La covid-19 precipita a América Latina a otra década perdida: 45 millones más de pobres en 2020

El año de la pandemia será otro ejercicio maldito para América Latina. Unos 45 millones de personas pasarán a sobrevivir en situaciones de pobreza extrema en una de las latitudes con uno de los diferenciales de riqueza más acusados del planeta. Un reciente estudio de Cepal, la agencia de Naciones Unidas, advierte de un repunte substancial de ciudadanos de la comunidad latinoamericana que soportarán los rigores de la pandemia. Con más de una tercera parte de su población bajo una amenaza real de perder sus empleos y el yugo de que la inseguridad alimenticia impacte directamente sobre su estabilidad familiar.

También por el déficit de fondos que han puesto en marcha los gobiernos de la región. Frente a las inversiones próximas al 40% del PIB que ha movilizado Europa para combatir la doble crisis, sanitaria y económica, los planes de gasto instaurados por las autoridades latinoamericanas no alcanzan, ni de lejos, el 10% de su capacidad productiva anual. Para la secretaria ejecutiva de Cepal, la diplomática mexicana Alicia Bárcena, el escenario es de suma gravedad. Hasta el punto de asegurar que el Hemisferio Sur de América se enfrenta a una década perdida. La covid-19 ha puesto a sus países ante la disyuntiva de articular medidas como la renta básica, los subsidios a los productos alimenticios y una táctica geoestratégica en toda línea de renegociación de sus, cada vez, más voluminosas ratios de deuda si desean tener éxito en la instauración de un ciclo de negocios sostenible en el tiempo. En otro diagnóstico de situación, la Cepal y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) dan por descontado que «sólo si se logra revertir la curva de contagio de la pandemia se podrán reactivar las economías de la región».ADVERTISINGAds by Teads

Para lo cual, ambas instituciones proponen un enfoque en tres fases, que incluye una agenda reformista con políticas sanitarias, económicas, sociales y de índole productivo dirigidas a reactivar, con salvaguardas de protección, una reconstrucción de sus patrones de crecimiento que favorezcan la prosperidad y la distribución inclusiva de riqueza. El coronavirus aterrizó en América Latina el 26 de febrero, cuando Brasil confirmó el primer caso en Sao Paulo. Desde entonces, certifica uno de cada cuatro casos de contagio en el mundo. Tras superar, a comienzos de mes, los 7,5 millones de afectados y los 280.000 fallecidos. Con Brasil, -más de 4,2 millones de contagiados y más de 130.000 muertes-; Perú (más de 657.000 casos y 29.000 decesos); Colombia (unos 624.000 enfermos y unas 20.000 defunciones); México (más de 606.000 casos y más de 70.000 fallecidos) y Argentina (428.200 infectados y 8.971 decesos) entre las diez naciones con más defunciones por covid-19.

El coste humano «continúa siendo demasiado alto, inaceptable, porque se certifican casi 4.000 muertes al día en nuestra región», afirma la directora de la OPS, Carissa Etienne. La epidemia «ha afectado profundamente, no sólo a la vida diaria de las personas en la región, sino también sus medios de vida», además de dirigir al conjunto de Latinoamérica a «la recesión más abrupta de su historia». Según Cepal, el receso de actividad en 2020 será del 9,1%, con un alza del desempleo que superará la barrera del 13,5% de la población activa en la totalidad de sus territorios y un repunte de la tasa de pobreza de 7 puntos básicos, hasta alcanzar al 37,3% de la población, que se traducirá en un empeoramiento notable de la brecha social. Por si fuera poco, ambas organizaciones señalan otro foco de tensión con daños colaterales directos sobre las sociedades civiles de la región: «Sus sistemas de Salud, ya infradotados financieramente y muy fragmentados» antes de la covid-19, se enfrentan a una respuesta incierta ante la pandemia por las debilidades de gestión de sus rectores».

El gasto público en Sanidad apenas registra de promedio el 3,7% del PIB, por debajo del 6% recomendado por la OPS. Lo que supone que una tercera parte de la población todavía enfrenta algún tipo de barrera para acceder a los servicios de salud que necesita.

América Latina contabiliza uno de cada cuatro contagios del planeta, con Brasil, Perú, Colombia, México y Argentina entre las diez naciones con más defunciones por covid-19.

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Los latinos lo tienen claro: prefieren a Biden y reprueban el mandato de Trump

El 62 % de votantes latinos en EE.UU. dice que votará por el demócrata Joe Biden en noviembre próximo frente al 26 % que lo hará por el presidente Donald Trump, y solo un 30 % aprueba el desempeño del republicano, según una encuesta divulgada este domingo por la cadena hispana Telemundo.

El apoyo al exvicepresidente Biden proviene en gran medida de votantes más jóvenes (71 %), mujeres (67 %) y latinos que hablan principalmente español en casa (68 %), precisó el sondeo “Decisión 2020”.

Entre los votantes en general, el 51 % se muestra a favor de Biden, el 43 % a favor de Trump y el 6 % está indeciso o no apoya a ninguno.

Según la encuesta, el 59 % de un total de 300 latinos entrevistados como parte de una muestra de la población en general desaprueba el trabajo de Trump, y entre los católicos sube al 63 % en comparación con otras religiones (47 %).

Biden tiene una calificación favorable más fuerte del 46 % en comparación con el 26 % de Trump. Sin embargo, la opinión de los latinos sobre Trump ha mejorado al 56 % que tiene una mala impresión en 2020 del 78 % en 2016.

Sobre el manejo de la economía, Trump y Biden están casi empatados entre los hispanos, con el 41 % y el 39 %, respectivamente, mientras que entre los votantes en general el presidente aventaja por 10 puntos al demócrata (48 %- 38 %).

Por otro lado, la mayoría de los latinos (62 %) considera que Biden defiende los derechos de los inmigrantes y los trata con humanidad frente al 16 % que considera eso de Trump.

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Yanis Varoufakis :Cómo la pandemia ha acelerado la transición al postcapitalismo

Hace dos días [el 19/08/2020] sucedió algo extraordinario. Algo que nunca había sucedido en la historia del capitalismo. En Gran Bretaña se dio la noticia de que la economía había sufrido la mayor caída de su historia, más del 22% durante los primeros 7 meses de 2020. Sorprendentemente, el mismo día, la bolsa de valores de Londres, el índice FTSE100, subió más del 2%. El mismo día, durante un tiempo en el que Estados Unidos se ha detenido y está empezando a parecer no sólo una economía en graves problemas, sino también, funestamente, un estado fallido, el índice SP500 de Wall Street batió un récord histórico.

Incapaz de contenerme, tuiteé lo siguiente:

“El capitalismo financiero se ha desacoplado de la economía capitalista, saliendo de la órbita de la Tierra, dejando tras de sí vidas y sueños rotos. Mientras el Reino Unido se hunde en la peor recesión de la historia y EE.UU. se acerca al estatus de estado fallido, el FTSE100 sube un 2% y el S&P500 rompe todos los récords.”

Antes de 2008, los mercados monetarios también se comportaban de una manera que desafiaba el humanismo. Las noticias de despidos masivos de trabajadores serían seguidas rutinariamente por fuertes subidas en el precio de las acciones de las empresas «dejando ir a sus trabajadores» –como si estuvieran preocupados por su liberación…–. Pero al menos, había una lógica capitalista en esa correlación entre los despidos y el precio de las acciones. Esa desagradable causalidad estaba anclada en las expectativas sobre los beneficios reales de una empresa. Más precisamente, la predicción de que una reducción de la masa salarial de la empresa podría, en la medida en que la pérdida de personal llevara a una reducción proporcional menor de la producción, conducir a un aumento de los beneficios y, por lo tanto, de los dividendos. La mera creencia de que había suficientes especuladores que podían formar esa expectativa particular era suficiente para provocar un aumento del precio de las acciones de las empresas que despedían a los trabajadores.

Eso fue antes de 2008. Hoy día, este vínculo entre las previsiones de beneficios y los precios de las acciones ha desaparecido y, como consecuencia, la misantropía del mercado de valores ha entrado en una nueva fase postcapitalista. Esta afirmación no es tan controvertida como puede parecer a primera vista. En medio de nuestra actual pandemia, ninguna persona en su sano juicio imagina que hay especuladores que creen que hay suficientes especuladores que pueden creer que los beneficios de las empresas en el Reino Unido o en los Estados Unidos aumentarán en cualquier momento. Y, sin embargo, compran acciones con entusiasmo. El efecto de la pandemia en nuestro mundo posterior a 2008 está creando fuerzas hasta ahora desconocidas.

