Reducir la jornada laboral: Repartir los trabajos para vivir mejor


Una de las mejores cosas que ha traído a España el ciclo político nacido en las plazas hace ya casi nueve años es que reivindicaciones clave pero hasta entonces muy marginales saltaron, aún modestamente, a la agenda pública. Se rompieron tabúes importantes para el avance de programas de mejora social; entre ellos, el de la reducción de la jornada laboral.

Es un avance sustantivo que dentro de la izquierda haya consenso en incluir la reducción de jornada entre las reivindicaciones y programas. Entre otras cosas, es una medida fundamental e insustituible para afrontar uno de nuestros mayores retos: reorganizar el sistema de cuidados. La forma en la que actualmente distribuimos la ingente cantidad de cuidados que precisamos está en la base de gran parte de nuestros problemas individuales y colectivos. El concepto de régimen de bienestar nos sirve precisamente para analizar cómo cada sociedad reparte estos trabajos entre el Estado (servicios públicos, fundamentalmente), el mercado (para quien pueda pagarlo) y las familias.

Los manuales dicen familias, pero la economía feminista desvela el cinismo del eufemismo: en realidad, son muy mayoritariamente las mujeres quienes, de forma invisible, no remunerada y sin derechos asociados se responsabilizan de estos trabajos en los hogares. Esto sigue siendo así también en países como España: según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística, las mujeres dedican a tareas domésticas y familiares más del doble del tiempo que los hombres.

Este reparto tan desequilibrado del trabajo de cuidados es la contrapartida de la también descompensada participación laboral de las mujeres. Nuestro mercado laboral es dual, con un comportamiento claramente diferenciado por género, y el principio rector que permite explicar esta dualidad es precisamente la asimétrica responsabilidad de cuidado que asumimos hombres y mujeres. Tiempo parcial (con ingresos y derechos recortados), excedencias, renuncia a promociones, abandono definitivo del mercado laboral son las fórmulas que el sistema actual deja a las mujeres para que concilien el empleo con sus responsabilidades familiares. La brecha salarial en España ronda el 20%, pero todavía es más elocuente la brecha de pensiones (que recoge el efecto no sólo de menores salarios, sino también las lagunas de cotización o tiempo parcial), que roza el 40%. Cómo repartimos el trabajo de los cuidados es la razón fundamental para la inserción subalterna de las mujeres en el mercado laboral, y ésta es la principal causa de la desigualdad económica entre hombres y mujeres. Dicha desigualdad económica, como sabemos, está en la raíz de otros muchos males.

Reducir la jornada laboral, permitiendo jornadas a tiempo completo más cortas, es necesario para avanzar hacia un modelo en el que nadie tenga que renunciar a ingresos y derechos básicos para cuidar, ni nadie tenga que desentenderse de sus responsabilidades de cuidados para lograrlos. Un reparto equitativo del trabajo en el interior de los hogares sólo es posible rompiendo la dualidad de hombre sustentador, que provee de ingresos, y mujer cuidadora, que se responsabiliza de la mayor parte del cuidado a costa de sus propios derechos e ingresos. Jornadas laborales diarias más cortas no son suficientes por sí solas2, pero sí son necesarias para avanzar en esta dirección.

Una dirección, la de la corresponsabilidad, que no sólo beneficia a las mujeres con familiares a su cargo, sino a toda la sociedad: al conjunto de mujeres, porque todas sufren discriminación laboral basada en la norma social según la cual somos las responsables del cuidado (¿piensa usted quedarse embarazada próximamente?); a los hombres, que no tienen condiciones materiales para hacerse cargo de sus responsabilidades de cuidados; y a las criaturas, que merecen no sólo recibir cuidados de calidad, sino también pasar tiempo suficiente con sus familiares.

El asunto de repartir mejor los cuidados es imperioso si bien, en realidad, jornadas laborales más cortas que permitan racionalizar los horarios y los tiempos son necesarias en general para mejorar la calidad de vida. El descanso, el ocio, la salud física y emocional son incompatibles con la mayor parte de las jornadas a tiempo completo actuales. Pero también con llevar en solitario las tareas de cuidados de un hogar, dedicarse profesionalmente al empleo doméstico en las malas condiciones actualmente vigentes, o estar en (angustiosa) situación de desempleo.

En definitiva, reducir la jornada laboral a tiempo completo, consiguiendo así repartir el empleo y el trabajo de cuidados de forma equitativa presenta ventajas evidentes. Pero es también importante reflexionar sobre la fórmula concreta para que la medida efectivamente sirva a los objetivos sociales perseguidos. En este sentido, hay dos cuestiones que conviene tener muy en cuenta.

En primer lugar, es imperativo que la reducción de jornada se lleve a cabo sin reducción salarial. Precisamente, la dinámica distributiva de las últimas décadas se ha caracterizado por un avance claro de las rentas del capital frente a las del trabajo, que paulatinamente han ido perdiendo peso relativo (según datos de Ameco, 20 puntos porcentuales de PIB entre 1978 y 2019). Esta dinámica regresiva se ha producido no sólo desde que estalló la última crisis, sino también en el período expansivo previo. Las consecuencias son terribles en términos sociales y, además, lastran una dinámica económica con debilidad crónica de demanda. La reducción de jornada laboral y la consiguiente generación de empleo debieran ser mecanismos al servicio de revertir la tendencia decreciente de las rentas del trabajo. Reducir jornadas manteniendo salarios, sí. En parte porque presumiblemente la reducción de jornada permitirá aumentos de la productividad pero también, y sobre todo, porque es necesario redistribuir rentas a favor del trabajo y corregir la tendencia en curso.

En segundo lugar, resulta también imprescindible que el recorte de jornada redunde en jornadas diarias más cortas. Según se ha explicado, es la única forma de que la reducción revierta en una organización del tiempo más equilibrada, que permita mejoras reales en la calidad de vida y una reorganización equitativa de los cuidados. Un equilibrio de los trabajos y los tiempos sólo es posible con cambios que los afecten de forma estructural. Y la vida sucede todos los días, no sólo los fines de semana.

