El New York Times ubica a Ciudadanos como uno de los partidos más centrados del mundo

Ciudadanos (España), el SPO (Austria), Centerpartiet (Suecia), Moderaterna (Suecia), SFP (Finlandia), Socialdemokraterne (Dinamarca), el Partido Socialista (Portugal) y el PCP (Portugal) son los ocho partidos más centrados del espectro político occidental. O eso dice el New York Times, que esta semana ha publicado un análisis para ubicar ideológicamente a los dos principales partidos norteamericanos, el Partido Demócrata y el Partido Republicano, en una escala mundial.

El medio se hace eco del Manifesto Project y analiza los programas de los partidos línea por línea para otorgarles una puntuación global que distingue a los partidos entre izquierda y derecha. Empujan hacia la izquierda las menciones al marxismo, las nacionalizaciones, el control de la economía, la paz o las críticas al militarismo, los valores nacionales, la moral o el constitucionalismo. Empujan hacia la derecha las críticas al multiculturalismo, la integración internacional o las menciones a la tradición, el libre comercio o el empequeñecimiento del Estado del Bienestar.

De ese análisis detallado, línea por línea, resulta que el partido más izquierdista del mundo occidental es, de largo, el alemán Die Linke. En el extremo contrario, los dos partidos más a la derecha son el SVP suizo y el Partido de la Libertad del holandés Geert Wilders. Entre medias se ubican todos los partidos españoles, con Ciudadanos prácticamente rozando la “media ideológica”, junto a los partidos mencionados al inicio del artículo. Sorprende la idéntica ubicación de la izquierda portuguesa: el Partido Socialista y el Partido Comunista comparten espectro de forma casi exacta.

Podemos, más a la izquierda que el M5S

Por los extremos destaca Podemos, que se cuela entre los cinco partidos más autoubicados a la izquierda en Europa y Norteamérica, sólo superado por Die Linke y los partidos verdes de Alemania, Dinamarca y Suiza. Según este análisis, la formación que dirige Pablo Iglesias tiene unos planteamientos más extremos que los de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, el Movimiento Cinco Estrellas italiano o Esquerra Republicana de Catalunya, que aparece al mismo nivel que estos partidos europeos.

Como anécdota, siguiendo la evolución izquierda-derecha, el siguiente partido español que aparece en la infografía es el PNV, al que el análisis de su programa elaborado por el NYT equipara con el Partido Laborista británico, la alianza de izquierdas finlandesa o el independentista escocés SNP. Aparecen justo antes que el Partido Demócrata de los Estados Unidos, cuya autoubicación es prácticamente equiparable a la del PSOE en España.

El artículo incide en la polarización de la derecha norteamericana, señalando que mientras los postulados del Partido Demócrata están en línea con los de los partidos socialdemócratas clásicos de Europa, los del Partido Republicano aparecen más a la derecha que formaciones calificadas de extrema derecha como el Frente Nacional de Marine Le Pen, los Verdaderos Finlandeses o el Partido Popular austriaco.

El Partido Popular aparece muy a la izquierda del Partido Republicano de Estados Unidos y como uno de los partidos más moderados del centro-derecha europeo. De hecho, sus postulados se autoubican ligeramente a la izquierda del partido de Emmanuel Macron, y algo más alejado del Partido Conservador, actualmente en el gobierno en el Reino Unido.

El estudio, que recoge análisis de programas realizados hasta 2017, no incluye a Vox. Por la derecha del Partido Republicano sólo aparecen Alternativa por Alemania y los mencionados partidos ultraderechistas de Suiza y de Holanda.

“La diferencia es que en Europa, los populistas de extrema derecha son generalmente una alternativa a los partidos del sistema. En los Estados Unidos, el Partido Republicano es el partido del sistema”, subraya el artículo, que incide en que “los resultados capturan cómo los grupos se representan a sí mismos, no necesariamente sus verdaderas políticas”.

elindependiente.com/

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Atacan un autobús de Ciudadanos que iba a participar en el Orgullo: “Fascistas”

Un grupo de un centenar de personas han atacado este sábado con aerosoles de pintura un autobús descubierto con un gran logotipo de Ciudadanos que iba a intentar participar en el desfile del Orgullo de Barcelona, pese a que sus organizadores han vetado la presencia de este partido en esta manifestación.

El autobús, de color naranja, circulaba esta tarde por la plaza de Universidad en dirección a la Ronda de Sant Antoni y el Paral·lel cuando un grupo de activistas que esperaban para participar en la manifestación, convocada por algunos colectivos LGTBI en esta plaza, al margen del Pride, lo han visto.

Video insertado

Albert Rivera@Albert_Rivera

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Los totalitarios atacan el bus de @CiutadansCs en el #Pride2019 de Barcelona. Con su violencia, insultos y amenazas contra Cs nunca conseguirán nada más que quedar retratados. Este es el partido de los valientes y de la igualdad. Un abrazo, compañeros. ¡Viva la libertad! 1.45517:59 – 29 jun. 20191.531 personas están hablando de estoInformación y privacidad de Twitter Ads

Un centenar de personas han cortado el paso al autocar al grito de “no pasarán”, mientras otros hacían pintadas con aerosoles escribiendo “fascistas”, por lo que el conductor ha tenido que maniobrar y dar marcha atrás.

Los organizadores de la Pride habían vetado la presencia de Ciudadanos en este desfile por haber pactado con Vox, veto que motivó la semana pasada la dimisión del director de Relaciones Institucionales del Pride, Juan Julià, que discrepaba de esta decisión de excluir a Ciudadanos.

Una hora antes de este incidente, la portavoz de Ciudadanos, Ines Arrimadas, había tuiteado que el Pride “no puede dejarse arrastrar por sectarismos que excluyen a millones de personas, ya que se celebra para reivindicar la libertad, la diversidad y el respeto. Ciudadanos ha estado y estará siempre donde se defiendan estos valores”

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El Puente de la Torre de Londres celebra sus 125 años mirando lo que pudo haber sido

El icónico Puente de la Torre de Londres festeja su 125 aniversario este domingo celebrando lo que pudo haber sido y no fue: los extraños y extravagantes diseños alternativos que casi se construyen en su lugar. Reconocible en todo el mundo por sus dos torres góticas bajo las cuales se abre el puente para dejar pasar a los barcos, este monumento es todo un símbolo de la capital británica. Pero podría haber sido muy diferente.

Este diseño era uno de los 50 que intentaron dar respuesta a la necesidad de un nuevo cruce fluvial que permitiese a los barcos seguir entrando en el que fue el puerto más concurrido del mundo. «Hubo todo tipo de ideas raras y maravillosas, realmente creativas», explica el responsable del Tower Bridge, Chris Earlie.ADVERTISING

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«Un diseño que llegó muy lejos fue un puente de mucha altura con largos accesos. Pero se descubrió que los caballos que tiraban de los carros se agotarían antes de llegar a su la alta cima», asegura.

Otros diseños consistían en puentes rotativos, esclusas o túneles. Finalmente ganó el proyecto presentado por el ingeniero John Wolfe Barry y el arquitecto Horace Jones: un puente que se abre en el centro, con enormes cámaras en los pies de las dos torres para acomodar los contrapesos que se balancean hacia abajo mientras se alzan las dos partes de la pasarela.

Diseños alternativos

Durante este fin de semana del aniversario, se expondrán en el puente algunos de los diseños alternativos para que los peatones puedan admirarlos. Y actores vestidos con atuendos victorianos deambularán interpretando a los obreros, ingenieros y usuarios de puentes de la época.

Se tardó ocho años en levantar el Puente de la Torre, que fue inaugurado el 30 de junio de 1894 por el futuro rey Eduardo VII y la reina Alejandra. Su construcción costó unos 1,6 millones de libras, que equivalen aproximadamente a 200 millones de libras actuales (250 millones de dólares, 225 millones de euros). Fue muy criticado por considerarse estilo gótico victoriano como un pastiche, pero pronto se convirtió en un símbolo de la ciudad.

En su primer año, el puente entonces accionado a vapor, se abrió más de 6.000 veces. Ahora funciona con petróleo y electricidad y se abre unas 850 veces al año, principalmente para los barcos de turismo, que deben avisar con 24 horas de antelación.

El tráfico fluvial tiene prioridad sobre automóviles y peatones y algunos capitanes hacen sus mástiles un poco más altos de lo necesario sólo para que el puente se abra a su paso. «Todavía no hay nada parecido en el mundo», afirma Earlie sobre esta elaborada máquina de vapor disfrazada de castillo de cuento de hadas. «Es una estructura de acero y hierro que combina tres tipos diferentes de puentes: suspensión, viga y basculante», precisa.

Puente de la Torre de Londres.
Puente de la Torre de Londres. / REUTERS

El puente es muy popular entre los turistas británicos y europeos, pero el número de visitantes que más crece son los procedentes de China y Estados Unidos. Unas 864.652 personas visitaron el interior de la atracción en 2018. El dinero recaudado se destina a la organización benéfica de la City de Londres y suma más de seis millones de libras al año.

Y el famoso monumento sigue inspirando copias en el mundo: existe una réplica con cuatro torres en la ciudad china de Suzhou y una futura copia se prepara en Filipinas. El original sigue siendo un ícono en la era de las redes sociales, fondo inevitable de las autofotos en cualquier viaje a Londres.

elcorreo.com

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La UE sitúa a Rota como base «estratégica» de las futuras misiones militares en África

La reciente incorporación de la base naval de Rota, en Cádiz, al grupo de cuarteles generales de la Unión Europa (UE) no solo ha dado un impulso a la apuesta geoestratégica de Bruselas por la frontera sur, olvidada por una OTAN más preocupada en el expansionismo ruso en el norte del continente, sino que refuerza la vieja idea de activar un ejército europeo en plena incertidumbre en la Alianza por las políticas populistas de Donald Trump o el futuro del ‘brexit‘.

