Boris se vuelca con BT: así se apuntala en Londres al competidor de Telefónica

Londres pasa por una situación muy delicada. A los problemas que comparte con el resto de sus ex socios europeos, principalmente el coronavirus o la depresión económica que se avecina, se le suma su estado comatoso en los grandes temas que cambiarán el siglo XXI en los próximos años. Uno de ellos es la implantación del 5G. Una tecnología llamada a cambiar el mundo entero gracias a una velocidad de conexión que hará posible que un coche pueda ir desde Leicester a Madrid sin necesidad de ningún humano que lo conduzca.

El gobierno de Boris Johnson ha asumido que en esta revolución no puede caminar solo, como dirían en Anfield, y se ha lanzado a los brazos de Huawei para desarrollar las infraestructuras e instalación de su red de 5G. El movimiento descolocó completamente a Washington, en una decisión que pone en cuestión la ‘relación especial’ que históricamente han mantenido los dos países.  Lejos de conformarse con esta situación, la administración estadounidense ha dejado entrever que la decisión británica «les ha decepcionado» profundamente e incluso han amenazado con comprometer su relación en materia de inteligencia, como señalaba el congresista demócrata y ex veterano de los Marines, Rubén Gallego, en su cuenta de Twitter. 

Pese a haber permitido a Huawei operar de manera limitada en su red, Londres ha optado por fomentar una alianza capaz de superar las distancias económicas para centrarse en situar a China como ‘hegemon’ tecnológico. Un portavoz de Downing Street aseguró que «estamos buscando nuevos participantes en el mercado para diversificarnos y eso es algo de lo que hemos estado hablando con nuestros aliados, incluido Estados Unidos». Esos «nuevos participantes» en realidad son los mismos de siempre y, en este caso, responden a las siglas BT: British Telecom es, sin duda, una de las mayores empresas de telecomunicaciones del mundo. Su división de telefonía móvil, O2, se desgajó de la matriz y, posteriormente, fue adquirida por Telefónica. 

Sin embargo, lo que parecía ser una renuncia de los británicos por el mercado patrio, se reavivó en 2015, cuando BT volvió al mercado de las redes móviles a través de Everything Everywhere (EE), empresa que desde mayo de 2020 se ha convertido en la primera operadora de redes móviles en Reino Unido con más de 29 millones de clientes. Todo con un apoyo nada velado de los diferentes gobiernos de las islas. La intención del ejecutivo conservador no es otra que acompañar a EE en el despliegue del 5G. Una aventura que no puede afrontar en solitario y para la que es necesaria el conocimiento y la experiencia de Huawei. EE se decantó por un modelo de implantación propio pero apoyado en suministradores estratégicos de tecnología, de los que Huawei es el más aventajado. La realidad se ha impuesto y los chinos, aún con limitaciones, podrán ahora acceder al mercado británico con amplias garantías de éxito. 

La estrategia de EE se consolida reemplazando a su proveedor principal de tecnología, Ericsson, con los chinos, de tal manera que las dos terceras partes de su red serán desarrolladas por Huawei, dejando el resto a una Nokia que, poco a poco, va resurgiendo de sus cenizas. Por el contrario, O2, la filial de Telefónica en Reino Unido, utiliza la mitad de su despliegue móvil a través de Ericsson y el resto para Nokia. El escenario se pone realmente complejo para los españoles, que tendrán que luchar por el codiciado mercado del 5G británico con el gigante chino en contra, aún con la prohibición del gobierno de Johnson de que Huawei no supere las dos terceras partes de la red de 5G. 

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La apuesta de O2 para dar juego en el mercado a otras alianzas distintas de las asiáticas es realmente arriesgada, teniendo en cuenta que los técnicos y funcionarios británicos han asumido la superioridad china en la mayor revolución tecnológica de los próximos años.

Cual aldea gala, la resistencia de la compañía española en Reino Unido pasará por una compra paulatina en las subastas públicas de nodos de telecomunicaciones integrados para competir con BT en una particular carrera por tomar posiciones. De momento, el marcador del partido se encuentra en un apretado 80-60, siendo 80 las ciudades y zonas inglesas en las que BT tiene desplegada su infraestructura y 60 las de O2.

No todo son malas noticias para Telefónica. El esfuerzo inversor de los últimos meses ha conseguido reducir considerablemente la brecha que antes separaba a ambas operadoras. O2 contaba, hace seis meses, con apenas 21 zonas con servicio de 5G, por las 60 de la filial de BT. Su posición, como segunda operadora en importancia, la sitúa en una posición óptima para tratar de hacer realidad la primera red de 5G netamente británica sin la presencia de Huawei, algo que incomoda especialmente al amigo americano.

Así se explica el último movimiento diplomático de Boris Johnson y su propuesta de crear una alianza tecnológica para reducir la dependencia de China. A la ya sabida composición del G7 (Canadá, Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido) busca incorporar a Australia, Corea del Sur e India. Estos dos últimos países son el competidor natural al dominio chino del 5G. 

Una alianza de operadores, básicamente anglófonos, como los norteamericanos, canadienses, indios, australianos y, en menor medida, japoneses y coreanos. Todo un conglomerado que apoyará la expansión de esta nueva tecnología de la que ya gozan en ciudades como Londres, Cardiff, Edimburgo, Belfast o Birmingham gracias a una cuidada política basada en la dependencia por parte de Huawei y el gobierno chino, que encuentra en las nuevas tecnologías la antigua seda y especias que también condicionó a Europa durante la Edad Media y el Renacimiento.

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