Últimamente, se ha planteado la idoneidad de formular la reducción de jornada en términos de reducir un día laboral a la semana. El principal argumento es que esta fórmula redundaría en menores desplazamientos, con la consiguiente mejora medioambiental. Enfocar así la reducción de jornada es una mala idea y el argumento insuficiente. Por una parte, avanzar en sostenibilidad ecológica, al igual que en equidad de género, implica cambios que, aunque puedan aplicarse gradualmente, sean estructurales: que trasformen el modelo energético, de movilidad, de producción y de consumo, entre otros. Reducir un día de desplazamiento lograría ciertos beneficios, pero no es un avance en la redefinición ecológica del modelo porque no cambia su estructura. Además, los efectos medioambientales logrados, en todo caso, pueden conseguirse por otras vías, como el teletrabajo en las ramas de actividad en las que es posible.

A cambio de un avance tan poco sustancial, reducir un día la semana laborable bloquearía el cambio estructural que necesitamos para avanzar en igualdad y calidad de vida. En economía usamos el concepto de dependencia del camino (path dependency) para explicar cómo las decisiones y pasos dados en el pasado restringen las opciones futuras. Y este es un caso de libro: reducir un día la semana laboral es muy mala idea porque, de lograrse, sería ya muy difícil (¿imposible?) lograr la necesaria reducción de jornada diaria. La mejora que conseguiríamos en términos medioambientales sería parcial y podría haberse conseguido por otra vía. Es un caso ejemplar de cómo dar un paso en la dirección equivocada puede alejarnos muchos pasos del punto de destino.

La reducción de la jornada es una pieza imprescindible y estratégica dentro del puzle global de cambios que han de aplicarse para cambiar el modelo económico, y hacerlo transitar hacia otro más sostenible y equitativo. Pero es importante concebir esta reivindicación desde una perspectiva amplia, que defina claramente cuáles son las prioridades de los cambios que perseguimos, que dibuje con nitidez la dirección en la que hay que avanzar, identifique el papel de las políticas públicas en dicho avance y garantice la necesaria coherencia entre los distintos ámbitos de intervención. Ninguna medida, ésta tampoco, puede pensarse aisladamente, sino como parte de una estrategia clara y global. La sostenibilidad ecológica y social son las brújulas imprescindibles; el mapa hay que dibujarlo con mirada larga y precisión.

Economía Crítica y Crítica de la Economía
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Carlos Bardem: “Hoy en día no hay mayor lucha política que el ecologismo”

En una sociedad en que “nos han vendido que ya no existía la lucha de clases”, el ecologismo surge como la solución política a las sucesivas crisis y grandes recesiones “que sólo sirven para enriquecer a unos pocos y empobrecer a las grandes mayorías” y que “tienen mucho que ver con la emergencia climática”. Así opina el actor, guionista y escritor Carlos Bardem, quien en una entrevista con La Marea ha asegurado que “hoy en día, no hay mayor lucha política que el ecologismo”, pues es “la crítica más profunda y más razonada al sistema capitalista”.

Carlos Bardem, reconocido por películas como Celda 211 o Alacrán enamorado, ha acudido este fin de semana al Another Way Film Festival de Madrid —el festival de cine de progreso sostenible— para asistir a la proyección de Santuario, un documental que ha producido Greenpeace y que narra el viaje de los hermanos Carlos y Javier Bardem a bordo del barco de la ONG ecologista durante su campaña para crear un espacio marino protegido en la Antártida.

El filme, dirigido por el cineasta Álvaro Longoria (autor de títulos como The Propaganda Game, Hijos de las Nubes Dos Cataluñas) —y quien también ha asistido al Festival—, trata de “motivar a la gente a ponerse en marcha” frente a la emergencia climática que, advierten, es “una de las mayores crisis sociopolíticas” de la Historia.

El largometraje muestra cómo, a pesar de recoger las firmas que Greenpeace pretendía aunar para presionar a la comunidad internacional sobre la conservación del Mar de Weddell, finalmente la Comisión del Océano Antártico (CCAMLR, en sus siglas en inglés) no logró la unanimidad en su encuentro anual en Tasmania para crear ese santuario marino, que sería el mayor espacio protegido del planeta.

En aquella reunión, celebrada en noviembre de 2018, veintidós de los veinticinco Estados que forman la CCAMLR votaron a favor. Sólo China, Rusia y Noruega votaron en contra. En un comunicado, Greenpeace acusó a estos países de “obstruir las oportunidades de cooperación” por anteponer sus intereses comerciales a la conservación ambiental.

Sin embargo, la presión social a raíz de la campaña, con los Bardem como embajadores de la misión, logró al menos que la industria pesquera noruega se retirara del negocio de la pesca de kril antártico. Fue —dicen— un avance importante, en tanto que este crustáceo, endémico del continente, es la base de la pirámide trófica del ecosistema antártico. 

Por eso, Bardem juzga que fue una derrota relativa. “Era una guerra donde, aunque la batalla principal parece que no se consiguió ganar, sí se alcanzaron muchos objetivos adyacentes”.

Ambos cineastas, que han coescrito el guión de la cinta, coinciden en que para atajar la crisis ecológica y climática “las acciones individuales están muy bien y son necesarias, pero no suficientes”. Así, piden que se deje de colocar la responsabilidad sobre la ciudadanía y que se señale de una vez “a quienes son los verdaderos contaminadores, y a los que se benefician de esto” porque, según Bardem, “lo más triste de todo es que hay gente que saca un rédito muy alto de estas situaciones”.

“Nosotros hemos demostrado cómo hay gobiernos que están al servicio de intereses muy cortoplacistas. Están poniendo sobre nuestros hombros, de una manera muy falaz, el peso de salvar el planeta. Y está muy bien que vayas con una bolsa de tela a la compra, o que no uses pajitas de plástico. Hay que hacerlo, todo suma. Pero no basta. Lo que se muestra en este documental es que, si queremos preservar este planeta, hay que enfrentarse a quienes toman las decisiones y a quienes sirven esos políticos que toman las decisiones”, sostiene Bardem.

