Bielorrusia afronta las elecciones más atípicas e inciertas de toda su historia

Bielorrusia, la antigua república soviética que más similitudes conserva con la desaparecida URSS, sobre todo en el aspecto económico, y que lleva ya 26 años dirigida por Alexánder Lukashenko, a quien el expresidente estadounidense, George W. Bush, calificó como «el último dictador de Europa», afronta el próximo día 9 de agosto unas «pseudoelecciones» presidenciales en una situación inédita desde que el país logró la independencia.

La criba de candidatos, el veto a que los que pudieron registrarse tengan acceso a los medios de comunicación durante la campaña electoral, la persecución y amenazas a las formaciones opositoras, la represión contra quienes protestan en las calles, los arrestos y el fraude electoral son los elementos que caracterizaron los comicios en años pasados. Ahora se observa la misma tendencia, pero con la aparición de nuevos factores que hacen que estas elecciones sean las más atípicas e inciertas de la historia reciente de Bielorrusia.

Los elementos más destacados de esta nueva situación se pueden resumir en cuatro: La irrupción de Svetlana Tijanóvskaya, ajena antes a la política, pero ahora principal obstáculo para la reelección de Lukashenko; una mayor combatividad de los bielorrusos contra el régimen a causa del hartazgo ante la eternización del actual jefe del Estado; el giro en la política de Bielorrusia hacia un mayor acercamiento a Estados Unidos y la degradación paulatina que sufren las relaciones entre Minsk y Moscú.

Las fuerzas de seguridad bielorrusas detuvieron el pasado miércoles cerca de Minsk a 33 supuestos miembros del grupo de mercenarios rusos denominado Wagner, cuyos efectivos luchan en Ucrania, Siria y Libia, además de tener presencia en países como la República Centroafricana, Sudán y Venezuela. La Fiscalía General de Bielorrusia les acusa de «terrorismo» e intento de «desestabilización» de la situación política en la víspera de los comicios presidenciales.

El presidente Vladimir Putin reunió el viernes a su Consejo de Seguridad para tratar el asunto y, según la nota de prensa distribuida tras el encuentro, «se expresó el deseo de que el incidente se aclare lo antes posible y sean liberados los ciudadanos rusos detenidos injustificadamente».

Por su parte, Kiril Plétnev, cónsul ruso en Minsk, tras tener acceso al texto de la orden de detención de los presuntos mercenarios, dijo el sábado que se les acusa de haber tejido «un complot con Serguéi Tijanovski, cónyuge de Tijanóvskaya, y el también opositor, Nikolái Statkévich», ambos en prisión actualmente, para sembrar el caos en la república y tratar de derrocar a Lukashenko. Plétnev negó categóricamente tal conspiración mientras Tijanóvskaya aseguró que ni su marido ni ella están vinculados a ninguna maniobra de semejante magnitud y que tales acusaciones no son más que un intento de las autoridades de demonizarles.

También ha causado mucha indignación en el Kremlin la decisión de Lukashenko de enviar a la capital ucraniana los nombres de los 33 rusos detenidos para comprobar si han estado combatiendo contra las tropas de Kiev. La Fiscalía General de Ucrania ha corroborado que 28 de ellos lucharon en Donbass y ha pedido a Minsk su extradición para ponerlos a disposición judicial.

En declaraciones a la publicación digital rusa Vzgliad, el senador ruso, Andréi Klimov, señala que «parece que el presidente de Bielorrusia ha considerado oportuno utilizar todo lo sucedido como un gran escándalo a su favor en la campaña electoral », dejando así claras sus diferencias con Rusia y su disposición a defender a cualquier precio la soberanía del país. Sin embargo, Klimov no estima que tal estrategia de confrontación con Rusia le esté dando buen resultado a Lukashenko a juzgar por el hecho de que Tijanóvskaya cosecha un apoyo cada vez mayor de la ciudadanía.

El jueves, la candidata con más posibilidades de vencer a Lukashenko, si el recuento de votos se efectuara de forma realmente limpia, organizó un mitin en Minsk al que acudieron más de 35.000 personas. No fue la única concentración en apoyo de Tijanóvskaya, en lo últimos días, se han sucedido también en otras ciudades del país. En Gómel, de donde es su marido, se reunieron más de 10.000 manifestantes, número sin precedentes en un acto público en esta ciudad en décadas.

A juicio del politólogo bielorruso, Valeri Karbalévich, «a todas estos mítines hubiera acudido mucha más gente de no ser por el enorme acoso e intimidación policial». El experto cree incluso que «el revuelo en relación con los mercenarios rusos ha servido como justificación a Lukashenko para reforzar la medidas de seguridad y limitar a Tijanóvskaya la posibilidad de celebrar actos electorales».

Una candidata circunstancial pero con un carisma obtenido en tiempo récord

La repentina aparición de Svetlana Tijanóvskaya (37 años) en el tablero político de Bielorrusia, que hasta hace unas pocas semanas era solamente la esposa de uno de los líderes opositores y, según ella misma ha declarado, se dedicaba fundamentalmente al cuidado de sus hijos, además de trabajar ocasionalmente como traductora de inglés, ha sido resultado de una carambola.

A su marido, Serguéi Tijanovski, un conocido bloguero encarcelado en mayo por participar en la ciudad de Grodno en una protesta, le fue rechazada la inscripción como candidato a las presidenciales del próximo día 9. Ella decidió entonces presentar la suya y se convirtió de repente en la opción ideal para recoger los votos potenciales de su esposo y de otros dos candidatos también excluidos, Víctor Babariko y Vitali Tsepkalo.

Tijanóvskaya subraya su condición de política sobrevenida por la necesidad y las circunstancias. Afirma que su objetivo es evitar una manipulación tal de las elecciones que distorsionen el resultado. Espera vencer a Lukashenko para, a renglón seguido, convocar de nuevo unas presidenciales realmente democráticas y en las que puedan participar todos los candidatos que ahora se han quedado en la estacada.

hoy.es

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