Orgías y drogas: las fiestas VIP del alto cargo del PP mallorquín

Fiestas privadas con sexo, alcohol y drogas costeadas por el magnate que durante las últimas décadas ha dominado la noche en Mallorca. Políticos asiduos a estas bacanales que protegían los intereses de ese polémico empresario.

Aunque parezcan sacados de un guioón, estos son los ingredientes reales de una trama que ya está bajo lupa judicial en Baleares, y en la que resuena con fuerza un nombre: José María Rodríguez, controvertida figura sempiterna de la política isleña de marcado perfil religioso. Tanto que varios testigos aseguran haberle visto de noche en orgías de las que salía “totalmente pasado de cocaína y alcohol” y, por el día, arrodillarse al paso de la procesión del Corpus Christi.

Rodríguez, quien desde los años noventa se ha mantenido como uno de los principales dirigentes del PP en las islas hasta que Génova impulsó su marcha a mediados de 2016, aparece vinculado a una red de extorsiones y tratos de favor urdida en el seno de la Policía Local de Palma de Mallorca. ¿Su objetivo? Mantener en todo lo alto al considerado rey de la noche mallorquina, Bartolomé Cursach (en prisión por una presunta trama de corrupción en la Policía Local, en la que está acusado de 16 delitos). El sumario del caso Cursach ha relacionado ahora a Rodríguez, además, con las bacanales presuntamente organizadas por el ‘magnate de la noche’ (cada lunes y tras la pertinente partida de póquer) en su finca de Puntiró.

Instalador de cable de telefonía antes de acceder a la vida pública, Rodríguez, de origen alicantino –nació en Daia Nova en 1947– llegó a Mallorca en los años setenta, donde se estableció tras casarse con la hija de los fundadores de una conocida joyería isleña. Con ella tuvo una hija, Ángela, dedicada a la gestión del turismo rural en la isla.

Años después de su acomodo en Mallorca, acabaría alcanzando los más altos puestos de la política autonómica. Allí ha sido delegado del Gobierno en Baleares, consejero de Interior, secretario general del PP regional, presidente de la formación conservadora en Palma, senador… Incluso fue mano derecha de Jaume Matas. De hecho, ha logrado sobrevivir sin titubeos a los distintos presidentes que durante los últimos veinte años han gobernado la Comunidad Autónoma.

Jaume Matas

“Su poder era inmenso”, recuerda a Vanity Fair una de las personas que trató con él durante su etapa en primera línea de la política y que se afana en señalar que “no hacía falta que fuese imputado para saber que como político, en sí mismo, era muy oscuro”.

Según los investigadores, Rodríguez se habría erigido en el “artífice en la sombra” de una red criminal ideada para proteger los intereses de Cursach. Como consejero de Interior y a punto de finalizar la última legislatura de Matas, Rodríguez aprobó en 2007 una normativa que regulaba el ocio nocturno y que suponía un claro traje a medida de los intereses del magnate. Tanto, que fue públicamente bautizada como decreto Cursach.

Testimonios

El expolítico lo niega todo. También su presencia en las fiestas donde una testigo le ubicó recientemente y que, según su versión, el empresario celebraba habitualmente en una de sus fincas, situada a las afueras de Palma. Eran “auténticas bacanales”, asegura tajante la mujer, copropietaria de un burdel, quien recuerda que había que cambiar el colchón del club cada vez que iba él. Sus afirmaciones han desatado un fuerte revuelo dentro y fuera de Baleares.

En su testimonio, la declarante llega a relatar cómo en una de esas orgías, en la que estaba presente Rodríguez, a una amiga suya “acabaron rompiéndole el bazo”. “Echaba sangre por la boca y la vagina”. Era tal el estado de la víctima, “una chica mulata, brasileña y muy guapa”, que tuvo que ser trasladada al hospital, donde días después fue a visitarla la testigo. Según apuntó en su declaración, la joven le dijo que Cursach le había entregado “mucho dinero para que se marchara a Brasil”.

La mujer también detalló episodios en un piso de citas entonces situado en el número 39 de la calle Lluís Martí de Palma. En la segunda planta, el trasiego era habitual. Rodríguez pasaba allí “tardes enteras” consumiendo “botellas caras como Moët & Chandon, y se encerraba con una o varias chicas que constantemente iba seleccionando para mantener sexo”.