En este sentido, el actor considera que “el mayor acto de ecologismo que podemos hacer es votar”. “Votar en las elecciones y votar a las fuerzas políticas que realmente tengan un compromiso con estos temas y que planteen modelos alternativos, porque este modelo no da más de sí y estamos encaminándonos hacia una distopía”.

“Afortunadamente —apunta Longoria— los partidos verdes están tomando gobiernos en muchos países. Y aquí es cuestión de tiempo hasta que salga un partido verde de verdad. En España hay un hueco brutal y yo creo que al final surgirá, que la gente les va a votar y van a tener el control. Y una vez tengan el control van a cambiar las cosas rápidamente”.

“Lo que no puede ser es que se pase la responsabilidad al consumidor”, añade. “Si los vasos de plástico son más baratos que los de cartón, nadie puede obligar a una familia de pocos recursos a comprar los de cartón. El problema está en el sistema, que permite que no se esté pagando el coste ecológico de los productos”. La solución, a su juicio, pasa por equiparar valor y coste. “Un vuelo a la isla de Mauricio no puede costar, por ejemplo, 20 euros, porque el daño de la huella ecológica de ese vuelo por pasajero es brutal y debe ser penalizado”.

También están de acuerdo en que “la esperanza está en la gente más joven, en las personas que, por muchos motivos, se han mantenido al margen del discurso político tradicional y están entendiendo que es imposible conservar el planeta sin hacer una crítica radical al modelo capitalista”, mantiene Bardem. “Los jóvenes lo tienen claro. El problema es que muchos de ellos todavía no pueden votar”, lamenta Longoria.

Sin embargo, el director y el coprotagonista de Santuario discrepan respecto al modelo económico que hay que establecer para no rebasar los límites planetarios. Mientras Longoria apuesta por una transformación estructural del sistema de producción y consumo mediante la regulación —pero dentro del mismo marco económico—, Bardem busca un “cambio político radical” para construir un modelo alternativo al capitalista que, insiste, “está basado en una falacia, que es el crecimiento infinito”.

“Álvaro es un capitalista reformista y yo no creo en eso. Yo creo en lo que veo. Y hemos visto que es mentira que el modelo se regule solo. El modelo sigue siendo el que es y mientras no impulsemos un cambio político radical no va a haber una solución real”, asevera, y dice no querer sonar “apocalíptico”, pero recalca que “hay que dejar atrás ya cierta utopía medioambiental y cierto positivismo”.

“Afrontemos los hechos como son. ¿Qué va a pasar cuando los desplazamientos de refugiados climáticos sean de cientos de millones de personas como ha dicho un panel de expertos de la ONU hace unas semanas? ¿Qué va a pasar cuando en vez de ser varios millones de refugiados sirios sean 600 millones de personas de las partes más ricas del planeta buscando dónde vivir? eso será un cataclismo geoestratégico, social, político, militar… Y creo que es el momento de pensar qué podemos hacer”, sentencia.

El documental ha sido la aportación de los cineastas a una campaña que no sólo tenía vocación de preservar el ecosistema antártico frente a la amenaza de la pesca industrial y los efectos del calentamiento global, sino que buscaba además sentar precedente jurídico con el que crear más espacios marinos protegidos. Tal y como recuerdan desde Greenpeace, la comunidad científica subraya la urgencia de crear santuarios marinos en al menos el 30% de nuestros océanos para 2030. 

Y, aún con la decepción de no lograr el objetivo de esa campaña, el optimismo fue el motor del rodaje de Santuario, inciden. “En el Festival de San Sebastián una crítica decía que la película es tan optimista que se puede permitir una derrota al final”.

Sobre lo que no se reconocen tan optimistas es respecto al resultado de las elecciones generales del 10N. En palabras de Bardem: “Aquí nos han puesto dos banderas delante de la cara y no hacen más que taparlo todo con banderas. Entonces, cuando el agua nos llegue al cuello, veremos que las banderas se mojan y que no sirven para nada”.

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Una simpatizante de Vox agredida brutalmente en el acto de Pedro Sánchez en Palencia

Una mujer palentina de 50 años de edad y simpatizante de VOXha denunciado hoy en comisaria a las 14:56 horas una agresión en las inmediaciones del acto celebrado un poco antes por el Partido Socialista, con presencia del presidente en funciones Pedro Sánchez.                  

Según reza la denuncia esta mujer se encontraba en los entornos de la plaza San Francisco de la capital (lugar elegido por el grupo PSOE para celebrar su mitin hoy bajo un abundante operativo de seguridad) cuando un hombre le ha increpado con gritos de “hija de puta” para después propinarle un puñetazo en el ojo izquierdo qué al parecer ha derivado en un parte de lesiones presentado a la policía.

En el momento de la supuesta agresión, esta mujer portaba una bandera de España y otra de con las siglas de la formación política VOX en las cercanías de este acto, cuando este hombre que ha sido identificado, según figura también en la denuncia, la insultaba y golpeaba.

Desde la formación VOX en Palencia, en estos momentos no han podido precisar a COPE si la mujer era simplemente simpatizante o afiliada. Añaden además que no consideran apropiado que se acuda a un mitin de otro partido con una enseña con sus siglas, pero también advierten que de este punto a la agresión, hay un abismo.

Una simpatizante de VOX en Palencia denuncia en comisaría una agresión en las cercanías del mitin de Sánchez
 

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Jonathan Coe,el escritor británico, profundiza en las causas del ‘brexit’ en la novela ‘El corazón de Inglaterra’

Jonathan Coe bucea en las causas que condujeron al Reino Unido a votar ‘sí’ al ‘brexit’ a través de un formidable fresco social. ‘El corazón de Inglaterra’ también tiene algo de elegía por una sociedad y una cultura que parecen haber sucumbido a manos del neoliberalismo, la crisis y el racismo. 

A Sohan, uno de los personajes de ‘El corazón de Inglaterra’, le seduce la idea, quizá disparatada, de iniciar una investigación académica sobre cuál es la esencia de lo inglés. ¿Alguna teoría al respecto?

