Los partidos ceden ante las exigencias del ‘lobby cultural’

Todas las encuestas coinciden en que las elecciones de este domingo darán paso a una legislatura complicada. Ningún partido sacará mayoría absoluta y habrá que pactar. No está claro, ni siquiera, quién será el ganador. Pero hay un colectivo que ya ha triunfado, salga lo que salga de las urnas: la “cultura”.

Este sector se movilizó en España hace tres años para conseguir un trato de favor por parte del Ministerio de Hacienda. Tras la última subida del IVA, actores, directores, productores y demás implicados comenzaron una campaña en los medios (en los que, por su profesión, están muy presentes) para forzar la mano a los políticos y que estos aplicasen un impuesto especial a sus productos, los que les dan de comer a ellos. ¿El objetivo? Que los españoles sigan pagando el 21% de IVA cuando se compran un ordenador o una bicicleta, pero sólo el 4% (o el 10% en el peor de los casos) cuando van al cine o al teatro.

En un principio, no parecieron tener éxito. Tres de los cuatro grandes partidos no llevaban el tema en los borradores de sus programas económicos. Podemos, Ciudadanos y PP mantenían el IVA de los productos culturales en el tipo general, junto a la gran mayoría de artículos. Los tipos reducidos quedaban sólo para los bienes de primera necesidad, los suministros básicos y los servicios turísticos. Pero eso ha cambiado. Ahora, todos prometen lo mismo. La “cultura” es especial, dicen. Y por eso tendrá un tratamiento “especial”. El lobby cultural ha presionado, ha jugado bien sus cartas y tendrá su premio.

Los programas ‘antiguos’

Cuando, en el verano de 2012, Cristóbal Montoro anunció que subía el IVA, el Gobierno justificó la medida, que rompía con su compromiso electoral, con tres razones:

  • subir la recaudación en un momento en el que las cuentas públicas en España estaban sometidas a una terrible presión
  • acercar el IVA en España a los tipos habituales en la UE (nuestro país siempre ha estado entre los que menos recauda por impuestos indirectos)
  • conseguir un impuesto más homogéneo, siguiendo las directrices de Bruselas (desde hace años, la UE está pidiendo a los estados que limiten al máximo el número de productos que quedan fuera del tipo general)

Ya fuera porque se creían estos argumentos o porque no entraba dentro de sus prioridades, la mayoría de los partidos no tocaron este tema en los primeros borradores de sus programas económicos.

Sólo el PSOE, una formación muy cercana tradicionalmente al lobbycultural, prometió desde el principio rebajar el IVA a estos productos del 21% al 10% o incluso al 4%, un tipo híper-reducido al que ahora sólo están bienes de primera necesidad como el pan, los lácteos o los medicamentos. De esta forma, en su programa electoral los socialistas prometen “disminuir el IVA cultural al tipo reducido (10%) y defender en las instituciones de la UE su disminución hasta el tipo superreducido (4%)”.

Pero en esto los socialistas parecían estar solos. Ciudadanos, por ejemplo, presentó su propuesta fiscal en abril. En lo referente al IVA, esto era lo que prometían:

Nuestra propuesta es que el IVA tenga solo dos tipos, en lugar de tres como en la actualidad: uno general, del 18%, y uno reducido, del 7%. Los bienes sujetos al reducido (10%) serían: todos los bienes anteriormente en el súper-reducido del 4% y la hostelería (por razones de competitividad ante otros mercados extranjeros que no tienen IVA).

El equipo de Luis Garicano justificaba este diseño por la necesidad de equipararnos con la UE y hacer un impuesto más sencillo: “Hacemos una propuesta que creemos resultará en una imposición indirecta más transparente, con menos agujeros, con tipos más reducidos y por tanto menos distorsionadores, y sin embargo con una recaudación similar a la actual”.

Desde Podemos, partiendo de un planteamiento ideológico muy diferente, se llegaba a conclusiones similares. Círculo 3E (el grupo desde el que la dirección del partido desarrolla su programa económico) dio a conocer también en abril, unos días después de Ciudadanos, su propuesta de reforma fiscal.

Los responsables de Podemos en materia económica también tenían muy claro qué había que hacer con el IVA: subirlo y para todos los productos. Por eso, pedían “un IVA con sólo dos tipos: un tipo reducido del 5% para los bienes y servicios que suponen necesidades básicas, y un tipo general del 22% para el resto de bienes”.

Es cierto que al hablar de “bienes y servicios que suponen necesidades básicas” no concretaban a qué se referían. Pero para los que tuvieran dudas, incluían un mensaje al final del documento, que apuntaba directamente al sector cultural:

Debe evitarse la demagogia en la concesión de tratamientos especiales a favor de ciertos productos en los impuestos sobre el consumo (el IVA en particular), dado que la imposibilidad para distinguir al consumidor final de dichos bienes hace que en la mayoría de las ocasiones sean las rentas más elevadas las más beneficiadas. Por otra parte, este tipo de tratamientos diferenciados en impuestos indirectos de carácter no personal complica la gestión de los impuestos y abre múltiples posibilidades de fraude y elusión.

