Garicano, sobre el Brexit: “Veo un 30% de posibilidades de ruptura total y sin acuerdo”

El riesgo de accidente me parece innegable”. Luis Garicano no lo desea, pero en sus palabras se intuye el temor a que su país de residencia durante años, el Reino Unido, acabe protagonizando un divorcio en toda regla, con reproches mutuos y ruptura casi total de relaciones, antes que una separación amistosa. E incluso le pone porcentajes a los diferentes escenarios:

  • “Soft-brexit: un 20%”. En su opinión, incluso este acuerdo sería más más duro que el que se pensaba [al comienzo de las negociaciones] pero habría algún tipo de pacto y no habría una ruptura traumática de los lazos económicos entre Reino Unido y UE.
  • “Brexit-duro: un 50%”, con acuerdo el último día y con una fase de transición, pero al final con un consenso de mínimos.
  • “Ruptura sin acuerdo: un 30%”. Éste último escenario supone un salto al vacío, pero no es imposible, en su opinión. Implicaría llegar a marzo de 2019 con las posturas enfrentadas e implicaría que en el Reino Unido dejan de aplicarse los tratados, que el país queda al margen de la UE desde un punto de vista económico (como un miembro más de la Organización Mundial del Comercio) y para viajar de uno a otra sería necesario un visado. Vamos, que desde el punto de vista normativo el país pasaría a ser para la Unión Europea como Rusia o Australia. Casi nadie lo dice en voz alta, pero es un escenario que parece cada día más posible.

Este lunes, Garicano acudía a la Fundación Rafael del Pino de Madrid. El título de su conferencia era “¿Cuáles son las consecuencias económicas del Brexit para España?”. Lo cierto es que el catedrático de la London School of Economics tiene una posición privilegiada sobre este tema. Como profesor desde hace décadas en las universidades británicas y con la perspectiva que le ofrece su posición política en la dirección de ALDE, la asociación que agrupa a los liberales europeos, podría decirse que tiene un pie a cada lado del Canal de la Mancha. Por eso, alerta de que el escenario que todo el mundo daba por hecho hace unos meses, un Brexit-blando en el que todos aceptan que lo mejor es llegar a un acuerdo, cada vez está más complicado. Las dinámicas políticas y sociales en los dos bandos, sobre todo entre la clase política inglesa y en parte de sus medios de comunicación, están empujando en la dirección contraria a la que marca la lógica. A partir de ahí, todo es posible.

“Ya estamos en el mundo de las cosas que no tienen sentido”, asegura Garicano, que recordaba que fueron los ingleses los que más empujaron en los años 80 en la búsqueda de ese mercado único que ahora están rompiendo: “Lo lógico sería que haya un acuerdo. Y sabemos que incluso en ese caso el bienestar conjunto de la UE y el Reino Unido será más bajo. Pero es que partimos de una situación en la que la hipótesis de que la gente siempre busca su propio bien… no se cumple”. Si se cumpliera, cree Garicano, nunca se hubiera votado por el Brexit.

En su opinión, lo que ha ocurrido es que “el contexto económico actual es de incertidumbre y ansiedad para las clases medias. La globalización y la automatización están haciendo que muchos empleos rutinarios que daban salida a muchas clases medias (manuales e intelectuales) estén desapareciendo”. Todo eso ha generado una preocupación de la que se están aprovechando los populismos: “Algunos políticos sin escrúpulos convierten esa ansiedad en votos. Son sencillas y no solucionan nada, pero dan tranquilidad: ‘La culpa la tienen los extranjeros. La culpa la tiene el comercio…’. El Brexit es una manifestación de esta búsqueda de soluciones sencillas a problemas complejos”.

Y es curioso, porque lo que queda por delante es cualquier cosa menos sencillo. Garicano cree que hay tres grandes temas que dificultan el acuerdo: la libre circulación de personas, la factura que debe pagar el Reino Unido al Presupuesto comunitario (en la que se incluyen los compromisos adquiridos en el pasado) y el marco normativo en el que se moverán las relaciones económicas UE-Reino Unido. Porque la obsesión del Gobierno y la prensa británicos es alejarse de la armonización legislativa y del control del Tribunal de Justicia de la UE. El problema es que esto es muy complicado porque, como explica Garicano, los gobiernos del resto de los países no están dispuestos a admitir una ruptura de las reglas comunes en el marco de un mercado sin fronteras para los bienes y servicios. O lo que es lo mismo: si el Reino Unido quiere acceso preferencial a la UE tendrá que acatar, de una manera u otra, sus reglas.

En lo que respecta a España, el ideólogo económico de Ciudadanos destaca que las relaciones entre Reino Unido y nuestro país son un ejemplo de lo mejor que ha traído la UE. Ni siquiera la delicada cuestión de Gibraltar ha evitado que los lazos entre los dos países hayan ido estrechándose de forma constante a lo largo de los últimos 30 años. Unas relaciones que, sin embargo, corren un enorme riesgo con el Brexit. Garicano recuerda algunas cifras que sirven como ejemplo de la magnitud del problema: “En el mundo de EasyJet es difícil contarlos, pero puede haber más de un millón de británicos que pasan parte del año en España y más de un millón de españoles que viven temporadas en el Reino Unido. Más de 16 millones de turistas británicos nos visitan cada año. España exportó 24.000 millones de libras al Reino Unido e importó 14.000 millones, es un superávit del 1% del PIB. Es nuestro cuarto mercado. Reino unido ha sido uno de los principales destinos de la inversión española directa en la UE en las últimas décadas. Somos el segundo mayor inversor en servicios financieros en UK tras EEUU”.

Por todo ello, a España, como al resto de los países de la UE y al propio Reino Unido, le interesa el acuerdo. El problema es más político que económico. Garicano, dedicado también desde hace ya 3-4 años a la res pública, sabe que las dinámicas negociadoras no son tan sencillas. Que lo peor que le puede pasar a un político ante su opinión pública es que ésta crea que ha cedido o no ha cumplido con su palabra. Por eso alerta del peligro de que lleguemos a un proceso en el que los negociadores de ambas partes sean rehenes de su prensa y sus promesas imposibles de cumplir. En el que todos sepan que el peor escenario es la ruptura pero nadie se atreva a evitarla. Hace cien años, recordaba durante la conferencia, Europa ya se suicidó con un conflicto absurdo que a nadie beneficiaba, pero nadie supo parar. Ahora las cosas no son tan graves, pero los incentivos de unos y otros y la falta de altura política, pueden conducir también a un resultado nefasto. Garicano, muy crítico con el Gobierno y los medios de comunicación ingleses, quiere ser optimista, pero escuchándole, se intuye que cada día lo es un poco menos.

libremercado.com

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