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Solo que no existe una manera de ser inglés sino muchas. Siento simpatía por los personajes del libro, entre ellos Sohan, y comprendo su impulso de investigar la naturaleza esencial de este país tan especial, pero es un proyecto condenado al fracaso porque no hay una única verdad sobre qué significa ser inglés. Y creo que si uno piensa que eso existe es cuando el patriotismo empieza a convertirse en nacionalismo, porque uno acaba teniendo una visión muy estrecha de lo que significa pertenecer a un país concreto, cuando en realidad las identidades nacionales tienen múltiples facetas y son muy contradictorias por definición. 

Habla del compositor Vaughan Williams como de un hombre de un profundo patriotismo cultural a la vez que de ideas políticas progresistas. ¿Se ve reflejado en él?

Me encanta su música y por lo que sé de su vida y su personalidad me parece una persona muy atractiva porque sentía un amor profundo por la música y las raíces de Inglaterra pero a la vez tenía una actitud muy crítica con el país. Era una especie de patriota crítico, una figura que me parece importante. No creo que el amor de uno por su país deba ser incondicional ni complaciente. Precisamente lo mejor que puedes hacer por lo que amas es ser consciente de sus defectos y de sus virtudes.

En uno de los momentos más agrios del libro Ian le augura a su esposa Sophie que en el referéndum del ‘brexit’ ganará la salida de la UE por gente como ella. ¿A qué gente se refiere exactamente?

A gente como yo. Es la transcripción literal de una conversación que mantuve con un amigo unas pocas semanas después del referéndum. Este amigo procede de un barrio de clase trabajadora del East London, que votó masivamente a favor de la salida. Yo le pregunté por qué creía que la gente tenía tan claro que quería marcharse. Y la respuesta fue: ‘Porque están hasta las narices de que la gente como tú les diga lo que tienen que pensar’. Me resultó muy chocante y a la vez esclarecedor. 

«No veo que el ‘brexit’ beneficie a nadie excepto a una clase dominante que odia la idea de compartir la soberanía con otros países europeos»

¿Entona como digamos intelectual progresista un mea culpa por lo que sucedió y está sucediendo?

Muchas personas son responsables del ‘brexit’, de manera destacada los grupos en situación de poder en la política y en la cultura que fueron incapaces de convencer a muy diferentes tipos de gente en muy diferentes zonas del país de que era una locura.

¿A quién beneficia el ‘brexit’?

No veo que beneficie a nadie excepto a una parte de la clase dominante británica que odia la idea de compartir la soberanía con personas de otros países europeos. A personas que estaban en Oxford en los años 80: David Cameron, Boris Johnson, Jeremy Hunt, incluso Theresa May… Es increíble que ese grupo tan pequeño de personas lleven tantos años juntos y hayan acabado manejando el país. Sin embargo, desde muy temprano en sus vidas se les invitó a creer que acabarían haciendo eso justamente. Hay una clase de personas que siente que ha nacido para gobernar al resto. No soy un fan de la señora Tatcher, pero intentó minimizar la influencia de esta clase dominante. A ella no le gustaban las élites que venían de los colegios privados y de Oxford y Cambridge e intentó abrir su Gobierno a un abanico más amplio de personas. Pero es una gente muy poderosa y solo esperaron a que fuera de nuevo su turno para volver. Y son personas que de ninguna manera quieren compartir el trabajo de gobernar Gran Bretaña con políticos de Alemania o Francia, por ejemplo.

Benjamin y Charlie son dos personajes a los que separó el instituto al que fueron. ¿Tanto marca la educación en Inglaterra?

La diferencia es enorme. El sistema educativo británico es complejo. Están la escuelas estatales, las privadas y las ‘grammar schools’, aunque ya quedan pocas. Las ‘grammar schools’ son gratuitas pero tienes que aprobar un examen de acceso, con lo cual admiten a los alumnos más capacitados. Presentarme a ese examen a los 11 años fue una decisión de mis padres que marcó mi vida. Me dio una idea de las cosas a las que tenia derecho y de qué podía conseguir en la vida. Cosas que ni me habría planteado si hubiera ido a un instituto estatal. No era la persona más lista de mi colegio público pero fui la única a la que sus padres apuntaron a ese examen. Ya no es que yo recibiera una educación mejor, es que entré en otra clase. Toda mi vida ha quedado definida por esa decisión que mis padres tomaron por mí cuando yo tenía 11 años.

Leyendo ‘El corazón de Inglaterra’ emergen unos paralelismos asombrosos con el ‘procés’. Solo le pido que comente en referencia al ‘brexit’, no al ‘procés’, una serie de ideas y situaciones a las que hace referencia en la novela. Como libertad.

Fue muy importante en la campaña del ‘brexit’ y una de las cosas que más me sorprendieron. Se ha escrito que el día que salgamos de la UE será como el día de la independencia y he oído a gente decir que ese día se despertará por fin libre. Yo pregunto: ‘¿Tú llevas 40 años viviendo con la sensación de estar oprimido por la UE, como si fueras ciudadano de un país africano bajo el yugo colonialista?’ Creo que nadie tenía esta idea antes del 2016. Sin embargo, desde entonces se ha convertido en una idea muy poderosa.

La sacralización por parte de los políticos ganadores de «la voluntad del pueblo», aunque el sí al ‘brexit’ ganó por una exigua mayoría.

La voluntad del pueblo solo la valoran los políticos cuando coincide con su propia voluntad. Para un grupo de gente poderosa que quería salir de la UE, lograr que ganara su propuesta, da igual que fuera por un porcentaje de votos mínimo, significó tener una herramienta política fuera de serie. Es otra expresión que nunca se había oído en Gran Bretaña antes del 2016.

«El argumento más deshonesto de la campaña del ‘brexit’ fue que abandonar la UE sería rápido y sencillo»

Y mientras se vota y se gestiona el ‘brexit’, el Estado del bienestar va sufriendo una erosión constante.

Desde el 2010 han sido años de austeridad en la gestión pública en Gran Bretaña y eso ha llevado a infrafinanciar el sistema de salud, a restringir los derechos que tenemos, a que aumente el uso de los bancos de alimentos… Para determinados políticos el ‘brexit’ es una solución fantástica para conseguir que la gente no se enfade por esos problemas realmente graves. Mientras se debate sobre ser o no miembros de la UE y cómo salimos, nadie habla del Estado del bienestar.

