Reino Unido se convertirá en el mayor paraíso fiscal de Europa

Sin duda alguna el Brexit va a suponer grandes cambios en una y otra orilla del Canal de la Mancha, algunos de esos cambios pueden ser previsibles, pero otros, no, por tanto, voy atreverme a hablar de un escenario, no tan fácil de entender desde nuestra óptica hispana.

Gran Bretaña está dispuesta a modificar su modelo económico y convertirse en el paraíso fiscal de Europa, sí se le excluyera de manera traumática del Mercado Común (UE), sin duda alguna, el Gobierno británico “hará lo que tenga que hacer para recuperarse después del Brexit”.

Sin duda, el Reino Unido ya ha evidenciado al mundo entero, que no le asusta “quedarse sólo”, tal y como ocurrió frente a la Alemania nazi, antes de la entrada de EEUU en la segunda Guerra Mundial. Esa soledad relativa, ya que siempre han tenido a diferencia de España, su “Riqueza Común – Commonwealth”, no les quita el sueño a los británicos.

Podemos asegurar que, sí Albión deja la UE de manera traumática, es decir, mediante un “Brexit duro”, y pierde el acceso al mercado europeo, la UE sufrirá su venganza, orientada a generar graves daños económicos al Mercado Común.

Ese botón rojo del Brexit duro europeo supondrá reducir el impuesto de sociedades en Reino Unido, y limitar la comunicaciones bancarias con países de la OCDE, para recuperar la competitividad en la escena mundial. ¿Sí estos situaciones se materializaran, podríamos llamar al Reino Unido paraíso fiscal?, la respuesta es Sí. Por consiguiente, de darse este escenario, sólo nos podremos reír de nuestros pobres políticos españoles, que sueñan con robar un trocito de la City a los hijos de Enrique VIII.

Probablemente, la salida del Reino Unido de la UE, provoque en los socios de la UE un efecto liberalizador, digno de agradecer por el común de los ciudadanos anónimos, por el mero hecho de poder huir, sin el permiso de la AEAT, con las rentas personales y societarias al “Paraíso Fiscal Británico”

Si el futuro acuerdo entre UK y UE se aleja del principio de reciprocidad sobre la libertad de movimientos de personas y mercancías, provocará, el nacimiento de la mayor paraíso fiscal del planeta Tierra, y no es probable un acuerdo fácil, ya que los británicos desean libertad de movimientos en mercancías y capitales, pero duros controles migratorios para europeos y nos europeos que decidan entrar en las Islas.

Los británicos son conscientes que no pueden competir en mercancías con las regiones más competitivas de la UE (Polonia, Portugal, Eslovaquia, etc), pero con la libra esterlina, como una de las monedas más estables de mundo al cambio con el dólar y el euro, sin duda, se convertirán en el mercando financiero más atractivo del mundo. Ya lo decían los defensores del Brexit “UK nunca fue una nación que se centró en la Europa continental, y en lugar de ser ‘anti-comercio’, siempre deseó mirar más allá, en un mundo más amplio y global”.

Sin embargo, sí la UE, no se convierte en un clan de “bobos burócratas bruselenses” amedrentados por los sables de los creadores de la Patente de Corso, el Brexit puede ser muy buena noticia para la Gran Bretaña, y es que los paraísos fiscales, no son políticamente hablando grandes amigos de la democracia, y pueden tener sus lagunas en los político, pero nadie se acuerda de ese insignificante detalle, con salarios medios que triplican los salarios patrios en cualquier sector, y los octuplican en el sector financiero; aunque sinceramente, no creo que los padres de la democracia parlamentaria, vayan a convertirse en el Singapur político de Europa.

Ya en la actualidad, Reino Unido grava los beneficios corporativos con el 20%, el nivel de impuesto de sociedades del Reino Unido ya es el más bajo en el grupo G7. Sin embargo, ya se ha anunciado la reducción al 17% en 2020, lo que daría a Reino Unido la tasa más baja de impuestos sobre países del G20, y en ese sentido, cabe decir que los Británicos predican la rebaja de estos gravámenes a nivel mundial

En el polo opuesto, están los supuestos dos motores de Europa, es decir, Francia y Alemania, que tienen tasas de impuesto de sociedades más elevados, en concreto 34% y un 30 %, respectivamente.

Cualquier político “inteligente”, de esos que ya no quedan en España, debería de saber que el Impuesto sobre sociedades debe ser un “punto de venta” para el país que lo impone.

Pareciera, que los conservadores (George Osborne) y los laboristas británicos (Gordon Brown) si se pusieron de acuerdo en la reducción progresiva del tipo, desde el 33% al 28% durante sus mandatos. Así, ambos ministros, aunque de extremos opuestos del espectro político, redujeron el impuesto de sociedades por razones similares – para dar impulso a las empresas británicas y para atraer inversiones de corporaciones extranjeras.

