Susana Díaz no quiere un Gobierno de PSOE-Podemos y pide que el PP mueva ficha

Susana Díaz y el PSOE de Andalucía templaron la euforia de Ferraz ante la posibilidad de que Pedro Sánchez presida un Gobierno de varios partidos. Si allí el candidato socialista fue recibido al grito de “presidente, presidente”, en San Vicente, sede del PSOE en Andalucía, se dejó muy claro que toca al PP mover ficha e intentar formar Gobierno. “Nos hubiera gustado también ganar en España, pero evidentemente corresponde al PP la responsabilidad de formar un Gobierno”, aseguró la baronesa socialista pocos minutos después de que Pedro Sánchez dijera algo parecido en Ferraz. Ese ‘evidentemente’ no se había colado. Remarcaba su mensaje. Por aquí no gustó nada que el secretario de Organización, César Luena, dijera a los periodistas que Pedro Sánchez se veía de presidente antes de conocer el resultado final.

Díaz y Sánchez habían hablado previamente y coordinado sus comparecencias públicas. La andaluza no acudirá este lunes a la reunión de la ejecutiva socialista. Nadie esperaba que la presidenta andaluza saliera a decir algo distinto a su secretario general. Eso sí, la dirigente del PSOE andaluz fue mucho más vehemente alejando la posibilidad de que su partido llegue a La Moncloa de la mano de un pacto múltiple de varias fuerzas de izquierda. Los socialistas andaluces admiten que el escenario final es el más endiablado y complicado de todos los posibles. “Estamos en el minuto uno de un partido de 90 minutos. Que nadie se precipite”, indicaron desde el equipo de Susana Díaz. Toca esperar. La puerta está entreabierta pero los socialistas andaluces ven muchos peligros en un acuerdo con Pablo Iglesias. “Eso podría ser la muerte del partido”, aseguraba un dirigente.

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El PSOE andaluz ha ganado las elecciones. Eso sí, con el 31,5% de los votos, 22 de los 61 escaños que se decidían en Andalucía y a dos puntos y solo un escaño de distancia con el PP. El resultado es mediocre atendiendo a la serie histórica, pero es un triunfo sin réplica en comparación con el dato de los socialistas en el país. Tienen tres escaños menos que en 2011, cuando tocaron suelo. El efecto Susana Díaz no es ni mucho menos un huracán, pero no cabe duda de que Andalucía es clave en la supervivencia de Pedro Sánchez. Andaluz será más del 25% del grupo socialista en el Congreso. Hace cuatro años, el PP triunfó en la comunidad andaluza con 33 escaños y ahora pierde 12. En eso pusieron el foco los socialistas andaluces.

Tampoco dejaron pasar que es Andalucía donde el PSOE logra frenar a Podemos. “El PSOE sigue siendo en España el primer partido de la izquierda”, dijo Susana Díaz. A nadie se le escapa que los socialistas andaluces no quieren un pacto con Pablo Iglesias y que la experiencia andaluza con la formación morada fue muy mala. Podemos no apoyó la investidura de Susana Díaz y ambos partidos mantienen una guerra sin cuartel en el Parlamento autonómico.

Evitar una imagen de ‘killer’ contra Sánchez

El guion que el PSOE andaluz tenía escrito para después del 20-D estaba guardado bajo siete llaves y a prueba de ‘spoilers’. Tocaba esperar. Si algo quería evitar Susana Díaz, es esa imagen de ‘killer’ política, puñal en mano, aguardando a Pedro Sánchez. Esa fue la orden precisa y cumplida a rajatabla en una formación que la baronesa andaluza controla casi al milímetro. Solo ha patinado a ojos de algunos socialistas apiñados con el candidato en la llamada a Mariano Rajoy durante la campaña. Un gesto que podría ser perfectamente normal en otras circunstancias pero que en el clima de desconfianza que reina en el PSOE fue malinterpretado por algunos como un intento más de quedar por encima del secretario general. El hecho de que el PP utilizara esa llamada para lanzar la idea de gran coalición con Díaz y sin Sánchez encendió las alarmas. Los socialistas desde Andalucía descartan también ese gran pacto. “Ni Podemos, ni PP”, repiten hasta la saciedad.

