Alemania espió a Francia y a las instituciones europeas para EEUU

«No se espía a los amigos», llegó a decir la cancillera alemanaAngela Merkel tras conocerse que los servicios secretos deEstados Unidoshabían pinchado y espiado sus conversaciones telefónicas. Unas palabras de las que podría llegar a arrepentirse muy pronto si se confirma un nuevo escándalo de espionaje que ha salpicado de lleno a su más fiel colaborador en el Gobierno. Según varios medios de comunicación germanos, los servicios secretos deAlemania espiaron a altos funcionarios del Elíseo, la sede de la presidencia de la República francesa, del Ministerio de Exteriores francés y de la Comisión Europea y pasaron esa información a laAgencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos.

Las revelaciones comenzaron hace una semana con la publicación en ‘Der Spiegel’ y en el ‘Bild’ de varias informaciones en las que daban cuenta de una operación de espionaje a políticos y empresas en Alemania. Según ambos medios, los servicios de inteligencia alemanes (BND) habrían remitido «cientos de miles de datos de empresas y organizaciones», como EADS (hoy Airbus) oEurocopter (Airbus Helicopters), a Washington.

QUERELLA DE AIRBUS

El gigante de la aviación europea Airbus anunció este jueves haber pedido información a Berlín y la presentación de una denuncia penal. «Estamos al tanto de que las multinacionales en sectores como el nuestro son objeto de espionaje pero en este caso estamos alarmados porque hay una sospecha concreta», señalan en una declaración recogida por AFP.

El goteo de información no ha cesado desde hace una semana y este jueves cobró nuevos bríos con la publicación en el ‘Sueddeutsche Zeitung’ y en varios canales de televisión de que el espionaje no solo tuvo un objetivo industrial, sino también político. Según estos medios, el BND espió a alto cargos de Francia y a responsables del Ejecutivo comunitario. «El objetivo era el espionaje político de nuestros vecinos europeos y las instituciones de la UE», señala una fuente al rotativo alemán.

Según cuentan, para interceptar correos electrónicos y pinchar teléfonos de sus aliados galos y comunitarios los servicios secretos alemanes utilizaron la base de Bad Aibling, en Bavaria. Un centro de operaciones utilizado durante años por Washington y que en el 2004 fue traspasado a Alemania en el marco de un pacto cerrado entre ambos países dos años antes.

La prensa germana también revela que los datos se enviaban semanalmente a los norteamericanos y que la cancillería estaba al tanto de la situación desde el 2008, año en que el BND remitió por primera vez un informe al entonces jefe de Gabinete de Merkel, el actual ministro de Interior Thomas de Maiziere. Este político democristiano era el responsable de los servicios secretos y fue y sigue siendo uno de sus más estrechos colaboradores. La ironía de este caso es que ha saltado a la luz pública a raíz de la comisión parlamentaria creada en el Bundestag para investigar las revelaciones de Edward Snowden y el pinchazo telefónico a Merkel.

Precisamente, durante una comparecencia en esta comisión el 14 de abril el ministro De Maiziere llegó a afirmar que no había información alguna de un «espionaje económico» de la NSA en Alemania. «Sigo las reglas», llegó a decir tras la publicación de algunas informaciones acusándole de mentir. «Las acusaciones son falsas y los documentos lo demostrarán», señalaba hace unos días. Aunque la oposición ha pedido su cabeza la cancillería de momento calla y varios son los analistas que apuntan a que Merkel no dejará caer a este fiel colaborador.

PRUDENCIA EN PARÍS

En París también prefieren mantener la prudencia. «Estamos en estrecho contacto con nuestros aliados alemanes que han dicho públicamente que buscarán una aclaración interna sobre los elementos publicados por la prensa», señaló la portavoz del Ministerio de Exteriores. Y lo mismo en Bruselas. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, optó por eludir la cuestión -«no se lo que ha pasado», dijo- pero echó un capote a Merkel recordando que es un reto mantener a los servicios secretos bajo control.

«Soy una especie de experto. Sé por experiencia personal que es muy difícil mantenerlos bajo control. Parece que este no es solo un fenómeno luxemburgués», dijo sin mencionar el escándalo de espionaje que le hizo convocar elecciones anticipadas enLuxemburgo hace dos años y que le llevó fuera de la jefatura de su país. Mucho más crítico fue el presidente de la Eurocámara, Martin Schulz. «De ser cierto sería un acto grave e inaceptable».

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Los huidizos candidatos británicos

«No, no puede hacer preguntas». «No, tampoco puede grabar lo que está diciendo el señor Osborne». La rubia de larga melena, que maneja con saña varios móviles, y el joven trajeado, que ni siquiera quiere decir su nombre, lo prohíben todo.George Osborne –-aclaremos– no está diciendo nada nuevo. El ministro de Finanzas repetía las mismas frases que va soltando vaya donde vaya a hacer campaña. Este martes –momento de la escena– estaba enRamsgate, apoyando al candidato conservador local que lucha contra Nigel Farage. Una cita casi clandestina, en un restaurante sobre el mar, cerrado al público, al final del espigón. De la veintena de personas presentes, solo media docena eran «gente normal», es decir, comerciantes y hombres de negocios. El resto eran séquito, fotógrafos, tres periodistas locales, la enviada especial de este periódico y el corresponsal que le sigue de la BBC. Al cabo de una hora de fotos y selfis con las chicas de la cocina, el ministro dio por terminada su misión.

¿En qué está consistiendo la campaña electoral británica? En mírame, pero en la distancia. Escúchame, pero desde el sofá de tu casa. Vota por mí, pero no te acerques ni siquiera a saludarme. Es la campaña de los líderes huidizos. David Cameron, Ed Miliband, Nick Clegg y otros grandes de la política hacen lo imposible por evitar la calle. Cada día acuden a algún lugar del país en encuentros estrictamente planeados, a puerta cerrada, en lugares mantenidos en secreto, incluso para la prensa, hasta el último momento. Actos en ‘petit comité’, por estricta invitación y ante una audiencia minuciosamente seleccionada. La prensa extranjera es ignorada por completo, la británica excluida, si se tercia.

«En 20 minutos de discurso en Bedford –-contaba un periodista de la cadena Bloomberg– David Cameron soltó lo que ya se ha vuelto típico en la campaña electoral británica: unas cuantas frases hechas para la televisión y el menor contacto posible con el público». «Cameron visita tantas zonas comerciales y tantas fábricas vacías que debe haber perdido la noción de donde está», se burlaba el diario ‘The Guardian’. A su enviada le impidieron acceder a una guardería londinense, donde el líder conservador y el alcalde de la capital,Boris Johnson, se hacían fotos con los niños. Sus colegas de rotativos de derechas –el ‘Daily Mail’, ‘The Sun’ y el ‘Telegraph’– sí entraron. La preferencia de los políticos por escuelas de primaria y guarderías es sospechosa. El ‘Times’ también se ha quejado de «la ausencia de relación con los periodistas» y «con la gente normal, mayor de 4 años», por parte de los líderes.