No solo eso: el ‘brexit’ se presenta como una solución mágica a esos problemas.

Alguien ya ha escrito que el verdadero peligro no es el populismo sino el simplismo, es decir, la fantasía de que cualquiera de los problemas que afectan actualmente a Europa o al mundo pueda tener una solución sencilla. Pero sucede que lo último que quiere oír la gente es que los problemas tienen soluciones difíciles. El argumento más potente y deshonesto de quienes hicieron campaña por el ‘brexit’ en el 2016 fue que abandonar la UE sería rápido y fácil. En la campaña estaba implícita también la promesa de que salir de la UE llevaría a un nuevo auge nacional. Al final lo que hay que entender, no solo en la política sino en todos los campos de nuestra vida, es que los matices y la complejidad y las contradicciones son la realidad; la realidad no es sencilla pero los ciudadanos quieren oír que sí lo es.

Por último: la división social que causó el referéndum. Usted es un escritor poco dado al dramatismo, pero el ‘brexit’ ¡causa una separación en ‘El corazón de Inglaterra’!

No solo es real, sino que leer un artículo en un periódico sobre un terapeuta matrimonial que hablaba de las parejas que acudían a él divididas por el ‘brexit’ fue uno de los motores de la novela. Es que lo que se nos preguntó en el 2016 no era sencillo. Alrededor de esa única pregunta había muchas preguntas difíciles y dolorosas sobre la identidad personal y la identidad nacional. Y seguro que es lo mismo con la independencia de Catalunya.  

«El personaje de Benjamin Trotter y yo somos muy parecidos: personas bastante pasivas, bastante indecisas, que tienden a pensar lo mejor de la gente… Optimistas decepcionados, diría»

¿Cuánto de usted hay en Benjamin Trotter, el personaje central?

Un montón. Es la tercera vez que escribo sobre él, tras ‘El club de los canallas’, cuando Benjamin era adolescente, y ‘El círculo cerrado’, donde andaba en los 40. Ahora, en la cincuentena, me he separado un poco más de él, pero en términos personales somos muy parecidos: personas bastante pasivas, bastante indecisas, que tienden a pensar lo mejor de la gente… Optimistas decepcionados, diría.

Hay grandes golpes cómicos en ‘El corazón de Inglaterra’ y el tono es soterradamente guasón, pero diría que ha contenido su tendencia humorística.

No calculo cuánto humor va a haber en mis libros, depende de la historia que esté contando y de la voz que decida usar para contarla. Es a menudo una sorpresa cómo acaban saliéndome los libros. ‘Expo 58’ pasa por ser una de mis novelas más cómicas, pero yo intenté que fuera seria. Aquí simplemente permití que fuera el material el que me dictara el tono.

No es la primera vez que relata una manipulación miserable por parte de un medio de comunicación. ¿Ha sufrido algo del calibre de lo que sufre Benjamin?

La mayoría de las veces he tenido suerte. Pero, con franqueza, durante las entrevistas tengo en la parte de atrás del cerebro una vocecita que me avisa de que eso es peligroso. Yo escribo novelas para poder controlar totalmente lo que quiero decir y cuando doy una entrevista renuncio a ese control y se lo otorgo al periodista, cosa que va esencialmente en contra de lo que quiero hacer como escritor. Comprendo a los escritores que deciden no conceder entrevistas.

¿Qué opina de la serie ‘Peaky Blinders’, que sucede en Birmingham, su ciudad natal?

Por una razón u otra, no la he visto, y eso que miro muchas series, como ‘Succession’, ‘Happy Valley’ o ‘Line of duty’. Pero me encanta que una serie de tanto éxito haya dado a conocer Birmingham, es una magnífica publicidad para la ciudad, donde ya hay hasta ‘tours’ de ‘Peaky Blinders’. Aunque, bueno, yo nunca había oído hablar de esa banda ni de esa cultura, y tengo una edad.

«Incluso Nostradamus tendría difícil hacer una prediccion sobre qué va a pasar ahora con el ‘brexit'»

También han hecho bastante por Birmingham grupos como Black Sabbath, Dexys Midnight Runners o The Beat.

Mi adolescencia se desarrolló en los años 70 y, aunque no tan ‘cool’ como los Dexys o The Beat, mi grupo de Birmingham era la Electric Light Orchestra. El segundo concierto al que asistí en mi vida fue de la ELO, en el teatro Birmingham Hippodrome; debía de ser en 1974.

¿La idea original del ‘brexit’ fue una idea mala pero inocente o una idea maliciosa? 

Creo que David Cameron, que fue quien convocó el referéndum, no lo hizo con malicia sino con abandono. No calibró las emociones que iba a despertar. Él pensó que hacía una pregunta técnica sencilla a los británicos sobre un acuerdo económico con un bloque de países, pero la gente no oyó así la pregunta. Oyó una pregunta que se refería a cosas  mucho más fundamentales. Para mí Cameron es un ejemplo típico del aspirante a ‘gentleman’ británico, que piensa que por su educación y su clase social puede permitirse hacer una aproximación de aficionado a las cosas, sin mucho cuidado, con cierta ligereza, y que todo acabará saliendo bien porque es un ‘gentleman’ británico. Esa fue su manera de enfocar el referéndum. Cuando la campaña se puso en marcha y adquirió velocidad de crucero, entonces sí que ya hubo quien se unió de manera mucho más calculada para hacer prosperar su carrera profesional. El ‘brexit’ es una herramienta política. Si uno puede subirse a lomos de ‘la voluntad del pueblo’, puede ascender mucho en su carrera política. 

Y ahora, ¿qué va a pasar?

No hago predicciones. No soy Nostradamus. Pero incluso Nostradamus tendría difícil hacer una predicción.

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Orange lanzará su banco en España antes de finales de noviembre

Orange ha confirmado este martes que lanzará su banco en España a finales del mes de noviembre, que inicialmente podrá ser contratado por los clientes de la operadora de telecomunicaciones en las tiendas propias de la compañía y en su página web.