Nadie ignora que, en los meses previos a la cita electoral, la líder de los socialistas andaluces había puesto en marcha un plan desde la presidencia de la Junta de Andalucía para reforzar su liderazgo en la esfera nacional y en clave interna, tejiendo alianzas con los barones, antiguos enemigos y los pesos pesados del partido. Basta recorrer su agenda en el último año y medio para darse cuenta de que si a Susana Díaz le dicen ven, está preparada para dejarlo todo.

Ha logrado el reconocimiento de los poderes económicos y mediáticos del país, habla de tú a tú con el resto de líderes políticos nacionales, tiene el visto bueno de la Casa Real y hasta ha fomentado los contactos con el mundo de la cultura, muy por encima de lo que ha logrado el propio Pedro Sánchez. Y, sobre todo, recuerdan desde su entorno, ha ganado unas cuartas elecciones que la legitiman para seguir avanzando en su carrera política “si llegara el caso”. La coletilla, el condicional, el futurible, nunca desaparecen.

El líder del PSOE no ha salido tan mal parado como preveían las encuestas. No habrá desembarco inmediato de Susana Díaz, pero Andalucía tiene más claro que nunca quequiere llevar el timón del partido. La caída del PSOE a la cuarta posición en Madrid y el hecho de que Eduardo Madina se quede fuera del Congreso y entren Irene Lozano o Zaida Cantera enciende al PSOE andaluz y se pone como ejemplo de lo que no debería ocurrir “jamás” en sus filas.

Los escenarios posibles eran muchos. Los socialistas hablaban de tres posibilidades. Si Pedro Sánchez lograba un buen resultado, no había nada más que hablar. Los socialistas andaluces aplaudirían a rabiar. Si era malo, descendiendo por ejemplo hasta ser tercera fuerza política, el desenlace vendría solo y la retirada de Sánchez caería por su propio peso. No habría maniobras internas, se mantendría el modo espera. ¿Y si era regular y sobre todo si quedaba tan abierto que nadie sumaba para formar Gobierno? Este era el más endiablado, la hipótesis más complicada, el que se ha cumplido. El candidato socialista está en los 90 escaños, a poca distancia del Partido Popular y en una fragmentación del voto tal que no permite a los populares sumar con Ciudadanos. “Está todo muy abierto. Nadie va a empujar a Pedro [Sánchez] en un escenario de ingobernabilidad, sin saber quién puede formar Gobierno o si hay que convocar otras elecciones que no nos pueden pillar en nuestro propio lío”, aseguran fuentes socialistas próximas al secretario general.

Lo que está claro es que las varas de medir van a cambiar en Ferraz y en San Vicente, sede del PSOE andaluz. Para los primeros, un resultado de 90 escaños es aceptable. Para los andaluces, cualquier dato que signifique bajar de la barrera psicológica de las tres cifras es un mazazo para el partido. A partir de ahora, los equilibrios internos serán determinantes. Los apoyos que aglutine Sánchez serán clave para que pueda caminar más por libre o siga bajo la sombra de Susana Díaz. Las miradas se centran en el papel que adoptarán los secretarios generales de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, y Asturias, Javier Fernández. Tampoco será baladí lo que defiendaFelipe González. Se da por hecho que Díaz cuenta con el respaldo inquebrantable deXimo Puig y Emiliano García-Page, Carme Chacón, incluso la vieja guardia de Alfredo Pérez Rubalcaba y su antes enemigo Eduardo Madina. Figuras que, como el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, podrían ser clave en el futuro del partido.

Susana Díaz no va a llegar a Madrid pero tiene resultados para sacar pecho ante la debacle generalizada, y ha dejado ya muy claro que, “evidentemente”, debe formar Gobierno la lista más votada. Si al PP no le sale la suma, se verá. De momento, Pedro Sánchez está congelado por el PSOE andaluz. Y Susana Díaz espera que para cada paso que se dé pidan la opinión de Andalucía.

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