El pasado 29 de marzo, la base naval gaditana se puso al frente de la ‘operación Atalanta’, que lucha contra la piratería en el Golfo de Adén (Índico), en sustitución del cuartel de Northwood tras la anunciada salida del Reino Unido de la UE. En los pasillos de Bruselas vieron la elección de Rota como una «decisión estratégica» y en clave nacional española, como un compromiso con el fortalecimiento del proyecto europeo de seguridad y defensa.

Rota, en suma, no solo significa el mando general de la misión militar de la UE más alejada de nuestra frontera (cuenta con una base en Yibuti) y una de las más antiguas, acaba de cumplir una década de vida, sino que se posiciona en el punto de partida de las próximas operaciones que se lleven a cabo en el Mediterráneo, el Atlántico o la región africana del Sahel.

La llegada de un centenar de militares de 19 nacionalidades al enclave militar del Atlántico engorda sus capacidades operativas y coloca a Rota en la lista de los cuarteles generales comunitarios, junto a Roma, ParísPostdam (Alemania) y Larissa (Grecia). Del mismo modo, lanza un mensaje de fuerza a Estados Unidos, que cuenta allí con el componente del escudo antimisiles tras el convenio bilateral firmado con España en 2011. «Rota será el puerto de partida de cualquier misión de la UE, mando y control estratégico y permitirá avanzar en la acción exterior de la Unión», admiten altas fuentes comunitarias y del Ministerio de Defensaconsultadas.

Hasta la fecha, la UE cuenta con 16 operaciones en el exterior con unos 5.000 efectivos, de los cuales 686 son españoles. Seis de estas misiones son ejecutivas, de carácter militar, y se localizan en tres continentes: la Eunavfor Atalanta en el ÍndicoEUTM Somalia, EUTM Malí, República Centroafricana, Eufor Althea en Bosnia-Herzegovina y Eunavfor Med Shopia en el Mediterráneo. Además, la Unión da apoyo aéreo a la intervención directa de Francia en la región del Sahel, en concreto enSenegal y Gabón, y se trabaja en la posibilidad de asentar la presencia en Níger, Chad, Burkina Faso y Mauritania.

Redoblar esfuerzos

En el caso de España, destina en la actualidad más efectivos a misiones bajo bandera europea que de la OTAN, la ONU u operaciones multilaterales como Irak. Es más, el interés estratégico nacional encuentra más eco en la actividad exterior de la UE que de la OTAN, donde se trabaja diplomáticamente para que la Alianza Atlántica mire más a la frontera sur en detrimento de la «guerra fría» latente que mantiene con la Rusia expansionista de Vladímir Putin.

No quiere decir que las Fuerzas Armadas no tengan presencia en la acción exterior de la OTAN, hay medios terrestre y aérea españoles en el Báltico desde 2017 o de apoyo a Turquía en 2015 con una batería antiaérea, pero es indudable que los intereses nacionales están centrados en el Mediterráneo y en el norte de África con la inmigración.

«El Sahel es y seguirá siendo una prioridad estratégica», reafirmó a mediados de mayo el Consejo Europeo en el documento de conclusiones tras reunirse con sus homólogos del G-5 del Sahel ante el creciente deterioro de la inseguridad en sus países. «Tenemos el firme propósito de redoblar esfuerzos para combatir el terrorismo y restaurar la estabilidad. La aplicación de un enfoque multidisciplinar, que combine elementos de cooperación, diplomacia y defensa constituyen un ejemplo para abordar crisis complejas en otras áreas geográficas», resumió la máxima responsable de Política Exterior, Federica Mogherini.

Para el jefe español de la unidad de Asuntos Económicos en el Exterior, coronel Carlos Coira, «en términos de seguridad y defensa la UE ha avanzado más en los últimos cinco años que en las décadas precedentes». Sin embargo, el oficial considera que la defensa común requiere un impulso económico de los 28.

Una fragata española llega a la base de Rota. /Ja vier Díaz (Reuters)

Una fragata española llega a la base de Rota. / JA VIER DÍAZ (REUTERS)

Un fondo europeo en Defensa: 13.000 millones hasta 2027

La financiación de las políticas de seguridad y defensa de la UE es el talón de aquiles del proyecto común. Hace dos años se creó el llamado Fondo Europeo de Defensa para paliar esta carencia, que supuso por vez primera una inyección directa para estos fines. El objetivo era que los 28 estados miembro destinaran unos 600 millones entre 2017 y 2020 y aumentar hasta los 1.500 millones anuales hasta 2027. El objetivo final es llegar a los 13.000 millones, un 1% del presupuesto total de la Unión. La Comisión Europea quiere que esta financiación provenga de las arcas nacionales.

Uno de los puntos más controvertidos está en el gasto de las operaciones exteriores. El capítulo 41 del Tratado de la UE regula esta partida a través de un mecanismo denominado Athenea, establecido en 2004 y de naturaleza extrapresupuestaria. Participan todos los países excepto Dinamarca y en 2017, por ejemplo, se destinaron entre 70 y 80 millones para contingencias aunque es necesario aumentar el fondo (España puso 5,5 millones en comparación con los 279,2 que destinó de forma individual para financiar su participación en las misiones continentales).

.hoy.es/

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El socialismo estadounidense y la «izquierda de lo posible»

Cuando Bhaskar Sunkara fundó la revista Jacobin a fines de 2010, tenía una ambición tan sencilla como imponderable: saltar la barrera que había mantenido aislados a venerables proyectos editoriales del marxismo anglosajón –New Left ReviewMonthly ReviewDissent– y colocar el socialismo en el centro del debate mainstream estadounidense. Esa audacia fundante vino acompañada de una apuesta estilística: un socialismo empaquetado en un lenguaje comunicativo y propositivo, un diseño gráfico innovador y una actitud insurgente. De ahí, sus primeros éxitos. Cinco años más tarde, Jacobin ya era la indiscutida vocera de la izquierda estadounidense, pero faltaba un golpe de fortuna para que cumpliera con su principal objetivo. La campaña de Bernie Sanders de 2015 marcó un antes y un después: el «socialismo democrático», etiqueta que Sanders usa para definir su propia adscripción política, se volvió de pronto una expresión de uso común y un objeto de fascinación, y también de fuerte rechazo, para un público estadounidense que hasta hace poco miraba esa etiqueta con la misma incredulidad que a una invasión alienígena.

A su vez, «socialismo democrático» remitía a una de las influencias constitutivas de la revista: la agrupación Socialistas Democráticos de Estados Unidos (dsa, por sus siglas en inglés). Si bien perfilaban tendencias diversas en las páginas de Jacobin –donde se debatía sobre los méritos del comunismo italiano, León Trotski, Karl Kautsky, Ralph Miliband o el eurocomunismo–, la nueva visibilidad del socialismo democrático echó luz sobre la misión ideológica de la revista. No en vano muchos integrantes de su línea fundadora también militaban en dsa: tanto la revista como la organización –que no es un partido– entrañaban una estrategia dialoguista y buscaban polemizar con el sentido común liberal (en el sentido estadounidense, donde casi es sinónimo de progresista) con el fin de ganar nuevos adeptos al socialismo.

Como relata Sunkara, el triunfo de Donald Trump en 2016 fue el golpe de gracia. La derrota de los demócratas por una figura ampliamente rechazada dinamitó la legitimidad del partido y abrió un vacío que pronto se llenaría de nuevas figuras de la izquierda insurgente. Alexandria Ocasio-Cortez, Rashid Tlaib e Ilhan Omar son los nombres que más resuenan en los medios hegemónicos, pero detrás de ellos hay una camada de socialistas, en gran parte afiliados a dsa, muchos con menos que 30 años, que vienen registrando victorias electorales en todo el país.

Aunque no tenga la omnipresencia mediática de Ocasio-Cortez, Sunkara es regularmente convocado a cnn y otros canales masivos para disertar sobre el socialismo. Su nuevo libro, The Socialist Manifesto1 [El manifiesto socialista], es una buena síntesis del tono que venía elaborando en su trabajo editorial: programático, agresivo, pero también jocoso y optimista. Cabalgando en la nueva ola socialista, Jacobin incluye, además de las versiones impresa y digital (con un millón de visitas por mes), una publicación teórica llamada Catalyst, la revista británica TribuneJacobin Italia y, dentro de poco, una edición brasileña de la misma revista.

Según una reciente encuesta de Gallup, 51% de los jóvenes estadounidenses de entre 18 y 29 años tiene una opinión favorable del socialismo, mientras que solo 45% tiene una mirada positiva sobre el capitalismo. ¿A qué le atribuye la sorpresiva popularidad del socialismo? 

El término «socialismo», obviamente, ha sido usado en un sentido muy vago. Cuando la gente habla de socialismo en Estados Unidos suele referirse a una expansión del Estado de Bienestar. Parte de la popularidad del socialismo tiene que ver con que, a pesar de que la Guerra Fría terminó hace tiempo, la derecha estadounidense sigue usando el fantasma del socialismo para vilipendiar reformas que son meramente liberales. Incluso aquellas que los socialistas no necesariamente apoyan, como el Obamacare impulsado por Barack Obama para mejorar, con ciertos límites, la cobertura sanitaria. Creo que la derecha estadounidense, irónicamente, ha logrado quitarle a la palabra algo del miedo que transmitía al repetirla una y otra vez. También creo que la gente en general siente que el capitalismo no está funcionando para ella, o no está funcionando como debería. Parte de esto, en mi opinión, es lo que está detrás de esa encuesta.