En la rueda de prensa de los resultados de los nueve primeros meses de 2019, el consejero delegado de Orange España, Laurent Paillassot, ha explicado que el banco, 100% nativo ‘online’, va a tener la oferta «más moderna» con servicios de cuenta corriente, préstamos y pagos en un momento de transformación del sector bancario marcado por su digitalización.

Orange Bank tiene licencia bancaria y desde el pasado mes de julio cuenta con 200 clientes reales, empleados de la compañía, que han comprobado el funcionamiento de la aplicación. Además, está previsto que a principios de 2020 se pueda contratar en las tiendas de la compañía que no son propias y «en algún momento del año que viene» se abrirá a todos los usuarios.

El director general de Orange Bank, Narciso Perales, ha explicado que Orange se lanza en España con una aplicación totalmente nueva para Android e iOS con la que buscan dar una «experiencia única, evitar comisiones y operar sin compromisos». Además, ha remarcado que siempre habrá beneficios especiales para los usuarios que sean clientes de la operadora.

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En este sentido, ha defendido que el proyecto tendrá el «atractivo suficiente» para captar clientes en un entorno en el que los tipos negativos del Banco Central Europeo (BCE) dificultan el negocio bancario, ya que cuentan con una estructura de costes diferente a la que tienen las entidades tradicionales.

A este respecto, Paillassot ha reconocido que el negocio de la banca es «complicado» y va llevar un tiempo, pero ha asegurado que con lograr una penetración del 10% en su cartera de clientes de telefonía móvil, alrededor de 15 millones, Orange Bank se convertiría en un «banco muy importante» en España.

Así, ha destacado que será una oferta nueva totalmente digital, pero con la ayuda de todos los activos de Orange, como el reconocimiento y fiabilidad de la marca de la operadora o los 1.200 puntos de venta en tiendas de Orange, en las que introducir este servicio supone un «coste marginal».

Orange Bank llega a España dos años después de su lanzamiento en Francia, país en el que, a 30 de septiembre de 2019, ya contaba con 344.000 cuentas abiertas. Además, el número de préstamos al consumo concedidos ha alcanzado los 122.000.

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Una querella ante el Constitucional alemán intenta torpedear la compra de bonos de Draghi

Mientras Draghi es despedido con honores por los gobiernos cuya financiación mantiene la respiración asistida de su política monetaria (tipos cero, incluso negativos, y más compras de deuda), un grupo de economistas alemanes lleva ante el Tribunal Constitucional la última operación de compra de bonos, que entrará en vigor en noviembre. Los demandantes quieren excluir al Bundesbank de la ejecución de las compras de deuda por parte del BCE y han presentado una petición urgente al Tribunal Constitucional Federal.

El grupo demandante se configura en torno al profesor de economía Johann Heinrich von Stein, que pretende lograr en los tribunales un aplazamiento provisional de las compras. Lo que solicita es que los jueces del Constitucional alemán prohíban al Bundesbank mediante una orden judicial temporal participar en las compras, explica su abogado, el economista Markus Kerber. «Todo lo demás sería otra licencia para jugar», critica, consciente de que, sin la participación del Bundesbank, el programa de compra de deuda nos sería creíble en los mercados y quedaría torpedeado.

El Consejo del BCE decidió en septiembre recomprar bonos estatales y otros valores por 20.000 millones de euros al mes a partir de noviembre. La semana pasada, el Consejo confirmó este curso. Hasta finales de 2018, el BCE ya había comprado títulos por 2,6 billones de euros. Después de eso, se detuvieron las compras y solo se reemplazaron los bonos vencidos. Con esta política, sumada a la inundación de los mercados con dinero barato, el BCE quiere impulsar la economía y ayudar a la inflación en la zona euro a un nivel de alrededor o ligeramente por debajo del 2%, como dicta su mandato, pero los resultados del pasado programa no han logrados esos objetivos. Las familias y las empresas están optando por ahorrar una porción mayor de su renta por miedo a la llegada de un parón de la economía que pueda afectar a sus futuros ingresos. Estas decisiones hacen que los tipos negativos y los estímulos aplicados por el BCE pierdan fuerza o incluso lleguen a tener efectos contraproducentes, que pueden desembocar en un mayor ahorro que deprimirá aún más la demanda agregada.

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Los demandantes argumentan, además, que la decisión del BCE de reiniciar las transacciones no ha sido unánime y citan la resistencia de los presidentes de los bancos centrales de Alemania, Francia, los Países Bajos y Austria, ha explicado Kerber. Estos países representan más del 60 por ciento de la producción económica de la eurozona. «En este contexto, el Tribunal Constitucional Federal debería responder cuanto antes», ha solicitado.

El mismo abogado defendió una querella que llegó el pasado verano al Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas (TJCE). El Tribunal Constitucional alemán había emitido una resolución judicial en la que cuestionaba la legalidad del anterior programa de compra de deuda del BCE y optó por apelar a la justicia europea para que se pronunciase, antes de emitir una sentencia definitiva. Tras un juicio de un día y medio, el TJCE certificó la legalidad del programa de Draghi y el Constitucional alemán trasladó la decisión a su sentencia, pero quedó en evidencia la duda por parte de los jueces de Karlsruhe. En esta ocasión, la demanda cuenta como nuevo argumento con un proceso de decisión que no ha recibido el respaldo del Bundesbank y el resto de bancos centrales escépticos.

Junto con los rescates europeos, esta política del BCE es ampliamente rechazada en Alemania y está propiciando el auge de un partido antieuropeo, Alternativa para Alemania (AfD), cuyo objetivo es sacar a Alemania del euro y que es ya la principal fuerza de oposición en el Bundestag. En las elecciones regionales de Turingia, el pasado domingo, AfD obtuvo prácticamente uno de cada cuatro votos.

El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, se opuso a este segundo programa de compra de bonos y posteriormente ha hecho declaraciones oponiéndose a que el BCE dé a preferencia en sus compras a los bonos verdes. «Nuestro mandato es la estabilidad de precios, y debemos seguir el principio de neutralidad del mercado al implementar nuestra política monetaria», ha dicho, «una política monetaria que persigue explícitamente los objetivos de la política ambiental amenaza con sobrecargarse».