En el mundo actual, sería un error intentar encontrar cualquier correlación entre lo que ocurre en el mundo real (el de los salarios, los beneficios, la producción y las ventas) y en los mercados monetarios. Hoy en día, no hay necesidad de una correlación entre las «noticias» (por ejemplo, una nota de prensa sobre que alguna gran multinacional despidió a decenas de miles) y las subidas de precios de las acciones. Mientras vemos que las bolsas de valores suben en un momento en el que las economías se hunden, sería un error pensar que los especuladores escuchan que la economía del Reino Unido, o la economía de los Estados Unidos, se ha hundido y piensan: «Genial, compremos acciones”. ¡No, la situación es mucho, mucho peor!

En el mundo posterior a 2008, a los especuladores –por primera vez en la historia– les importa un bledo la economía. Ellos, como tú y yo, pueden ver que la Covid-19 ha puesto al capitalismo en animación suspendida. Que está aplastando los márgenes de beneficio de las empresas y destruyendo las vidas y los medios de vida de muchos. Que está causando un nuevo tsunami de pobreza con efectos a largo plazo en la demanda agregada. Que demuestra en cada país y cada ciudad las profundas divisiones de clase y raza preexistentes, ya que algunos de nosotros tuvimos el privilegio de mantener las reglas de la distancia social mientras un ejército de personas trabajaba por una miseria y en riesgo de contagio para satisfacer nuestras necesidades.

No, lo que estamos viviendo ahora no es el típico desprecio capitalista por las necesidades humanas, la tendencia estándar del sistema capitalista a estar motivado únicamente por la necesidad de maximizar el beneficio o, como decimos los izquierdistas, la acumulación de capital. No, el capitalismo está ahora en una nueva y extraña fase: el socialismo para los muy, muy pocos (cortesía de los bancos centrales y los gobiernos que atienden a una pequeña oligarquía) y la austeridad estricta, junto con la cruel competencia en un entorno de feudalismo industrial y tecnológicamente avanzado para casi todos los demás.

Los eventos de esta semana en Wall Street y la City de Londres marcan este punto de inflexión –el momento histórico que los futuros historiadores sin duda elegirán para decir: fue en el verano de 2020 cuando el capitalismo financiero finalmente rompió con el mundo de la gente real, incluyendo capitalistas lo suficientemente anticuados como para tratar de sacar provecho de la producción de bienes y servicios.

Pero empecemos por el principio. ¿Cómo empezó todo?

Antes del capitalismo, la deuda aparecía al final del ciclo económico; un mero reflejo del poder de acumular los excedentes ya producidos. Bajo el feudalismo,

  • la producción venía primero, con los campesinos trabajando la tierra para plantar y cosechar cultivos.
  • La distribución seguía a la cosecha, mientras el sheriff recogía la parte del señor. Una porción de esta parte se monetizaba más tarde, cuando los hombres del señor la vendían en algún mercado.
  • La deuda sólo surgía en la última etapa del ciclo, cuando el señor prestaba su dinero a los deudores, el rey a menudo entre ellos.

El capitalismo invirtió el orden. Una vez que la mano de obra y la tierra fueron mercantilizadas, la deuda fue necesaria antes de que la producción comenzara. Los capitalistas sin tierra tuvieron que pedir prestado para arrendar trabajadores, tierras y máquinas. Sólo entonces podía comenzar la producción, produciendo ingresos cuyo reclamante residual eran los capitalistas. Por lo tanto, la deuda impulsó la primera obra del capitalismo. Sin embargo, se necesitó la segunda revolución industrial antes de que el capitalismo pudiera remodelar el mundo a su imagen y semejanza.

La invención del electromagnetismo, a partir de las famosas ecuaciones de James Clerk Maxwell, dio lugar a la primera empresa conectada a la red; Edison, por ejemplo, produjo de todo, desde centrales de generación de energía y la red eléctrica hasta la bombilla de cada casa. La financiación necesaria para construir estas megaempresas fue, naturalmente, más allá de los límites de los pequeños bancos del siglo XIX. Así nació el megabanco, como resultado de fusiones y adquisiciones, junto con una notable capacidad de crear dinero de la nada. La aglomeración de estas megaempresas y megabancos creó una nueva tecnoestructura que usurpó los mercados, las democracias y los medios de comunicación. El rugido de los años 20, que condujo a la caída de 1929, fue el resultado.

De 1933 a 1971, el capitalismo global fue administrado y planificado centralmente bajo diferentes versiones del New Deal, que incluía la economía de guerra y el sistema de Bretton Woods. Tras la desaparición de Bretton Woods a principios de los años 70, el capitalismo volvió a una versión de los años 20: Bajo el disfraz ideológico del neoliberalismo (que no era ni nuevo ni liberal), la tecnoestructura volvió a tomar el relevo de los gobiernos. El resultado fue el 1929 de nuestra generación, que ocurrió en 2008.

Tras el colapso de 2008, el capitalismo cambió drásticamente. En su intento por reflotar el sistema financiero hundido, los bancos centrales canalizaron ríos de dinero barato de deuda hacia el sector financiero, a cambio de una austeridad fiscal universal que limitó la demanda de bienes y servicios de las clases medias y bajas. Incapaces de beneficiarse de los consumidores afectados por la austeridad, las empresas y los financieros fueron conectados al constante goteo de deuda ficticia de los bancos centrales.

Cada vez que la Reserva Federal, el Banco Central Europeo o el Banco de Inglaterra inyectaban más dinero en los bancos comerciales –con la esperanza de que este dinero se prestara a empresas que a su vez crearían nuevos puestos de trabajo y líneas de productos–, el nacimiento del extraño mundo en el que ahora vivimos se acercaba un poco más. ¿Cómo? Como ejemplo, consideremos la siguiente reacción en cadena. El Banco Central Europeo extendió nueva liquidez al Deutsche Bank. El Deutsche Bank sólo podía beneficiarse de ella si encontraba a alguien a quien prestar este dinero. Dedicado al mantra del banquero «nunca prestes a alguien que necesite el dinero», el Deutsche Bank nunca lo prestaría a la «gente humilde», cuyas circunstancias se veían cada vez más disminuidas (junto con su capacidad para devolver cualquier préstamo importante); el Deutsche prefería prestárselo, por ejemplo, a Volkswagen. Pero, a su vez, los ejecutivos de Volkswagen miraron a la «gente humilde» y pensaron: «Su situación económica está empeorando, no podrán permitirse nuevos coches eléctricos de alta calidad». Y así, Volkswagen pospuso inversiones cruciales en nuevas tecnologías y en nuevos trabajos de alta calidad. Pero los ejecutivos de Volkswagen habrían sido negligentes al no aceptar los préstamos baratos ofrecidos por el Deutsche Bank. Así que los aceptaron. ¿Y qué hicieron con ese dinero recién acuñado por el BCE? Lo usaron para comprar acciones de Volkswagen en la bolsa de valores. Cuantas más acciones compraban, más alto era el valor de las acciones de Volkswagen. Y como las bonificaciones salariales de los ejecutivos de Volkswagen estaban ligadas al valor de las acciones de la compañía, se beneficiaron personalmente –mientras que, al mismo tiempo, la potencia de fuego del BCE fue verdaderamente desperdiciada desde el punto de vista de la sociedad, y de hecho del capitalismo industrial.

Este fue el proceso por el cual, de 2008 a 2020, las políticas para reflotar el sector bancario a partir de 2009 dieron lugar a la casi completa zombificación de las empresas. La Covid-19 encontró el capitalismo en este estado zombificado. Con el consumo y la producción golpeados masivamente de una vez, los gobiernos se vieron obligados a entrar en el vacío para sustituir todos los ingresos a gran escala en un momento en que la economía capitalista real tiene una escasa capacidad para generar riqueza real. El desacoplamiento de los mercados financieros de la economía real, que fue el detonante de esta charla, es una señal segura de que algo que podemos calificar indefendiblemente de postcapitalismo ya está en marcha.

Mi diferencia con otros compañeros de la izquierda es que no creo que haya ninguna garantía de que lo que sigue al capitalismo –llamémoslo, a falta de un término mejor, postcapitalismo– sea mejor. Puede ser totalmente distópico, a juzgar por los fenómenos actuales. A corto plazo, para evitar lo peor, el cambio mínimo necesario que necesitamos es un Green New Deal internacional que, comenzando con una reestructuración masiva de las deudas públicas y privadas, utilice herramientas financieras públicas para presionar los montones de liquidez existentes (por ejemplo, los fondos que impulsan los mercados monetarios) hacia el servicio público (por ejemplo, una revolución de la energía verde).

