Guerra sin cuartel entre Airbnb y los hoteleros en plena Semana Santa

Hoteles y plataformas de alquiler turístico aprovechan los días previos a Semana Santa para arañarse unos a otros los preciados clientes de última hora que les harán la diferencia. Desde que en 2009 Airbnb comenzara a operar en España, los rivales del negocio del alojamiento llevan años a la gresca en un proceso jalonado de distintos momentos regulatorios y judiciales.

El último hasta la fecha, esta semana, cuando el Supremo admitió a trámite el recurso de Adigital, la asociación que agrupa a empresas de la economía digital como las plataformas de pisos turísticos, contra la regulación impuesta por el Gobierno a estos alquileres. Justo por la razón contraria, los hoteleros cargaron el jueves contra la CNMC a la que acusaron de ponerse del lado de las plataformas de alquiler turístico (Airbnb, Homeway y Niumba, entre otras) y pedir, como Adigital, la retirada de la norma que las obliga a informar a Hacienda. Como colofón a una semana dura que solo precede a otras que también podrían serlo, los hoteleros anuncian que pedirán a Hacienda que duplique o triplique el IBI de los pisos a los dueños de los inmuebles

Para la Confederación Española de Hoteles (Cehat), la competencia es imposible. El precio medio de los hoteles casi cuatriplica la tarifa mínima por persona y noche de los alojamientos turísticos. Mientras que los hoteles facturaron 83 euros de media en febrero, un mes por tradición muy flojo, el precio a pagar por persona y noche en un piso turístico ronda los 25 euros, puede colocarse incluso por debajo según características y localizaciones.

Los hoteleros, no obstante, han anunciado esta semana que aspiran a repetir números de la Semana Santa 2016 siempre y cuando el termómetro acompañe. El sector empleará a 153.000 personas en hostelería y hoteles, un 9% más que en 2017. Donde cumplirán de sobra será en las estaciones de esquí, donde la ocupación roza ya el 100%.

“Cierto que el precio por un apartamento puede ser más alto que una noche de hotel. Puede que paguen 200 euros por una noche, pero si se meten ocho personas en una casa, les sale a 25 euros cada uno. Los hoteles sencillamente no pueden competir con estas cifras y se ven obligados a bajar los precios como nunca lo habían hecho. En plena Semana Santa se pueden encontrar hoteles de cuatro estrellas por 50 euros la noche. No sale rentable”, comentan fuentes del secto

Plataformas y hoteles ya tuvieron su particular ensayo general durante el Mobile World Congress celebrado en Barcelona entre el 26 de febrero y el 1 de marzo pasado, cuando las plataformas turísticas ganaron el partido por goleada: 45.000 visitantes optaron por uno de los pisos de Airbnb y Homeaway frente a los 26.000 que se alojaron esos días en hoteles y apartahoteles. Los establecimientos tiraron los precios, hasta un 20% de media, pero ni por esas. La feria valió para testar los ánimos entre los viajeros y confirmar tendencias, hecha la diferencia entre quien se desplaza a la ciudad condal para el ‘meeting’ tecnológico y quien lo hace para disfrutar de la de Semana Santa.

Cataluña en la picota

Los hoteles de Barcelona serán de hecho los más castigados también estas vacaciones por la competencia de las plataformas turísticas que, junto a los estragos derivados del ‘procès’ independentista en la comunidad autónoma, han arrastrado a los establecimientos tradicionales a meses de bajadas en cadena que tendrán su particular colofón esta Semana Santa, con caídas en torno al 16% en ocupación y del 20%, según perspectivas del sector realizadas con anterioridad a esta última semana convulsa en la política catalana. Para poner más sal sobre la herida, los últimos acontecimientos judiciales y políticos – con las tensiones al hilo de la huida de Marta Rovira, la encarcelación de los cinco procesados por malversación y rebelión, la euroorden de extradición contra Puigdemont y el resto de políticos independentistas que se encuentran fuera de España y la investidura frustrada- auguran una semana caliente y de mal clima en la capital catalana en connivencia pese al frío previsto para estas vacaciones.

Barcelona es también el destino español que más sufre de turismofobia, un fenómeno del que el Consejo Mundial de Turismo y Viajes (WTTC, por sus siglas en inglés) ha prevenido esta semana a España. La aversión a la presencia de turistas es la única pega que el organismo internacional ve a la boyante evolución del turismo español. El sector aportó 172.900 millones de euros a la economía del país en 2017 -incluidos efectos directos, indirectos e inducidos-, un 5,7% más que hace un año, lo que supone un 14,9% del PIB. España ha batido incluso a la contribución total del turismo a la economía mundial, que ascendió el año pasado a 8,3 billones de dólares (6,7 billones de euros), pero fue un 4,6% por encima de 2016 (un punto menos que España), lo que representa un 10,4 % del PIB global.

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