EL PUÑETAZO DE PRESCOTT

La del 2015 es una campaña de «falsos encuentros», según Tim Bale, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Queen Mary de Londres. «La gente tiene la impresión de que todo es un tanto artificial». Los mítines multitudinarios o los paseos por los mercados son historia. No volverán a repetirse imágenes como la del primer ministro conservador, John Major, en la campaña de 1992, subido en una caja de madera en medio Cheltenham. Y es improbable que se repita el puñetazo de John Prescott, en el 2001, entonces viceprimer ministro del Gobierno laborista de Tony Blair, al tipo que le tiró un huevo.

«Los dos principales partidos van tan igualados en los sondeos que quieren evitar cualquier riesgo; las consecuencias de cometer un error son enormes», apunta Bale. Error como el que cometió el primer ministro laborista, Gordon Brown, en el 2010. Tras una charla aparentemente cordial en la calle con la jubilada Gillian Duffy, Brown se dio la vuelta y criticó a la señora llamándola «sectaria». El micrófono que llevaba en la solapa estaba abierto y su comentario quizás le costó le elección.

«No estamos en Rusia», ha recordado ‘The Times’. «En una verdadera democracia, los electores tienen derecho a saber dónde hacen los candidatos la campaña, derecho a que se les hagan preguntas difíciles y los medios derecho a poder hacer esas preguntas en su nombre». Pero los líderes tienen miedo del ‘efecto Duffy’. A una metedura de pata que lo eche todo a perder. Cameron ya pisó una piel de plátano el otro día, cuando se equivocó al hablar de su equipo de fútbol favorito. Dijo ser fan del West Ham United, para luego afirmar que era hincha del Aston Villa. ¿Lapsus o «falta de creer algo verdaderamente»?, como le acusaron por Twitter.

El líder conservador también se defiende de quienes creen que no ha puesto el entusiasmo suficiente en la campaña. Su respuesta: «Si queréis teatro político, ir a Hollywood. Si queréis excitación política, quizás deberíais ir a Grecia».

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Ciudades y estados pagan cuantiosos honorarios secretos a Wall Street

Un informe de California dice que son 440 millones de dólares. Otro de Nueva Jersey habla de 600 millones. En Pennsylvania, la suma es de 700 millones. Estos honorarios a Wall Street pagados por sistemas públicos de pensiones han disparado un debate cada día más intenso sobre la necesidad de semejantes gastos. Ahora, un informe de una fuente cercana al sector dice que esas astronómicas cargas solo representan una fracción de las verdaderas sumas que los estados y administraciones locales entregan a empresas de Wall Street.

“Normalmente, se revelan menos de la mitad de los importantes costos [pagos en forma de honorarios a fondos privados de inversión] en que incurren los fondos de pensiones de Estados Unidos”, indica el informe del CEM, cuyo sitio web dice que la empresa de análisis económico “sirve a más de 350 clientes corporativos de primer orden y gubernamentales del mundo entero.”

Generalmente, alrededor del 9 por ciento de los tres billones de dólares que manejan los fondos públicos de pensiones de Estados Unidos –es decir, unos 270.000 millones de dólares– van a parar a firmas privadas de inversión. Con los honorarios estándar de gestión en el sector financiero del 2 por ciento esos 270.000 millones generan aproximadamente unos 5.400 millones de dólares por año en honorarios de gestión para las firmas de capital privado –sin incluir los horarios adicionales de “desempeño” pagados en rendimientos de inversión–. Si los cálculos del CEM se aplican con uniformidad, esto significaría que los contribuyentes y jubilados podrían estar pagando el doble de lo que piensan; más de 10.000 millones de dólares por año.

Funcionarios del sector público están supervisando este gigantesco pago a Wall Street en el mismo momento en que muchos de estos mismos funcionarios están pidiendo importantes recortes en las pensiones prometidas a los jubilados.

“Con miles de millones de dólares de los trabajadores públicos y del contribuyente puestos en situación de riesgo en los esquemas más opacos de inversión concebidos por Wall Street en la última década, las investigaciones que realiza Wall Street entre los responsables de especulación llevan demasiado, demasiado, tiempo”, dijo el antiguo abogado de la Comisión de Seguridad e Intercambio Ted Siedle.

El argumento de las empresas privadas de inversión es que vale la pena abonar sus honorarios porque supuestamente ellos entregan devoluciones a los inversores que superan el bajo índice de honorarios de los fondos, que están en línea con los del mercado de valores. Pero lo típico de esas devoluciones de los fondos privados de inversión es que las firmas informen en relación con la duración de las inversiones en el plazo más largo, lo cual significa que es muy difícil verificar si esas devoluciones son reales. Por cierto, un estudio reciente de la Universidad George Washington afirmaba que los fondos privados de inversión utilizan su autoridad informativa para engañar a los inversores y que de este modo crean que sus devoluciones son mucho mejores de lo que en realidad son.

En un discurso de 2014, el examinador principal de la SEC, Andrew Bowden, hizo sonar la alarma en relación con honorarios no revelados en el sector de la inversión privada, diciendo que la Comisión había descubierto “violaciones a la ley o debilidades materiales en los controles en más del 50 por ciento de las veces” en las empresas evaluadas.

Sin embargo, hasta el momento, poco ha hecho la SEC para acabar con esas prácticas. No obstante, algunos estados están empezando a poner en marcha sus propios controles.

Por ejemplo, en Nueva Jersey, fideicomisarios de los fondos de pensiones anunciaron una investigación formal de la administración del gobernador Chris Christie después de que surgieran evidencias que sugerían que la administración republicana no había revelado todos lo honorarios pagados por el sistema estatal de pensiones a las empresas privadas de inversión.

En Rhode Island, el nuevo tesorero del estado, el demócrata Seth Magaziner, publicó hace poco tiempo una investigación de la totalidad los honorarios pagados por el asediado fondo de pensiones estatal. El examen reveló que la antigua firma financiera de la gobernadora demócrata Gina Raimondo estaba cargando al fondo estatal de pensiones los honorarios más altos entre las firmas del sector.

En Pennsylvania, en su discurso de presentación del presupuesto, el nuevo gobernador demócrata Tom Wolf hizo un llamamiento a que el estado dejara de “pagar excesivos honorarios a los gerentes de Wall Street”.

Estas medidas están encendiendo un foco que ilumina uno de los más lucrativos –aunque apenas conocido– negocios de Wall Street. Tratándose de tanto dinero –y con los ingresos de retiro de los jubilados en juego– ese escrutinio hace mucho tiempo que debería haberse hecho.

David Sirota es redactor jefe de International Business Times y autor de los éxitos editoriales Hostile Takeover, The Uprising y Back to Our Future. Su website es www.davidsirota.com.

Traducido del inglés para Rebelión por Carlos Riba García

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El pabellón de Nepal de la Expo2015, completado gratis por los compañeros de los demás pabellones

Si algo se puede sacar de positivo de tragedias humanas como la del terremoto en Nepal es la solidaridad que despierta entre las personas para ayudarse entre sí. También a miles de kilómetros del epicentro, como la historia que os traemos: la de los obreros que están trabajando en los pabellones de la Expo2015 que se celebrará en Milán (Italia) dentro de tan solo 3 días.