Luego estuvo la campaña de Sanders. Por un azar de la historia, Sanders se define a sí mismo como socialista democrático. Sanders se politizó en el entorno del socialismo democrático e incluso de joven integró la Liga de la Juventud Socialista (Young People’s Socialist League), el brazo juvenil del Partido Socialista de Estados Unidos. Pero yo creo que la revista Jacobin, así como algunos sectores de la izquierda estadounidense, jugó un rol importante en la capitalización del enojo que la gente sentía con el liberalismo. Occupy Wall Street, el levantamiento de Wisconsin de 2011, la reciente ola de huelgas de maestros, todos estos procesos están mostrando el creciente descontento ante cierto tipo de políticas de los demócratas liberales. Incluso Black Lives Matter, un movimiento nuevo que denuncia el racismo y la violencia contra las personas negras, nació ante el descontento con los mismos políticos negros electos, que eran justamente demócratas liberales. Jacobin logró delinear una política a la izquierda del liberalismo reinante y enunciar que este tipo de política es, en términos amplios, una política socialista democrática. Para usar un clisé: el surgimiento de Sanders y el descontento generado por las políticas liberales crearon las «condiciones objetivas» para que emerja una suerte de revuelta a la izquierda del centro liberal. Sin embargo, esa revuelta fácilmente podría haber adoptado un lenguaje más populista, como el de Podemos. Tanto por la revista Jacobin como por la existencia de redes socialistas en eeuu, por nuestra capacidad de competir por encima de nuestra categoría –siendo numéricamente minoritarios pero con gran alcance mediático–, el debate se ha polarizado en torno del socialismo.

No estoy del todo seguro de que haya sido positivo que el debate se haya desarrollado de esta forma. Lo que sí sé es que, si Jacobin tiene algún crédito en esto, es en relación con el lenguaje que se está utilizando. 

Es interesante lo que dice sobre lo fortuito de que el término «socialismo»se haya instalado. Por más de un siglo la pregunta parece haber sido: ¿por qué no hay socialismo en eeuu?2 Ahora que el término está en circulación, tal vez sea el momento de recuperar la historia del socialismo en eeuu y redescubrir algunas figuras olvidadas, como Eugene Debs, Mother Jones o Bayard Rustin.

Claro, vale la pena recordar que el socialismo no fue inorgánico a la política estadounidense. Ha sido más episódico que ausente. Hace más de 100 años teníamos la primera ola de socialismo estadounidense, y fue el mejor tipo de socialismo. Fue el mejor en el sentido de que se «habló» socialismo en un lenguaje estadounidense, abarcando las diferentes lenguas del país: el socialismo judío del Lower East Side de Nueva York, las tradiciones populistas del centro y sur del país, el sindicalismo de los mineros del oeste, los grupos socialistas cristianos. Basta mirar el caso de Eugene Debs, un ateo y fundador del Partido Socialista, y observar cómo él también hablaba como un pastor cristiano. El socialismo reemergió con la Gran Depresión de la década de 1930 y otra vez con la Nueva Izquierda en los años 60. Y ahora está de nuevo, pero de una forma diferente. En otras palabras, hoy es necesario ubicarnos dentro de una tradición socialista estadounidense.

Pero lo que es tan importante como inusual respecto del socialismo estadounidense es que estuvo totalmente ausente de la escena política desde la Nueva Izquierda hasta hoy. Lo que eso significa es que hoy podemos presentarnos como una fuerza insurgente: nunca estuvimos en el poder, nunca fuimos responsables de una política de austeridad, como la socialdemocracia europea. La situación actual nos permite trabajar con la campaña de Sanders –la expresión masiva de la centroizquierda en eeuu– y levantar un programa propio que, en líneas generales, es socialdemócrata. Este programa es visto por muchos en eeuu como una insurrección o una revolución política, aunque en cualquier otro lugar del mundo podría ser visto con otros ojos, incluso como simples retoques tecnocráticos. También podemos invertir la pregunta que usted plantea: por más que haya una tradición socialista, ¿por qué en eeuu no se ha desarrollado un partido laborista o un partido socialdemócrata? Para ser breve, yo creo que esto tiene mucho que ver con la contingencia: perdimos batallas claves en ciertos momentos de la historia. En primer lugar, en el contexto de la temprana industrialización estadounidense hubo una división inicial entre los sindicatos artesanales y los nacientes sindicatos industriales. Además, eeuu tuvo siempre una inusual estructura partidaria que dificultó la existencia de terceros partidos. Cuando el socialismo comenzó a crecer en el país en 1890, muchos votantes –mayormente varones blancos que accedieron tempranamente al sufragio– ya tenían cimentadas sus lealtades partidarias hacia alguno de los dos partidos mayoritarios, Demócrata o Republicano. Y hay además otro tipo de razones históricas para la ausencia de un partido socialdemócrata. El Estado fue muy violento a la hora de reprimir cualquier conflicto laboral. Y el tamaño del país sumó otras dificultades: las distintas células del socialismo estadounidense eran difusas y no tenían un aparato centralizado como sí existía en otras partes del mundo, como ocurrió con los partidos de la Segunda Internacional, el Partido Socialdemócrata de Alemania [spd, por sus siglas en alemán] en 1880, o los bolcheviques durante sus años de actividad clandestina o semiclandestina. Es una cuestión complicada que intento abordar en The Socialist Manifesto. Los socialistas siempre estuvimos presentes, en pequeñas células, y yo realmente creo que vamos a ver un renacimiento. Puede que ese renacimiento no use exactamente el vocabulario político que como socialistas nos gustaría. De todos modos, va a haber una creciente fuerza de centroizquierda, igualitaria, un movimiento con base social. La corriente sanderista en la política estadounidense no se va ir a ninguna parte, llegó para quedarse. Ahora, si el uso actual del lenguaje socialista, dsa o Jacobin estarán por mucho más tiempo, es algo de lo que estoy menos seguro.

Señala la idea de un socialismo vernáculo, que había un socialismo hablado con acento estadounidense. ¿Hay en Jacobin un intento de adaptar el marxismo a la mentalidad estadounidense, al sueño americano y su fijación con la libertad? 

Yo creo que la base de nuestra política tiene que resonar con el sentido común de la mayoría de la gente. En eeuu, ya tenemos las mayorías para impulsar programas socialdemócratas. Ya tenemos la mayoría para impulsar una cobertura gratuita de salud para todos (Medicare for All) o un programa de empleo garantizado. Tenemos mayorías que piensan que la inmigración es algo positivo. La pregunta es cómo tomar estas preferencias políticas y convertirlas en una plataforma. Yo creo que la cuestión no es tanto cómo cambiar la conciencia de la gente –su conciencia no es una cosa tan terrible–, sino convencerla de que la política puede hacer una diferencia en su vida. Bajo el capitalismo, es perfectamente racional mantener la cabeza baja y no confrontar, porque por más que entre trabajadores y capitalistas haya una dependencia mutua, siempre va a ser una situación de poder asimétrica. Es racional que si alguien es despedido apele a la ayuda de sus amigos y su familia para seguir a flote, o que vaya a capacitarse y trate de salir adelante. Todas estas respuestas son más racionales, en las condiciones actuales, que ir a la huelga o involucrarse en un movimiento político. Nuestro objetivo como socialistas es decirle a la gente que la política tiene algunas soluciones para ella y que estamos para crear la estructura que canalice su malestar y que luche y defienda sus intereses. Soy muy optimista sobre la mentalidad de la mayoría de la población estadounidense, soy optimista de que habrá tarde o temprano una mayoría progresista duradera en este país, como ha existido en otros. Cuando habla de «nosotros», ¿se refiere a dsa? No, me refiero al socialismo en eeuu y a la izquierda en general. No creo que dsa sea una organización lo suficientemente coherente como para que podamos hablar en términos de «nosotros». Cualquiera puede afiliarse a la organización. Es la izquierda estadounidense. Dentro de dsa hay anarcocomunistas, socialdemócratas, socialistas democráticos y trotskistas. Tenemos muchas tendencias dentro del arco de dsa, y por lo general no están organizadas en facciones, están mayormente trabajando en conjunto, lo que es algo bueno. No es la misma organización a la que yo me afilié en 2007 cuando tenía 17 años. Aun así, dsa solo llega a tener 60.000 afiliados, entonces está bien que no sea coherente, dirigida por un comité central que se cree la vanguardia de la clase obrera estadounidense, porque en definitiva somos un país con 330 millones de habitantes. Y aunque creo que debemos ser ambiciosos, debemos rechazar esas viejas arrogancias de cierta izquierda tradicional.

Nuestra misión es participar en coaliciones con corrientes mucho más amplias. Yo veo el papel del socialismo como formador de una red con capacidad de intervenir en diferentes movimientos, particularmente el movimiento obrero, para incrementar los niveles de conciencia de clase y radicalizar las luchas; pero no necesariamente que el socialismo sea el movimiento. Y esta consideración no es tanto una consigna política, o un miedo al centralismo democrático o a los movimientos vanguardistas, sino más bien una cuestión práctica. Estamos en un momento histórico de debilidad de la izquierda. No deberíamos sobredimensionar o inflar las cosas buenas que están sucediendo. Es una trampa clásica de la izquierda decir: «Tenemos 50.000 miembros hoy, ayer teníamos 5.000, así que mañana tendremos millones y nos convertiremos en un partido de masas». No veo que eso sea lo que está sucediendo.

