La política exterior de Emmanuel Macron: la aspiración de convertir a Francia en Gran Potencia

“No puedo aceptar vivir en un mundo bipolar formado por Estados Unidos y China”, en estos contundentes términos se expresó el presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante su visita a Lituania y Letonia a finales de septiembre. Esta declaración de intenciones ya no sorprende, desde que fue elegido, el mandatario francés ha dejado claro su deseo de una Unión Europea más fuerte e independiente. Macron busca ser el líder que lleve a Bruselas a ser una potencia en el nuevo paradigma mundial.

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Una Unión Europea “más geopolítica”

En las últimas semanas hemos podido ser testigos de giras diplomáticas y acciones políticas que muestran la actitud del Presidente francés. Macron ha viajado a Líbano para ejercer como líder en la grave crisis que vive el país. Ha desplegado una fragata y dos cazas para ayudar a Grecia y a Chipre a defender sus aguas frente a Turquía, además ha elevado el tono en varias ocasiones (incluido en el último Consejo Europeo) denunciando las acciones de Ankara, y pidiendo una acción conjunta y coordinada. Y por último, a finales de septiembre ha viajado al Báltico donde ha vuelto a abogar por un acercamiento a Rusia, así como la necesidad de una UE fuerte e independiente.

Hace casi un año tenía lugar el nacimiento de la Comisión Von der Leyen, que como declaraba su presidenta tiene como objetivo ser una “comisión geopolítica”, que convierta a la Unión Europea en un actor con la relevancia que le debería corresponder en el panorama internacional. Por tanto, el Presidente Macron no se encuentra solo en su cruzada por convertir a la UE en una potencia mundial. Nada más lejos de la realidad, pues cada vez surgen más voces que apoyan esta vía, véase el Alto Comisionado de la UE, el español, Josep Borrell.

De izquierda a derecha; Angela Merkel, Emmanuel Macron y Ursula von der Leyen / Vía Reuters

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El objetivo del presidente francés es conseguir una UE más “solidaria” con sus estados miembros (ejemplos de Grecia y Chipre), y una mayor afirmación de la “soberanía” europea frente a la rivalidad de las grandes potencias. El presidente francés busca imponer su visión, aspirando a liderar la política exterior de una UE muy dividida y con diferentes intereses estratégicos.

Como ya se ha comentado, a pesar de contar con aliados, Macron también tiene que hacer frente a muchos obstáculos. Primeramente por el propio funcionamiento de la UE que exige la unanimidad de los 27 estados miembros en cuestiones de política exterior, hemos podido ver como Chipre bloqueó las sanciones a Belarús (como queja ante la actitud de Bruselas hacia Turquía). Este hecho hace que la UE carezca de cohesión y de rapidez a la hora de tomar decisiones importantes.

Por otro lado, tenemos la oposición de algunos estados miembros a esta estrategia, la más importante, la de Alemania. Como bien se sabe, Berlín no es dada a aventuras militares o a hacer demostraciones de poder más allá de las fronteras europeas, además Alemania siempre ha puesto por delante su política comercial. La canciller alemana, Ángela Merkel, apuesta por una estrategia más diplomática y cauta. Podría decirse que es el principal obstáculo a la política de confrontación de Macron hacia Turquía. Teniendo en cuenta que actualmente la UE se sustenta en el eje franco-alemán, el hecho de que ambos países no lleven un objetivo coordinado, genera un descontrol a nivel europeo. Sin embargo, recientemente estamos viendo ciertos cambios en la posición germana, por una parte vemos una retórica cada vez más agresiva hacia China, que recordemos que es un gran socio comercial. Por el otro, un acercamiento hacia las posiciones de países como España o Italia, que apuestan por una mayor integración europea, véase el acuerdo por el Fondo de Recuperación.

En cuanto a la cuestión militar europea, la Comisión Europea ha hecho un esfuerzo en los últimos años para que los países de la UE y las empresas de armamento trabajen juntos en proyectos comunes, creando un Fondo Europeo de Defensa para fomentar la cooperación en investigación y desarrollo de tecnología y equipos militares. Pero estos planes han sufrido un revés, cuando los líderes de la UE, incluido Macron, acordaron el pasado julio que el fondo recibiese mucho menos dinero del propuesto por Bruselas, 7.000 millones en 7 años, es decir un 40% menos. Aún quedan muchos pasos para que podamos ver en Europa, si es que en un futuro se realiza, algo parecido a un ejército europeo.