El pabellón de Nepal aún no estaba terminado en el momento en que se produjo la catástrofe. Tras ella, los obreros nepalíes que trabajaban en el pabellón, muchos con algún familiar afectado en mayor o menor medida, pidieron volver a Nepal para encontrarse con ellos y ayudar, en la medida de lo posible, en las tareas de salvamento y desescombro, dejando el pabellón tal y como estaba, y por tanto sin terminar, a pocos días de la inauguración.

Pero el resto de obreros que trabajan en otros pabellones han decidido terminar por su cuenta el pabellón, obviamente sin cobrar nada por ello y haciendo turnos extra. Además, desde la Expo 2015, que se prolongará hasta finales de Octubre, quieren dedicar una especial atención al pabellón Nepalí para que se convierta en un símbolo de la reconstrucción del país.

Un enorme aplauso para estos trabajadores que arriman el hombro para apoyar, en lo que pueden, a la tragedia nepalí.

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La justicia europea avala prohibir a los homosexuales que donen sangre

El TJUE ha emitido hoy una controvertida sentencia que permite excluir a los homosexuales de la donación de sangre. Este organismo avala que un Estado miembro pueda establecer una excepción permanente con hombres que hayan mantenido relaciones sexuales con otros hombres por el “alto riesgo” de contraer enfermedades infecciosas que presentan. El tribunal, no obstante, deja en manos de la justicia francesa -la que elevó la cuestión a instancias europea- decidir si las leyes de ese país son proporcionales al riesgo y si la evidencia científica disponible basta para justificar tal medida.

El caso se originó el 29 de abril de 2009, cuando un médico de la ciudad francesa de Metz rechazó la donación de sangre del señor Léger porque este había mantenido relaciones sexuales con otro hombre. El médico se basó en una orden ministerial francesa que permite excluir permanentemente a los homosexuales de la donación. El señor Léger recurrió la decisión al considerar que esa norma infringe las normas europeas y el tribunal administrativo de Estrasburgo, encargado de pronunciarse sobre el litigio, elevó la cuestión al Tribunal de Justicia de la UE para que se pronunciase. La sentencia europea, por tanto, tiene amplia repercusión porque vincula a cualquier otro tribunal europeo que se enfrente a un caso similar, no solo al que preguntó.

Consciente del alcance de una decisión así, el tribunal con sede en Luxemburgo insta al tribunal francés –y a cualquier otro que examine una demanda de este tipo- a que garantice que la medida es proporcionada. “Una contraindicación permanente para la donación de sangre aplicable a la totalidad del grupo constituido por los hombres que han tenido relaciones sexuales con otros hombres solo resulta proporcionada si no existen métodos menos coercitivos para garantizar un alto nivel de protección de la salud de los receptores”, especifica la sentencia. Medio centenar de países en el mundo tienen la donación prohibida a los homosexuales.

En la práctica, será cada tribunal nacional el que decida si la sanidad pública de su país tiene alternativas para garantizar la seguridad de las donaciones de sangre. El Gobierno francés alega que existe un periodo inmediatamente posterior a la infección viral en el que, aunque se hagan pruebas de VIH, no es posible detectar el virus en el enfermo. Aun así, los datos que supuestamente justifican esa mayor situación de riesgo entre el colectivo homosexual resultan dudosos. Entre 2003 y 2008, casi todas las contaminaciones de sida se produjeron por contacto sexual y el 48% de las nuevas, por hombres que mantuvieron relaciones homosexuales (nada se dice del 52% restante). Este colectivo gay constituía la población más afectada por el VIH, en un porcentaje 200 veces superior al de los heterosexuales franceses. Y Francia es el país de Europa y Asia central que presenta mayor prevalencia entre los homosexuales, según la información del tribunal.

Con todas estas consideraciones, la justicia europea advierte de que la ley francesa “puede entrañar una discriminación por razón de orientación sexual” e insta al órgano judicial francés a comprobar si existen criterios de interés general que justifiquen esa actuación y si son proporcionales. Pero si un país acredita científicamente esa situación de riesgo y si el tribunal la considera proporcional, la instancia europea es clara: el criterio de exclusión permanente “cubre el supuesto en el que un Estado miembro, habida cuenta de la situación predominante en él, establezca una contraindicación permanente para la donación de sangre en el caso de los hombres que han tenido relaciones sexuales con otros hombres”.

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Un alpinista alemán grabó la avalancha a los pies del Everest

Tras el terremoto de Nepal de este sábado, de 7,8 grados, se produjo una avalancha en el campamento base a los pies del Everest, que provocó la muerte de varios alpinistas. El escalador alemán Jost Kobusch ha publicado en su canal de Youtube ese momento. En la película, de poco más de dos minutos, se ve a dos hombres filmando alucinados cómo la Tierra tiembla a sus pies.

La fascinación que muestran en los primeros segundos por el temblor rápidamente se convierte en pavor. No saben bien lo que pasa pero al fondo una nube blanca viene hacia el campamento y, en tan solo unos segundos, lo engulle todo: las tiendas amarillas de los montañeros y a ellos mismos.

Las imágenes muestran el interior de una de las tiendas, completamente blanca, y al montañero también cubierto por la nieve. «Mierda, mierda, mierda», repite en incontables ocasiones, sin saber aún la tragedia que comenzaba de cernirse sobre Nepal(donde las víctimas mortales ya superan los 3.200), e incluso la China y la India.

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Una Europa mejor es posible

Oskar Lafontaine es uno de los políticos más notables de la Alemania de postguerra. Sólo el antiguo canciller socialdemócrata Willy Brandt suscitaba una respuesta emocional semejante.

Pero desde que basculó hacia el socialismo hace cosa de un par de décadas,  Lafontaine se ha convertido en una figura todavía más polarizadora y controvertida que Brandt. El que antaño fue adalid de la integración de la Unión Europea y simpatizante de los «movimientos post-materialistas» de los años 80 es hoy uno de los críticos más feroces de Europa y uno de los más acérrimos defensores del Estado del Bienestar.

En su larga carrera, Lafontaine desempeñó el cargo de ministro-presidente del minúsculo estado del Sarre en la frontera franco-alemana, el de alcalde de su capital, Sarrebruck, secretario de Finanzas alemán, presidente del Partido Social-Demócrata (SDP) y, posteriormente, copresidente del nuevo partido de izquierdas Die Linke (La Izquierda).

A finales de los años 90, el tabloide inglés The Sun le denominó «el hombre más peligroso de Europa» por abogar en pro de la regulación de las transacciones financieras. Como resultado de una campaña mediática bien orquestada y de que fue perdiendo terreno ante las fuerzas neoliberales del SPD agrupadas en torno al canciller Gerhard Schröder, Lafontaine dimitió de todos sus cargos, lo que provocó una subida de un 5% en los mercados bursátiles alemanes.