¿Puede comentar un poco más sobre la historia de dsa

dsa tiene sus raíces en una organización llamada Comité Organizador de los Socialistas Democráticos [dsoc, por sus siglas en inglés], fundado por una división de lo que fue el Partido Socialista de Estados Unidos [spa, por sus siglas en inglés]. El spa tuvo un masivo declive luego de su época dorada y llegó a ser un simple caparazón de sí mismo a principio de los años 70. En sus últimos días, en la década de 1970, el spa se había dividido en un sector de izquierda, uno de centro y otro de derecha. La izquierda todavía se aferraba a la insistencia de Debs en la absoluta independencia política de la clase obrera y estaba muy enfocada en competir electoralmente como socialistas independientes, sin vínculos con el Partido Demócrata. El sector de derecha se había vuelto casi indistinguible del liberalismo de la Guerra Fría: anticomunistas feroces, también habían revisado sus posturas sobre la burocracia sindical y efectivamente abrazaron la central burocratizada –la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales [afl-cio, por sus siglas en inglés]– como una posible vanguardia de un nuevo movimiento reformista en eeuu. Ese era el sueño de, por ejemplo, el activista Bayard Rustin, quien quería conectar una parte del movimiento obrero con la corriente más mainstream del movimiento de derechos civiles y convertir esa confluencia en una fuerza socialdemócrata. Rustin combinó su apoyo a la Guerra de Vietnam y su adhesión al anticomunismo con un deseo de no separar la izquierda de la base social obrera para armar una futura fuerza socialdemócrata. En el centro estaban Michael Harrington y su gente. Harrington, una suerte de sucesor de Norman Thomas3, era el socialista más destacado en eeuu. Había escrito unos años atrás un best-seller sobre la pobreza, The Other America [La otra América], que inspiró el programa de bienestar social de Lyndon B. Johnson: la llamada «War on Poverty» [guerra contra la pobreza]. La postura de Harrington era buscar un punto medio: no ceder a las tendencias de derecha del partido, oponiéndose a la Guerra de Vietnam –más tibiamente de lo que nos hubiera gustado–, pero, al mismo tiempo, confiando en que el Partido Demócrata podía realinearse y convertirse en una fuerza próxima a los partidos socialdemócratas europeos. Vale recordar que, en esos años, la socialdemocracia europea aún tenía fuertes tendencias de izquierda y parecía posible una transición de la democracia social al socialismo democrático. Luego, en los años 80, el dsoc se fusionó con el New American Movement [Nuevo Movimiento Estadounidense], un movimiento más activista que se desprendió de la Nueva Izquierda y que estaba un poco más orientado a la militancia sindical. De esa fusión emergió dsa. Harrington convocó a una nueva coalición de la izquierda obrera con los demócratas progresistas: algunos, como David Dinkins, el primer alcalde negro de Nueva York, eran miembros de dsa. Un demócrata como Ted Kennedy brindó un discurso en el funeral de Harrington en 1989. Es decir, dsa planteó un juego político: mantener un pie dentro y otro fuera del Partido Demócrata, con la idea de que la organización se pudiera convertir en el «ala izquierda de lo posible». Tras la muerte de Harrington, la organización se corrió aún más a la derecha y derivó en algo irrelevante. Cuando yo me incorporé en 2007, dsa estaba básicamente muerto, con menos de 5.000 miembros. Descontentos con la organización, los jóvenes como yo bromeábamos con que nos habíamos convertido en el «ala derecha de lo imposible». El conflicto en este punto se centró en las tensiones entre los jóvenes, una generación ubicada más a la izquierda, que era crítica del acercamiento de dsa al Partido Demócrata, y los contemporáneos a Harrington, que estaban tratando de mantener viva la organización.

A fines de 2010 surgió Jacobin. A pesar de que la revista era independiente, muchos de quienes participaban en el proyecto eran cercanos a dsa. E integrantes de Jacobin que también eran miembros de dsa, como Amber Frost y Elizabeth Bruenig, empezaron a destacarse. Jacobin comenzó a crecer con el movimiento Occupy Wall Street en 2011. Pero, al igual que dsa, nuestro verdadero crecimiento sucedió en la campaña de Sanders de 2015-2016. dsa pasó de 6.000 a 12.000 miembros durante la campaña. En general, se unían jóvenes con una presencia fuerte en las redes sociales. Muchos de ellos trabajaban en los medios o en otros campos, de modo que eran muy visibles. Pero la verdadera explosión de la organización, en términos de cantidad de miembros, tuvo lugar con la elección de Trump, cuando la membresía creció por encima de los 30.000 adherentes. Mucho de lo sucedido fue por azar: empezamos a recibir una cobertura favorable en los medios y la gente comenzó a googlear «democratic socialism».

Una vez que se alcanza cierto tamaño y se mantienen reuniones por todo el país, en ocasiones con cientos de asistentes, entonces el proceso de sumar más miembros funciona por sí mismo: un amigo o una amiga pregunta qué vas a hacer más tarde, y respondes «Voy a una reunión política, súmate si quieres». De ahí el crecimiento se volvió más orgánico, pero es realmente interesante ver lo azaroso que ha sido este crecimiento, impulsado en gran parte por internet.

Lo mismo se puede decir del fenómeno Sanders. Siempre cuando quiero explicarles a mis amigos trotskistas y de otros países que están tratando de comprender esto en un contexto internacional, les digo: hay un nivel de fortuna y contingencia. No es posible entender la de Sanders como una campaña electoral tradicional de izquierda, como si hubiera un movimiento social de izquierda del que Sanders sería el reflejo electoral. Esto tendría sentido en otros momentos del siglo xx, cuando se podía decir que el peso de los partidos socialdemócratas en los parlamentos era un reflejo del peso del movimiento obrero, pero hoy parece observarse una situación opuesta. Sanders está surgiendo de un vacío y está, de hecho, generando militancia, no cooptando o reflejando fuerzas extraparlamentarias. Lo mismo sucede con dsa, que a través de internet y con una cobertura mediática favorable, está alcanzando a muchas personas de orientación liberal que terminan acudiendo a la organización. No se me ocurre un antecedente de algo similar en otro país.

Se podría decir de Podemos que muchos de sus fundadores estaban vinculados previamente a grupos tradicionales de izquierda y luego intentaron conscientemente abandonar el lenguaje de la izquierda más tradicional para adoptar una retórica más populista. La ironía en eeuu es que estamos haciendo lo inverso a Podemos: estamos reclutando a un montón de liberales desilusionados que hablan un lenguaje político más familiar a la mayoría de los estadounidenses y convirtiendo a esos liberales en socialistas. De repente, esos liberales están participando en esotéricos debates sobre Nicos Poulantzas o Ralph Miliband.

Obviamente, es genial que más personas se nucleen alrededor de ideas más radicales, dado lo radicales que son los problemas que enfrenta el mundo hoy. Pero a veces veo personas que adoptan una retórica alienante y quiero recordar que muchas veces son las mismas personas que apoyaban a Hillary Clinton en 2016.

De cualquier modo, no puedo explicar completamente el auge del socialismo y de dsa. Pero la huella de la cultura masiva estadounidense –o el imperialismo cultural– significa que todo lo que hagamos aquí será amplificado.

Algunos elementos que comenta –la contingencia y el rol de los medios en la construcción política– me recuerdan un libro interesante de Paolo Gerbaudo que recién fue publicado en inglés: The Digital Party4. Allí el autor analiza partidos nuevos como Podemos o figuras como Sanders y subraya la naturaleza paradójica de esta nueva izquierda hipermediática: por un lado, el peso de la imagen favorece la creación de un culto a la personalidad –se me viene a la mente también Alexandria Ocasio-Cortez– y también formas organizativas extremadamente verticales. Pero por otro lado, alienta una forma de compromiso militante muy descentralizada, con formas difusas de membresía. ¿Lidian con estas preguntas mientras intentan formar una organización masiva y democrática? 

dsa es radicalmente democrático, tal vez la organización más democrática que haya en la izquierda hoy, casi en exceso. Sanders es un político a cuya campaña podemos dar forma e influenciar: si no nos gusta una política que él está proponiendo –un copago en el Medicare, por ejemplo–, podemos mandar un mensaje a través de canales internos y también a través de una petición externa. Yo creo que podemos darle forma a su campaña. Pero no hay duda de que somos a su vez impulsados por la energía de lo que él está generando. Por supuesto, una fuerza minoritaria puede hacer la diferencia. Si miramos la lucha de los sindicatos docentes de eeuu, la ola de huelgas ha sido impresionante, pero detrás de ellos hay un par de miles de personas que galvanizan la actividad política de todo el país. Yo creo que esta es la naturaleza de la política. La clave es que tu programa sea aceptado ampliamente y que tengas medios democráticos para promover la acción política, reflejando sus decisiones y también disciplinando a los políticos electos (ahora mismo, más allá del experimento en Chicago, no hay votaciones en bloque realmente disciplinadas de parte de los socialistas5).

Lo que estoy tratando de decir es que eventualmente vamos a necesitar un partido a la izquierda del liberalismo. En esta cuestión, al menos en el contexto europeo, yo soy muy tradicional, en el sentido de conservar algunas viejas cosas que ya funcionaron. Creo que Podemos, por ejemplo, es un partido increíblemente poco democrático. En vistas de lo que está sucediendo en Francia y en otros lugares con el llamado retorno del populismo, a mí me gusta una parte de la retórica populista, pero me gustaría aún más que solo fuese eso, retórica; que detrás de los líderes carismáticos todavía haya un proceso de construcción de partido en un sentido más tradicional. Soy más permisivo con las tendencias populistas aquí en eeuu, porque creo que estamos en una situación «prepartidaria» todavía. Es preciso entender esto: la situación política estadounidense es tal que ni siquiera tenemos verdaderos partidos políticos, es decir, no tenemos partidos sostenidos en afiliados. Yo me registré en el Partido Demócrata cuando tenía 18 años y me pasé los siguientes 11 años criticando el Partido Demócrata sin parar. No me expulsaron porque, según la propia lógica institucional de los partidos, legalmente no me pueden expulsar. Es una situación extraña y nos da espacio, por ahora, para organizar a los socialistas alrededor de las primarias, aunque eventualmente tendremos que romper definitivamente con los demócratas en algún momento.

