La guerra de la arena: el próximo recurso natural en peligro

Durante los meses de invierno las playas del extenso litoral español pasan más desapercibidas. Pero en pleno agosto, los arenales de la península se convierten en protagonista principal de uno de los grandes motores económicos del país, el turismo. De tan acostumbrados que estamos a verlos, damos por hecho que siempre van a estar ahí: la arena de las playas no se va a acabar nunca. Pero nada más lejos de la realidad. Este recurso fino y dorado va camino de convertirse en un bien tan preciado como escaso en el planeta.

Las razones para este estado de alarma son múltiples. En la actualidad, sólo el agua supera a la arena como recurso natural más utilizado. De hecho, en torno al líquido elemento, sí existe una cierta concienciación sobre la urgencia por encontrar soluciones a la escasez y paliar las sequías que pueden acabar impidiendo la vida en muchas zonas del mundo hoy habitadas. No es el caso de la arena, a pesar de que ésta se encuentra en una gran mayoría de los objetos y construcciones que nos rodean.

El vidrio. La pintura. Los semiconductores que hacen funcionar a ordenadores y teléfonos. Y, por encima de todos, el cemento u hormigón armado que se utiliza para la construcción de casi cualquier edificio en el mundo. Estos son sólo algunos de los ejemplos de uso de este mineral minúsculo. A ellos hay que añadir otro más obvio y que ha generado tensiones internacionales en los últimos años: el traslado de arena para nuevas playas o para ganar terreno al mar.

Arena para crecer y crecer

En 2012 una ONG demostró a través de imágenes por satélite cómo la pequeña ciudad-estado de Singapur había aumentado un 20% su territorio en el último medio siglo. Lo hizo importando de manera masiva arena de países próximos, como Indonesia, Vietnam y Malasia. Según se descubrió, parte de ese comercio se hacía de manera ilegal; sin autorizaciones y acabando con playas enteras de zonas remotas de estos países. Ninguno de ellos permite a día de hoy la venta al exterior de este recurso.

Singapur aumentó su superficie un 20% importando arena de países vecinos

Pero la voracidad de algunos de los países más ricos del mundo, como Emiratos Arabes Unidos, parece inacabable. Al mismo tiempo que levanta rascacielos e infraestructuras megalómanos en tiempo récord, esta monarquía del Golfo Pérsico construye desde hace años decenas de islas artificiales en su costa, un proyecto bautizado como Palm Islands que precisa de una ingente cantidad de recursos, entre ellos millones de toneladas de arena.

Parte de ella procede de otro país asiático donde en el último lustro ha proliferado la extracción irregular de arena, en ocasiones para alimentar el crecimiento acelerado de sus enormes urbes. En la costa occidental de la India, en las proximidades de Bombay, pueblos enteros han cambiado su industria tradicional, la pesca, por la recogida y venta de arena. Un negocio controlado en su mayor parte por mafias de la zona, según revelaba un reciente reportaje de la BBC británica.

Importación a España

Con todo, no hace falta irse tan lejos para encontrar casos de este tipo. El pasado mayo, la eurodiputada española Paloma López (IU) registró varias preguntas ante la Comisión Europea a raíz de la llegada al puerto de Palma de Mallorca de un buque con 35.000 toneladas de este material procedente del Sáhara Occidental. Según denuncian organizaciones como el Obsevatorio de Recursos del Sáhara Occidental, este territorio funciona como despensa de arena de Marruecos, que comercializa cientos de miles de toneladas anuales a países como España, a pesar de que Naciones Unidas considera esta práctica ilegal.

Tráfico de arena: 18.000 millones de toneladas anuales se venden ilegalmente

La falta de control sobre esta industria se evidencia con un dato: el tráfico mundial de arena ronda los 18.000 millones de toneladas -frente a, por ejemplo, los 3.400 millones de toneladas de petróleo irregular en el mundo-, de acuerdo a un informe de la ONG International Union of Geological Sciences. Todo un negocio en torno a un recurso clave para la economía mundial.

“Se está llegando al fin de la extracción de arena fácil y empezando la excavación en otros ambientes marinos. Está pasando en todas partes y los gobiernos tienen que entender que es un riesgo exponencial”, señala Pascal Peduzzi, del Programa del medioambiente de la ONU, en declaraciones a la BBC. Un peligro que amenaza al ecosistema mundial y a la propia subsistencia de cada vez más zonas en el planeta.

economiadigital.com

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