A largo plazo, en su opinión, la independencia del BCE podría ponerse en duda. «Creo que es necesaria una política climática determinada y efectiva, pero solo con los instrumentos correctos y por los actores democráticamente legitimados», ha afirmado en la conferencia de mercado financiero del Banco Federal alemán. Los bancos centrales acompañan la transición a una economía baja en carbono, pero es tarea de la política determinar el cambio necesario

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El TC avala el despido si hay faltas de asistencia repetidas aunque estén justificadas

El Pleno del Tribunal Constitucional (TC) ha hecho público el fallo de una sentencia que avala la extinción de un contrato laboral por causas objetivas si hay faltas de asistencia justificadas aunque sean intermitentes.

La sentencia, que cuenta con tres votos particulares, responde a una cuestión de inconstitucionalidad presentada por un Juzgado de lo Social de Barcelona respecto al artículo 52 apartado d del Estatuto de los Trabajadores.

Este artículo establece que un contrato de trabajo podrá extinguirse por faltas de asistencia al trabajo, aún justificadas pero intermitentes, que alcancen el 20% de las jornadas hábiles en dos meses consecutivos, siempre que el total de faltas de asistencia en los doce meses anteriores alcance el 5% de las jornadas hábiles o el 25% en cuatro meses discontinuos dentro de un periodo de 12 meses.

Esta cuestión de inconstitucionalidad se planteó después de que una trabajadora fuese despedida de su trabajo por causas objetivas en virtud de lo establecido en el artículo del Estatuto de los Trabajadores antes citado, puesto que, según la compañía, la trabajadora se ausentó nueve días hábiles de los cuarenta disponibles en dos meses continuos, superando el 20% establecido en el Estatuto de los Trabajadores.

Además, en la carta de despido, también se afirmaba que las ausencias en los doce meses anteriores alcanzaban el 5% de las jornadas hábiles.

Sin embargo, la empleada interpuso una demanda solicitando que se declarase la nulidad del despido por vulneración de los derechos humanos y sostenía que el artículo 52 apartado d del Estatuto de los Trabajadores conllevaba una «evidente amenaza de coacción hacia el trabajador enfermo al disuadirle de permanecer en situación de incapacidad temporal por temor a ser despedido».

Para el Tribunal Constitucional, una determinada actuación empresarial relacionada con las bajas por enfermedad del trabajador solo podría reputarse cuando existiera un riesgo relevante de que la lesión pueda llegar a producirse, es decir, cuando se genera un peligro grave y cierto para la salud del afectado. No obstante, la sentencia apunta que «esta circunstancia no se advierte que concurra en el supuesto de la norma que se cuestiona».

Conexión directa

«Es difícil encontrar una conexión directa entre el derecho a la integridad física y la actuación de un empresario que, al amparo del precepto legal cuestionado, despida a un trabajador con motivo del número de veces que en un determinado periodo de tiempo haya faltado al trabajo por estar aquejado de una enfermedad de corta duración», explica.

Además, recuerda que no se debe olvidar que la causa de despido no era el mero hecho de estar enfermo, sino la reiteración intermitente del número de faltas de asistencia al trabajo, justificadas o no, que han tenido lugar en un determinado periodo de tiempo.

Para el TC, el artículo 52 apartado d del Estatuto de los Trabajadores «no genera un peligro grave y cierto para la salud de los trabajadores afectados por la decisión extintiva que a su amparo pueda adoptarse por el empresario, abonando la indemnización correspondiente».

De hecho, cree que la decisión de despedir a los trabajadores por superar un número de faltas de asistencia al trabajo intermitentes en un determinado periodo de tiempo «no comporta una actuación susceptible de afectar a la salud o recuperación del trabajador afectado ni puede ser adoptada en el caso de enfermedades graves o de larga duración».

La sentencia cuenta con tres votos particulares presentados por los magistrados Juan Antonio Xiol Ríos, María Luisa Balaguer Callejón y Fernando Valdés Dal-Ré, a esta última se ha adherido el magistrado Cándido Conde-Pumpido Tourón.

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El Supremo anula por primera vez una comisión por descubierto

El Tribunal Supremo acaba de confirmar que la banca tiene abierto un nuevo frente judicial al anular, por primera vez, una comisión por descubierto en cuenta al considerarla abusiva. La sentencia considera que la entidad que la aplica, Kutxabank, no cumple las exigencias que impone el Banco de España. Como consecuencia, el alto tribunal ha tumbado la penalización de 30 euros que Kutxabank aplica sobre los números rojos de una cuenta en concepto de comisión de reclamación de posiciones deudoras.

Esta comisión está ideada para compensar a la entidad por las gestiones efectivas realizadas para recuperar la deuda impagada. Para ser válida debe estar recogida en el contrato y cumplir cuatro exigencias del Banco de España: que la comisión esté vinculada a una gestión real de recobro; que no se reitere por el mismo saldo negativo, aunque se prolongue en sucesivas liquidaciones; que su cuantía sea única, sin tarifas porcentuales; y que no se aplique de forma automática.

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El Supremo anula la fórmula de Kutxabank porque “como mínimo, no reúne dos de los requisitos del supervisor, pues “prevé que podrá reiterarse y se plantea como una reclamación automática”. Además, agrega el fallo, la redacción de la cláusula no aclara qué tipo de gestión de recobro se lleva a cabo, considerando el Supremo que no puede cobrarse igual por hacer ir al cliente a la oficina, llamarle por teléfono, o enviarle un carta.

Más allá, critica, la comisión “tampoco discrimina periodos de mora, de modo que basta la inefectividad de la cuota en la fecha de pago prevista para que, además de los intereses moratorios, se produzca el devengo de una comisión”, detalla el gabinete técnico del alto tribunal, que también destaca que el banco deja al cliente la carga de la prueba sobre la gestión de recobro realizada y su coste.