En 2005, Lafontaine abandonó el SPD después de cuatro décadas y se sumó a la nueva formación de Die Linke. Bajo su liderazgo, el partido creció electoralmente. Pero Lafontaine fue de nuevo víctima de ataques, esta vez a manos del ala de Die Linke más orientada hacia el gobierno, que veía en Lafontaine una barrera para formar futuras coaliciones con el SPD y los Verdes. Tras batallar contra el cáncer, Lafontaine dimitió de la dirección del partido en 2010, pero dirige todavía la organización en el Sarre.

Tras el estallido de la crisis del euro, Lafontaine apareció como crítico del euro, abogando por la abolición de la moneda única y un retorno a un sistema de tipos de cambio coordinados. Orador carismático, Lafontaine suele recurrir para sus citas a fuentes varias en sus discursos, del socialista francés Jean Jaurés y el revolucionario alemán Karl Liebknecht al Papa Francisco.

En esta entrevista, editada para mayor claridad, habla con un activista de Colonia, Leandros Fischer, acerca de una Europa democrática, de cómo demostrar solidaridad con Syriza, así como de la posición de Die Linke como partido «antisistema».

Hace dos años, a raíz del «rescate», creó usted cierta polémica al llamar al abandono del euro y una vuelta a un sistema de tipos de cambio coordinado. ¿Apoya usted todavía esta postura y, si es así, por qué?   

El actual sistema del euro no funciona. No estamos hablando sólo de una moneda sino de un sistema determinado por la condiciones del Tratado de Maastricht. Por eso apoyo que se introduzca más flexibilidad en este sistema del euro.

Para ser más precisos, esto significa que resultaría sensato introducir una suerte de «euro griego», cuyo tipo de cambio debe decidirse entre otros por parte del  Banco Central Europeo [BCE] con el fin de impedir un aterrizaje brusco causado por la devaluación de esta nueva moneda. Esto muestra que no estamos hablando de una salida griega del sistema euro sino de una continuación de la pertenencia de Grecia a este sistema, pero en términos más favorables.

La respuesta de otros destacados miembros de su partido fue rauda: Die Linke apoya la moneda común, el fallo está en las políticas de la canciller alemana, Angela Merkel. Hay quien le acusó incluso de tratar de ganarse el favor de los votantes del AFD (Alternative für Deutschland, Alternativa para Alemania), partido populista de derechas. En una entrevista con el Tagesspiegel, el economista griego Costas Lapavitsas dejaba sentado que la razón por la que una buena parte de la izquierda europea apoya el euro tiene que ver con la influencia de la ideología, en este caso del europeísmo, es decir, la idea de la existencia de un demos común europeo.

En su época del SPD, siempre destacó usted como partidario de una mayor integración europea. ¿Cuál es la visión de un crítico conocido del euro como usted de una Europa más justa y más social? ¿En qué medida debería esto entrañar reformar o transcender las actuales instituciones europeas? 

Mi visión sigue siendo la de una Europa democrática y social. Pero si vemos cómo se vacía la democracia en Grecia, debido a las supuestas constricciones financieras, entonces hay que desmantelar esas supuestas constricciones financieras. Las reacciones en el seno de la izquierda y de otros partidos, que usted mencionaba, pueden remontarse al hecho de que no se entiende nada de la función del sistema monetario, del mismo modo que tampoco se entendió nada de la unión monetaria alemana en 1990.

En el momento en que se introdujo el euro, nadie pareció comprender la necesidad de una política salarial común, igual que nadie pareció entender mi opinión de que, sin coordinar la política salarial, este sistema será incapaz de funcionar. Pero de esto hay una larga tradición en Europa.

Pero, ¿cómo puede vincularse la salida de Grecia del euro a un nuevo proyecto internacionalista de unificación europea? 

Por medio de la participación del BCE en esto como institución europea, que rinda cuentas democráticamente, lo cual no es actualmente el caso.

Su estrecho colaborador Heiner Flassbeck elaboró junto a Costas Lapavitsas una estrategia de salida del euro para Chipre en 2013. Leyéndola, me llamó la atención como estrategia de crecimiento keynesiana alternativa. Mi pregunta  — y creo que es mucha la gente que se pregunta esto — ¿puede haber de veras una solución consistente en una salida controlada en medio de esta profunda crisis estructural del capitalismo? Dicho de otro modo, propuestas como esta ¿son un medio en sí mismo, por ejemplo, el crecimiento, o una vía a un programa alternativo para reorganizar la sociedad de acuerdo con líneas sociales? 

Ambas cosas. La introducción de una moneda paralela ofrecería, por supuesto, al país en cuestión mucha mayor capacidad de maniobra y más competencia económica, que debe tener rendición de cuentas democrática. Una cosa es esto.

Tenemos hoy la desastrosa situación de un gobierno griego impotente que, más o menos sin poder hacer nada, contempla cómo otras fuerzas le dictan condiciones. Por supuesto, esta nueva flexibilidad de un «euro griego» no es en modo alguno garantía de una inmediata reindustrialización, pero con ella la economía griega o cualquier otra economía tendría decididamente espacio para respirar.

La experiencia nos enseña lo que resulta económicamente mejor. La experiencia nos muestra en este caso que un sistema monetario que prohibe la devaluación no puede funcionar sin coordinación salarial. En la eurozona teníamos salarios reales en Grecia que estaban por encima del nivel de productividad, pero, lo que es más importante, teníamos una situación en la que los alemanes practicaban sistemáticamente un dumping salarial. En estas condiciones, la descomposición de este sistema era inevitable.

¿Cómo contempla que la histórica elección de Syriza tenga repercusiones en la lucha (se podría decir que más difícil) contra el neoliberalismo en Alemania? ¿Está dando expresión a una forma más articulada de descontento con el régimen de crisis de Merkel en su país? ¿Está provocando desavenencias en el seno del SPD y los Verdes, como algunos afirman, facilitando por tanto una posible coalición «rojo-rojo-verde» para 2017? ¿Corre también el SPD riesgo de «pasokización»?

Por supuesto, la Victoria de Syriza es una fuente de esperanza para la izquierda europea. Die Linke sabe también en qué condiciones tan apuradas tiene que funcionar este gobierno. Es un proceso con un final abierto, pero supone, con todo, una esperanza. Y esta esperanza se ancla en la voluntad del pueblo griego, que rechazaba las políticas neoliberales. A la pregunta de si el SPD y los Verdes han aprendido de los errores del pasado hay que responder que no. Estos partidos apoyan todavía el Pacto de Estabilidad, que es la expresión principal del diktat de la austeridad en Europa. De manera que es mejor no darle color a algo con un color que no es [risas]. La pregunta principal es si Die Linke puede trabajar con fuerzas que respaldan la austeridad, y esto es algo que categóricamente descarto.

¿Hasta dónde llegará el gobierno alemán en sus ataques a Syriza? ¿Quiere «librarse de los griegos» y expulsarlos del euro, o lo que quiere esencialmente es obligarles a poner en práctica la austeridad y mantenerlos así dentro de la «jaula de hierro»?

