El Brexit abre nuevas grietas y podría desembocar en otras elecciones

Cuando las cosas se ponen feas, solo pueden ir a peor. En Westminster se rumorea incluso que habrá otras elecciones generales en las que los ciudadanos podrán elegir entre el ministro de Asuntos Exteriores, Boris Johnson y el líder laborista Jeremy Corbyn. Es lamentable, pero podría ocurrir. La primera ministra, Theresa May ganó, pero perdió las elecciones. Ahora dirige un Gobierno en minoría tras haber alcanzado un acuerdo con los Unionistas de Irlanda del Norte. Este tipo de pacto no beneficia a la reputación de los conservadores. En realidad, el liderazgo de May ha acabado.

Oficialmente, la política del Gobierno con respecto al Brexit, no ha cambiado. El país abandonará el mercado único y la unión aduanera, y dejará de regirse por el Tribunal de Justicia Europeo. Desde el punto de vista político y económico, esto es insostenible. Los miembros del Ejecutivo mantienen un conflicto abierto sobre cuál es el mejor acuerdo con la UE de los veintisiete. May carece de autoridad para imponer disciplina en su equipo y garantizar el resultado que ella desea.

Sólo ha decidido permanecer en el cargo por temor de los posibles sucesores a que su marcha provocara la convocatoria de otras elecciones. Aunque Corbyn perdió los comicios, también los ganó. Unas segundas elecciones seguramente le habrían llevado a Downing Street.

Por su parte, las ambiciones de Johnson no se han visto empañadas por su lamentable gestión en el ministerio de Asuntos Exteriores. El secretario del Brexit, David Davis, y el ministro de Economía, Philip Hammond, se postulan abiertamente como alternativas a May. No sería de extrañar que la primera ministra dimitiera, ya que diariamente se tiene que enfrentar a duras críticas de la prensa. Hace un año, Johnson y los seguidores de su partido defensores del Brexit se comprometieron a tomar el control. Ahora lo han perdido.

En algunos aspectos, Johnson y Corbyn guardan un gran parecido. Los dos son políticos populistas y prisioneros de su pasado. Johnson, de la nostalgia que siente por la época en la que Reino Unido dominaba el mundo y Corbyn, de sus memorias del socialismo revolucionario de la década de los 70. Además, los dos son euroescépticos: Johnson defiende la superioridad inglesa y Corbyn habla de la UE como de una conspiración capitalista.

La respuesta del ministro de Asuntos Exteriores al resultado electoral ha sido seguir insistiendo en sus argumentos imposibles. De hecho, Johnson aseguró el otro día que Londres podría alcanzar un acuerdo comercial con la UE libre de aranceles en el plazo de dos años. Alguien debería recordarle que estos son los beneficios que se reciben al adherirse a la UE, no al abandonarla.

En cuanto a Corbyn, las políticas del manifiesto laborista, no se sostienen. Por un lado, dice que Reino Unido puede estar dentro y fuera del mercado único; por otro, está a favor de una inmigración abierta, pero en contra de la libre circulación de trabajadores. Un Gobierno laborista invertiría miles de millones de libras en renovar el arsenal nuclear británico, aunque Corbyn ha prometido que nunca haría uso de este. Toda una contradicción. El levantamiento el año pasado en contra de las élites provocó un auge de la derecha nacionalista en Reino Unido. Este año, la insurgencia contraria al establishment ha llevado a Corbyn más cerca del poder. También es posible que May considere como parte de su trabajo soportar las críticas y aguantar lo que queda de legislatura en Downing Street. Pero podría ocurrir que su dimisión llevara a los conservadores a tomar una decisión medianamente razonable, eligiendo a Hammond. Lo que resulta imposible imaginar es una situación con un primer ministro y un Gobierno con autoridad y mayoría suficientes para conseguir un buen acuerdo de Brexit.

Evidentemente, el resultado de las elecciones ha dado poder a los que, como Hammond, quieren proteger la economía. Sin embargo, no ha apaciguado los ánimos de los nacionalistas ingleses, que sólo estarán satisfechos con una completa ruptura con la UE. En cuanto al partido Laborista, esta es una oportunidad perfecta para sacar partido de las divisiones que hay entre los conservadores. Lo más desalentador es que en el Parlamento sigue habiendo una mayoría pro-europea. Ya ha pasado más de un año desde el referéndum. Y ni el Gobierno ni la oposición han ofrecido cualquier cosa que se parezca a una visión del lugar que le corresponde a Reino Unido en el mundo fuera de la UE. La alternativa que nos presentan son Johnson y Corbyn. Y el país no merece ninguna de estas dos opciones

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