A quién le interesa que EEUU entre en recesión?

Robert Shiller, nobel de Economía 2013, en su libro Narrative Economics: How Stories Go Viral and Drive Major Economic Events (octubre, 2019) explica que, en la era de internet y las redes sociales, donde todos sabemos todo de todos, las historias y acontecimientos económicos se difunden mundialmente pudiendo provocar, desde la creación de burbujas –las punto.com en 2000 o la inmobiliaria en 2007– a recesiones.

Explicado así, pareciere simplón, si no fuera porque Shiller predijo la formación de esas burbujas, como creyente en la economía predictiva. Lo explica en su obra de 2013, recientemente reeditada y ampliada, Irrational Exuberance, donde cuenta cómo se forman las burbujas que desembocan en recesiones. Su apellido da lugar a S&P CoreLogic Case-Shiller Home Price Indices, que miden el valor de la vivienda residencial en Estados Unidos en tres ámbitos: nacional, estatal y en 20 mercados metropolitanos, donde el valor de la vivienda es esencial (Los Ángeles, Chicago, Nueva York, Miami, Las Vegas, etc). El viernes 22 de noviembre de 2019 sus tres índices estaban en positivo, lo que significa que el valor de la vivienda en Estados Unidos es alto y ha subido durante los años de recuperación económica (junio 2009-noviembre 2019) sin que dicho incremento sea peligroso porque pueda suponer la creación de otra burbuja.ADVERTISING

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El precio de la vivienda en octubre –en todo el país, media aritmética– subió el 6,4%. El precio de la vivienda nueva se incrementó solo el 1,6% y, sobre todo, creció el precio de la vivienda usada, el 5,4%, concretamente las casas o pisos cuyo coste oscila entre 500.000 y 750.000 dólares, que para la media del país es un precio relativamente alto, siendo ese valor, relativo en función del estado, ciudad o pueblo. Por ejemplo, con 750.000 dólares, en Manhattan, NY, es muy difícil comprar una vivienda decente; en Beverly Hills (Los Ángeles, CA) o The Hampthoms (Long Island, NY) es materialmente imposible, porque los precios medios son diez veces más caros. Pero en Memphis (Tennessee) o Little Rock (Arkansas), con ese dinero puede comprarse una gran mansión con muy amplio terreno.

El viernes 22 de noviembre de 2019 los índices bursátiles norteamericanos estaban en positivo. El Dow Jones estaba cerca de los 28.000 puntos, nivel récord histórico alcanzado el viernes 15 del mismo mes. Nasdaq y S&P-500 estaban en verde y también batiendo récords. El crecimiento económico y el empleo, hasta noviembre, son positivos en sí mismos y en relación al resto del mundo: América crecería este año el 2% en PIB y la tasa de paro oscila entre el 3,5% y 3,6%, mejor dato en 60 años y pleno empleo para muchos economistas.

¿Cuándo se tocará techo? Nadie lo sabe, porque cada mes siguen generándose nuevos puestos de trabajo, no solo entre las personas más formadas y con estudios superiores, sino también entre los colectivos más desfavorecidos. Silicon Valley, las empresas tecnológicas –Apple, Google, Microsoft, Amazon, Facebook– siguen siendo las compañías más valiosas del mundo en Bolsa, con más facturación y beneficios, al tiempo que son investigadas en EE UU y en Europa por presunto abuso de posición de dominio y por presuntas brechas en la privacidad de los datos de sus clientes. Todo normal.

A priori no habría motivos para preocuparse a no ser que la aplicación de la teoría de los ciclos económicos de Howard Marks nos dijese lo contrario y hubiera recesión a la vuelta de la esquina. Pero no es el caso. Hasta hace poco, los organismos internacionales como el Banco Mundial, el FMI, Banco Central Europeo y la OCDE, con su “habitual optimismo” (es lo contrario: son unos cenizos) preveían una posible desaceleración económica mundial, más acusada en Europa que en Norteamérica.

A finales de noviembre esas entidades hablan abiertamente de desaceleración fuerte. Las primeras palabras de Christine Lagarde al tomar posesión como presidenta del BCE han sido que “no puede darse por supuesto que las tasas robustas de crecimiento económico estén garantizadas”. Obvio, nunca lo han estado. La historia económica mundial muestra expansiones y contracciones. Nada nuevo bajo el sol. Rizando mucho el rizo, interpretamos que quizá Lagarde quería realmente decir que, versus la época de crecimiento suave, pero estable de los diez últimos años (la nueva normalidad, la denominó Larry Summers, ex secretario del Tesoro y asesor económico de Clinton y Obama), lo que viene ahora es incertidumbre.

Parecería inevitable, pero no vemos por qué. Las razones aducidas por los agoreros de la hecatombe son guerra comercial entre EEUU y China con decrecimiento del comercio mundial, índices de producción industrial y de servicios a la baja. Poca o ninguna mención a la elevada deuda pública de los Estados y la deuda corporativa de las empresas. A falta de certezas, especulaciones: los mercados de valores –dicen– llevan creciendo durante demasiado tiempo; ya toca una corrección. O no, porque en ausencia de datos, esas predicciones son especulación.

Siempre he pensado que hay a quien le convienen las crisis económicas, a costa del bienestar de las personas. Por ejemplo, grandes inversores institucionales que aprovechan para comprar millones de viviendas a precios ridículos durante las recesiones. Y luego venden esas viviendas a precio de oro cuando deciden que ya toca hacer caja y, entonces, vuelve el crecimiento económico. Bridgewater, el mayor hedge fund del mundo ha apostado un billón de dólares americanos a que las Bolsas, en marzo, bajarán.

¿Se cumplirá la teoría de Shiller y esta historia se viralizará provocando pánico bursátil mundial?

Jorge Díaz Cardiel es Socio Director Advice Strategic Consultants y Autor de ‘Hillary vs Trump’; ‘Trump, año uno’; ‘Trump, año de trueno y complacencia’.

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