Hay señales contradictorias respecto a esto. Hay informaciones que afirman que el ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble, defendió la salida de Grecia del euro en 2012. Por otro lado, hay declaraciones oficiales que afirman que una salida de Grecia de la eurozona puede tener consecuencias imprevistas. A este respecto, el gobierno alemán se muestra vacilante sobre la cuestión.

Personalmente, creo que Merkel y Schäuble no saben cómo funciona el sistema monetario porque siguen apegados al dogma neoliberal que afirma que los recortes salariales, la reducción de puestos de trabajo y la austeridad pueden fomentar el crecimiento.

Die Linke votó abrumadoramente (con algunas notables excepciones, como Sahra Wagenknecht) a favor de ratificar el acuerdo alcanzado por el nuevo gobierno griego y el Eurogrupo hace unas semanas. Un argumento fundamental era el temor a parecer que no se demostraba solidaridad con el gobierno encabezado por Alexis Tsipras. ¿Cómo juzga usted esta postura?

El temor a dar la impresión de que no se muestra solidaridad con el nuevo gobierno griego es algo que entiendo perfectamente. Pero se trata, sin embargo, de un temor que está más arraigado en una percepción distorsionada que en la realidad de los hechos.

En realidad, se trataba de una propuesta del gobierno alemán para ampliar el crédito a Grecia con severas condiciones. Yo defendí personalmente la abstención para evitar dos malentendidos públicos. Por un lado, que no apoyamos a Syriza; por el otro, que favorecemos los decretos de austeridad.

Nuestra solidaridad con Syriza se cifra en nuestro rechazo de los paquetes de austeridad del gobierno alemán para Grecia — somos el único partido que muestra ese rechazo — y nuestra crítica al gobierno alemán por sus fracasadas políticas a este respecto. El grupo parlamentario de Die Linke se encontraba ante un dilema debido a esta percepción distorsionada de la realidad, pero esto no altera nuestra posición de solidaridad.

Por otro lado, 20.000 personas, en su mayoría, pero no exclusivamente, alemanas, se manifestaron a principios de este mes contra la apertura del nuevo edificio del BCE en Frankfurt, «el corazón del régimen de crisis europeo». Dado el estado fastidiosamente reducido de la protesta social en Alemania, ¿ve esto como señal de una renovada actividad de los movimientos sociales en el país? 

Eso sería, desde luego, algo deseable. Sin embargo, soy consciente de lo difícil que resulta mantener movimientos de protesta.

El problema principal lo veo en los diferentes efectos de las medidas políticas de austeridad en los diversos países europeos. En Alemania, estos efectos son comparativamente más suaves, pese al hecho de que Alemania tiene un sector de bajos salarios y de pobreza en la vejez. La pobreza en la vejez es algo que mucha gente todavía no ve, mientras que mucha gente se ha acostumbrado al sector de bajos salarios.

Allí donde los efectos de la crisis fueron más fuertes, hemos tenido afortunadamente una descomposición del sistema político, lo cual era necesario, porque hasta ahora solamente ha habido partidos neoliberales en el poder en toda Europa.

Die Linke tiene ya diez años. Cuando comenzó, sobresalía como voz principal de la protesta ante la evolución de la socialdemocracia de mercado, incorporando muchos temas de los movimientos de alterglobalización. En el momento de su nacimiento, contaba con importantes aliados en Francia (el movimiento contra la Constitución de la UE), Italia (Rifondazione Comunista), el Reino Unido (Respect) y otros lugares. Diez años después, la izquierda de estos países ha sido barrida por una ola de populismo derechista, precedida en algunos casos por una participación de izquierdas en un gobierno de centro-izquierda, como en Italia.

Die Linke parece no ceder terreno electoramente, aunque no parece ser la principal beneficiaria del descontento con el sistema político establecido. Si acaso, la elección de un canciller de izquierdas en un estado como Turingia parece ir abriendo camino a una actitud más «pragmática» sobre dos posiciones definitorias de Die Linke, el anti-neoliberalismo y las intervenciones militares en el exterior. La desconfianza popular ante los partidos políticos establecidos también está afectando a Die Linke. ¿Qué parece explicar que formaciones como Die Linke y el Front de Gauche parecen haber topado con un techo de cristal en términos electorales, mientras que Syriza y Podemos han tenido un éxito más espectacular?

Son muchas preguntas [risas]. Vamos a empezar con la de la participación en el gobierno. Esto sólo resulta aceptable si para los votantes conlleva un cambio, experimentado por ellos como tal. Este fue el error de Rifondazione en Italia, que no consiguió precisamente eso, y fue así castigada por el electorado.

Se trata de algo que van a experimentar todos los partidos de izquierda si repiten los errores del pasado. Es algo que cualquiera puede reconocer si estudia la historia de las familias de partidos de izquierda en Europa. Ha de hacerse una distinción entre el plano de los estados y el plano federal. Las cuestiones relativas al antimilitarismo, política exterior, política fiscal, etc., no entran aquí en discusión.

Está la cuestión de la ley federal relativa al tope de endeudamiento para los municipios. . .

Sí, está ya escrito en la Constitución y si participas en una corporación local, tienes que regirte por ello. Pero mi postura respecto a la participación en un gobierno nacional es que esto sólo se puede permitir si hay mejoras concretas y visibles en la vida de la gente. En el caso de Alemania, esto quiere decir mejoras en el terreno del desempleo y seguridad de las pensiones, política salarial y, por supuesto, nada de intervenciones en el exterior.

Pero la cuestión del gobierno será irrelevante en Alemania, debido a la evolución del SPD. El SPD se encuentra en una fase de debilidad sin precedentes. Qué papel puede desempeñar la izquierda es algo de lo que podemos ser testigos en España y Grecia, aunque estemos hablando de procesos abiertos.

Cuando la presión en el seno de la sociedad se vuelve muy fuerte, Die Linke tiene sólo una oportunidad si actúa de modo creíble. Esa es la razón de que se fundara. Decíamos que tenemos cuatro partidos neoliberales en Alemania y partidos casi exclusivamente neoliberales en el gobierno a lo largo y ancho de Europa, y por esa razón es por lo que necesitamos ofrecer una alternativa.

Y en Alemania, es evidente que la derecha representada por AFD no supone ninguna alternativa. Apoya todas las posiciones neoliberales. Su presidente, Bernd Lucke, fue siempre uno de los partidarios intelectuales del dumpingsalarial. Hay una diferencia de verdad entre la izquierda y la derecha políticas.

No sólo parece haber cansancio del actual sistema económico sino cansancio también de los partidos políticos como tales. Die Linke ha atravesado un proceso de institucionalización en los últimos diez años, y no es arriesgado decir que con frecuencia no ha sido la primera entidad a la que se ha dirigido la gente que expresa su descontento por el actual estado de cosas. Antes mencionaba a Syriza y Podemos porque esas fuerzas han logrado florecer al presentarse como alternativa a la política establecida.