Resaltemos, que la reducción del impuesto de sociedades también es parte de un reequilibrio a largo plazo de la carga fiscal, pasando de las empresas a las personas físicas. Según todos los cálculos, esta política ha tenido éxito, ya que se estima que en 2014 la inversión extranjera directa en Reino Unido pasó la marca de un billón de libras. Este tipo de inversión creó 85.000 nuevos puestos de trabajo en Gran Bretaña en 2014/15, más que en cualquier otro país europeo.

Pero la reducción constante del impuesto de sociedades también es parte de un reequilibrio a largo plazo de la carga fiscal de las empresas a los particulares. Los números no engañan, en el año fiscal 2013-2014, el último año para el que se dispone de cifras, el impuesto de sociedades representó sólo el 6,75 % de los ingresos fiscales totales del Reino Unido, frente al 10,53 % menos que una década antes en 2005-6.

Este cambio gradual de la carga tributaria, es parte del pragmatismo británico, decisión tomada al margen de políticas, o politiqueos propios de España.

Las empresas cada vez tienen más movilidad, son capaces y están dispuestas a desembarcar y trasladarse a otras jurisdicciones, donde pueden beneficiarse de un régimen fiscal más favorable.

Los casos más mediáticos han sido los de Google y Facebook, que no han supuesto cambios físicos o domiciliarios, sino sólo aliviando la presión fiscal sobre las ganancias a través de Irlanda – que tiene incluso un impuesto de sociedades más bajo que el Reino Unido – reduciendo su carga fiscal en Reino Unido.

Por el contrario, la mayoría de los empleados, personas físicas, tienen menos movilidad – y cuando se enfrentan a un aumento de IRPF, por lo general tienen poca opción, pueden quejarse, emigrar o aguantarse.

Esta política fiscal Británica es una carrera de fondo, con el impuesto de sociedades, y aunque es una carrera difícil de ganar, es sostenible, ya que siempre habrá pequeñas jurisdicciones -como Irlanda o Singapur- que estén dispuestas a reducir su impuesto de sociedades aún más allá que el de Gran Bretaña.

Muy diferente es el escenario del impuesto de sociedades en EE.UU, donde su 39 % casi dobla la del Reino Unido. Ya son muchas las compañías de Silicon Valley que están canalizando proporciones considerables de sus beneficios globales a través de sus operaciones de bajo gravamen en Irlanda. Actualmente, Estados Unidos va a tratar de neutralizar los incentivos ofrecidos por Irlanda y el Reino Unido al imponer a las compañías estadounidenses impuestos sobre las ganancias que obtienen en el extranjero.

Por tanto, la capacidad de los países de la UE para ejercer presión sobre Gran Bretaña en relación a su baja presión fiscal, está actualmente limitada por las garantías de libre comercio ofrecidas por la pertenencia del Reino Unido al Club Europeo, esta presión desaparecerá al ejecutarse el Brexit.

Sin duda, los británicos, esperan tras el Brexit, estar a merced de los aranceles y represalias impuestas por el bloque europeo. Sin embargo, irónicamente, la política fiscal de Gran Bretaña sobre las sociedades podría volverse aún más laxa, como resultado de esa tensión. Por tanto, el atractivo de un Reino Unido no perteneciente a la UE, ante los inversores mundiales probablemente se reduciría, lo que podría obligar a Westminster a compensar mediante la reducción aún más del impuesto de sociedades

Por lo tanto, mientras que bajar el impuesto de sociedades en Gran Bretaña demostrará su valía, como una forma de estimular los negocios nacionales y tentar a las empresas extranjeras a invertir en Gran Bretaña, corre el riesgo de provocar una reacción de países vecinos para culpar al Reino Unido por apropiarse de grandes inversiones, lo que llevaría al Reino Unido, a tener depositados en sus cuentas bancarias tantos activos, como la suma de todos los activos de la Unión Europea, lo que llevara a este país a convertirse en el mayor proveedor de activos financieros del mundo.

El actual Gobierno conservador ha sido desde hace tiempo hostil con todo lo que tiene que ver con la armonización fiscal europea, por lo que es posible que ahora, liberado de cualquier imposición europea, sobre el impuesto de sociedades, podría tratar de convertir un Bretaña post-Brexit en un paraíso fiscal a todas luces.

En el caso del Brexit, los primeros nubarrones se están disipando, y sin duda, Gran Bretaña, será el mayor paraíso fiscal del planeta, y será un país extremadamente interesante para potenciales inversionistas extranjeros, y ya que, aunque es improbable que un Reino Unido post-Brexit tenga sólo, buenas relaciones comerciales con la UE, nadie impedirá que se impongan aranceles a los productos de UK.

Sería una ironía suprema, sí una política diseñada para hacer a Gran Bretaña más atractiva para la inversión internacional, acabé provocando hostilidad e incluso proteccionismo de nuestros rivales internacionales, sino más bien, que al contrario, el siglo XII vera nacer el mayor paraíso fiscal de la Tierra en las aguas del Canal de la Mancha.

expansion.com

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