Acercamiento a Rusia y menor dependencia de Estados Unidos

A nadie le escapa el deseo de Macron de que se produzca un acercamiento entre la UE y Rusia, ya lo ha manifestado en numerosas ocasiones y volvió a hacerlo en su reciente visita al Báltico. “Nuestra visión es que, si queremos construir una paz duradera en el continente europeo, debemos trabajar con Rusia” declaró el presidente francés. París busca de esta forma un “diálogo estratégico” con Moscú, las razones son varias, primeramente sería evitar un conflicto que solo perjudicaría a los europeos, y beneficiaría a China y Estados Unidos. Por otra parte, se busca alejar a Rusia de China, y la mejor forma es ofrecer a Moscú un sitio en Europa Oriental bajo un nuevo statu quo de entendimiento.

Vladimir Putin y Emmanuel Macron/ Vía Reuters

Macron desde Riga, expresó que “este vecindario requiere un trabajo estratégico para construir verdaderamente una arquitectura de seguridad”. El mandatario francés, aún así, ha dejado claro que quiere un diálogo con Moscú “sin complacencia y sin ingenuidad”. Esta actitud, evidentemente no ha gustado a los países Bálticos ni a Polonia, estados que se sienten amenazados por Rusia y que por tanto desconfían de un acercamiento con Moscú.

Desde varios puntos de Europa se está presionando a Macron para que se distancie de Putin. El contexto actual tampoco ayuda a este acercamiento, el supuesto envenenamiento del opositor ruso Navalny ha puesto foco sobre Moscú, pero quizás el terreno más candente sea Belarús. Desde agosto el país vive una grave crisis política ante las acusaciones de un fraude electoral realizado por el presidente Lukashenko. Moscú ha intercedido para evitar una posible injerencia europea o estadounidense. Bruselas ha elevado el tono hacia Lukashenko y recientemente ha impuesto sanciones a varias personalidades del gobierno. Además la opositora Svetlana Tijanóvskaya se ha reunido con Macron y con Angela Merkel.

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En cuanto a la relación con Estados Unidos debemos analizar la posición de Macron dentro de una actitud gaullo-mitrerrandiste. Es decir, que París no sea visto como un subordinado, lo que conlleva mirar a Washington como un igual. En ningún caso el mandatario francés busca una mayor debilidad de Estados Unidos, o acabar la alianza estratégica, sino que busca una mayor independencia geopolítica.

En Riga, Macron instó a los países europeos a dejar de depender de los sistemas de armas estadounidenses, pidiendo un papel más “asertivo e independiente para Europa”. Esta posición va en relación con las continuas críticas que ha lanzado el líder francés hacia la OTAN. Recordemos sus declaraciones a The Economist hace un año: “La OTAN está en un estado de muerte cerebral”. “Solo mire lo que está sucediendo. Hay socios presentes en la misma parte del mundo y no se lleva a cabo coordinación alguna para tomar decisiones estratégicas entre los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Ninguna. (…)”. No es casualidad por tanto, que Macron pida una mayor autonomía militar, ya que actualmente quien “garantiza” la seguridad de Europa es la OTAN, es decir, Estados Unidos.

Este “alejamiento” se ha visto reforzado tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Desde 2016, Washington ha querido renegociar los términos de su alianza con la Unión Europea para favorecer sus intereses, ya que ve a Bruselas no como un aliado, sino como un rival económico-comercial (como ejemplo, las sanciones a productos europeos y la oposición a la Tasa Google). También Trump se ha quejado en numerosas ocasiones del pequeño porcentaje que destinan los países europeos en Defensa, presionando para que aporten más a la OTAN. Por una parte, la Casa Blanca quiere “gastar menos en defender Europa”, y por otra desea a una UE débil y subordinada a su política exterior.

Francia vs Turquía

En los últimos años, especialmente tras el intento de golpe de estado de 2016, Turquía ha modificado su política exterior dándole un giro notablemente más agresivo llevando al gobierno de Recep Tayyip Erdogan a extender su influencia directa en Siria, el Mediterráneo Oriental o Libia. Esta expansión turca ha tenido como reacción una respuesta defensiva por parte de distintos países europeos, como es el caso de Grecia, Chipre y Francia.

Visita del Primer Ministro griego Mitsotakis a Francia el año pasado

La expansión de Ankara ha puesto en riesgo la seguridad y los intereses de Francia y Europa en varios escenarios, especialmente en el Mediterráneo Oriental y en Libia. París teme también el islamismo político que propugnan los Hermanos Musulmanes (claramente apoyados por Turquía), el control de Libia podría abrir las puertas de África, y más específicamente del Sahel a Ankara. París teme el islamismo político no por una cuestión islamófoba, sino porque crea una sociedad con un sistema de valores que sustituyen a la idea occidental liberal, y dificultan que sus intereses permeen, mientras que facilita el de los de otros países rivales, en este caso Turquía.

El Sahel, y especialmente Malí, sirven para Francia como dique de contención de la migración y el yihadismo. Algo que Francia no puede permitir, pues a pesar de que la posición francesa en la región es importante, la entrada de un nuevo actor, podría provocar más inestabilidad y un reordenamiento de fuerzas que perjudicaría a París.

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