Si una coalición rojiverde está fuera de discusión, ¿qué vía le queda a Die Linke por delante? ¿Cómo puede desencadenar un efecto de politización?

Se trata de algo muy difícil, debido a que el sistema social en el que vivimos, el sistema capitalista, está muy afianzado. Está diseñado de tal modo que los económicamente poderosos presiden todas las decisiones económicas. Las democracias representativas no son democracias en el sentido real del término. Sabemos desde Pericles que las democracias son sistemas que sirven a los intereses de la mayoría y no se puede hablar de democracia en ninguna parte de Europa

En este sentido, Die Linke sólo tiene razón de existir si se convierte  — o sigue siendo — un partido antisistema y es visto como tal. Ser antisistema significa abogar de modo consistente por una sociedad en la que se reorganice la vida social, en la que los frutos del trabajo vayan a quienes se los han ganado.

Significa también reconocer que los pasados esfuerzos socialistas fracasaron porque no eran democráticos y sí centralizados. En este sentido, ha de escogerse otra vía. En mi opinión, se trata de la vía de las empresas gestionadas por los empleados en las que la democracia fluya hasta la vida cotidiana y no una sociedad en la que el feudalismo domine sobre la vida económica.

Porque donde hay multimillonarios, no hay democracia. Nadie puede ganar mil millones. Un multimillonario contradice la idea básica de que la riqueza es resultado del trabajo.

¿Es usted optimista respecto a la evolución de Die Linke?

No sé si el «optimismo» puede responder a esta cuestión. Respecto a la estructura de poder, tenemos un sistema social muy afianzado. Lo que es interesante es que ni siquiera la crisis financiera ha cambiado esto, aunque todo el mundo pueda ver después del desplome financiero que es Wall Street quien dirige los EE.UU., no el Congreso ni el presidente. El sistema oligárquico de Ucrania o Rusia, por ejemplo, nos muestran que estamos siendo testigos de una regresión a escala global y un retroceso del modesto progreso social alcanzado tras décadas.

Y sin embargo, estoy persuadido de que Die Linke no tiene otra elección que marchar en contra de la corriente y presentar alternativas. Tiene que seguir siendo programáticamente consistente, y esto no significa deslizarse por la vía del acomodo. Si lo hace, lo engullirá el sistema sin más. Tiene que seguir una vía en la que abogar de manera consistente por un modelo social diferente.

Está aumentando en Europa el racismo en todas sus manifestaciones, sobre todo en forma de islamofobia (una suerte  de racismo «respetable»). ¿Qué explica esa difusión incluso entre estratos de la sociedad no afectados anteriormente por ello? 

Creo que tiene que ver con el temor a verse relegado en la escala social. Cuando estos temores, combinados con el miedo a la marginación, están presentes, esto lleva a que ciertas capas sociales respondan con la marginación de otras. Todas las experiencias históricas nos muestran que estos temores tienen como resultado la marginación de otros.

Una última pregunta. Sería un sobreentendido decir que a los partidarios de Die Linke les gustaría verle desempeñar de nuevo un papel más activo en la dirección del partido. Su carrera estuvo marcada por una serie de sorpresas. ¿Prevé usted volver?

 [Risas] Yo cumplo con mi parte interviniendo con mayor frecuencia en debates públicos, con más apariciones públicas. . .

 De ahí la pregunta . . .

 Punto [risas].

(Con un agradecimiento especial a Loren Balhorn, Sebastian Budgen, Stathis Kouvelakis y Oliver Nachtwey.)

 Oskar Lafontaine fue entre 2007 y 2010 el Presidente del Partido de La Izquierda.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

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La Eurasia que conocíamos (nosotros y EE.UU.) está muerta

Hazte a un lado, Guerra Fría 2.0. La verdadera historia en el futuro previsible en su miríada de declinaciones y por supuesto salvando muchos topetazos por el camino, es una nueva Eurasia integrada que sigue progresando.

El muy ambicioso proyecto de la Nueva Ruta de la Seda de China mantendrá la intersección con la Unión Económica Eurasia (UEE) liderada por Rusia. Y ese será el día que la UE se despierte y descubra un exitoso eje comercial que se extenderá de San Petersburgo a Shanghái. Siempre es pertinente recordar que hace unos años Vladimir Putin presentó en Alemania una visión similar, y aún más amplia, que iría desde Lisboa a Vladivostok.

Tomará su tiempo, tiempos difíciles. Pero la renovación facial de Eurasia es inexorable. Esto implica que el sueño de la “excepcionalidad” de EE.UU. hegemónica en Eurasia, que todavía parecía factible al comenzar el milenio, se esfuma ante los ojos de todo el mundo.

Rusia gira hacia Oriente, China gira hacia Occidente

Algunas mentes sanas en EE.UU. siguen siendo esenciales ya que deconstruyen enteramente los negativos, subrayando los peligros de la Guerra Fría 2.0. Dmitri Trenin del Centro Moscú Carnegie, mientras tanto, está más preocupado de los positivos, proponiendo una hoja de ruta para la convergencia eurasiática.

La cooperación estratégica Rusia-China –del comercio energético a la defensa y el desarrollo de la infraestructura– solo se reforzará, mientras Rusia gira hacia Oriente y China hacia Occidente. Geopolíticamente esto no significa un Moscú subordinado a Pekín, sino una creciente relación simbiótica desarrollada concienzudamente en múltiples etapas.

Los BRICS –esa palabrota en Washington– ya tienen más atractivo global y tanta influencia como el obsoleto G-7. El Nuevo Banco de Desarrollo BRIC, listo para comenzar antes del fin de 2015, es una alternativa clave a los mecanismos controlados por el G-7 y el FMI.

Es seguro que la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) va a incluir India y Pakistán en su próxima cumbre de verano en Rusia. Y la inclusión de Irán, después de las sanciones, como miembro oficial se dará prácticamente por hecha en 2016. La OCS está finalmente prosperando como el foro clave de desarrollo, cooperación política/económica y de seguridad en toda Asia.

La “gran Europa” de Lisboa a Vladivostok de Putin –que significaría la UE + UEE– puede esperar mientras China acelera su Nueva Ruta de la Seda en sus rutas por tierra y por mar. Mientras tanto el Kremlin se concentrará en una estrategia paralela, utilizar capital y tecnología de Asia Oriental para desarrollar Siberia y el Lejano Oriente ruso. Es prácticamente seguro que el yuan se convertirá en una moneda de reserva en toda Eurasia en un futuro muy cercano mientras el rublo y el yuan pasan a dominar permanentemente en el comercio bilateral.

El factor alemán

La “Gran Europa” de Lisboa a Vladivostok depende inevitablemente de una solución del rompecabezas alemán. Los industrialistas alemanes ven claramente las maravillas del suministro por Rusia a Alemania –mucho más que al conjunto de la UE– con un canal geopolítico y estratégico con Asia-Pacífico. Sin embargo lo mismo no se aplica todavía a los políticos alemanes. La canciller Angela Merkel, a pesar de su retórica, sigue acatando la disciplina impuesta por Washington.

