La renta básica universal, cada vez menos una utopía, empieza a testarse en Europa

Ya no es un concepto desconocido. El debate sobre la renta básica universal está ahora mas vivo que nunca. Sus defensores la contemplan como un nuevo derecho para todos los ciudadanos, independientemente de cuál sea su situación o ingresos, una prestación pública incondicional y libre de impuestos. Cobrar por existir ha dejado de ser una utopía.

La generalización de la idea de que la revolución digital hará desaparecer una gran cantidad de puestos de trabajo, sustituyendo la mano de obra humana por máquinas o robots, explica la propagación de los defensores del ingreso básico. Hay una importante corriente de opinión que sostiene que los cambios estructurales que la tecnología provocará en la economía dejarán sin oportunidades laborales a una parte de la población. Esta nueva situación sólo podría ser subsanada con un nuevo contrato social en el que, mediante nuevas medidas de redistribución de la riqueza, se alcance una nueva cota de Estado de Bienestar.

Manuel Muñiz, director del Programa de Relaciones Transatlánticas de la Universidad de Harvard, asegura que esa alteración estructural ya ha comenzado a generar una “distribución desigual y una estancación de rentas en determinadas clases sociales”. Este incremento en la desigualdad también explica el auge del populismo y los movimientos antiglobalización.

¿Puede pagarse?

Europa es el continente en el que el ingreso mínimo universal está dando sus primeros pasos. Finlandia y Holanda están empezando a experimentar con la medida, mientras que Suiza sometió a referéndum su inclusión (el 77% votó en contra). La primera pregunta es lógica: ¿Cuantos países tienen la suficiente capacidad financiera como para ser capaces de costear un gasto tan grande?

El coste para las arcas estatales derivado de la aplicación de esta medida, con su consiguiente efecto en el déficit público y en las políticas fiscales, es precisamente uno de los principales argumentos en los que se basan los detractores de esta prestación “para todos”. Sin embargo, los defensores de la renta básica señalan que ésta “absorbería” las ayudas ya vigentes, como las de desempleo o jubilación. Es decir, los ciudadanos que ya reciben una prestación superior a la renta básica no obtendrían ninguna bonificación, mientras que los demás dejarían de cobrar sus actuales ayudas -si las tienen- y empezarían a percibir la cuantía universal fijada.

Hacia un nuevo modelo social

Más allá de la viabilidad financiera de la implantación, el verdadero debate viene después. Proporcionar dinero a la gente de forma incondicional, sin pedir nada a cambio, es algo que revoluciona el actual modelo de sociedad. Uno de las aspectos más importantes (y, al mismo tiempo, una de las dudas) es el de cómo afectaría la prestación a la actitud de los ciudadanos hacia el mercado laboral. Los analistas más pesimistas auguran un cambio de mentalidad que destruiría el mercado laboral.

Como explicaba a este periódico Jennifer Blanke, economista jefe del World Economic Forum, la clave es “establecer un ingreso lo suficientemente alto para llevar a todo el mundo hasta cierto nivel de renta, pero suficientemente bajo para que no afecte a las decisiones sobre trabajar o invertir. Y no está claro si es posible”.

Por el contrario, los defensores de la renta básica universal reivindican la seguridad financiera que aportaría, un factor que, además de ayudar a mantener la paz social, favorecería el crecimiento económico al incentivar el emprendimiento y la formación.

Otros beneficios

Entre las ventajas de la prestación, hay quien señala que serviría para romper el círculo vicioso de la pobreza en el que algunas familias están instaladas. Al no requerirse ningún tipo de condición para su recepción, aquellas personas que antes no intentaban mejorar su s- ituación por miedo a perder las ayudas que percibían dejarán de estar condicionadas. También se evitaría el impacto psicológico que para algunas personas supone el solicitar subsidios públicos.

Por último, aunque menos importante, hay que señalar el ahorro en términos de burocracia que esta medida “unificadora” le supondría al Estado. En países como Finlandia, la cantidad de distintas ayudas disponible es enorme, por lo que la implantación de la renta básica universal facilitaría el proceso administrativo.

El caso de Finlandia

El Gobierno de Finlandia ha aprobado que 2.000 de sus ciudadanos desempleados de entre 25 y 58 años empiecen a percibir, de forma incondicional y obligatoria, 560 euros libres de impuestos durante los próximos dos años, independientemente de si encuentran trabajo o no. En Finlandia, donde gobierna el Partido del Centro (liberales), el paro afecta al 8,8% de los trabajadores y el sueldo medio es de 3.628 euros al mes.

De esta forma, el Kela (Instituto de la Seguridad Social del país escandinavo) quiere hacer un experimento para comprobar cuales son los efectos de la renta básica universal en los ciudadanos, antes de tomar una decisión definitiva sobre su aplicación a toda la población. La complejidad de su Seguridad Social es una de las razones por las que Finlandia va a experimentar con una prestación que ayudaría a simplificar el sistema de ayudas y subsidios.

No serán pocos los ojos que estén pendientes de lo que suceda tanto en Finlandia como en Holanda, dónde este año también se ha empezado a testar la medida. No en vano, estos proyectos podrían ser la avanzadilla de una nueva versión del Estado de Bienestar.

eleconomista.es

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