Los productos culturales son consumidos mayoritariamente por las clases altas. Por eso, desde el Círculo 3E hacían un llamamiento a no hacer excepciones. Hay que reconocer que, más allá de lo que cada uno opine sobre estas medidas, al menos el documento era coherente con los programas clásicos de la extrema izquierda: proponía fuertes subidas para todos los grandes tributos y pedía no hacer excepciones.

En cuanto al Partido Popular, en su programa electoral no hay casi nada respecto al IVA. Mantiene así la línea de los últimos años. El discurso oficial apunta a que Bruselas no permitirá que un país que sigue por encima de los objetivos oficiales de déficit toque este tributo. Además, como apuntamos anteriormente, nuestro país sigue recaudando por los impuestos indirectos por debajo de la media europea y la recomendación de las autoridades comunitarias es no hacer demasiadas excepciones para el tipo general.

Por todo esto, parece lógico que el programa de los populares sólo se comprometa a “mantener el tipo súper reducido del 4% a los libros y a las revistas”. En esta línea, el propio Cristóbal Montoro, cuando este verano repasaba la situación de los impuestos en España, reconocía que aunque sí hay opciones para bajar algo los impuestos directos (sobre todo el IRPF), “apenas tienen margen” para tocar el IVA. Algo similar nos contestaba Pablo Casado, en la entrevista que mantenía con Libre Mercado hace unos días: “En el IVA, nuestra fiscalidad es homologable a la del entorno comunitario. Los liberales compartimos la preferencia por bajar los impuestos directos antes que los indirectos, porque además ahora mismo están en un entorno aceptable”.

Las nuevas versiones

Llegados a este punto, podría parecer que el panorama que le espera al autodenominado “mundo de la cultura” es bastante negro, al menos en lo que hace referencia a los impuestos. Nada más lejos de la realidad. En los últimos días, los partidos han ido presentando sus programas electorales. Y en lo que tiene que ver con el IVA de los espectáculos culturales, hay casi unanimidad. Podemos, Ciudadanos y PSOE apuestan por bajarlo:

  • PSOE: ya hemos apuntado anteriormente que los socialistas han sido los únicos constantes en este tema. Siempre pidieron rebajar el IVA cultural. Si acaso, lo que hacen de cara a estas elecciones es darle una vuelta de tuerca a su programa y apuntan a que lo bajarán (si la UE lo permite) hasta el tipo hiper-reducido (4%) y no se quedará en el reducido (10%) como antes de 2012.
  • Ciudadanos: el partido naranja mantiene su esquema de dos tipos de IVA (18 y 7%). La sorpresa llega porque incluye en este tipo reducido del 7% “los productos culturales”. Éste es el único sector que pasa del 21% al 7% en el programa de C’s: algunos productos pasan del 10 al 7%, otros del 4 al 7%. Pero del 21 al 7%… sólo la cultura.
  • Podemos: también los de Pablo Iglesias reculan respecto a lo que decían en abril. En su programa, en la parte dedicada el IVA, prometen “reducir el tipo aplicable a productos de gran interés social como son los productos culturales y escolares, lo que significa que volveremos a la situación previa antes de la reforma del PP” [en realidad, como Podemos propone mantener la actual estructura de tres tipos (21%-10%-4%) puede intuirse que llevarán el IVA cultural al reducido (10%), dos puntos por encima de la situación de 2012].

Y el PP, el único que no dice nada en su programa oficial, ya ha anunciado cambios en la misma dirección. Este jueves, el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, aseguraba que “casi con toda seguridad” se “ajustará” el IVA cultural al nivel medio del 10% “en cuanto se pueda” por las circunstancias económicas. El propio Mariano Rajoy abría la puerta a esta posibilidad esta misma semana, al declarar que “hay margen” para poder promover una bajada del IVA cultural, si bien ha precisado que “dependerá siempre de la recaudación”.

Todos de acuerdo

Llama la atención esta coincidencia. Quizás éste sea el único aspecto del programa en el que los cuatro grandes partidos están de acuerdo. De hecho, todo esto sorprende en dos aspectos. En primer lugar, porque formaciones con una diferencia ideológica tan grande se ponen de acuerdo en algo. Y en segundo lugar, porque cambian sus programas todos a una, modificando propuestas en un tema tan serio como el IVA (uno de los dos grandes tributos de nuestro país) a apenas unos días de la cita con las urnas.