La estrategia del “ductistán” ruso ya había sido establecida –mediante Nord Stream y South Stream– cuando los interminables cambios de dirección de la UE llevaron a Moscú a cancelar South Stream y lanzar Turk Stream (que finalmente aumentarla los costes de energía para la UE). La UE, a cambio, tendría virtualmente libre acceso a la riqueza de recursos y al mercado interior de Rusia. El desastre ucraniano significa el fin de todos esos complejos planes.

Alemania ya es la conductora de facto de la UE de ese tren expreso económico. Como centro de poder exportador su único camino no es hacia oeste o al sur, sino al este. De ahí el fenomenal espectáculo de una orquesta de industriales codiciosos cuando Xi Jinping visitó Alemania en la primavera de 2014. Xi propuso nada menos que una línea de ferrocarril de alta velocidad que uniría la Nueva Ruta de la Seda de Shanghái a Duisburgo y Berlín.

Un punto clave que no hay que dejar de considerar respecto a los alemanes: una rama vital de la Nueva Ruta de la Seda es el remix del ferrocarril transiberiano de alta velocidad. Por lo tanto uno de los caminos amarillos del BRIC a Pekín y Shanghái ostenta Moscú como un paradero estratégico.

Ese Imperio del Caos…

La estrategia Camino a Occidente por tierra de Pekín está dichosamente libre de interferencias de superpotencias, del remix del transiberiano a las rutas por riel o carreteras a través de los “estanes” centroasiáticos en camino a Irán y Turquía. Además Rusia lo ve como una simbiosis, considerando una situación en la que nadie pierde cuando los “estanes” centroasiáticos saltan simultáneamente a bordo de la UEE y lo que Pekín llama Cintura Económica de la Ruta de la Seda.

En otros frentes, sin embargo, Pekín tiene mucho cuidado de no enemistarse con EE.UU., la superpotencia reinante. Vea por ejemplo esta entrevista bastante franca pero también bastante diplomática del Financial Times con el primer ministro chino Li Keqiang .

Un aspecto clave de la cooperación estratégica rusa-china es que ambos países identifican la política extranjera masivamente incoherente de Washington como un primordial generador de caos, exactamente como argumento en mi libro Empire of Chaos.

En lo que se aplica específicamente a China y Rusia, se trata esencialmente de caos como en divide y gobierna. Pekín considera que Washington trata de desestabilizar la periferia de China (Hong Kong, el Tíbet, Sinkiang) e interfiere activamente en las disputas en el Mar del Sur de China. Moscú considera que Washington está obsesionado con la infinita expansión de la OTAN y en no tener contemplaciones al impedir los esfuerzos de Rusia de integración eurasiática.

Como resultado ocurre la muerte certificada de la estrategia geopolítica anterior de Rusia. Ya no se trata de sentirse incluida en un club de la elite occidental como el G-8. Se acabó la cooperación estratégica con la OTAN.

Siempre experta en la planificación a largo plazo, Pekín también ve que la incansable demonización no solo de Putin, sino de Rusia en su conjunto (sométete o verás), constituye un ejercicio que podría aplicarse a China en un futuro cercano.

Llegan los imponderables

Todo es posible en el desarrollo del aciago triángulo EE.UU.-China-Rusia. Se podría decir que puede seguir el siguiente modelo: Los estadounidenses hablan fuerte y portan una variedad de garrotes; los rusos no vacilan en responder mientras se preparan estratégicamente para un trecho largo y difícil; los chinos siguen una doctrina modificada del “Pequeño Timonel” Deng Xiaoping, hablar muy diplomáticamente mientras no se hace notar.

Pekín ya sabe lo que ha estado murmurando Moscú: el Washington de la “excepcionalidad” –en decadencia o no- nunca tratará a Pekín como igual o respetará los intereses nacionales de China.

En el capítulo de los grandes imponderables, se siguen aceptando apuestas sobre si Moscú utilizará esta grave crisis triple –sanciones, guerra mediante el precio del petróleo, devaluación del rublo– para aplicar radicalmente cambios del juego estructural y lanzar una nueva estrategia de desarrollo económico. Las recientes preguntas y respuestas de Putin, aunque repletas de curiosas respuestas, todavía no son claras al respecto.

Otro gran imponderable es si Xi, armado de poder blando, carisma y mucho dinero, podrá orientar, simultáneamente, la modificación del modelo económico y una avalancha hacia Occidente que no termine por enajenar a los múltiples socios potenciales de China en la construcción de las Nuevas Rutas de la Seda.

Un último “superimponderable” es si Bruselas decidirá algún día (y en ese caso cuándo) emprender una simbiosis de mutuo acuerdo con Rusia. Esto, contra su actual posición de total antagonismo que se extiende más allá de los temas geopolíticos. Alemania, bajo Merkel, parece haber tomado la decisión de mantenerse sometida a la OTAN como un enanillo estratégico.

Por lo tanto lo que vemos son los componentes de Gran Asia de Shanghái a San Petersburgo –incluyendo, crucialmente, a Teherán– en lugar de una Eurasia total que se extienda de Lisboa a Vladivostok. La Eurasia total podrá romperse, al menos por ahora. Pero una Gran Asia es posible. Habrá un tsunami de esfuerzos de los sospechosos habituales para destruirla.

Será fascinante contemplar todo esto. ¿Cómo van a fijar la mirada hacia Occidente Moscú y Pekín –política, comercial e ideológicamente– sin arriesgarse a una guerra? ¿Cómo enfrentarán tanta presión? ¿Cómo venderán su estrategia a grandes sectores del Sur Global, a través de múltiples latitudes asiáticas?

Sin embargo ya se ha ganado una batalla. Adiós Zbigniew Brzezinski. Su gran sueño hegemónico del gran tablero de ajedrez se acabó.

Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007), Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge (Nimble Books, 2007) y Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto: [email protected]

Fuente: http://atimes.com/2015/04/eurasia-as-we-and-the-u-s-knew-it-is-dead/

Tomado de:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=198046

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Yemen en cinco claves

De la noche a la mañana, Yemen ha pasado de ser un absoluto desconocido a ocupar las portadas de la prensa. El motivo es la operación Tormenta Decisiva, lanzada por una coalición de países árabes dirigida por Arabia Saudí para impedir que los rebeldes huzíes prosigan su avance militar y conquisten Adén, puerto estratégico del Cuerno de África que controla Bab al-Mandeb, la puerta de acceso al mar Rojo y al canal de Suez, por donde pasa el 15% del comercio mundial. Con este movimiento, Arabia Saudí intentaría evitar la caída de Yemen en manos de los huzíes, una milicia chií que ha aprovechado el vacío de poder existente para apoderarse de la capital, Sanaa, y hacerse con el control del país.

El rompecabezas yemení, sin embargo, no sólo se explica en clave sectaria o en el marco de la guerra fría que libran Irán y Arabia Saudí por la hegemonía de la zona. Para entender la situación que atraviesa Yemen, un país con una extensión similar a la de Francia, y 25 millones de habitantes, debemos aludir a las divisiones confesionales, la deriva autoritaria, la naturaleza tribal, la pujanza del yihadismo y el levantamiento húzi. Estas cinco claves explican el colapso estatal y la conversión de Yemen en un Estado fallido.