El problema que enfrentamos no es sólo que nuestros regímenes oligárquicos lucharán con uñas y dientes contra cualquier programa de este tipo. Un problema aún más difícil de resolver es que un Green New Deal internacional, del tipo al que se ha aludido anteriormente, puede ser una condición necesaria pero no es, ciertamente, una condición suficiente para crear un futuro para la humanidad por el que valga la pena luchar. ¿Podemos imaginar lo que puede ser suficiente? Mi polémico disparo de despedida es que, para que el postcapitalismo sea genuino y humanista, tenemos que negar a los bancos privados su razón de ser y acabar, de un solo golpe, con dos mercados: el mercado de trabajo y el mercado de valores.

Plenamente consciente de lo difícil que es imaginar una economía tecnológicamente avanzada que carezca de mercados de acciones y de trabajo, escribí mi próximo libro Another Now, en el que expongo el argumento de que poner fin a los mercados de trabajo y de acciones, junto con el tipo de banca comercial que se da por sentado hoy en día, es un requisito previo para una sociedad postcapitalista con mercados que funcionen, democracia auténtica y libertad personal.

Este texto es un extracto de la charla virtual con Daniel Denvir en la Lannan Foundation, el 13 de agosto de 2020.Yanis Varoufakis  Co-fundador del Movimiento por la Democracia en Europa (DIEM25), Yanis Varoufakis es diputado y portavoz de este grupo en el Parlamento griego y profesor de economía de la Universidad de Atenas. Es ex-ministro del Gobierno de Syriza, del que dimitió por su oposición al Tercer Memorándum UE-Grecia. Es autor, entre otros, de «El Minotauro Global».Fuente:https://www.yanisvaroufakis.eu/2020/08/21/something-remarkable-just-happened-this-august-how-the-pandemic-has-sped-up-the-passage-to-postcapitalism-lannan-institute-virtual-talk/Traducción:David Guerrero

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La UE busca «nuevos poderes» para poder penalizar a las grandes compañías tecnológicas

La Unión Europea (UE) busca obtener «nuevos poderes» con los que poder penalizar a las grandes compañías tecnológicas, reveló el comisario europeo de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y Pymes, Thierry Breton, en declaraciones publicadas este domingo por el Financial Times.

Breton explicó al diario británico que con esas nuevas capacidades se podría obligar a los gigantes de la tecnología a separarse o vender parte de sus operaciones europeas si su dominio de mercado amenazara los intereses de los clientes o de sus rivales más pequeños.

El comisario dijo que las propuestas, que solo se aplicarían en circunstancias extremas, contemplarían además la capacidad para poder excluir a grandes grupos tecnológicos del mercado único.

Bruselas estudia actualmente un sistema de rating que permitiría a los ciudadanos y a los accionistas evaluar el comportamiento de esas grandes compañías en áreas como el cumplimiento fiscal y la rapidez con la que retiran contenidos ilegales.

«Hay una sensación por parte de los usuarios de que esas plataformas son demasiado grandes como para que (esto) les importe», comentó Breton, encargado de acometer una reforma de las normativas digitales en el bloque comunitario.

Añadió que si se dieran «ciertas condiciones», con los nuevos poderes se podría también «imponer una separación estructural» en esos grupos.

Sus comentarios surgen a raíz de una consulta pública sobre la Ley de Servicios Digitales de la UE, que establecerá nuevas normativas sobre responsabilidades en las plataformas a la hora de lidiar con contenido ilegal y desinformación en internet.

Breton subrayó que se necesita «una mejor supervisión de estas grandes plataformas (digitales) como tuvimos con el sistema bancario (tras la crisis financiera)».

En virtud de la nueva legislación comunitaria, se incrementarán los poderes de Bruselas para escudriñar la manera en que los gigantes tecnológicos recaban información sobre los usuarios.

En este sentido, Breton dijo al diario que la UE no eliminará la limitada responsabilidad que ahora tienen las compañías sobre el contenido publicado en sus plataformas y señaló que el borrador de esa ley estará listo antes de que termine el año.

Entre las actividades que podrían derivar en sanciones más duras se incluye que esas empresas impidan al usuario cambiar de plataforma u obligar al cliente a utilizar solo un servicio.

«Es como ocurre en el caso de los bancos pequeños y grandes, no se aplican las mismas reglas. Lo más pequeños tienen mayor flexibilidad», observó Breton, que apuntó que el nuevo sistema de supervisión se basará en un esfuerzo colectivo entre gobiernos nacionales y la UE.

Una vez se concreten las propuestas y se acuerden, deberán pasar por el Parlamento y el Consejo Europeos.

expansion

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Biden adelanta en 10 puntos a Trump en las elecciones, pero los ciudadanos creen que gestionaría peor la economía

El aspirante presidencial del Partido Demócrata, Joe Biden, obtendría un 52 por ciento de voto en las elecciones del próximo 3 de noviembre, diez puntos por delante del actual inquilino de la Casa Blanca, que lograría un 42 por ciento, según en sondeo elaborado para la emisora pública estadounidense NPR. Pese a esto, Trump es considerado un mejor gestor de la economía del país. 

Biden es además el candidato mejor valorado para gestionar la pandemia de coronavirus o la delincuencia, pero Trump está mejor situado en lo que a la gestión de la economía se refiere (49-45 por ciento).

Si se tiene en cuenta a más candidatos, Biden se impondría por 49 al 42 por ciento, principalmente debido al 5 por ciento que lograría la libertaria Jo Jorgensen y el 2 por ciento del ecologista Howie Hawkins. Sin embargo, Hawkins no podrá concurrir en estados clave como Wisconsin o Pennsylvania por el rechazo de las autoridades a su candidatura.

Estos datos están luego supeditados al resultado estado por estado para la configuración del denominado Colegio Electoral, que es quien realmente elige al presidente. En ese campo, Biden contaría 290 de los 540 electores garantizados y otros 87 de estados inclinados hacia Biden. Trump, en cambio, tendría 77 representantes garantizados y 54 de estados inclinados a él. Otros 117 están aún por decidir.

¿Quién vota a Biden?

Por sectores de población, Biden es el favorito entre los graduados universitarios, las mujeres, los jóvenes, los mayores y los residentes en ciudades. Trump destaca entre los evangélicos, blancos sin titulación universitaria y residentes en zonas rurales y ciudades pequeñas.

Entre los votantes independientes Biden tiene 21 puntos de ventaja (57-36 por ciento), mientras que Trump ganó en este sector por 4 puntos en 2016.

Destaca el apoyo de los blancos a Biden, con un 49 por ciento de respaldo (48 para Trump), una cifra récord desconocida para ningún candidato demócrata en los últimos 50 años.

Como nota negativa para Biden, su apoyo entre la población no blanca está por debajo de lo esperado (60-34 por ciento), por debajo del 74-21 por ciento logrado por Hillary Clinton frente a Trump en 2016

eleconomista

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Más de la mitad de los oficinistas de Londres se plantea dejar la ciudad

Los oficinistas de Londres están considerando la posibilidad de abandonar la ciudad. Se inclinan a favor de la costa y de una mejor calidad de vida, según las investigaciones. Un estudio ha revelado que la pandemia causada por la Covid-19, ha hecho que el 60% de estos trabajadores reconsidere su situación de vida.

Las ciudades Brighton y Hove han demostrado ser el destino más popular. Y es que el 30% de los migrantes potenciales escogen esta opción como principal para mudarse. Uno de cada cinco (19%), ha dicho incluso que le gustaría vivir en una casa en la playa. Del mismo modo, Margate, Tunbridge Wells, Devon y Cornwall también han demostrado ser ciudades populares entre los oficinistas.

El 43% de los oficinistas están ansiosos de costos de vida más baratos

Una investigación, encargada por la agencia de alquileres en línea Mashroom, ha concluido que los oficinistas buscan estilos de vida más económicos. Esto se debe a que los encuestados están pagando actualmente un promedio de 1.464 libras al mes en alojamiento. Entre las demás prioridades,  se encuentran también un estilo de vida más tranquilo (43%), estar a la orilla del mar (42%) y tener un mejor acceso al aire limpio (41%). Otros dicen que desean lograr un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida privada (35%). También desean poder “desconectarse” al final de la jornada laboral (31%).

El director general de Mashroom, Stepan Dobrovolskiy, ha explicado la situación. “A medida que los oficinistas se abren al trabajo a distancia como la nueva forma de vida, millones de inquilinos están reconsiderando sus condiciones de vida”. “No es sorprendente que tantos anhelen una escapada a la costa o al campo.”

El 40% de los encuestados se irían de Londres si pudieran permitirse una propiedad con espacio exterior

Casi las tres cuartas partes de los oficinistas (72%) pueden actualmente trabajar desde su casa. En particular, el 34% lo hace cinco días a la semana.

