Editorial FT: La secesión catalana es mala para España y para Europa

Los contornos del paisaje político de Europa perdieron su forma habitual tras las crisis de deuda y bancaria, la recesión económica, el auge de los movimientos antisistema y la crisis de los inmigrantes.

Esta semana, se sucedieron una serie de acontecimientos que también afectarán a Europa. La canciller alemana Angela Merkel perdió parte de su poder, a pesar de resultar reelegida. El presidente francés Emmanuel Macron ofreció un potente discurso en París sobre el futuro de Europa a largo plazo.

Mientras, los enfrentamientos entre los secesionistas de Cataluña y las autoridades españolas se intensificaron ante el referéndum sobre la independencia previsto para el domingo.

Algunos de estos hechos podrían favorecer a Europa. Otros, sobre todo el separatismo catalán, no auguran nada bueno. Merkel merece un cuarto mandato como canciller. Ha demostrado ser una excelente estadista. Los alemanes y otros europeos confían en que actúe como guía en los momentos más críticos.

En cuanto a Macron, su discurso en la Sorbona estuvo acompañado de una larga lista de reformas en materia de seguridad, defensa, inmigración, cambio climático, energía, agricultura y las instituciones de la UE. Hace muchos años que no se oía a un presidente francés hablar con tanta convicción sobre su visión de Europa.

Es cierto que su discurso dejó importantes cuestiones por responder sobre cómo blindar a la eurozona ante futuras crisis. Sin embargo, hay que tener en cuenta que Macron hablaba dos días después de las elecciones alemanas. Y es lógico que no quisiera presionar a los políticos de Berlín.

El referéndum de Cataluña pertenece a una categoría muy distinta. Carece de validez legal y de legitimidad política. Ante la tormenta en ciernes, la respuesta de Mariano Rajoy y del Partido Popular ha sido, en el mejor de los casos, torpe. Han ofendido innecesariamente a muchos catalanes y han sido lentos y poco imaginativos.

Después de estallar la crisis en 2010, cuando el Tribunal Constitucional anuló partes del nuevo estatuto de autonomía de Cataluña, Madrid desaprovechó varias oportunidades para negociar.

Sin embargo, esto no convierte al Estado español en el ogro tirano que mora en las fantasías de los separatistas catalanes.

Existe una diferencia abismal entre los abusos cometidos contra Cataluña con Francisco Franco, el dictador fallecido en 1975, y el amplio autogobierno y la libertad individual de los que ha disfrutado la región en las cuatro últimas décadas.

Los nacionalistas catalanes afirman hablar en representación de toda la población. Es una afirmación sin fundamento. La realidad es que los separatistas impulsan una agenda radical que divide profundamente a la sociedad catalana. Esto quedará patente mañana. Un gran número de votantes se negará a participar en el referéndum porque lo consideran, acertadamente, ilegal, y porque no apoyan la secesión de España. El presidente Rajoy tiene el derecho, y de hecho el deber, de hacer defender la ley. Sin embargo, su Gobierno haría bien en mostrar comedimiento en los próximos días para no entrar en el juego de los nacionalistas y crear una lista de mártires.

En algún punto, deberá iniciarse un nuevo diálogo entre Madrid y las autoridades catalanas. Sin embargo, debe hacerse cumpliendo la ley. Los separatistas tratan este principio de una forma flagrantemente arbitraria.

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