Mencionó la idea de convertir a los liberales al socialismo. Me parece que gran parte de la apuesta de Jacobin es justamente esa: polemizar, de buena fe, con una tradición ajena, el liberalismo, para destruir algunas vacas sagradas de esa misma ideología, como la libre competencia, el individualismo emprendedor y la autosuficiencia, y ciertas versiones de la política de la identidad.

La idea siempre fue dividir el liberalismo en distintos sectores, porque vivimos en un país donde el lenguaje del socialismo está en gran parte ausente. Entonces, cuando hablamos de liberalismo, no estamos interesados en aquellos individuos que tuvieron plena conciencia de una política de izquierda y la rechazaron optando por otra posición. Nos interesa la gente a la que jamás se le presentó una alternativa. De ese segundo grupo, muchos hace poco tiempo se llamaban liberales y votaban a los demócratas –muchos de nuestros liberales en eeuu son en realidad socialdemócratas que carecen de un lenguaje para reconocerse como tales–. Por mi parte, yo pondría el énfasis en aquellos sectores despolitizados, que raras veces votaron y que cuando votan lo hacen por los demócratas. Este grupo ni siquiera se identifica con algo que se podría llamar una ideología liberal. Esta distinción es importante en el contexto estadounidense. Desde la izquierda, tenemos que avanzar con mucha humildad y paciencia cuando presentamos nuestra visión política. No tenemos una historia de éxitos a la que podemos apelar. No hay ningún motivo para que alguien se identifique como socialista en este país: nadie está en un sindicato con una tradición socialista, muy pocos tuvieron un integrante de su familia que militara en un partido socialista, o un abuelo que fuera perseguido por su afiliación socialista. La situación es diferente de la de otros países. Sí creemos que hay una necesidad moral detrás del movimiento socialista, pero esto dista mucho de ser una necesidad práctica en la vida cotidiana de la gente. Nuevamente, por eso necesitamos tener paciencia y humildad. 

Me gustaría cambiar de tema y pasar a la discusión sobre Trump: uno de los argumentos prevalentes dice que su triunfo en las elecciones refleja una derechización de la clase obrera estadounidense, específicamente de la clase obrera blanca. ¿Cómo responde a este discurso? Y, más allá de su veracidad, ¿cómo debería responder la izquierda a la amenaza del populismo de derecha?

La primera manera de responder es mirando el aspecto empírico: la base política de Trump es muy similar a la base del populismo de derecha y a los partidos de derecha de todo el mundo. No son los trabajadores de McDonald’s, ni necesariamente los banqueros y los ceo. Es más probable que el votante de Trump sea el gerente regional. Es importante tomar en cuenta que eeuu es un país grande, con muchos votantes, y por lo tanto es fácil encontrar a millones de miembros de la clase obrera que votaron a Trump. Con su campaña logró convencer a una porción suficiente de la clase obrera como para dar vuelta las elecciones, en lo que fue un triunfo apretado que dependía de los resultados de unos pocos estados. Pero la mayor parte de la clase obrera votó a Hillary Clinton o se quedó en su casa. Es muy importante no sobredimensionar el componente obrero de Trump. La agenda de Trump es antipopular. Tiene una base estable de alrededor de 40% del país, que es poco. Esto no significa que la aparición de Trump no tenga su lado aterrador. Pero no creo que podamos construir política solo reaccionando contra la derecha. Creo que hay demasiada histeria alrededor del incipiente movimiento fascista en eeuu. Lo que yo veo es un crecimiento del populismo de derecha que se ha dado periódicamente a lo largo de la historia del país, y ahora nuevamente tenemos la tarea histórica de derrotar a ese populismo. Los liberales pecan de ver estos movimientos populistas de derecha como inorgánicos y de sobredimensionar su novedad histórica. ¿En qué sentido serían inorgánicos? Los liberales siempre han sido muy hostiles frente a cualquier tipo de militancia de la derecha. Ellos entienden esa actividad como paranoica, como si fuese expresión de una enfermedad mental. Cualquiera que cuestiona las instituciones republicanas, dicen, debe sufrir una enfermedad mental. Y los liberales también extienden esta lectura patologizante a nosotros, los que estamos en la izquierda. Creo que el Partido Demócrata es demasiado reactivo, demasiado anti-Trump, demasiado enfocado en su personalidad. Esto puede producir una situación en la que Trump pierda en las próximas elecciones, pero el trumpismo no haya sido adecuadamente vencido. Se ha centrado demasiado en los tics de Trump, un enfoque que refleja el rechazo que él genera entre la clase media profesional.

Mi propia experiencia en los medios me pone en constante contacto con personas que comparten una repulsión moral de Trump, que rechazan su personalidad, su evidente racismo y sexismo. Pero para mí es totalmente insuficiente quedarse en ese plano. Creo que nosotros, desde la izquierda, necesitamos decir a los votantes: «Nos preocupa, entendemos tus miedos y penas, y además tenemos algunas ideas para mejorar tu vida». Así no vamos a ganar la mayor parte de la base de Trump, porque la mayoría de quienes lo apoyan no están motivados por dificultades económicas, pero nuestra plataforma podría lograr reducir su apoyo.

Yo creo que la base para un futuro movimiento masivo socialista democrático se compondrá de quienes votaron a Hillary Clinton y de quienes se sienten totalmente alienados de la política. Habrá, también, una pequeña parte de las personas que votaron a Trump. Pero se hace difícil interpelar a este último grupo, o incluso a algunos sectores más de centro, si simplemente aceptamos que 40% de los votantes, o una amplia parte de la población, padece de un trastorno psicológico. Esa me parece una manera muy equivocada de hacer política, y también un análisis incorrecto.

Si miramos a algunas de las figuras más destacadas de los últimos años –estoy pensando en Ocasio-Cortez, proveniente de dsa, o incluso en una demócrata de izquierda como Ilhan Omar–, pareciera que los pilares del consenso liberal del país están siendo fuertemente cuestionados: la política exterior de eeuu es sometida a juicio en cada discurso de Omar, mientras que Ocasio-Cortez está llamando a un Green New Deal [Nuevo Pacto Verde] que no solo significaría una refundación del Estado, sino que cuestiona el dominio irrestricto del capital sobre la sociedad estadounidense. ¿Se siente esperanzado de un posible realineamiento del consenso liberal hacia la izquierda? 

Sí, y para ser honesto esa siempre fue nuestra estrategia. Si ha existido una estrategia compartida entre el movimiento progresista y los socialistas democráticos, fue esa: dividir lo que aparenta ser una sólida coalición del Partido Demócrata. No creemos que todos los votantes del Partido Demócrata realmente apoyen el liberalismo centrista de Clinton. Votaron eso simplemente porque era la mejor alternativa y saben qué tan mala es la derecha estadounidense y qué tan de derecha es el Partido Republicano.

Entonces, buscamos distinguir entre los miembros del Partido Demócrata que apoyan el Estado de Bienestar y el resto del Partido Demócrata y su dirección. Yo creo que esa división es algo que está encarnado y personificado en figuras de dsa como Ocasio-Cortez, Rashid Tlaib e Ilhan Omar, entre otras. Detrás del triunfo electoral de estas figuras, hay una organización que se llama Justice Democrats [Demócratas por la Justicia], un grupo que, sin tener las mismas motivaciones socialistas, utiliza las mismas tácticas que antes usaba dsa: trabajar dentro del Partido Demócrata como una fuerza insurgente. Hoy en día la militancia de dsa está enfocada en otros lugares, fuera del Partido Demócrata, en el activismo de base.

Es emocionante ver cómo esas divisiones propias del partido se han personificado. Creo que aprendimos una gran lección: identificamos nuestra base y propulsamos una acción. Ocasio-Cortez no habría sido elegida sin la iniciativa de grupos como Justice Democrats o dsa. Ahora ella como individuo está radicalizando estas divisiones y polarizando el debate en un sentido que favorece a la izquierda.

¿Qué es, entonces, lo que estamos haciendo en eeuu con este nuevo tipo de político, con los socialistas que fueron elegidos o incluso con la campaña de Sanders? Aquí tengo que confesar que aún no tengo elaborado un marco teórico, aunque estoy tratando de desarrollarlo. Yo provengo de una formación marxista ortodoxa. Pero hay una observación que resulta útil en el plano teórico: Sanders y el movimiento que lo rodea representan una democracia social anclada en la lucha de clases, que es distinta de los antiguos modelos de la socialdemocracia. Mientras que en el periodo de posguerra la socialdemocracia buscaba canalizar la militancia sindical y el movimiento obrero, intentando traducirlos en poder electoral y en un pacto de gobernabilidad basado en el equilibrio de clases, Sanders y Jeremy Corbyn son fuerzas totalmente insurgentes.

En teoría son movimientos moderados. Pero el modo en que buscan conquistar el poder implica un proceso de lucha y polarización. Cuando Sanders habla de los «millonarios y multimillonarios», está invocando la figura del conflicto social como la única manera de que el pueblo trabajador conquiste lo que merece. En ese sentido es importante olvidarse de esa idea de que «Sanders es un mero socialdemócrata», porque incluso si sus ideas no son revolucionarias, él sí es un insurgente.

