Sospechas de tongo en la votación de la CUP

Los asambleístas de la CUP se han pasado todo el domingo deshojando la margarita: sí a Mas o no a Mas. Esas eran su opciones. Al final, tras 12 horas de debate y tres votaciones no han llegado a ningún acuerdo. Han sido 1.515 votos a favor del presidente y 1.515 votos en contra del presidente.

“Empate absoluto” lo han llamado los dirigentes de la CUP, en una rueda de prensa posterior al recuento en la que no han admitido preguntas. Un empate que alarga la agonía de Mas otra semana. Ahora, los cuperos harán una nueva “ronda de valoración territorial” de la situación.

Consejo Político

La cosa acabará el próximo sábado 2 de enero con un Consejo Político de la formación anticapitalista en el que se reunirán “representantes territoriales y de las organizaciones políticas” de la CUP para, en principio, dar su respuesta definitiva a Mas.

No obstante, una de las diputadas anticapitalistas, Anna Gabriel, invitó tras el recuento a Junts pel sí, la lista de Mas, a hacer una propuesta alternativa para la presidencia de la Generalitat, a quitar el nombre del líder de CDC y poner otro, el que sea, para facilitar el acuerdo.

Partida en dos trozos

Y es que el nombre de Mas es precisamente lo que ha partido a los de la CUP en dos trozos exactamente iguales. Una mitad rechaza al convergente como presidente porque lo vincula a los recortes y la corrupción. La otra mitad no tiene mejor opinión de Mas pero lo ve como un mal menor al pensar que sin él, Cataluña puede perder la oportunidad de lograr la independencia.

Estas posturas coinciden con las de las dos facciones de la CUP, Endevant y Poble Lliure. La primera, cuya cara visible es Gabriel considera insuficiente la propuesta de Junts pel sí y apuesta por cumplir la promesa electoral de no hacer presidente a Mas por nada del mundo.

“Ruptura definitiva con el Estado español”

La segunda, capitaneada por Albert Botran, es más sensible al independentismo y aboga por dar el visto bueno a Mas como un mal menor que permita “la ruptura definitiva con el Estado español”. En esta tesitura, lo primero que podría romperse es la propia CUP.

Su grupo parlamentario, formado por 10 diputados, se ha mostrado encantado de cómo ha funcionado la asamblea, pese al empate y pese a los rumores de tongo que se extendieron por las redes sociales. En un primer recuento de la última votación se habló de la victoria del no a la investidura por unos pocos votos.

Cambio de ubicación

La CUP nunca oficializó ese resultado, pero en los últimos días desde Junts pel sí se daba por hecho el acuerdo e incluso en algún corrillo se aseguró que “las asambleas se manipulan”. La reunión se cambió dos veces de ubicación y eso también importa.

Esparraguera, ubicación inicial, era más propicia para el no a Mas. Luego se cambió a Girona, lo que se entendió como un gesto a favor de investir de nuevo al president. Por último, se optó por Sabadell, un lugar donde de nuevo se podían congregar más partidarios del no y, por tanto, de repetir las elecciones.

Elecciones anticipadas

Visto el resultado, habrá que esperar al 2 de enero para saber cuál es el futuro inmediato de Cataluña. No es probable que Junts pel sí mueva ficha. Incluso su infinita paciencia tiene un límite. También el deshojar la margarita de la CUP tiene fecha de caducidad. Si el día 10 de enero no han tomado una decisión, se convocarán elecciones catalanas de forma automática. Unos comicios que se celebrarán a finales de febrero o principios de marzo.

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