran muy mayoritariamente cada tres o cuatro años, lo que obstaculiza la renovación de sus políticas e ideas, así como de sus dirigentes e impide a las oposiciones internas plantear alternativas.
  • Las reuniones de los órganos de control de las direcciones (Juntas Directivas, Comités Federales o regionales, Asambleas Federales o Consejos Nacionales, son sus denominaciones habituales) son poco frecuentes y no controlan a sus órganos directivos o no tienen apenas capacidad para hacerlo. Hay un elevado incumplimiento de los plazos de reunión de estos órganos previstos en los propios Estatutos. Esto hace que la función de contrapeso de las direcciones haya desaparecido en algunos partidos.
  • Los derechos de los afiliados se reconocen en los Estatutos, pero no se han implementado sistemas eficaces para defenderlos. Muy a menudo, las propias direcciones tienen derecho a expulsar o suspender de militancia a sus afiliados, los cuales no suelen poder acudir a un órgano realmente independiente para recurrir la decisión.
  • Los sistemas de selección de los candidatos a cargos públicos giran entorno a las decisiones de los órganos de dirección. Si bien es cierto que formalmente la mayoría de partidos están haciendo esfuerzos para implementar métodos más democráticos como el sistema de elecciones primarias, en particular para la elección del líder o candidato electoral, son muy reticentes a implantarlo en el conjunto de las listas electorales, por lo que la mayor parte de los cargos son elegidos en la práctica por la dirección del partido o bien mediante acuerdos más o menos formales entre la dirección y los potenciales candidatos. Este sistema refuerza el control de la dirección sobre los partidos y dificulta su renovación y la aparición de candidaturas alternativas.

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