Grieta británica: el Banco de Inglaterra bajo fuego por estimar el costo del Brexit

orge Lanata no vive en el Reino Unido, ni PPT tiene su versión inglesa de “Journalism For Everybody”, pero su idea de la grieta entre dos posturas políticas y económicas antagónicas resulta cada vez más de actualidad. Es que el referéndum que confirmó la salida del país de la Unión Europea (el famoso Brexit) está generando una verdadera división.

La última víctima de esta histeria colectiva entre defensores y detractores de la separación del Reino Unido de la UE es el gobernador del Banco de Inglaterra (BoE), Mark Carney, acusado de impulsar una campaña del miedo para evitar que el país cumpla con el mandato surgido tras la votación de 2016.

Lo que hizo recientemente el BoE fue nada más que publicar un documento sobre su última reunión del Comité de Política Monetaria, en la que advertía respecto de las consecuencias del Brexit sobre la economía y las finanzas británicas. Pero un informe como éste, que en otras circunstancias hubiera sido considerado como políticamente neutro, hoy es visto casi como un panfleto pro UE.

¿Qué herejía cometió el máximo organismo monetario? Confirmar lo que todos ya saben, menos quienes insisten en alcanzar un Brexit completo o duro. Que el desacople del continente no va a salir gratis, por más que muchos insistan en minimizar el costo. Y eso mismo fue lo que hizo el BoE la semana pasada, al explicar por qué mantenía sin cambios por un tiempo más la tasa de interés de referencia.

“La velocidad de la economía británica se desaceleró. Las incertidumbres alrededor del Brexit pesan sobre las decisiones de las empresas y las familias y afectan al mismo tiempo a la oferta y la demanda”, explicó Carney en la conferencia de prensa posterior a la publicación del informe del BoE. El combo descripto por el organismo no es alentador: cae el poder adquisitivo de los consumidores, crece la tasa de inflación, la libra esterlina se deprecia y las perspectivas de crecimiento del PIB se reducen. Todo esto justificaría, a los ojos del BoE, que la tasa se mantenga en el mínimo histórico del 0,25%, justo cuando se cumplen 10 años del inicio de la crisis subprime que afectó profundamente a la economía británica, pero también al resto de Europa.

Un cipayo

El problema para Carney es que, además de haberse declarado abiertamente a favor de la UE hace ya algún tiempo atrás, su origen no es británico, sino que nació en Canadá. Es decir que se trata de un verdadero cipayo, en el sentido estricto del término (un soldado nacido en una colonia al servicio de la metrópoli). Y eso explicaría su posición contraria al Brexit, a los ojos de parte de la prensa y del establishment británicos. Sin embargo, el funcionario aclaró en más de una ocasión que estaba consustanciado con la idea de la salida definitiva de la UE, y comprometido en preparar al sector financiero para el futuro. De hecho, hace poco pronosticó que éste podría duplicarse en tamaño en los próximos 25 años si el gobierno resiste la tentación de reducir las regulaciones actuales y evitar que se repita la especulación del pasado.

“Tenemos un sistema financiero que equivale a 10 veces el tamaño de la economía… Aporta varias fortalezas, genera millones de empleos, paga un 11% de los ingresos fiscales, es la mayor industria exportadora… Son todas señales positivas. Pero es riesgoso. Si el sistema financiero británico prospera en un mundo post Brexit, que es lo que prevemos, no va a representar 10 veces el PIB, sino que dentro de un cuarto de siglo será igual a 15 o 20 veces su tamaño, porque vamos a conservar nuestra participación de mercado en los flujos internacionales de capital. Por lo que hay que sostener las riendas y seguir enfocados”, indicó Carney.

Sin embargo, todas estas declaraciones positivas no parecen alcanzar para sus detractores, quienes lo consideran un adversario y lo ven ubicado del otro lado de la grieta, al igual que al ministro de Economía, Philip Hammond (estuvo de visita por la Argentina en los últimos días). Ambos funcionarios son partidarios de un Brexit blando que proteja los intereses de las empresas y entidades financieras, preocupadas por el costo que implicaría perder el acceso al mercado común.

Uno de sus mayores críticos es el ex director general de la Cámara de Comercio británica, John Longworth. Luego de abandonar su cargo el año pasado, pasó a liderar la campaña del Brexit en todo lo referido a los aspectos económicos. Para Longworth, Carney y Hammond son las bestias negras dispuestas a todo con tal de impedir el desacople. “Otra vez aparece el proyecto miedo con respecto al Brexit. Tenemos al BoE, al Ministerio de Hacienda y a la Asociación de Bancos tirando todos para el mismo lado. Todos tratando de mantener una versión pobre de lo que conseguimos tras el referéndum”, disparó el ejecutivo. “Además, el BoE no tiene buenos antecedentes respecto de sus predicciones económicas”, agregó.

Justamente, el diario The Daily Mail, que es el más leído del Reino Unido y que apoyó abiertamente el Brexit desde el principio, publicó todas las veces en que Carney se equivocó con respecto a sus pronósticos. En una de las últimas, en mayo de 2016 (un mes antes del referéndum), el funcionario advirtió que el Brexit podía provocar una recesión técnica, pero la economía siguió creciendo, según el periódico. Parafraseando a Néstor Kirchner, Longworth podría decir “¡Carney, no te tenemos miedo!”.

cronista.com

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