En lo que respecta a los desplazamientos, OnePoll ha realizado un el estudio con 500 trabajadores londinenses de 20 a 60 años de edad. Éste ha revelado que los trabajadores encuestados tardan un promedio de 42 minutos para llegar a la oficina. Sin embargo, el 68% de ellos aprovecharía la oportunidad de vivir en el extranjero si su trabajo se lo permitiera.

Para concluir, Dobrovolskiy ha añadido: “Los propietarios podrían estar listos para un auge en los negocios. Esto se debe a que una vivienda más asequible hace que el estilo de vida sea mucho más agradable. Los caseros de Londres tendrán que asegurar la relación calidad-precio para atraer a los inquilinos a quedarse.”

eliberico

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Trump da «su bendición» al acuerdo entre TikTok y Oracle

Este sábado, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dio “su bendición” para que la red social china TikTok pueda asociarse con las compañías estadounidenses Oracle y Walmart con la finalidad de poder operar en territorio norteamericano.ADVERTISINGAds by Teads

«He dado mi bendición al acuerdo, si lo logran sería genial y, si no, también estaría bien, pero es un gran acuerdo para EE.UU.», externó.

«La seguridad sería del 100 %, estarán empleando nubes separadas y una seguridad muy potente y estarán haciendo una contribución de 5.000 millones de dólares en educación».

Cabe destacar que apenas el pasado viernes, el Departamento de Comercio de EE.UU, anunció que bloquearía las descargas de TikTok y de la red de mensajería WeChat (el WhatsApp chino) a partir del domingo 20 de septiembre en los sitios de compra de aplicaciones estadounidenses; aunque no se especificó de que en caso de alcanzar un acuerdo, esto se pueda desbloquear.

«Veremos si ocurre o no, pero conceptualmente pienso que es un gran acuerdo para EE.UU.», agregó Trump, quien busca reelegirse como presidente.

De acuerdo con el Gobierno de los Estados Unidos, TikTok y WeChat «guardan vastas cantidades de datos de los usuarios, incluida la actividad en las redes, su ubicación y su historial de búsquedas y navegación».

elperiodico

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¿Cuál ha sido el punto fuerte del discurso del estado de la UE? ¿Y su mayor ausencia?

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha pronunciado ante el Parlamento Europeo su primer discurso sobre el estado de la Unión (SOTEU, en sus siglas en inglés). Es un momento crítico para el proyecto europeo: sobre la UE se superponen hoy varias crisis, empezando por la gestión sanitaria de la pandemia del Covid-19, que en países como España entra ya en su segunda ola. La cooperación económica entre los Estados miembros, Bruselas y Frankfurt –sede del Banco Central Europeo– a la hora de responder al virus continúa siendo imprescindible. Y el vecindario de la Unión se encuentra más tenso que nunca: desde una Bielorrusia en crisis a la competición militar en el Mediterráneo, pasando por la incógnita en que se ha convertido Estados Unidos ante sus elecciones presidenciales.

Von der Leyen ha vertebrado su intervención en torno a la lucha contra el Covid-19 y la recuperación económica posterior. Una hoja de ruta en la que destacarán la digitalización y su apuesta por políticas verdes. Preguntamos a diversos expertos sobre los puntos fuertes y las lagunas del discurso.

¿Cuál ha sido el punto fuerte del discurso del estado de la UE? ¿Y su mayor ausencia?

NACHO ALARCÓN | Corresponsal de @ElConfidencial en Bruselas. @nacho_alarcon

La presidenta de la Comisión Europea ha continuado con su línea habitual: sólida, sobria y solvente. El mayor acierto es que Von der Leyen ha dejado claras cuáles son sus prioridades para el actual curso. Como viene siendo común en ella, no hay demasiado adorno alrededor de las propuestas. A diferencia de los discursos de Jean-Claude Juncker, llenos de lírica e ideas de fondo, el de Von der Leyen es pura prosa comunitaria.

La mayor ausencia –y está en cierto modo relacionado con su acierto– es que no ha dado detalles de cómo piensa lograr esos objetivos y no ha aprovechado el discurso para relanzar un cierto perfil político a su Comisión. Está bien ser sobrio, pero cuando no cuentas con crédito por la relativa inacción en una serie de asuntos, necesitas dar fuerza a tus propuestas y rodearlas de un envoltorio político.

Algunos de los temas abordados por Von der Leyen no gustarán a muchos socios comunitarios, y si por algo se ha caracterizado esta Comisión es por no buscar el choque con las capitales, por tanto, ¿con qué credibilidad cuentan esas ideas? Era seguramente el momento de salir del perfil autoimpuesto de presidenta al servicio de los Estados miembros y presentar un discurso algo más independiente y duro con ellos.

MIGUEL ÁNGEL BENEDICTO | Periodista y profesor de Relaciones Internacionales Universidad Europea. @benedictosolson

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, intentó en su discurso sobre el Estado de la Unión recuperar la iniciativa política tras la crisis del coronavirus, sobre la que hubo poca autocrítica pese a los problemas de movilidad en las fronteras de la UE y la descoordinación. Von der Leyen intentó abarcar todos los frentes, lo que restó fuerza a sus prioridades de gobierno. Aun así, la presidenta destacó su apuesta por recuperar la economía europea mediante el Next Generation EU, a través del Pacto Verde Europeo y la digitalización, la necesidad de una sanidad europea; la defensa de los derechos humanos (en Hong Kong, Bielorrusia o Xinjiang) y de los valores europeos (Estado de Derecho y lucha contra el racismo y la discriminación), así como un papel mayor de la UE a nivel global. Von der Leyen expuso demasiadas iniciativas, pero ninguna con relumbrón suficiente para copar los titulares de la prensa europea.

Su apuesta por la economía verde y la digitalización es loable, pero quizá faltó que mencionara cómo va a combinarlo con la reindustrialización de la UE o con una posible dependencia de China, que es quien controla el suministro mundial de tierras raras o la producción de baterías eléctricas.

En política exterior, la presidenta de la Comisión defendió el multilateralismo y el liderazgo de la UE en las reformas de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Mundial del Comercio. Hizo una defensa de la UE como potencia normativa que quizá sea difícil casarla con la Europa geopolítica que defienden ella y el alto representante, Josep Borrell. De hecho, una de las grandes ausentes de su discurso fue la Europa de la Defensa, que tanto impulso su antecesor en el cargo, Jean Claude Juncker, y que ayudaría a esa autonomía estratégica que defiende la actual Comisión y que permitiría afrontar mejor las relaciones con China, Rusia o EEUU. Von der Leyen también pasó de puntillas sobre el espinoso asunto del Brexit, pese a la crítica a Reino Unido por violar el Derecho Internacional, y hubo poca autocrítica sobre la gestión migratoria, aunque anunció nueva legislación para la semana que viene.

RUTH FERRERO-TURRIÓN | Profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense. @RFT2

Von der Leyen ha conseguido gracias a su tono mesurado, pero contundente cuando hacía falta, incorporar prácticamente todos los temas previstos. En este sentido no ha habido sorpresas. Cambio climático, Brexit, innovación y tecnología, migración y hasta geopolítica para hacer honor al leivmotiv de su mandato, conseguir una UE geopolítica.  Lo hizo en un lenguaje accesible para la ciudadanía, sin entrar en tecnicismos innecesarios. Todo el discurso estuvo bien enmarcado en el contexto de la pandemia. Y, aunque largo, hora y cuarto, no se hizo tedioso.

Aprovechó su posición para levantar la voz y posicionarse políticamente en asuntos como el racismo, discursos de odio o crisis del estado de derecho manifestando su desacuerdo y su voluntad de pelear contra las derivas autoritarias y xenófobas en el seno de la UE.  Y en el ámbito internacional no fue menos. Advirtió a Rusia, apoyo a la sociedad bielorrusa, calificó a China de rival sistémico y a EEUU de viejo aliado y en todos los casos quiso dejar claro que la UE no piensa abandonar sus responsabilidades como actor global.

Por otro lado, el discurso se ha construido a la defensiva previendo las críticas que pudieran llegar. Además, el intento de abarcar todos los temas, con más o menos profundidad, hizo que el objetivo último no quedara claro. Cuando se quiere contentar a todos, rara vez se consigue. En este sentido no se pudo apreciar ningún análisis en profundidad sobre la dirección a tomar por la UE de aquí en adelante. De hecho, no hubo ni un hueco para la Conferencia sobre el Futuro de Europa, lo que da buena muestra de cómo se intentan parchear problemas estructurales de la propia Unión sin entrar a fondo en qué Europa se quiere construir y de qué manera.