Cada uno podrá pensar lo que quiera sobre las subidas o bajadas de impuestos, ya sean del IVA o del IRPF. Pero éste no es el tema. El problema con la bajada del IVA cultural es que rompe con el discurso y la coherencia de lo que dicen los partidos sobre los impuestos. Implica reducir un tributo a un sector específico, sin que haya una justificación económica detrás (por ejemplo, en el caso del turismo se puede defender que, como no todos los países cobran IVA, un tipo muy alto supondría una desventaja para el sector, algo que no pasa con los bienes consumidos en España o destinados a la exportación) y que tendrá como consecuencia una caída de la recaudación que se sufrirá en el presupuesto público.

En la retórica de ricos y pobres, tampoco encaja. De hecho, si acaso la rompe. Como apuntaba Círculo 3E en su programa de abril, el consumo de estos bienes y servicios está muy sesgado. De hecho, probablemente hablamos del sector en el que más diferencia hay entre lo que gastan las clases altas y las bajas. En el lenguaje políticamente correcto que nos rodea, podríamos decir que el IVA cultural es un impuesto “progresivo” porque castiga a los que más tienen. Pero tampoco importa, de derecha a izquierda todos quieren bajarlo, aunque ninguno explicará que los más beneficiados son los “ricos” (que parecen el chivo expiatorio de casi todo en la política española… salvo cuando van al cine o al teatro).

Pero cuando se toca el IVA cultural todo este discurso cambia. En otras circunstancias, no sería extraño encontrarse un titular o una declaración del tipo: “Con los 50 millones de reducción del IVA cultural se podrían construir X hospitales públicos”. Es un tipo de frase algo demagógica, pero habitual en el discurso público para otros casos; eso sí, parece poco probable que se repita en esta ocasión.

El ‘lobby’

Para comprender esta diferencia, es importante analizar el papel de los miembros del mundo de la cultura en la opinión pública y publicada. Losartistas, intelectuales, creadores o como queramos llamarles están muy presentes en la discusión política. Su trabajo implica que aparezcan con frecuencia en los medios de comunicación. En teoría, van a presentar una película, promocionar un libro o hablar de su última obra. Pero nadie les puede impedir que, al mismo tiempo, lancen consignas políticas. Y lo hacen, al menos en nuestro país. Los partidos saben que si no se pliegan a las exigencias del mundo de la cultura recibirán una mala publicidad constante. No es fácil aguantar el chaparrón.

En los países anglosajones hace mucho tiempo que se conoce el poder de los lobbies para influir en la opinión pública. En España se asocian estos grupos de presión a las grandes empresas como bancos, petroleras o eléctricas, y al dinero que dedican a financiar a los partidos, ya sea de forma indirecta o indirecta.

Pero el poder de los lobbies va mucho más allá. Y no sólo se concentran en estos sectores. En el caso de la cultura, hablamos de un grupo de presión de manual: con intereses económicos comunes, una agenda política definida y un objetivo claro desde el punto de vista normativo que les generaría grandes beneficios a todos ellos. Hablamos de un sector dominado por grandes corporaciones, en el que hay también empresas pequeñas, pero en el que mandan unas pocas multinacionales norteamericanas y un puñado de grandes empresas españolas. Además, la mayoría de los artistas que aparecen en los medios son personas con ingresos que están muy por encima de la media. ¿Se imaginan lo que se diría si un grupo de empresas y grandes ejecutivos con elevados sueldos hiciera una campaña mediática tan constante como la que hace el lobby cultural para quebrar la voluntad de los políticos? Se hablaría de “chantaje”, de la política al servicio de los intereses económicos, de “capitalismo de amiguetes”,…

En este sentido, lo importante no es tanto cómo presionan (con donaciones a los partidos, vídeos de apoyo, manifestaciones,…) como su capacidad de influencia. Lo relevante es su capacidad para ayudar o perjudicar a los partidos políticos. Y eso sí lo ponen en práctica. De hecho, tiene mérito, porque han conseguido que cuando Pablo Iglesias habla de “los políticos al servicio del IBEX o de las grandes empresas”, nadie (ni siquiera el propio Iglesias) piense en actores o productores, cuando lo que están haciendo es buscar un beneficio económico exactamente igual que el que persiguen otros sectores.

¿Cuánto daño le hace al PP una entrevista de un actor conocido en la que pone a caldo al Gobierno? ¿Cuánto beneficio obtuvo Zapatero del vídeo de la ceja? ¿Cuánto se beneficia Podemos del apoyo de caras conocidas? ¿Cómo sentiría Ciudadanos que los artistas repitiesen el discurso de que estamos ante la marca blanca del PP? Visto lo visto en estas elecciones y el misterioso caso de los programas que cambian en el último minuto, parece evidente que a los “artistas” les está saliendo muy bien la jugada.

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