Los economistas de la ‘casta’ atacan a Podemos

Hay un argumento, casi reiterativo, que se repite machaconamente en las críticas que, esta semana, han surgido desde todos los ámbitos para golpear con dureza el nuevo borrador de programa económico presentado por Podemos. Se dice que muchas de sus propuestas son irrealizables porque es imposible llevarlas a cabo en una dimensión nacional.

A continuación, se explica que determinados asuntos, como el necesario cambio en la fiscalidad de las grandes fortunas o las empresas multinacionales solo pueden conseguirse si se actúa en un ámbito supranacional. De tal modo que el trabajo realizado por Juan Torres y Vicenç Navarro para el partido dePablo Igleisas sería, en el mejor de los casos, un ingenuo brindis al sol.

Una carta a los reyes, plagada de buenas intenciones y de máximas empapadas de ‘buenismo’ que todo el mundo suscribiría. Con un problema más que añadir en este caso. La absoluta falta de principios, de un grupo de arribistas, más peronistas que gramscianos, que adoran a Maquiavelo. Tipos sin escrúpulos capaces de cambiar de programa cada vez que haga falta con tal de aumentar su base electoral para conquistar el poder.

Es obvio que, esta segunda crítica, incluso de ser cierta, debería extenderse a todo el arco político español. Y no hace falta remontarse demasiado atrás en el tiempo para encontrar ejemplos de este tipo de conducta, por ejemplo, en un Mariano Rajoy que, para desesperación de buena parte de sus votantes, retira su prometida reforma de la Ley del Aborto.

Así que, quizá sin quererlo, cuando se usa esta argumentación para atacar a Podemos, una vez más, lo único que se hace es poner en evidencia otro defecto sistémico de dos los partidos que han sujetado durante años el actual sistema.

Sin embargo, no habría que perder de vista el primer estribillo ‘antipodemos’ de los economistas y tertulianos afines a la casta. Lamento decirlo, pero, sí llevan razón en este caso. Como ha sucedido con muchos de los grandes movimientos que han transformado la sociedad para bien durante la historia de la humanidad, los grandes cambios deben ser globales. Lo mismo que la lucha contra las injusticias evidentes. Por eso la izquierda siempre ha sido internacionalista.

Y si eso ya era así, sin Internet y sin redes sociales, pues imagínense ahora. Lo que les sucede a los integrantes de este coro de economistas ‘indignados’ con Podemos es que olvidan, o desconocen, que este movimiento político no está sólo en el mundo. Ni mucho menos, y no estoy hablando de sus ‘hermanos’ de ‘Syriza’, ni de los grupos populistas, como el Movimiento Cinco Estrellas italiano, o el nacionalismo insolidario que defienden el Ukip británido, el Frente Nacional francés, o en el territorio español, la CDC de Artur Mas o la ERC de Oriol Junqueras.

Habló de movimientos internacionales consolidados que luchan contra la desigualdad, la dictadura de los grandes grupos financieros y la acción inhumana de los grupos multinacionales alimentarios, por ejemplo. Organizaciones globales con solera y trayectoria como el Food Movement estadounidense. Porque el nuevo progresismo surge de la respuesta ciudadana a estas situaciones, pero ya ha cristalizado en estructuras articuladas.

Y tienen una potente base ideológica que no bebe de Hugo Chávez y del marxismo del siglo XIX. De hecho son tipos, como el ya famoso Thomas Piketty o Robert Reich, quien fuera secretario de Trabajo con Bill Clinton, quienes proporcionan la mayor parte de las ideas fuerzas a esta nueva revolución. Ambos han publicado trabajos que ilustran, con cifras y datos, el modo en que el nuevo orden mundial impuesto por la revolución neoliberal ha dinamitado la democracia.

Al final, la verdadera lucha entre lo ‘nuevo’ y lo ‘viejo’ se concentra en la necesidad de acabar de una vez para siempre con el modelo de sociedad impuesto desde la década de los ochenta del pasado siglo por la revolución neoliberal que encabezaron, en la década de los ochenta del pasado siglo, figuras políticas como Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Acabar con el ‘pensamiento único’ y el acoso y derribo a los estados. Restaurar la idea del estado de bienestar como elemento indispensable para la cohesión social y la consecución de la prosperidad.

Eso es lo que pasa. Aunque en España, a causa de la corrupción generalizada, Podemos haya sido visto sobre todo, como el producto de esta situación inaguantable y, es cierto, se haya beneficiado de ella para crecer, la regeneración democrática es sólo uno de los objetivos. Otro es, por supuesto, el que definió un teórico de ‘extrema izquierda’ tan radical como Nicolas Sarkozy, cuando habló de que era necesario «refundar el capitalismo».

Y casi todos estos economistas críticos que se dedican a lanzar dardos envenenados contra el borrador del programa económico de Podemos, en realidad, lo saben. Y no pueden permitir ni la más mínima posibilidad de que la gran ‘marea’ que ha surgido en todo el mundo pueda tener éxito en ningún país.

Creen, acertadamente, que si este nuevo activismo, absolutamente integrado en los sistemas democráticos, llega al poder, puede poner fin al modelo económico que ha pervertido la economía de mercado en favor del 0,1% de la población y ha empobrecido al resto. Y entonces, se les puede acabar el chollo para siempre.

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