ESTEBAN GONZÁLEZ PONS | Vicepresidente Grupo Popular Europeo. @gonzalezpons

Este ha sido el primer discurso sobre el Estado de la Unión al que se ha tenido que enfrentar Úrsula Von der Leyen, la primera mujer al frente de la Comisión Europea. Y lo ha hecho en unas condiciones muy distintas a la de todos sus predecesores, con un hemiciclo casi vacío por el virus y repleto de mascarillas. Un discurso, además, que coincide en el tiempo con la presidencia de turno del Consejo en manos de Angela Merkel. Es decir, dos alemanas en las dos instituciones más poderosas del engranaje comunitario. Podemos esperar, por tanto, planes sólidos y bien trazados.

Von der Leyen realizó un discurso comedido y sin grandes anuncios, pero fue detallado y detallista, en la mejor costumbre de Comisión. Con constantes apelaciones a la unidad, algo que, por desgracia, viene siendo una tónica desde hace ya demasiados años y que parece más una llamada al orden a las capitales que a los diputados que la escuchábamos.

Obviamente la pandemia y su gestión ocupó una parte central de su intervención. Tuvo un poco de autoreivindicación. La Comisión no estuvo acertada en las primeras semanas de la crisis, pero afortunadamente supo corregir el rumbo, pese a lo limitado de sus competencias. Compartimos con la presidenta la necesidad de reforzar los ámbitos de actuación del ejecutivo comunitario en materia de salud pública.

La política social, con el programa para el desempleo comunitario (SURE), la política medioambiental, con el Pacto Verde Europeo como gran prioridad, y la política industrial, con la digitalización y la inteligencia artificial como grandes objetivos, fueron también aspectos destacados por la presidenta. En el Parlamento Europeo gusta la música, pero hay que esperar a ver la letra, que puede no ser del agrado de las capitales.

En la política internacional, Von der Leyen dedicó un brevísimo espacio al Brexit, lo que seguramente habrá descolocado a Boris Johnson. Claro que nos preocupa lo que pueda pasar de aquí a fin de año. Y claro que nos preocupan las consecuencias de esta política desquiciada y en cierto punto arrogante emprendida por el gobierno británico. Pero en medio de una pandemia global, con una crisis económica en ciernes, con EEUU desapareciendo del mapa mundial, una China al alza y una Rusia cada día más agresiva, con el Estado de Derecho cuestionándose en el este y con el Mediterráneo convirtiéndose en un avispero, el Brexit ha empezado a ser el any other business de las agendas comunitarias.

En términos generales, los diputados hemos recibido con satisfacción el discurso de Von der Leyen. No podemos olvidar que se trata de su primer gran debate tras la investidura y que, además, ha tenido que hacerlo en un estado de emergencia sanitaria y tras una minicrisis de la Comisión que ha afectado a dos de las carteras más importantes, Economía y Comercio Internacional. En Bruselas suele decirse que una Comisión recién nombrada, tarda una media de dos años y medio en arrancar. La presidenta cumple apenas un año en el cargo y con todo su programa de gobierno caído por la borda tras el inicio de la pandemia.

Sin embargo, la Comisión Von der Leyen es la responsable de haber puesto sobre la mesa el mayor plan de recuperación económica de la historia europea desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. El Consejo se llevó el mérito, y los primeros ministros volvieron a sus países sacando pecho. Pero en la burbuja de Bruselas todo el mundo sabe que la ingeniería, los números y los acuerdos que harán posible el próximo Marco Financiero Plurianual y nuevo instrumento Next Generation EU se diseñaron en las cocinas del Berlaymont (sede de la Comisión), bajo supervisión directa de esta alemana metódica, meticulosa y resuelta. Haríamos bien en no subestimarla.

STEFAN LEHNE | Investigador en Carnegie Europe. @StefanLehne

Distinto al modelo estadounidense, seguido por millones de ciudadanos, el Discurso sobre el Estado de la UE (SOTEU, por sus siglas en inglés) no trasciende mucho más allá de la burbuja europea. La presidenta de la Comisión Europea se dirige más a los de dentro que a los ciudadanos europeos. Por tanto, se esfuerza en marcar las casillas correctas para una clientela diversa más que en presentar una vision coherente del futuro de Europa. El deseo de contentar a tantos –a los miembros del Parlamento Europeo, los Estados miembros, los actores económicos y otros agentes de la sociedad civil– explica la extensión del discurso y la ausencia de un foco claro.

No obstante, Von der Leyen se las arregló para convencer sobre la necesidad de una acción inmediata en áreas como el cambio climático, la innovación digital, la salud y la política migratoria. Su mensaje central de que la UE tiene lo que se necesita para llevar a cabo un cambio constructivo es de gran ayuda en un momento de profunda crisis y gran incertidumbre, y más creíble en vista del éxito que supone el Fondo de Recuperación. Como bonus, la presidenta de la comisión utilizó duras palabras para referirse a los déficit democráticos y de derechos humanos en Rusia, China, Turquía y Bielorrusia. De alguna manera paradójica, la parálisis del Consejo en materia de política exterior parece liberar a Von der Leyen y Borrell para expresarse en esos asuntos en términos mucho más claros que sus predecesores.

IGNACIO MOLINA | Investigador principal en el Instituto Elcano. @_ignaciomolina

El discurso sobre el Estado de la UE que, desde hace 10 años, pronuncia en septiembre el presidente (o presidenta) de la Comisión es una misión “imposible”. Con ese adjetivo lo calificaba Martin Selmayr, jefe de gabinete de Jean-Claude Juncker y, por tanto, responsable de haber redactado unos cuantos. Contentar a las 27 capitales y a los variopintos partidos de la coalición parlamentaria que sustenta al ejecutivo europeo es, ciertamente, complicado. No se puede hacer un mensaje de buenos deseos al estilo de los jefes de Estado en Navidad. Tampoco sería admisible por los eurodiputados la exposición tecnocrática de un programa de actuación y, de forma realista, tampoco se puede pretender ejercer el liderazgo que sí tienen figuras como el presidente de Estados Unidos o un primer ministro europeo.

Pese a la dificultad para encontrar el tono adecuado, Ursula von der Leyen ha sido capaz de salir airosa. Fue más allá de las buenas palabras, tuvo altura política y no prometió lo que no puede dar. En su largo discurso se apreciaron, además, aciertos de fondo destacables. En primer lugar, la empatía hacia el sufrimiento de la ciudadanía europea en tiempos de pandemia, también la determinación a que el desastre sanitario y económico no arruine la determinación de diseñar un futuro propio (sin renunciar a las dos grandes apuestas de su investidura por las agendas verde y digital, que concentrarán el 60% del plan de recuperación) y, por último, la idea de una UE que quiere tener un papel global. Ya no se usa el término –tal vez poco atractivo– de una Comisión “geopolítica”, pero la presidenta fue clara y hasta valiente al hablar de China, Rusia, Turquía e, incluso, de EEUU. Entre los aspectos criticables, el muy poco desarrollo a la cuestión del respeto al Estado de Derecho y la ausencia de referencias a la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Pero, ya saben, es que se trata de un discurso “imposible”.

CAMINO MORTERA | Investigadora en el Centre for European Reform (CER). @CaminoMortera

Con un discurso bastante largo, creo que Von der Leyen se dirigió especialmente a los tres partidos que la sostienen en el Parlamento Europeo, con el objetivo de seguir manteniendo el apoyo del grupo socialista y del grupo liberal. Su defensa pasional de los derechos LGTBIQ y el de otras minorías casa poco con la ideología de su grupo parlamentario y con la suya propia.

Me pareció una exposición poco acorde con la manifestada ambición de la Comisión de apostar por la geopolítica. Entiendo que con la situación general es muy difícil tener aspiraciones más allá de controlar el desastre económico y social que supone la pandemia, pero cuando hablamos de geopolítica se trata de ejercer un poder más fuerte en el mundo con respecto a potencias como Rusia o China y también en tener ideas y propuestas que hagan de Europa un jugador realmente fuerte en el mundo y esto faltó.

Como es normal, la mayor parte del discurso giró en torno a lo que Von der Leyen considera su mayor éxito hasta el momento: el Fondo de Recuperación, y en cómo la Comisión debe tener el control para evitar que los países lo usen para lo que quieran.

La única novedad que anunció la presidenta fue su propuesta de reducir el 55% de las emisiones de gases contaminantes de la UE en 2030, e insistir en que los Estados miembros tienen que usar el Fondo de Recuperación para la lucha contra el cambio climático.