Es preciso darle impulso a este proceso socialdemócrata, que se despliega según una lógica de lucha de clases, para primero conquistar un sistema pleno de bienestar y después, sin desmovilizar, radicalizar el mismo proceso hacia el socialismo. En realidad, hoy tengo menos certeza que antes sobre los pasos por seguir, pero a la vez tengo más confianza de que de algún modo la historia nos acompaña. Tengo más certeza sobre la necesidad moral del socialismo democrático, pero aún más sobre que la gente tomará conciencia de que la democracia y la política ofrecen soluciones para sus problemas, y que no será seducida por la política de exclusión, odio y barbarie que ofrece la derecha.Bhaskar Sunkara Director de la revista socialista estadounidense «Jacobin», es militante de los Democratic Socialist of America (DSA).Fuente:https://nuso.org/articulo/socialismo-estadounidense-sunkara-alexandria-ocasio-jacobin/Traducción:Agustina Santomaso

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Portugal: La crisis del régimen en un régimen de crisis

Que cada cual arrima el ascua a su sardina es una vieja ley de la humanidad y no hay excepciones (y mucho menos este cronista, por así decirlo). Sin embargo, saberlo no basta para interpretar la pequeña disputa provocada por las declaraciones del Presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa,  en una reunión en la Fundación Luso-Americana, en la que anticipó una larga crisis de las derechas. Se podría reducir todo a un presidente que teme desequilibrios en el sistema político y sabe que en este caso, la cooperación con el Gobierno del PS, lo que alguien ha llamado un «bloque central-institucional” sería devaluada por el predominio del Primer Ministro en caso de una victoria por un amplio margen, o de un líder del PSD que, en caso de emergencia, se refugiase en lugares comunes sobre la crisis universal de los regímenes políticos para evitar hacer comentarios sobre las perspectivas de su partido,

Podrían aumentar las críticas de algunas personalidades históricas sueltas del PSD contra Marcelo, pero ni son muchos ni sus críticas muy explícitas como para exigir pedir contención u otras rimas. Tenemos así una conversación en circuito cerrado, que se difuminará tan pronto como los resultados de las elecciones de octubre demuestren la incapacidad de las derechas de crear polarización política, de salir de su amargo pasado – todo gira alrededor del retorno anhelado de Passos Coelho, lo que lo dice todo sobre la novedad que la derecha supone para el país – y en disputar el centro donde el PS se ha instalado sólidamente.

Pero hay más fuego que humo. De hecho, hay una crisis de régimen y en varios países, crisis larvada en algunos casos, en otros explosiva. Por lo menos en la Unión Europea es así; sin embargo, vamos a ver a qué solución se llega para los cargos de la Comisión, el Consejo y el BCE. Y puesto que la UE es el alfa y omega de toda la ideología y la política de las derechas y el centro, lo que obliga a una convivencia comprometedora, esta inestabilidad descubre sus dificultades estructurales. En varios de los países más poderosos ya no saben qué es el  régimen, ni qué partidos lo componen, ni la hoja de ruta a seguir. Se apilan las fantasmagorías, los tratados son reemplazados por actos discrecionales, la gestión de la economía es incompetente, los acuerdos son minúsculos y las soluciones perversas, de la inmigración a la moneda, y los dirigentes dan miedo. Así las cosas, nuestra crisis nacional de régimen todavía tiene otros contornos, más allá de la contaminación europea. El modelo actual, aplazando la reestructuración de la deuda para hacer una gestión a corto plazo de las cuentas públicas, impone fuertes restricciones al desarrollo social y la reconversión energética, como se puede comprobar por el estertor de algunos servicios públicos y la falta de otras inversiones, a pesar del alivio en los bolsillos de los trabajadores. Diez años de recortes (o veinte años, en el caso de los ferrocarriles) suponen un alto precio en hospitales, escuelas y el transporte, que hacen estallar las costuras. No sé qué ventaja puede tener para las derechas sugerir que existe una crisis de régimen, pero implica que la cosa es más grave que su miseria actual: recuerda simplemente que ha estado haciendo de las suyas y que, a lo sumo, se limita a exhibir el argumento trivial de que todos son culpables.

Así que sí, hay una crisis de régimen, hay un régimen de crisis en esa crisis de régimen. Y eso es lo que preocupa a la derecha, el centro no puede obviar, y constituye un desafío para las izquierdas. Comencemos por la derecha: el régimen de crisis es esa forma de ser de las derechas cuando se limitan a ensayar trucos para evadirse. Las campañas de Nuno Melo y Paulo Rangel fueron ejemplares en este sentido. Hubo muchas fotos, casos, acusaciones, la política fue reemplazada por el frenesí. Continuará así. He escrito, y estoy cada vez más convencido de ello, que el efecto Trump o Steve Bannon será muy profunda en las derechas, que imitan las tecnologías tóxicas (¿quién lanzó el SMS que anunció la elección de Basta! y de la Alianza el domingo por la tarde de las elecciones?), radicalizan la política (la «ideología de género» es repetida por los más inesperados “mini-bolsonaristas”), tratan de crear una agenda de “corrupción», multiplican el odio, entran a tiros en los debates. Fue un fracaso en las elecciones europeas y, en lugar de aprender la lección, la apuesta se incrementará en las elecciones legislativas. La crisis de las derechas, como intuye el Presidente Rebelo de Sousa, está aquí para quedarse, reemplazará a los actuales líderes, volverá a orientar las políticas de estos partidos y será para peor. Este régimen de crisis es un camino sin vuelta atrás.

En el centro, la cuestión no está mejor. El régimen de la crisis es en este caso la sustitución de la política por el deseo de poder absoluto. ¡Mayoría absoluta o muerte! es un chantaje que ya fue ensayado en la crisis de la dimisión del gobierno a causa de la huelga de los maestros, grotesco episodio que muestra hasta qué punto se puede llegar en este desvarío. Ahora se acumulan los errores de presunción: la selección de la lista para las elecciones europeas tenía su precio, la eliminación forzada de Ferro Rodrigues puede ser aún más cara, y el deslumbramiento de algunos líderes socialistas y oponentes a los acuerdos con la izquierda, que ahora acarician la idea de una alianza PS-PAN, menospreciando al PAN como si fuera un nuevo Daniel Campelo, dice mucho de la forma descuidada y papanatas cómo se abordan las respuestas que un partido debe al país. Percibo la prisa, intuyo tiempos difíciles y el desgaste de la Unión, con tensiones económicas y costes adicionales para mantener el status quo de las políticas sociales: el gobierno quiere ganar margen de maniobra para evitar las presiones de la izquierda, que le permita una navegación de bajura que no pierda de vista la costa, volviendo a lo que siempre le ha gustado ser. Así, el PS, erigido en partido del régimen, quiere volver a ser el más sutil y peligroso de sus enemigos, él mismo.

Por último, la crisis del régimen no escatimará a las izquierdas. Les exige presentar propuestas coherentes y dirigentes capaces de responder a la crisis del régimen. El régimen de la crisis, en este caso, es el doble reto de mantener su representación social y ampliar su espacio de acción para llegar a ser el protagonista de las alternativas. Si la derecha vivirá sus años de crisis, la izquierda debe convertirse en quién condicione la política portuguesa. Veremos si es capaz.Francisco Louça catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.Traducción:G. BusterTemática: 

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Pactos para qué y con quién

Los resultados de las pasadas elecciones municipales y autonómicas en algunas comunidades, la crisis del bipartidismo y el abanico de partidos con representación parlamentaria y municipal hace más compleja la vida política y, ciertamente, más interesante, y convierte los pactos en uno de los principales problemas a gestionar. La polarización política en una situación de crisis como la actual no ha hecho desaparecer los bloques, al contrario, les ha dado mayor visibilidad y trascendencia. Existe un bloque de izquierdas y otro de derechas y la búsqueda del centro imposible no deja de ser una operación de marketing o una forma de moderar las propuestas políticas que suelen tener una corta duración. Además, en Cataluña, País Vasco-Navarro y Galicia existe el conflicto nacional, especialmente vivo y popular en el primer caso a día de hoy, y la representación política del soberanismo y/o independentismo es una realidad que para desesperación de algunos y evidencia para los más hace más complejas las combinaciones. Hay quien preferiría que todo fuera “más simple”: derechas e izquierdas. Por esta razón algunos analistas de izquierda solo ven en la larga movilización por la autodeterminación nacional en Cataluña “intereses burgueses”, “intentos de maquillaje”, “problemas que no van con ellos”, etc. etc. Aunque la realidad sea claramente opuesta a esta manera de analizar: ¡peor para la realidad! Que la patronal catalana haya declarado repetidamente que no quiere, no simpatiza… con el independentismo, ¡qué más da para los que consideran que solo hay derechas e izquierdas! De nuevo, ¡peor para la realidad!

En este debate no hay que confundir el apoyo para que una formación logre el gobierno con la participación en ese gobierno. Ante la investidura de Pedro Sánchez parece evidente que Podemos y las confluencias deberían ofrecerle su voto frente a la derecha, y exigir un acuerdo de propuestas para condicionar ese apoyo. Otra cosa, discutible, es si habría que entrar en un gobierno con el PSOE, lo que Pablo Iglesias llama gobierno de coalición, como el medio para garantizar que se cumpla lo acordado. La capacidad de maniobra de un gobierno Sánchez será más que limitada por las imposiciones de Bruselas, que ya exige recortar 7.000 millones de los Presupuestos, con la obligación de cumplir el 135 —el artículo constitucional modificado con rapidez lacayuna por un pacto entre el PSOE y el PP: la Constitución como se ve es fácil de modificar cuando lo piden los poderosos, cuando lo pide una gran parte de la población puede ignorarse completamente, y cuando se trata de oponer la lucha popular y democrática contra la represión, el derecho a la autodeterminación, pongamos por ejemplo, entonces se trata de defender el “imperio de la ley” como le llaman algunos sinvergüenzas— y por la negativa en nombre de la monarquía para afrontar de una manera democrática el conflicto catalán. En esas condiciones, entrar en ese gobierno, por más que decida algunas pequeñas reformas —ni siquiera se ha comprometido a derogar la reforma laboral del PP— solo servirá para ser prisionero de esa política. ¿No sería mucho más práctico condicionar la investidura mediante una serie de propuestas acordadas y presionar desde fuera, en el Parlamento y sobre todo en la calle?