La primera clave explicativa es la existencia de una minoría zaydí, una corriente del islam chií profesada por un tercio de la población. Desde el siglo IX, los zaydíes dispusieron de su propio Estado dirigido por linajes sagrados. En 1911, Yemen del Norte alcanzó la independencia bajo la dirección del imán Yahya, que gobernó un Estado agrícola, tribal y atrasado que tenía su epicentro en las montañas de Saada. El golpe militar de 1962 permitió el establecimiento de una república, pero también provocó una cruenta guerra civil en la que los dos bandos en liza fueron respaldados por Arabia Saudí y Egipto, las principales potencias regionales de aquel momento. El actual levantamiento húzi da comienzo en 2004, en el marco de un proceso de renacimiento zaydí que fue respondido con represión por el entonces presidenteAbdullah Saleh.

La segunda clave es la deriva autoritaria durante el mandato de Saleh (1978-2011) y el subsiguiente vacío político que dejó su marcha. La Primavera Árabe puso fin a este poder omnímodo y obligó a Saleh a presentar su dimisión, eso sí, tras asegurarse la inmunidad. Su salida de escena dejó un vacío que ningún actor ha sido capaz de llenar hasta el momento, incluido su débil y cuestionado sucesor Abd Rabboh Mansur Hadi, que ha huido a Arabia Saudí.


El factor tribal, que en el Golfo Pérsico ha ido perdiendo peso, en Yemen está tdavía fuertemente arraigado


La tercera clave para comprender la realidad yemení es el factor tribal, que progresivamente ha ido perdiendo peso en el golfo Pérsico pero que en Yemen todavía está fuertemente arraigado. El expresidente al-Iryani llegó a afirmar en 1978 que Yemen no necesitaba partidos políticos, puesto que ya disponía de tribus. Saleh reforzó estas dinámicas situando a los miembros de su tribu –los sanhan– en los principales centros de autoridad. Esta circunstancia explica el actual apoyo que el Ejército yemení presta a los húzies, vital para entender su fulminante avance. También la oposición, representada por el partido islamista Islah, erigió fuertes redes clientelares con parte de las tribus desafectas al poder. De hecho, dicho movimiento fue dirigido por el jeque Abdullah al-Ahmar, líder de la poderosa confederación de tribus Hashid.

La cuarta clave la representa la presencia de Al Qaeda. Ya en el año 2000 el grupo reivindicó el ataque contra el destructor norteamericano USS Cole en el puerto de Adén. Desde entonces no ha hecho más que reforzar su presencia, sobre todo en la zona sureña. Yemen se ha convertido en retaguardia estratégica, base logística y reserva espiritual para Al Qaeda, que ha sobrevivido a las ejecuciones extrajudiciales y a los ataques con drones lanzados por EE UU. Una buena muestra de ello es su reivindicación del atentado contra Charlie Hebdo en enero. También el Estado Islámico ha aprovechado la actual coyuntura para implantarse en territorio yemení, tal y como muestran sus ataques contra las mezquitas chiíes de Sanaa en marzo, que provocaron 150 muertes.

La quinta clave que explica el colapso yemení es la irrupción en escena de los huzíes, un grupo zaydí que ha aprovechado la debilidad estatal para expandirse. Los huzíes, agrupados en el partido Ansar Allah, pretenden combatir a Al Qaeda y frenar la expansión del salafismo impulsada por la vecina Arabia Saudí, aliada estratégica de EE UU. Además demandan un Estado federal, con amplios poderes para las provincias norteñas, donde son mayoritarios. Estas reivindicaciones representan una clara amenaza para los países del golfo Pérsico que cuentan con población chií, empezando por la propia Arabia Saudí y siguiendo por Ku­wait, Emiratos Unidos y Bahréin, ya que podrían ser asumidas como propias por sus poblaciones chiíes.

El fin del régimen de Saleh en 2011

Durante sus tres décadas en el poder, Saleh instauró un régimen presidencialista, autoritario, clientelista y cleptómano que recortó las libertades, recompensó a sus fieles, persiguió a los disidentes y, sobre todo, extendió la pobreza. Saleh controló con mano de hierro a las Fuerzas Armadas, de las que provenía, y también al partido Congreso General del Pueblo, que monopolizó la vida política. Saleh dimitió por la presión de las acampadas de Saná en 2011.

Fuente:  https://www.diagonalperiodico.net/global/26400-yemen-cinco-claves.html

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La traición de Obama a los armenios

Cuando la comunidad armenia de Jerusalén cuelga en la ciudad vieja carteles con el mapa del genocidio armenio, los judíos ultraortodoxos los arrancan o los pintarrajean escribiendo cosas como «mentirosos». Para un sector de la sociedad israelí, no hay más genocidio que el Holocausto, como si reconocer el tormento de otros rebajara el sufrimiento propio. Pero no es ese el motivo por el que ni Israel ni España o Estados Unidos se niegan a reconocer la tentativa turca de exterminar sistemáticamente a los armenios hace ahora un siglo. La razón fundamental es el deseo de preservar las buenas relaciones con Turquía, el segundo mayor Ejército de la OTAN y un actor esencial en Oriente Próximo.

Ese millón de muertos persigue ahora a Barack Obama como un fantasma. Siendo candidato a la presidencia en el 2008, el entonces senador por Illinois pidió el voto a la comunidad armenioamericana prometiendo utilizar la palabra «genocidio» si llegaba a la Casa Blanca. Más tajante se mostró dos años antes: «El genocidio armenio no es una alegación, una opinión personal o un punto de vista, sino un hecho ampliamente documentado y apoyado por un cuerpo abrumador de pruebas históricas». Pero han pasado siete años de aquella última promesa y Obama sigue sin cumplir.

El pasado jueves emitió un comunicado para conmemorar el centenario y una vez más la palabra mágica brillaba por su ausencia. «A partir de 1915, los armenios del Imperio Otomano fueron deportados, masacrados y conducidos hacia la muerte», dijo el presidente. «Su cultura y su herencia en su tierra ancestral fueron eliminadas». En esa misma declaración trató de justificarse afirmando que ha expresado de «forma consistente» su visión de lo ocurrido en 1915. «Mi opinión no ha variado».

Pero lo cierto es que su Administración ha trabajado activamente para impedir el reconocimiento del genocidio en el Congreso. Cuando uno de sus comités quiso tramitarlo en las dos cámaras, la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton afirmó: «La Administración Obama se opone firmemente». Este negacionismo tiene su trascendencia política porque EEUU ha convertido prácticamente en un causus belli el rechazo del régimen iraní a reconocer el Holocausto judío. Aunque en este alarde de hipocresía no está solo. Al preguntarle una vez a expresidente de Israel, Shimon Peres, por qué no reconocía el genocidio armenio, contestó: «Yo no soy historiador».

http://www.elperiodico.com/

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