Por el contrario, aún estamos pendientes de conocer sus propuestas relativas a inmigración. Aunque en los próximos días conoceremos el Pacto Migratorio, sus manifestaciones estuvieron llenas de vaguedades. Sí hay que destacar que al referirse a papel Espacio Schengen durante la crisis sanitaria lo hiciera atendiendo al impacto que ha tenido en el movimiento de personas y no tanto en el aspecto comercial.

VASSILIS NTOUSAS | Investigador en Stavros Niarchos Foundation Academy Fellow en el programa de Europa de Chatham House. @VNtousas

Con más de 8.000 palabras, el primer discurso del Estado de la UE de la presidenta Von der Leyen fue grande en retórica. Siguiendo el dicho de “nunca desperdiciar una crisis”, aprovechó la ocasión para impulsar una cooperación e integración más profundas en medio de las circunstancias extraordinarias creadas por la pandemia del Covid-19 y su profundo impacto económico.

Los puntos más positivos de su mensaje fueron la confirmación de elevar el objetivo climático de la UE para 2030 al 55% de reducción de emisiones, y destinar el 20% del Fondo de Recuperación para fortalecer la soberanía digital, respaldando así el compromiso de la Comisión de hacer de la transición verde y la digital los principios fundamentales de su trabajo.

El discurso supuso también una férrea defensa del modelo democrático de la Unión, con palabras igualmente contundentes sobre la necesidad de una voz más asertiva con respecto a China, Rusia y Turquía. La petición de la mayoría cualificada en lugar de la regla de la unanimidad en cuestiones de política exterior, especialmente en lo que respecta a las violaciones de derechos humanos y la implementación de sanciones recibió un largo aplauso. Lo mismo sucedió con el plan para una UE Sanitaria más fuerte.

Sin embargo, en muchos aspectos, varias de las propuestas fueron anunciadas con escaso detalle, incluso para un discurso de esta naturaleza. Por ejemplo, no está claro de qué modo el nuevo Pacto de Migración de la UE que se presentará la próxima semana podrá funcionar cuando intentos similares hayan fracasado en el pasado debido a la resistencia de los Estados miembros. Asimismo, Von der Leyen aseguró que la condicionalidad del Estado de Derecho a la hora de asignar los fondos “no es negociable”, pero ¿cómo esto se traduciría en acciones? Tampoco se mencionaron las palabras “geopolítica”, “defensa” o “autonomía europea”. ¿Se trata de una omisión deliberada que se plasmará en acciones futuras en estos ámbitos?

Para que se haga realidad el llamamiento de Von der Leyen de lograr que la UE “pase de la fragilidad a la vitalidad”, la Comisión no solo tendrá que proporcionar respuestas creíbles a muchas de esas cuestiones, sino que deberá maniobrar con éxito la espinosa política que hay detrás de ellas.

LLUÍS PELLICER | Corresponsal de El País en Bruselas. @lluispellicer

Ursula von der Leyen pronunció un discurso sobrio, extenso y, en líneas generales, correcto. La presidenta de la Comisión Europea reivindicó más competencias para afrontar la emergencia sanitaria e instó a los Veintisiete a mantener la unidad que significó el acuerdo del Consejo Europeo de julio para abordar el debate migratorio en ciernes. Von der Leyen ha sabido, además, hacer de la necesidad virtud y aprovechar esa inyección de 750.000 millones de euros a corto plazo para impulsar dos de los ejes vertebradores de su agenda: el Pacto Verde Europeo y la digitalización, como catalizadores de una nueva revolución industrial en Europa. Aunque sin citarlo expresamente, Von der Leyen defendió las libertades civiles al rechazar sin ambages la política ultraconservadora del gobierno polaco al calificar de inadmisibles las llamadas “zonas libres de LGTBQI”.

A pesar de ser exhaustiva en cuanto a la cantidad de asuntos abordados, Von der Leyen no se adentró en dos de los debates más complejos que la UE deberá abordar en los próximos meses. Dejó para el final el acuciante debate migratorio, sin entrar a fondo en él a pesar de la actual crisis en Moria, escudándose en la próxima aprobación del paquete migratorio. La presidenta tampoco quiso profundizar en una de las cuestiones que marcarán las discusiones de los ministros de Finanzas el año que viene: el momento en el que los países deberán regresar a la senda de la estabilidad fiscal y, sobre todo, el alcance de la reforma de las reglas fiscales.

ERNEST URTASUN | Vicepresidente de Los Verdes en el Parlamento Europeo y miembro de En Comú Podem. @ernesturtasun

El mayor acierto del discurso de Von Der Layen fue volver a poner la lucha contra el cambio climático en el centro de la política de la Comisión Europea, proponiendo un objetivo de reducción de emisiones para 2030 del 55%, algo que Los Verdes en el Parlamento llevamos reclamando desde hace meses. Ahora lo más difícil es hacer compatible este objetivo con los reglamentos legislativos del Fondo de Recuperación, que deberán condicionar las inversiones en un sentido verde, impidiendo por ejemplo que el dinero se invierta en energías fósiles. Si el Fondo de Recuperación no está alineado con el Green Deal, difícilmente se logrará el objetivo del 55%.

El mayor error del discurso de Von Der Layen fue dejar la cuestión migratoria para el final, algo que fue muy mal recibido por una parte importante de la Eurocámara que sigue con mucha preocupación los sucesos en Moria. Además, aportó poco a nivel de contenido más allá de reclamar a los Estados Miembros mayor implicación. En el turno de réplica, dio el Reglamento de Dublín por enterrado pero no apuntó demasiadas claves en relación al Pacto Migratorio que piensa presentar a finales de este mismo mes de septiembre. Nos preocupa particularmente que la propuesta legislativa que vaya a sustituir el actual Reglamento de Dublín pueda significar una especie de “solidaridad a la carta”, sin cuotas de acogida obligatorias. Su discurso dejó pocas pistas sobre lo que van a presentar.

ADRIÁN VÁZQUEZ | Eurodiputado por Ciudadanos. Presidente del Comité de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo. @AdrianVL1982

Considero que Von der Leyen hizo un buen discurso. Extenso, accesible y, además, en tres idiomas. Seguramente su mayor acierto fuera empezar a poner ladrillos en la construcción de la economía europea del futuro. No solamente enarboló el discurso de la transformación digital, que llevamos tiempo debatiendo en Bruselas, sino que se anunciaron medidas importantes que avanzan y concretan esa senda, como la apuesta por la infraestructura de datos europea o la legislación para el acceso europeo seguro a la red que profundice la digitalización de nuestras sociedades.

Me parece que esto no solo responde a lo que nos exige el futuro, sino que también apela a un presente lleno de profundos retos que nos ha empujado a la digitalización a marchas forzadas y que nos obliga a afrontar las nuevas limitaciones de movilidad, la generalización del teletrabajo y el incremento de la conectividad como un catalizador para dar un salto hacia las oportunidades que vienen.

En cuanto a las ausencias, tal vez eché de menos un discurso más específico sobre los jóvenes europeos. Sin duda, hay una generación, quién sabe si la llamaremos “generación Covid”, que vuelve a darse de bruces contra una nueva crisis económica cuando apenas estaba saliendo de la anterior. Una generación que no ha gozado de la estabilidad laboral, económica y personal de otras generaciones y que sigue siendo la principal afectada, sobre todo en países como España, por problemas crónicos como el desempleo o la precariedad. Creo que Europa debe atender sus problemas de forma prioritaria y creo que para eso debería empezar por tener un discurso para ellos: mucho más claro y mucho más directo.

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La corrupción pandémica se viraliza

La pandemia ha demostrado que ni la mayor amenaza a la salud pública global en un siglo es capaz de frenar la corrupción en los países donde más arraigadas están sus tramas y el crimen organizado. Según la Unodc, la agencia de Naciones Unidas contra las drogas y el delito, este mueve cada año entre 3,6 y 4,8 billones de dólares, un 7% del PIB mundial. Solo el narcotráfico representa un negocio de entre 246.000 y 652.000 millones de dólares anuales.

En algunas regiones, el fenómeno es endémico. En 2019, en 40 de los 54 países africanos diversas redes delictivas –para las que la pandemia es otra oportunidad de negocio más– habían infiltrado instituciones estatales y civiles de todo tipo, según el Organised Crime Index de Enact. Hoy, desde Colombia a Suráfrica, altos funcionarios han sido acusados de desfalcar fondos públicos dirigidos a luchar contra el coronavirus. Han proliferado la venta de equipos sanitarios defectuosos, medicinas adulteradas, ventas online fraudulentas y licitaciones públicas amañadas.

América Latina, con tasas de contagios aún al alza en varios países, muchos meses después de los primeros confinamientos, es un caso paradigmático del modo en que la corrupción agrava la crisisUruguay y Costa Rica, los países en los que el virus ha hecho menos daño, cuentan con gobiernos e instituciones civiles fuertes, sectores económicos en su mayor parte formales, fuerzas de seguridad respetadas y sistemas de salud universales y accesibles.