La polémica sobre la alcaldía de Barcelona —de la que hablamos a continuación— también ha aparecido en Madrid. Carmena, que fue la lista más votada, pero no con los suficientes regidores para ser elegida alcaldesa, le propone a Ciudadanos que haga como Valls en Barcelona y le dé los votos a la lista más votada —que no es el caso de Barcelona—. En la Comunidad de Madrid también se quiere que el PSOE pacte en la asamblea con Ciudadanos y Mas Madrid para frenar a Vox. Estas operaciones de encaje de bolillos, aparte de que no parece que tengan recorrido, dejarían a Ciudadanos como árbitros de la situación y rehenes de sus políticas, por lo que en vez de empezar a debatir los problemas de recuperación de las izquierdas seguiríamos tiempo y tiempo dependientes de otra fuerza de la derecha. Mal camino.  

Navarra es otra de las comunidades donde el conflicto es evidente. La agrupación de la derechas, Navarra Suma —UPN-PP y Ciudadanos— ha sido la lista más votada, pero la derecha lo ha considerado cuestión de Estado, hasta el punto de que ha ofrecido su voto a Sánchez para la investidura a cambio de que no le arrebaten su hegemonía en Navarra. La suma de todas las izquierdas y el independentismo podría sumar mayoría. Desde la Moncloa se ha desautorizado a los socialistas navarros para que negocien el apoyo de EH Bildu. Otro ejemplo de que Sánchez y el aparato del PSOE son capaces de aceptar el gobierno de la derecha antes que un acuerdo con el soberanismo y/o el independentismo. Toda una declaración de intenciones para aquellas personas que aún precisen más evidencias políticas de lo que está dispuesto a hacer el gobierno del PSOE en temas de “izquierdas-derechas” y “libertades democráticas nacionales”. Se corre el riesgo vergonzoso de que las presiones de la Moncloa permitan que la derecha navarra vuelva a gobernar y destroce los cambios realizados en estos últimos cuatro años.

El laboratorio de Barcelona

La situación para elegir alcalde o alcaldesa en Barcelona está siendo uno de los debates más interesantes después de las elecciones. Como se sabe, la primera lista fue la de ERC, que ganó por cerca de 5.000 votos a la candidatura de BcnenComú. En concejales los resultados han sido: 10 para ERC, 10 para BcnenComú, 8 para el PSC, 6 para la candidatura Valls-Ciudadanos, 5 para Junts per Catalunya y 2 para el PP. Se ha hablado mucho de la evidente mayoría de las izquierdas —la suma de ERC, BcnenComú y PSC— que podría reunir 28 concejales —la mayoría en Barcelona son 21—. Entiéndase, con “mayoría de izquierdas” nos referimos a una idea muy laxa, general, vaporosa e imprecisa. El PSC apoyó entusiásticamente el artículo 155 y se manifestó con la extrema derecha en Barcelona. Cuando muchas veces hablamos de “izquierda” es en relación a otras formaciones más derechistas. Por decirlo castizamente: hoy Thatcher y Reagan estarían en el centro izquierda no tanto por sus exquisitos valores izquierdistas sino por el desplazamiento continuado hacia la derecha de muchos partidos y de la política practicada desde los años 80 a la actualidad. Lo aclaramos para situar las palabras en el contexto que queremos ponerlas.

La noche de las elecciones, Ada Colau, reconoció su derrota y reclamó una Barcelona de izquierdas —recordemos lo dicho al respecto—, sumando ERC, PSC y BcnenComú. Los socialistas reaccionaron inmediatamente, y por boca de Iceta y el concejal del PSC, Jaume Collboni, proclamaron que harían todo lo posible para que no hubiera un alcalde independentista. Valls, el candidato de Ciudadanos, se ofreció a que tres de sus concejales dieran su voto a Ada Colau — “sin condiciones, sin pedir nada a cambio” — para evitar que sea alcalde el candidato de ERC. El objetivo: que Barcelona no tenga un alcalde independentista. En esta campaña no han faltado comentaristas o politólogos de alguna izquierda animando a que Ada Colau aceptara los votos de Valls, del mismo que dijeron que es un neoliberal y un xenófobo declarado. Una verdadera operación destinada no sólo a evitar que ERC tuviera la alcaldía sino a seguir enfrentando los bloques y a decantar a BcnenComú hacia el bloque del 155.

Ante la falta de avances, el PSC no quiere negociar con ERC y ésta tampoco quiere un acuerdo con los favorables al 155 y con quien antidemocráticamente vota para quitar las prerrogativas a sus diputados encarcelados, BcnenComú anunció que presentaba a Ada Colau como alcaldesa. Una asamblea muy numerosa de la militancia avaló esa decisión el viernes día 7.

Muchas cosas pueden pasar hasta el día 15 en que se constituirá el Ayuntamiento:

A/ Que haya un acuerdo a tres, parece bastante improbable por lo explicado.

B/ Que haya un acuerdo con el PSC —lo exige para votar la investidura de Ada Colau— y en este caso Valls daría su apoyo para que Ada Colau fuera alcaldesa.

C/ Parece más que improbable un acuerdo con ERC. Habría que saber las razones y no parecen poco importantes el que en este acuerdo Maragall, su candidato, sería el alcalde, aunque siempre se podría pactar dos años para cada candidatura u otras fórmulas satisfactorias para ambas partes. En el rechazo a este acuerdo, cuenta, y mucho, la errática política de oposición de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona durante los últimos cuatro años. Aunque Jaume Asens, que fue concejal de Barcelona y ahora es diputado en Madrid por En Comú Podem, ha declarado que no descarta este pacto, que “esta puerta no se ha cerrado nunca”.

D/ Que no haya ningún tipo de acuerdo previo y cada lista se vote a sí misma. Al no haber mayoría la lista más votada tendría la alcaldía.

Como se ve el panorama es bastante embrollado. Curiosamente en esta polémica se habla bastante poco de contenidos e incluso la mayoría de las partes negociadoras reconocen que las diferencias son pocas. Motivo de reflexión —o preocupación— adicional: hay pocas diferencias entre algunas candidaturas. El problema de fondo, que lo determina prácticamente todo, para desconsuelo una vez más de alguna izquierda autista en el tema nacional, es el conflicto que mantiene Cataluña con la monarquía borbónica, los dirigentes presos, el juicio y la sentencia que puede pasar a la historia de la represión de las libertades democráticas. Querer hacer política al margen de esta situación es una ilusión. Ilusión nefasta, por otra parte.

La realidad puede ser brutal. Se dice que hay que romper la política de bloques, pero si finalmente Ada Colau fuera alcaldesa con los votos del PSC y Valls sería el bloque del 155 quien decantaría la balanza. Y, aunque no haya un pacto con Valls, tampoco se quiere decir públicamente que no se quieren sus votos, que no son bien recibidos. ¿Alguien se cree que esa decisión no tendría hipotecas? Hipotecas y vergüenzas políticas para muchos años.

Se transmite también la idea de que la única manera de seguir poniendo en práctica políticas de izquierdas es teniendo la alcaldía. Ada Colau declaró en la asamblea de la militancia que no a cualquier precio, pero es evidente que con los votos de Valls se paga precio, y no solamente ese día, también para el resto de la legislatura. Más que dudosa resulta la idea extendida de que la única manera de hacer cambios políticos es desde las instituciones ¿no se decía que el 15 M había llegado para cambiar ese “modelo”? Hay que estar en ellas, pero ya hemos visto en estos cuatro años como se las ahoga económica, política y judicialmente y sin la perspectiva de cambio de régimen político sus limitaciones son evidentes.   

Hay mucha memez que intenta pésimamente esconder los problemas políticos importantes: “hay que gobernar —en Barcelona— teniendo en cuenta la ciudadanía de Barcelona”. ¿De verdad? ¿Hay alguien que diga algo así como “hay que gobernar —en Barcelona— teniendo en cuenta la composición mineralógica de la Luna?”. Cuando se repite la misma memez muchas veces hasta parece razonable. Y no, gobernar teniendo en cuenta la ciudadanía de Barcelona, lo diga quien lo diga, es no decir absolutamente nada. En un régimen sin democracia comisaria republicana, los representantes, los supuestos fideicomisarios, hacen lo que consideran oportuno sin rendir cuentas a sus fideicomitentes… porque no hay fideicomitentes ni fideicomisarios. No hay democracia comisaria republicana.

No hay recetas por adelantado ni respuestas para todas las circunstancias, pero es necesario que los acuerdos y compromisos sean claros. Un acuerdo para la alcaldía o para el gobierno no debería contar con ningún voto de la derecha, y si lo da, recordemos la cita del viejo socialista alemán: “¡Ah, viejo Bebel! ¡Qué tontería habrás dicho para que esta gentuza te aplauda!”.

