Ruanda, el país con un 64% de mujeres parlamentarias en el que el feminismo es cosa de ricas

Con un 64% de los escaños ocupados por mujeres, Ruanda presume de ser un modelo mundial del liderazgo feminista en la política. Sin embargo, fuera de las cuatro paredes del Parlamento la mayoría de las ruandesas sobreviven con dos dólares al día y sufren la disparidad de la economía.

En las últimas décadas las ruandesas escalaron posiciones en la representación política como no lo hicieron mujeres de otros continentes, llegando a traspasar ampliamente la mayoría en el Congreso y, por tanto, a tener una representación superior a la del hombre en la toma de decisiones.

No obstante, basta con hablar con algunas ruandesas a pie de calle para darse cuenta de que la equidad no es latente en todas las esferas de la sociedad ruandesa y un empoderamiento económico incluyente sigue siendo un sueño para esta nación del este de África.

A Claudine Nyirarukundo, una joven ruandesa con cinco personas a su cargo, le importa bien poco cuántas mujeres líderes hay en su país. Su máxima preocupación es que ella y los suyos tengan algo que llevarse a la boca cada día, explica a Efe esta mujer de tan solo 36 años pero de rostro pálido y ya arrugado por el tiempo. “Cuando mis hijos comen, entonces cuento que el día ha pasado. Las mujeres líderes de Ruanda harán su trabajo, pero el mío es luchar por sobrevivir. Agradezco al Gobierno la educación y salud gratuita, pero la pobreza nos está matando”, asegura.

Otra ruandesa, Bahati Dusabyimana, de 32 años, opina que es la gente con menos recursos quien ha pagado un alto precio por la modernización de Kigali, capital del país y, según Naciones Unidas, la ciudad más limpia y bonita de África. A ella tampoco le importan los títulos que ostenta la ciudad cuando la recorre corriendo, con su canasta de frutas y verduras sobre la cabeza, huyendo de los agentes que se esfuerzan en limpiar las calles de vendedores ambulantes.

Son muchas las que piensan que la representación en la política no se traduce en el éxito de la mujer en general. “Que la mujer ruandesa domine el Parlamento es pura apariencia. No es lo suficientemente poderosa como para formular políticas inclusivas”, dice otra ciudadana, Claire Mutoni.

El lejano empoderamiento económico

Las ruandesas también achacan la lentitud de su empoderamiento económico al aspecto cultural. “No hacemos cosas que desafíen las limitaciones culturales para buscar oportunidades económicas alternativas. En Ruanda el trabajo manual es exclusivamente del hombre”, denuncia Fiona Muthoni, estudiante ruandesa.

Otros de los aspectos que más separan a las mujeres entre líderes y víctimas del sistema económico y político es la educación, ya que las altas tasas de analfabetismo en las ruandesas que provienen de áreas rurales hace que “la economía favorezca solo a las mujeres de élite”, explica Simon Mugisha, director de un banco en el país. “Hace falta que las mujeres rurales puedan participar en actividades económicas como el ahorro cooperativo, programas de mentoría y estudios para capacitarlas en la creación de actividades que generen ingresos”, reivindica Mugisha.

Analistas económicos ruandeses señalan que Ruanda tiene todavía una gran tarea para traducir el éxito de la emancipación en un programa de capacitación inclusivo y tangible que ayude a aumentar el nivel de vida de las mujeres empobrecidas que luchan por reducir la disparidad de ingresos.

Sin embargo, las líderes ruandesas insisten en que la mujer ha escalado puestos en la sociedad en los últimos años. “Con la ley de 2003, las mujeres tienen derecho a heredar tierras y a pedir préstamos, así como compartir propiedad tras el divorcio”, explica a Efe la secretaria del Banco de Kigali, Shivon Byamukama.

La gobernadora de la provincia Oriental, Judith Kazayire, asegura por que las políticas han hecho lo posible por promover derechos y libertades para la mujer, pero reconoce que la igualdad de oportunidades en el sector económico no está creciendo al ritmo que desearían.

El agudo contraste entre las líderes ruandesas que sostienen historias de éxito y la mayoría de ciudadanas que sufren una marginación económica latente hace de Ruanda un país con dos mundos opuestos en los que el feminismo es solo cosa de las primeras.

George Kalisa / Efe

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