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Rufián cree que un buen resultado de ERC debe servir de «obstáculo» para que Sánchez pacte con Rivera o Casado

El candidato de ERC al Congreso, Gabriel Rufián, ha lanzado esta mañana la campaña electoral con un acto en la prisión de Lledoners (Barcelona), en el que ha mantenido un encuentro con los presos secesionistas y con una cuarentena de internos con derecho a voto. A la salida del ‘mitin’ que ha celebrado en el interior de la prisión, donde están encarcelados Oriol Junqueras, Raül Romeva, Jordi Cuixart, Jodi Sànchez, Quim Forn, Jordi Turull y Josep Rull, Rufián, que vuelve a ser número 1 de ERC por Barcelona, ha llamado al voto republicano como «único obstáculo» para evitar que Pedro Sánchez pacte con Pablo Casado o Albert Rivera. «La clave es que Sánchez no pueda elegir, porque si lo hace, escogerá a Rivera o a Casado», ha señalado en la puerta de entrada del penal de Lledoners. «Estamos viendo a Sánchez mendigando los votos de la derecha o al menos compitiendo con los votos de la derecha», ha apuntado. Rufián ha marcado una cierta distancia de la posición que ayer fijó el presidente del grupo en la Cámara catalana, Sergi Sabrià, que afirmó que con este PSOE será «imposible» llegar a un acuerdo. El diputado republicano en el Congreso se ha expresado en términos de que «costará» entenderse con un PSOE fuerte en las urnas, pero se ha referido más por una cuestión aritmética que ideológica.

Rufián se ha desmarcado de la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, que ayer justificó las imágenes violentas que se han producido en las calles de Barcelona durante las protestas independentistas porque han permitido dar visibilidad al conflicto catalán en el exterior. Ante la pregunta de si hace suyas las palabras de la responsable de la Asamblea, el cabeza de lista de ERC ha respondido de manera categórica. «No». «No hay ninguna imagen de violencia que nos represente«, no nos representa la Brigada móvil de los Mossos cargando, ha dicho, ni tampoco alguien con un cóctel molotov. Eso sí, ha querido matizar que con esto no se estaba refiriendo a la juventud que ha salido a las calles de Barcelona y otras localidades catalanas a defender sus derechos. Una juventud, por cierto, que hace una semana, en los disturbios, le abucheó y le llamó ‘botifler’ (traidor) lo que le obligó a abandonar antes de tiempo la manifestación.

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«Soy español pero me parece una vergüenza que me tenga que cruzar por la cárcel con demócratas que no han hecho nada, solo poner las urnas»

Rufián ha evitado pedir la dimisión del consejero del Interior, Miquel Buch, como sí han hecho la CUP y algunos diputados de JxCat, pero sí ha exigido explicaciones. «Hay un problema histórico con la Brigada Móvil (los antidisturbios) casi desde la época del consejero Saura», ha asegurado.

Sobre el acto que ha celebrado con los internos, se ha reunido con unos cuarenta, que son los que tienen derecho a voto. Ha participado en un coloquio y se ha quedado con la reflexión de uno de ellos. Lo ha descrito como de origen andaluz. «Me siento español», según el testimonio que le ha trasladado a Rufián uno de los presos. «Soy español pero me parece una vergüenza que me tenga que cruzar por la cárcel con demócratas que no han hecho nada, solo poner las urnas», ha asegurado que le ha dicho

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El historiador Xosé Manuel Núñez Seixas gana el Premio Nacional de Ensayo con la obra ‘Suspiros de España. El nacionalismo español 1808-2018’

El historiador Xosé Manuel Núñez Seixas ha ganado el Premio Nacional de Ensayo por su obra ‘Suspiros de España. El nacionalismo español, 1808-2018’, donde aborda la existencia de un sentido patriótico español, y los diferentes tipos que asume este fenómeno, desde un homogéneo sentir nacionalista hasta la pluralidad de distintas naciones que comparten una identidad territorial. La cuestión se plantea desde la interrogante sobre si el nacionalismo existe realmente, a lo que se da larga respuesta basada en el estudio de cien años de discursos, pero «desde unas posiciones y opciones teóricas determinadas y explícitas, aunque no por ello dogmáticas, para evitar caer en un positivismo estéril y acrítico», dice el autor.

De esta manera, el autor configura una secuencia del sentir patriótico en España. «El nacionalismo precede a la nación y la construye», escribe en ‘Suspiros de España’, «una obra que se apoya en una densa trayectoria de investigación, destaca por su esfuerzo de síntesis y de claridad expositiva, así como por su rigor», ha sentenciado el jurado del galardón concedido por el Ministerio de Cultura y Deporte.

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En un momento en que el nacionalismo catalán está en el centro de la actualidad nacional, el ensayo de Núñez Seixas propone una reflexión sobre el surgimiento del argumentario sentimental periférico («catalanismos, galleguismos, nacionalismo vasco…»), sin desvincularlas del acontecer de un todo político. Satisfecho por este reconocimiento, ha expresado que el debate territorial de España no es excepcional pero en Cataluña no están dadas las condiciones para celebrar un referéndum. , se lee en este ensayo, publicado por la editorial Crítica y merecedor de los 20.000 euros de dotación del premio.

Catedrático de Historia Contemporánea de Europa en la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich, Núñez Seixas ha logrado «trazar una historia del nacionalismo español en sus diversas corrientes y manifestaciones», sostuvo el jurado compuesto por Adriana Moscoso del Prado, Begoña Cerro, Xosé Henrique Monteagudo, Adolfo Arejita, Enric Pujol, Bruno Camus, Francisca Rubio Gámez, Ángel Prieto de Paula, María de la Concepción Barrigós, Esther Sánchez-Pardo y María Xesús Lama, como representantes del ministerio y las academias regionales, entre otras instituciones.

Nacido en Ourense en 1966, Núñez Seixas se doctoró en Historia Contemporánea por el Instituto Universitario Europeo de Florencia y es catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, aunque se encuentra en excedencia. También autor de ensayos como ‘Camarada invierno: experiencia y memoria de la División Azul, 1941-1945’ o ‘Patriotas y demócratas. El discurso nacionalista español después de Franco’, Nuñez Seixas define los nacionalismos como «resultado de la movilización política y cultural de los actores presentes en cada circunstancia histórica (…) la nación es una realidad social que existe científicamente sólo en la medida en que sus integrantes están convencidos de su existencia».

diariovasco.com

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