Casi la mitad de las sucursales cerradas en Europa por la crisis estaban en España

El 46% de las sucursales clausuradas en Europa tenía residencia en España

El 46% de las sucursales clausuradas en Europa tenía residencia en España

Cuando la banca española inició el proceso de concentración en 2009 con la intervención de Caja Castilla-La Mancha (CCM) y adjudicación a la entonces Cajastur se dio el pistoletazo en paralelo al ajuste de redes y plantillas para ahorrar en la factura prescindiendo de estructuras redundantes. Una veintena de operaciones después España destacaba ya en 2013 como el sector financiero europeo que mayores esfuerzos había acometido y se pronosticaba el relevo de mercados más rezagados en la necesaria adaptación a unos nuevos tiempos donde la flaqueza del negocio y las pesadas cargas normativas imponen aliviar costes de forma decisiva.

Tal relevo continúa sin manifestarse de forma clara. Entre 2008 y 2016 han desaparecido en la zona euro 37.069 sucursales y 4,6 de cada 10 (17.258) tenían residencia española. Hay que remontarse a 1982 para encontrar una capilaridad menos tupida. Al cierre del pasado ejercicio permanecían abiertas 28.807 oficinas frente a las 29.132 censadas en aquel momento.

Ningún país ha acometido en esos ocho años un esfuerzo comparable en términos absolutos, siendo Alemania el segundo mercado en número de cierres y ni siquiera ha comprometido a la mitad de locales que aquí; e Italia queda en el tercer lugar, con 4.834, pese a los serios problemas que atraviesan las entidades transalpinas y que han esperado hasta ahora para adoptar decisiones de abultadas clausuras, aunque obligada por Bruselas y centradas en los bancos receptores de ayudas para sobrevivir.

La dispar evolución hace que España haya dejado de contar con el mayor número de oficinas,relegado ahora en esta clasificación detrás de Alemania, Francia e, incluso, Italia. Así lo revela el último informe ‘UE structural financial indicators’ donde el Banco Central Europeo (BCE) compila y coteja la evolución de las estructuras de las entidades y fija el foco igualmente en el grado de concentración.

Y el proceso continúa inacabado no solo por los ajustes esperables para limar, como mínimo, duplicidades cuando el Santander absorba al Popular y Bankia a BMN, sino por la necesidad del conjunto de entidades de equilibrar cuentas. Mientras los ingresos permanezcan aletargados o su evolución resulte insuficiente, la línea donde actuar con mayor facilidad para evitar deterioros de los márgenes continúa siendo la partida de costes. En su origen las primeras clausuras fueron imposiciones de la Troika y de forma particular de Bruselas, que condiciona la recepción de ayudas a menguar la dimensión -a las cajas les obligó a replegarse a las regiones de origen-. La siguiente oleada de ajustes y que viene presidiendo estas decisiones en los últimos dos años, atiende más a una decisión corporativa de mejorar las apretadas cuentas.

La banca descarta que una tala tan severa perjudique al ciudadano porque el ratio de locales por habitante continúa siendo de los más frondosos del mundo y la digitalización de los servicios financiero facilita el acceso a cualquier usuario desde cualquier rincón. Sin embargo, las clausuras sí están pasando factura en pequeñas localidades. Son las oficinas más expuestas a la poda porque su proyección de negocio resulta más cautivo, y donde la ciudadanía sufre mayor vulnerabilidad por un menor acceso o hábito a la banca electrónica, circunstancias que algunas entidades buscan paliar con el desplazamiento de ‘oficinas’ móviles, pero no todas.

La foto española compara mal en profundidad de los cierres con los principales mercados –ha desaparecido el 37,46% de la distribución existente en 2008-, aunque son los países del Este de Europa los que contabilizan un sacrificio superior. En Bulgaria, Estonia, Lituania o Letonia desaparece por encima del 48% de la red. Sus cierres han sido contados en número pero de fuerte impacto en el conjunto porque contaban con redes muy pequeñas. Algo parecido ocurre en Chipre o Grecia, donde sus entidades han tenido que echar el cierre a más del 41% de los locales.

Recorte de plantillas

Las estadísticas del BCE, que solo incluyen redes en mercados domésticos, dan cuenta igualmente del impacto en plantilla, ligeramente inferior en proporción al abandono de oficinas. Se aprovecha el creciente uso de los clientes de la banca digital para acelerar la disminución de locales y encuentran más incentivos a mantener empleados para que se vuelquen en fidelizar a los clientes con una comercialización asesorada de los productos.

Aún así, solo Francia ha prescindido de un censo superior, con 90.357 empleados menos; en comparación con los 89.515 que han salido de nómina en las plantillas nacionales de los bancos españoles en los ocho años de apuros. Sin embargo, el ajuste sí se manifiesta superior, dado que las entidades emplean ahora aquí 186.982 trabajadores frente a los 402.010 censados en el sistema financiero galo, lo que implica un ajuste del 32,37 y 18,35% en cada caso. Ni siquiera Reino Unido, el mayor mercado financiero europeo, acusa tal impacto aún con la pérdida de negocio sufrida con la crisis y el inicio del desmantelamiento de actividades por parte de los grandes bancos mundiales en preparación para el Brexit. La banca británica ha perdido 107.916 trabajadores, el 21,78% de los contabilizados antes de estallar la crisis mundial.

lainformacion.com

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