Y, sin embargo, habría otro camino, otro acuerdo que representa mayoritariamente el voto de la ciudadanía de Barcelona, pues fueron las dos candidaturas más votadas. Un pacto de izquierdas y republicano, entre BcnenComú y ERC, basado en las iniciativas de cambio ya iniciadas y desarrolladas por BcnenComú, que además incorpore una respuesta democrática al conflicto que existe en Cataluña, la libertad de los presos, un referéndum efectivo y una política de alianzas con la Generalitat —paralizada políticamente— para decantarla al servicio de los municipios.

Una primera respuesta el día 15.Daniel Raventós es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, «Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa» (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, «Against Charity» (Counterpunch, 2018) traducido al castellano (Icaria) y catalán (Arcadia).Miguel Salas  sindicalista y miembro del comité editorial de Sin PermisoFuente:www.sinpermiso.info, 9-6-19

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Draghi regala por sorpresa una rebaja a las hipotecas con euribor

El cambio de discurso sobre política monetaria que ha protagonizado durante junio el Banco Central Europeo (BCE) ya tiene su primera consecuencia en el bolsillo de los españoles. A falta de que el dato oficial sea confirmado por el Banco de España (BdE) el próximo lunes, los españoles que tengan una hipoteca referenciada al euribor y que la revisen anualmente, verán caer la cuota ligeramente.

Los datos provisionales muestran que este indicador hipotecario habría cerrado junio por debajo de l -0,181 al que situó en junio de 2018 -el nuevo nivel de referencia estaría en el -0,188-. De confirmarse, también quienes revisen los intereses de su préstamos semestralmente se beneficiarán, ya que en diciembre de 2018, el euribor alcanzó el nivel del -0,129, aunque la rebaja de la cuota no será muy sustanciosa.

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Este movimiento, sin embargo, abre la puerta a que si se mantienen las actuales expectativas y el mercado continúa descontando que el precio del dinero puede incluso reducirse en los próximos meses –Mario Draghi ha dejado la puerta abierta a ello-, las hipotecas continúen abaratándose.

De acuerdo con los datos del Banco de España, el euribor, aunque continuó en terreno negativo, se encareció mes a mes. Por ejemplo, en julio subió hasta el -0,18 y en agosto; al -0169%, por lo que las revisiones en los próximos meses también podrían ser a mejor para el bolsillo de los hipotecados.

El euribor, sufrimiento para la banca

Aunque los bancos están paulatinamente reduciendo su exposición a los tipos variables, primando las hipotecas fijas, el nuevo retroceso del euribor está poniendo contra las cuerdas sus resultados y presionando su rentabilidad

De hecho, el brusco giro dado este mes a raíz del cambio de discurso sobre política monetaria del BCE, ya ha tumbado buena parte de los planes estratégicos de la banca, que se enfrentan ahora a un panorama desalentador.

Banco Sabadell, Bankia y Caixabank confeccionaron sus actual hoja de ruta con un escenario en el que el precio del dinero iba a comenzar a subir; pero la guerra comercial y el Brexit han dado la vuelta al escenario.

Este jueves, el Banco de España, ya adelantó que estos dos factores ponían en riesgo sus previsiones de crecimiento para la economía española.

economiadigital.es

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Un láser permite identificar a personas por los latidos del corazón

El dispositivo desarrollado por el Pentágono y denominado Jetson consiste en un vibrómetro láser de luz infrarroja (invisible al ojo humano) que es capaz de observar el latido cardiaco de una persona a unos 200 metros de distancia.

Esta ‘firma cardíaca’, como sucede con las huellas dactilares, el rostro o el iris, pertenece al conjunto de lo que se denomina ‘huellas biométricas’, rasgos que son únicos y exclusivos en cada persona y permiten por tanto distinguirlas e identificarlas individualmente.

El láser Jetson funciona como un vibrómetro láser Doppler que permite medir las vibraciones y oscilaciones de una superficie, en este caso las que se producen en el corazón a causa de los latidos.

Vibrometría láser para cuantificar el movimiento del corazón

En ingeniería la vibrometría tiene numerosas aplicaciones; desde la industria automovilística, para detectar vibraciones en motores y vehículos, y hasta een l mantenimiento de infraestructuras, como por ejemplo verificar desde tierra que no se producen vibraciones indeseadas en aerogeneradores.

Como sucede con otras huellas biométricas la relación entre una identidad y un rasgo biométrico sólo será posible exista un registro previo que asocie esta característica única con una persona concreta.

En su versión actual el láser Jetson puede identificar a un individuo concreto con un 95% de exactitud «en las condiciones adecuadas», que con el prototipo actual requiere que la persona esté sentada o parada de pie. 

Más efectivo que el reconocimiento facial

A diferencia de lo que sucede con las huellas dactilares o con el rostro, el ritmo cardíaco es más difícil, si no imposible, de modificar o de ocultar.

El láser Jetson es capaz de «leer» la huella cardiaca a través de la ropa. Y empleado un láser de mayor potencia se puede, en teoría, utilizar desde una distancia mayor.

«No digo que se pueda identificar a sujetos desde el espacio», dice Steward Remaly, funcionario del Pentágono, en MIT Technology Review. «Pero sí desde una distancia mayor»

economiadigital.es

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El Corte Inglés maquilla sus números sin vender más pantalones

El Corte Inglés presentó este viernes unos resultados con dos caras: las cifras revelaron que las ventas en sus centros comerciales están estancadas, aunque los márgenes se incrementaron al ritmo que demandaban los inversores. La compañía puso a dieta su estructura y gestión y logró incrementar los beneficios el 28% hasta los 258 millones de euros. Lo hizo, eso sí, sin demasiada ayuda de su principal músculo: el retail.

Fuentes de la compañía que todavía preside Jesús Nuño de la Rosa –en julio será sustituido por Marta Álvarez— celebran que el margen sobre las ventas se incrementó el 1,5%. No obstante, este porcentaje fue solo del 0,7% en la división de centros comerciales. “No se trata de vender por vender, nos hemos focalizado en incrementar los márgenes en este ejercicio”, añaden las mismas voces.

Así, los grandes almacenes maquillan el estancamiento de la división de retail, que apenas elevó sus ventas el 0,37% hasta los 12.973 millones de euros frente al crecimiento del 3,2% que heredó del año anterior. Su contribución al Ebitda apenas ascendió el 0,31% –881,9 millones de los 1.074 millones totales–.

Como explicó Economía Digital al cierre del año fiscal –el 28 de febrero–, la atonía marcó casi la totalidad de las secciones. La sección de moda fue el gran ejemplo: es el principal músculo del grupo y se quedó prácticamente en las mismas cifras obtenidas en el ejercicio anterior. Los datos de ventas los salvaron Viajes El Corte Inglés, que elevó la facturación el 4,95% hasta los 2.721 millones y la división de seguros, que creció el 9,25% hasta los 199 millones.

El Corte Inglés saca pecho de haber reducido deuda en casi 500 millones

El otro gran argumento de la compañía para seducir a los inversores fueron los esfuerzos para reducir deuda. Al cierre de la temporada, el pasivo alcanzaba los 3.367 millones de euros después de destinar 467 millones a pagar lo adeudado. La mayoría del importe procedió de la venta de la filial Óptica2000por 78 millones de euros a Grandvision y las desinversiones inmobiliarias acometidas a lo largo del año.

Todo forma parte del compromiso que Nuño de la Rosa y Marta Álvarez tienen desde que el primero alcanzó la presidencia el pasado mes de junio: alcanzar el investment grade entre las agencias de rating con tal financiarse a través de inversores de primer nivel y afrontar con garantías una posible salida a bolsa en el futuro.

Por el momento, todavía está lejos de los niveles deseados. El pasado mes de septiembre, antes de una emisión de bonos de 600 millones de euros, las grandes firmas la alejaron del grado de inversión. Standard & Poor’s y Fitch le otorgaron una nota de BB y Moody’s la calificó como Ba1. Es decir, bono basura.

Además, la empresa tiene en venta un paquete de 95 inmuebles, el mayor proceso de desinversión de su historia. Encargada a PwC, la operación está valorada entre 1.500 y 2.000 millones, aunque parece complicado que un solo inversor se haga con todo el portafolio debido a la diversidad: engloba desde centros comerciales a oficinas y suelos.

El desembarco de Marta Álvarez en El Corte Inglés

Serán los últimos resultados que llevarán la firma de Nuño de la Rosa como presidente de El Corte Inglés. El próximo consejo –que se celebrará antes del 24 de julio– aprobará el nombramiento de Marta Álvarez como presidenta. No será una directiva de paja: la también accionista quiere mantener las funciones ejecutivas en su nuevo cargo después de descabalgar a Jesús Nuño de la Rosa. Su ámbito de actuación: la totalidad de las divisiones.

Fuentes de la compañía explicaron a Economía Digital que en la reunión se pondrá sobre la mesa el nuevo reparto de funciones del ahora trío que llevará las riendas de la empresa: Marta Álvarez en la presidencia y Nuño de la Rosa y Víctor del Pozo como consejeros delegados.

Otras voces consultadas van más allá y sostienen que la hija adoptiva del expresidente Isidoro Álvarez tomará con más fuerza su papel en el día a día de la empresa, tanto en las ventas como en los frentes corporativos que El Corte Inglés tiene abiertos: la venta de una cartera inmobiliaria y la consecución del investment grade. “Si hasta ahora ya hacía y deshacía, ahora lo hará con mucho mayor motivo”, explican.

Será la principal diferencia con el esquema que tenía la cúpula hasta el pasado verano. Entonces, Dimas Gimeno, sobrino de Isidoro, ocupaba la presidencia, aunque limitada a una función puramente institucional después de que en octubre de 2017 los grandes almacenes nombraran a Nuño de la Rosa y Del Pozo como consejeros delegados.

economiadigital.es

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