En ambos, los altos niveles de confianza pública crean lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu llama el “capital social”: los vínculos de empatía y reciprocidad que permiten a una sociedad priorizar el interés general. El problema es que uruguayos y costarricenses son una ínfima minoría al lado de gigantes como México y Brasil. Según el último barómetro de Transparencia Internacional, el 85% de los latinoamericanos considera que la corrupción es el mayor problema de sus países.

‘Derecho de ojo’

No se trata únicamente del saqueo del patrimonio del Estado. Las corruptelas abarcan el ofrecimiento y aceptación de sobornos; la malversación y mala asignación de fondos públicos; escándalos financieros y políticos; fraudes electorales; tráfico de influencias, y financiamiento ilegal de partidos.

En Controlling Corruption (1988) y Tropical Gangsters (1990), Robert Klitgaard definió el fenómeno con una ecuación: corrupción = monopolios + discrecionalidad – rendición de cuentas (accountability). La pandemia ha sido una bendición para políticos habituados a rentabilizar su “derecho de ojo”: su potestad para elegir –o no– qué equipos y suministros médicos pueden atravesar las aduanas sin pagar mordidas, que nada se pierda en el camino y que al final todo llegue a los hospitales y pacientes correctos.

Heather Marquette, profesora de la Universidad de Birmingham que investiga las relaciones incestuosas entre corrupción, crimen organizado y políticas públicas, sostiene que sin controles más estrictos, los epicentros de la pandemia se van a seguir concentrando en países en desarrollo, que son los que más necesitan que los recursos lleguen a los más vulnerables.

La solución atañe a todos. Mientras se mantengan activos focos de contagio en cualquier lugar del mundo, nadie estará del todo seguro. En 2013, el Banco Mundial calculó que gastando unos 3.400 millones de dólares al año, los países en desarrollo podían poner en funcionamiento un sistema de prevención de epidemias, lo que habría impedido un brote global como el actual.https://www.transparency.org/embed/map/2019

La punta del iceberg

En Foreign Affairs, Ronald Inglehart observa que, paradójicamente, los países menos corruptos tiene sociedades civiles muy secularizadas, como los nórdicos, mientras que los muy religiosos –Guatemala, México, Irak, Brasil, Tanzania, Pakistán…– suelen estar siempre en los puestos más bajos de las listas de Transparencia Internacional.

Inglehart señala que en casi todos ellos, sus niveles de inseguridad –económica y física– son directamente proporcionales a la intensidad y frecuencia de sus prácticas religiosas públicas, que suelen canalizar sus frustraciones y alimentar un cierto fatalismo con respecto a la corrupción, que parece parte del paisaje mismo y no solo un mero decorado.

Uganda ha retirado a su embajador en Dinamarca después de que se revelara que en Zoom había comentado con eventuales cómplices los modos de embolsarse ayudas europeas para combatir la pandemia. En Somalia, cuatro altos funcionarios del ministerio de Salud han recibido penas de cárcel por apropiarse de fondos de emergencia. En Suráfrica, todo el sistema de licitaciones para adquirir equipos médicos está bajo sospecha. Y en Nigeria, la ONG CivicHive ha utilizado datos oficiales para demostrar que el ministerio de Salud gastó 96.000 dólares en comprar un millar de mascarillas, 58 dólares por cada una. Y es solo la punta de iceberg.

En Brasil, donde el virus ha llegado al 98% de las ciudades, infectado a más de cuatro millones de personas y se ha cobrado 130.000 vidas, Wilson Witzel, gobernador del Estado de Río de Janeiro y exaliado del presidente, Jair Bolsonaro, ha sido suspendido por cargos de apropiación ilícita de fondos para luchar contra la pandemia. Cuando ganó las elecciones en octubre de 2018 con el 60% de los votos, Witzel reafirmó su “inquebrantable” compromiso con los supuestos ideales anticorrupción bolsonaristas. Pero durante su mandato se hizo famoso por su afición a sobrevolar en helicópteros las favelas cariocas, convertidas en zonas de guerra de facto por sus políticas de mano dura contra el crimen.

En mayo, la operación Placebo detectó en su gestión de la crisis desvíos de dinero provenientes de contratos sin licitación para el suministro de equipos sanitarios y la sobrefacturación en la compra de respiradores y hospitales de campaña. En la misma operación fue detenido también Everaldo Pereira, el pastor evangélico que bautizó en la aguas del río Jordán a Bolsonaro. La policía judicial ha encontrado un millón de dólares en efectivo en la casa del exsecretario de Salud del Estado de Río, que si fuera un país, tendría la segunda mayor tasa de mortandad del mundo por el Covid-19.

La desigualdad merece un lugar destacado entre las variables de la ecuación de Klitgaard. En las favelas cariocas, la tasa de contagios triplica la de las zonas residenciales, cuyos vecinos tienen una expectativa de vida que supera en 10 años la de los favelados. Entre los que ocupan hoy las unidades de cuidados intensivos, los pacientes sin estudios formales tienen tres veces más posibilidades de morir que los que tienen títulos universitarios.

En varios hospitales públicos de Río, muchos contagiados han tenido hipoglicemia (niveles bajos de glucosa sangre) por falta de alimentación adecuada. Según la Asociación Brasileña de Cuidados Intensivos, la tasa de mortalidad en las UCI de hospitales públicos es del 50%, frente al 29% de las clínicas privadas. Debido a la desorganización y los laberintos burocráticos, el ministerio de Salud solo ha gastado el 30% de los fondos que tenía asignados para luchar contra la pandemia.

En muchos países, las tramas corruptas se extienden entre la administración pública, el Congreso y la judicatura. En Bolivia, el ministro de Salud fue destituido por su compra irregular de respiradores en España. En México, donde han muerto unas 70.000 personas por la pandemia, las protestas del personal sanitario han sido constantes por la inseguridad en la que trabajan médicos y enfermeras por falta de equipos de protección. La población mexicana duplica a la italiana, pero solo tiene la mitad de sus camas de hospital.

La razón es simple. Según la OCDE, su presión fiscal (16,1%) es la más baja de sus 36 países miembros y menos de la mitad de la media del grupo (34,3%), lo que explica que apenas invierta un 2,3% del PIB en salud. Uno de cada tres mexicanos admite que paga sobornos todos los años para poder acceder a servicios públicos básicos. El 9% del PIB se pierde cada año en los laberintos de la corrupción.

Cortafuegos

Transparencia Internacional y el Hudson Institute han diseñado diversos cortafuegos contra la epidemia cleptocrática. En América Latina y el Caribe, 22 países tienen instituciones similares a la mexicana Auditoría Superior de la Federación o al brasileño Tribunal de Contas da União, los organismos federales que auditan las cuentas estatales. Todas ellas suelen detectar errores contables, involuntarios o no, y discrepancias irregulares en los gastos corrientes de entidades públicas. El problema es que solo pueden investigar documentos oficiales, cuando sus inspectores necesitan interrogar a sospechosos, cultivar fuentes, interceptar comunicaciones con autorización judicial, realizar operaciones encubiertas y ordenar la entrega de información comprometedora.

En Foreign Policy, Daniel Alonso y Benjamin Gedan recuerdan que en los años setenta, tras el escándalo Watergate, Estados Unidos introdujo la figura del inspector general. Actualmente, unos 70 de ellos dirigen sus propios equipos de investigación. En casos de fraude y corrupción, se unen a fiscales federales y estatales para presentar cargos criminales. En 2017, la oficina del inspector general, cuyo presupuesto ronda los 2.500 millones de dólares, devolvió unos 22.000 millones de dólares a las arcas federales.

La Procuraduría General de la Nación de Colombia, que se concentra en supervisar la administración del Estado y su gestión de fondos públicos, es lo más cerca que existe a una inspectoría general. Colombia y Costa Rica tienen una ventaja: acaban de ingresar en la OCDE, que exige estrictas medidas de transparencia. El año pasado, por ejemplo, el Congreso mexicano votó a favor de recortar la inmunidad judicial de los expresidentes, lo que podría conducir al procesamiento de Enrique Peña Nieto por la financiación de su campaña electoral con fondos de la caja B de la constructora brasileña Odebrecht.

Las nuevas reglas mexicanas, asesoradas por la OCDE, consideran los casos de fraude tributario como indicios de crimen organizado, lo que permite a las autoridades congelar preventivamente fondos y cuentas bancarias.

