Susana Díaz marca las líneas rojas a Pedro Sánchez

Los socialistas se han situado en el centro del tablero político español. Todos requieren ahora el apoyo del PSOE, o para apuntalar al PP, que sólo cuenta con 123 escaños, o para forjar una alternativa de izquierdas, que pasa por resolver el problema catalán con la convocatoria de un referéndum.

Ante el peligro de que el PSOE pueda romperse, o ser devorado por sus adversarios, la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, ha marcado las líneas rojas a Pedro Sánchez, el líder y secretario general socialista, que busca un relato propio para superar su prueba más dura desde que ganó las primarias a la secretaría general del partido. Y lo hace justo antes de que Mariano Rajoy, a petición suya, se reúna este miércoles con Sánchez en la Moncloa.

¿Qué hacer?, siguiendo a Lenin. Díaz lo tiene claro. El PSOE tiene un problema estructural, y es que se ha convertido en un partido muy robusto en el sur de España, tanto en Andalucía como Extremadura. Pero en las comunidades más dinámicas, como Cataluña, la Comunitat Valencia, el País Vasco, o Galicia, su situación es precaria, superados en estas elecciones por las variantes autonómicas de Podemos. Por ello, el peso de Susana Díaz es concluyente. “Rotundamente no a Rajoy”, precisó este martes.

No, de todas todas, aunque en el PP se trate de lanzar un latiguillo: la abstención del PSOE es posible, aunque en una tercera o cuarta votación, y siempre que Ciudadanos colabore. Esa sería una posibilidad, pero para el PSOE seguiría siendo un problema, a menos que el PP propusiera un auténtico paquete de reformas de Estado, incorporando también el tema catalán.

¿Qué propone Díaz? Después de constatar, en una alusión a Sánchez, pero también al conjunto de dirigentes socialistas, que se debe afrontar “una reflexión profunda” tras obtener los peores resultados de la historia de los socialistas, la apuesta es por permanecer en la oposición.

Según la presidenta andaluza el PSOE debe dejar de lado “el oportunismo”, y también “las aventuras políticas”. Eso se traduce en la negativa a sostener al Gobierno del PP de Mariano Rajoy, pero también a buscar un acuerdo con Podemos, IU y los partidos independentistas catalanes.

No a los “oportunismos”

“Tenemos que votar rotundamente no a Rajoy y al PP en la sesión de investidura”, aseguró. La reflexión es oportuna, porque el debate existe, y la presión al PSOE será cada vez más intensa. “Para recuperar la credibilidad, no se nos puede ver como un partido que ande de aventuras ni de oportunismos. Tenemos que ser reconocibles, atractivos y cambiar cosas y no entrar en la autocomplacencia, sino que hay que analizar con frialdad y reflexionar sobre qué ha pasado y dónde nos han situado los ciudadanos”.

La posición de Díaz es firme y evidencia los límites que los socialistas no pueden traspasar, a pesar de la presión de Podemos y de los partidos ahora independentistas, antes nacionalistas con los que sí se colaboraba. “No se puede renunciar a la unidad de España por un puñado de votos”, sentenció, con una pulla final a Podemos.

La pulla a Ada Colau

“Ya no hay café para todos, sino que ahora el café sólo es para Ada Colau”, inistió, en una referencia al grupo propio que tendrá En Comú Podem en el seno del grupo parlamentario de Podemos en el Congreso. Curiosamente, es lo que el PSC reclamó durante años, con más o menos intensidad, y que, de hecho, llegó a tener en las primeras legislaturas democráticas.

En las próximas semanas el PSOE deberá definir su posición definitiva. Todo podría cambiar, sin embargo, si el PP ofrece un candidato alternativo a Mariano Rajoy. Por ahora nadie es capaz de vislumbrar un horizonte claro. El PP se aferra a Rajoy e insiste en lograr, por lo menos, la abstención de los socialistas y el apoyo de Ciudadanos.

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