“Mis compañeras me contaban que tenía unos gustos extraños y peligrosos. Las chicas se negaban a transigir con esos gustos, por lo que Rodríguez mandaba traer chicas de la calle e incluso chicos para presenciar cuando estos tenían relaciones con ellas, o cuando tenían relaciones entre ellos”. La testigo asegura haber visto “en numerosas ocasiones cómo salía Rodríguez de la casa de Lluís Martí, en un estado lamentable y totalmente pasado de cocaína y alcohol”.

El pasado viernes, la testigo refrendó su declaración ante el magistrado y el fiscal del caso. En esta ocasión había presentes, además, más de veinticinco abogados. La mujer fue más allá, al apuntar que la trama llegó a destinar hasta 36.000 euros en una sola jornada a sufragar los gastos de Rodríguez en prostitución, drogas y alcohol.

La otra cara

Como si de Jekyll y Mr. Hyde se tratase, durante el día, todo cambiaba. Rodríguez, sumamente devoto, contemplaba la procesión del Corpus Christi desde el balcón del Ayuntamiento de Palma, donde “se arrodillaba”, según recuerdan algunos testigos, al paso de la comitiva y “obligaba a poner la bandera a media asta”. El exlíder conservador, siendo concejal de Participación Ciudadana en la capital balear, también fue el promotor en 1997 de una ofrenda de flores y frutas a la Virgen de la Salud que tenía lugar cada septiembre.

El sumario del caso, cuya mayor parte se encuentra aún bajo secreto, incluye también la confesión de otro testigo protegido clave. Se trata de un extrabajador de Tito’s, una de las más exclusivas discotecas que Cursach posee en el Paseo Marítimo de Palma. Este testigo asegura que la zona VIP era frecuentada por un grupo de policias locales que formaban parte de la trama y que disfrutaban de copas y sexo gratis. También de drogas. De hecho, los dueños del local, afirma, “tenían las instrucciones de no cobrar los servicios a los policías en el sentido de que quien pagaba era el Grupo Cursach”.

Es más, explica que las chicas que se mostrasen reacias a acceder a las pretensiones de los agentes eran “automáticamente despedidas”. “¿Tienes tetas? Luego enseñas las tetas. Si no, a la calle”, era uno de los avisos que, asegura, recibían las prostitutas. Dos de los policías, recuerda el exempleado, “eran especialmente viciosos y puteros”. También asevera que, a raíz de las varias declaraciones que ha realizado hasta el momento para colaborar con los investigadores, fue amenazado por un grupo de rumanos: “Maricón, o te vas de Mallorca, o mueres”.

Al margen de las prácticas investigadas en torno a Cursach y la red policial y política de la que se sirvió, no son pocos los episodios que han puesto en el punto de mira a Rodríguez, sobre todo de la justicia. En la mañana del 27 de noviembre de 2006, cuando estaba a punto de estallar el caso que constituiría el primer golpe contra la corrupción en Baleares, Rodríguez llamó al entonces alcalde del municipio mallorquín de Andratx, Eugenio Hidalgo, para avisarle de que iba a ser detenido por irregularidades urbanísticas. Horas después, el primer edil sería arrestado.

No sólo eso. Un par de días antes, Hidalgo y Rodríguez se habían reunido con Matas, presidente en aquella fecha, en la sede del Gobierno autonómico. Tanto Hidalgo como Matas han cumplido penas de prisión, no así Rodríguez.

En noviembre de 2012 sería encausado por primera vez. Había sido implicado en la financiación presuntamente irregular del PP balear y los tratos de favor que la empresa Over Marketing recibió durante el último mandato de Matas. El dueño de esta empresa, el argentino Daniel Mercado, le involucró en el manejo de dinero negro dentro del partido y se refirió a él como el político que “realmente tomaba las decisiones en el PP”.

Precisamente, la Fiscalía Anticorrupción reclama cinco años de cárcel para Rodríguez, al igual que para Matas, por gratificar a Over, que según los investigadores financió en negro las campañas electorales del PP de 2003 y 2007. Mercado explicó ante el juez palmesano José Castro que quien establecía los pagos en A y en B era el cuñado de Matas y extesorero del partido, Fernando Areal, siempre con el conocimiento y la aprobación de Rodríguez.

La defensa de Rodríguez desmiente todas las acusaciones que pesan sobre su patrocinado. En el caso de la trama de la Policía Local, asegura que demostrará la falsedad de las mismas: “Son inverosímiles y absurdas”.

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