Pero el camino está sembrado de minas. En 2019, Guatemala desmanteló la Cicig, el organismo anticorrupción financiado por la ONU, después de que comenzara a investigar al expresidente Jimmy Morales por la financiación de su campaña electoral. El presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, hizo lo mismo con un organismo similar respaldado por la Organización de Estados Americanos. En Argentina, solo dos días después de que la vicepresidenta, Cristina Fernández, jurara su cargo, los tribunales paralizaron dos procesos contra ella por acusaciones de corrupción.

Paraísos fiscales

Un problema adicional es la facilidad con la que el dinero sucio puede ocultarse y desaparecer en centros financieros off-shore –Suiza, Hong Kong, islas Caimán, Bahamas, Luxemburgo, Singapur, Panamá…– que, según escribe David Carden en Foreign Policy, acumulan unos 36 billones de dólares en efectivo, oro y títulos bursátiles, lo que no incluye propiedades inmobiliarias, obras de arte y joyas. En comparación, la recaudación tributaria federal en EEUU es de poco más de tres billones de dólares anuales.

Según el CIA World Factbook, a escala global hay unos 80 trillones de dólares en broad money (es decir, en efectivo o activos muy líquidos) que casi no pagan impuestos. En EEUU, esa cifra ronda los 18 billones de dólares, un 70% de ellos en manos del 10% más rico. Si esa riqueza se gravara con una tasa del 2%, se podrían recaudar, según Carden, unos 1,6 billones de dólares anuales. La ONU estima que acabar con el hambre mundial costaría unos 7.000 millones de dólares anuales.

En el índice de secretismo de la Tax Justice Network, EEUU solo está por detrás de las islas Caimán debido, entre otras cosas, a la opacidad de las leyes financieras de Delaware y Dakota del Sur.

En los años sesenta, para evitar que los franceses siguiesen ocultando su dinero del fisco en Mónaco, el entonces presidente del país, Charles de Gaulle, ordenó cerrar la carretera que une el Principado con Francia hasta que sus autoridades no publicaran los nombres de los contribuyentes galos con depósitos en bancos monagescos. Una medida equivalente, sugiere Carden, sería prohibir todo tipo de contacto –aéreo, naval y terrestre– entre el archipiélago de paraísos fiscales y el resto el mundo y sanciones comerciales contra todas sus islas hasta que la luz no brille sobre sus zonas de penumbra y oscuridad absoluta.

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Trump y Biden compiten para despertar al gigante dormido de las minorías étnicas

Dominar el intrincado tapete de las dinámicas de voto de las minorías étnicas del mapa electoral constituye ya la piedra angular imprescindible para ganar cualquier elección presidencial en Estados Unidos. Así lo creen los analistas, aunque advierten que también conforman un gigante dormido reacio a acercarse a las urnas. Donald Trump y Jose Biden tratan de despertarlo a su favor cuando escasamente queda poco más de un mes para las presidenciales de noviembre.

Habitualmente los votantes de las minorías castigan en las urnas a candidatos demócratas, su preferencia natural, al considerar que les han desatendido. En 2016 un porcentaje de este segmento y de los jóvenes progresistas se abstuvo o no votó por Hillary Clinton, que fue doblemente sancionada: por la ley penal federal que firmó su marido como presidente y por el boicot del Partido Demócrata a Bernie Sanders durante las primarias.

En la cita de 2020 los hispanos se convierten en el grupo étnico minoritario más grande, con poco más del 13% de los votantes, un porcentaje algo mayor que el de los afroamericanos, que desde 2000 se ha mantenido constante con aproximadamente el 12%. Unos 32 millones de latinos tienen derecho al voto, en comparación con 30 millones de la población negra. Y los asiáticos alcanzan unos 11 millones, lo que representa el 5%.

El importante crecimiento de las minorías refleja que un tercio del censo no será blanco en esta cita. Tras un año que ha sido de todo menos normal, ambas campañas se han activado a última hora para conseguir el porcentaje de voto de este fragmento social, que podría hacer la lucha entre Donald Trump y Joe Biden extremadamente reñida.

El candidato demócrata cuenta con un sólido 90% del respaldo afroamericano, por encima del 72% que amparó a Hillary Clinton en 2016 y frente a sólo un 6% que apoya a Trump. Entre los hispanos, sin embargo, Biden cuenta con menor predilección, inferior aún que su antecesora en 2016, que se impuso en este electorado por 38 puntos. Además, el exvicepresidente de Barack Obama esconde en su armario el cadáver de las deportaciones de inmigrantes durante su mandato.

Un verano convulso

A pesar de la reconocida importancia de empezar cuanto antes el tradicional cortejo de las minorías, las campañas presidenciales parecen haberse dormido tras un convulso verano por las protestas contra la violencia policial, que han introducido nuevas sensibilidades en la ya saturada mesa de juego electoral.

La campaña demócrata, en su mayor parte confinada por la pandemia desde las primarias, ha reconocido haberse quedado atrás en el esfuerzo de atraer a los hispanos, muchos de los cuales permanecen aún electoralmente inactivos. Esta comunidad ha achacado a Biden haberla desatendido y de centrarse casi por completo en los blancos de los suburbios y en los afroamericanos. Sin embargo, hace unas semanas sonó la alarma, porque se convenció de que sus esfuerzos hasta entonces habían sido mediocres, algo que podría tener consecuencias devastadoras en noviembre. A los demócratas les queda poco más que un mes para corregir sus errores.

En busca del tiempo perdido, Biden ha reaccionado enérgicamente y en las últimas semanas ha incrementado la movilización entre los latinos, particularmente en el fundamental estado de Florida, donde el demócrata realizó su primera visita como candidato esta semana coincidiendo con el inicio del Mes Nacional de la Herencia Hispana. En un discurso enfocado en los hispanos, el martes por la noche expuso su compromiso con la reforma de inmigración y un nuevo plan para apoyar la economía de Puerto Rico.

El equipo demócrata ha construido un agresivo programa de alcance hispano, que atiende a la complejidad de esta minoría, con directores de voto latino en once estados y esfuerzos microfocalizados en varias comunidades. La publicidad incluye oradores especialmente seleccionados, con acentos mexicanos en Arizona, cubanos en Miami y puertorriqueños en Orlando y Tampa.

La ansiedad por arrebatar a Trump el estado que le otorgaría la victoria automáticamente, se extiende también a Arizona, que el partido espera retorne al azul por primera vez en veinticuatro años. También en Nevada, Carolina del Norte, Pensilvania y Georgia los latinos son un voto valioso.

Al electorado afroamericano, por su parte, tampoco le ha impresionado la elección de la senadora Kamala Harris para el ticket de Biden, una fiscal general de California propicia a la línea dura penal con ciertos posicionamientos controvertidos, que ni siquiera fue capaz de activar a su electorado natural durante las primarias. Gran parte de la comunidad negra aún sigue decepcionada con Obama por sus políticas económicas y raciales.

Por ello ven a políticos a los senadores Kamala Harris y Cory Booker como nuevas versiones del mismo elitismo del stablishment demócrata.

Se espera, sin embargo, que la primera mujer afroamericana candadata a la vicepresidencia movilice al codiciado segmento de voto de la población femenina de color, fundamental en esta cita con las urnas.

Cuba

Trump, que necesita al electorado hispano tanto o más que Biden, trata de atraerse su voto a pesar de las políticas antimigratorias, el muro con México y la constante degradación de los inmigrantes. Al tiempo intenta conservar el cierto respaldo que mantiene en el complejo electorado latino.

El segmento más tradicional conservador ha respondido bien a las posiciones favorables de los republicanos hacia los grupos religiosos y el sólido bloque de los cubanoamericanos de Florida al protagonizar una línea dura contra Cuba a pesar de que Fidel Castro no forme ya parte de la ecuación.

En términos de género, el presidente es popular entre los hombres latinos más que entre las mujeres, otro importante subgrupo electoral insuficientemente trabajado por ambas campañas.

Aunque las encuestas recientes muestran ciertas incursiones de Trump en el mundo hispano, se espera que el voto de este etnia vaya en mayor medida a Biden. La cuestión es por cuánto margen, un índice que podría determinar estos comicios. Como ha señalado Stephanie Valencia, cofundadora de firma de encuestas e investigación de enfoque hispano demócrata Equis Research, «todos los caminos a los 270 delegados del colegio electoral pasan por los latinos».

Pero al final una cosa es atraer a los votantes y otra movilizarles para que acudan a las urnas. Las campañas para desacreditar el sufragio por correo, los esfuerzos en muchos estados para inhibir el voto de minorías o la incertidumbre de cómo la pandemia afectará al proceso, son sólo parte de las innumerables variables en juego. Pero por ahora, todas las campañas ponen la fe en los latinos.

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