Dinamarca: el modelo de todos los partidos es el país más desigual en patrimonio de Europa

Dinamarca es el modelo. No está claro si es por Borgen, la serie política de moda, por Noma, el restaurante que compite con el Celler de Can Roca por ser el mejor del mundo, o por las bicicletas que llevan a sus habitantes al trabajo, que diría Elisa Beni. Pero lo cierto es que todos los partidos españoles citan al país nórdico como su modelo a seguir. Escuchándoles, parece que todos los caminos conducen a Copenhague, desde el conservadurismo del PP a la extrema izquierda de Podemos, pasando por el centrismo light de Ciudadanos: cualquiera asocia su ideología a la prosperidad danesa y aseguran que si llegan al Gobierno intentarán que la sociedad española se parezca lo más posible a aquélla.

El problema es que no está muy claro si saben qué es lo que significa eso exactamente. Juan Ramón Rallo lo explicaba hace unos meses: “En Dinamarca, no hay salario mínimo interprofesional, la indemnización por despido es prácticamente inexistente, el empresario no paga cotizaciones sociales y la negociación colectiva lleva 30 años descentralizándose; su sistema impositivo se caracteriza por una fiscalidad sobre el consumo tremendamente agresiva y el sistema de pensiones basa en una pequeña prestación pública complementada por una pensión privada”.

Leyendo el anterior párrafo seguro que más de uno levanta una ceja, porque no hay ninguna medida en los programas electorales españoles que ni siquiera suene ligeramente a nada de esto. Pero además, habría que preguntarse si el resultado de esas leyes (también de los altos impuestos) es el que nos han vendido, por ejemplo, en lo que hace referencia a la desigualdad. Por una parte, es cierto que Suecia, Dinamarca, Noruega o Finlandia están entre los países europeos con mayor igualdad de rentas. Por ejemplo, según Eurostat, en 2014 el índice Gini en términos de ingresos de Dinamarca era de 27,5 mientras que el de España era de 34,7 (una cifra más baja indica menos desigualdad).

Pero cuidado, se pueden poner muchos peros a estas clasificaciones. En primer lugar, como explica el informe del Instituto Juan de Marianasobre desigualdad que se hizo público este lunes: “Si se le añade el valor de los alquileres imputados, el índice Gini de la renta de España (0,297) cae a niveles intermedios de desigualdad en el contexto europeo, comparable a los de Alemania (0,288) o Italia (0,291), e incluso inferior al de Francia (0,298). (…) Si incluyéramos otras rentas en especie como los proporcionados por las Administraciones Públicas, el índice Gini para España se reduciría en torno a un 20%, en línea con la media de la Unión Europea”.

Es decir, ni siquiera en términos de renta la desigualdad en España es tan elevada como se dice, al menos si se suman todas las rentas. Pero es que además, hay que tener muy en cuenta que cuando hablamos de igualdad de ingresos puede haber la tentación de hacer la equiparación mental con la riqueza. Y no es así. Hay mucha diferencia entre la clasificación de los países en el Índice Gini según renta o patrimonio. Por ejemplo, según el informe de Credit Suisse The Global Wealth Databook 2015 (el que usa Oxfam para publicar su estudio sobre desigualdad, que tanto ruido ha hecho esta semana), Dinamarca es el país rico más desigual en términos de la riqueza de sus ciudadanos. Su ratio es 89,3%, frente al 67,1% de España. No es una excepción: Suecia (80,9%), Suiza (80,3%), Alemania (77,5%) e incluso Francia (70,3%) también son más desiguales que nuestro país.

De hecho, casi todos los países ricos son mucho más desiguales que el nuestro en términos de riqueza, es decir, si se miden los bienes que los habitantes poseen. Por cierto, que esta desigualdad no tiene por qué ser negativa. Aunque en el debate público español se asocia la palabra “desigualdad” con todos los males posibles, lo cierto es que las sociedades más prósperas son las que permiten ahorrar más a sus ciudadanos y construir un patrimonio que va creciendo según envejecen. En realidad, la desigualdad tiene mucho que ver con la edad y la capacidad para generar valor. Allí donde los sueldos son altos y los ciudadanos ahorran, tiene cierto sentido que el patrimonio que atesora el 1-5-10% más rico se diferencie del que acumula el 20-30% más pobre. Por eso, el verdadero problema con la desigualdad no está tanto en los datos estadísticos, que requieren de una explicación y que sí pueden servir para un análisis sosegado, como con el uso demagógico que habitualmente se hace de los mismos.

En este sentido, vale la pena hacer al menos tres apuntes:

– Los datos: el índice Gini puede sonar algo extraño a los no aficionados a la economía. Por eso, vayamos a cuestiones que se pueden tocar. Primera pregunta, ¿qué porcentaje de españoles y daneses tiene diferentes niveles mínimos de riqueza? Pues, a pesar de que esto contradice el discurso habitual, en Dinamarca hay más pobres de esos que las estadísticas dicen que no tienen sin casi nada y más millonarios (cuatro veces más que en España).

Credit Suisse. Global Wealth Databook 2015

Y segunda pregunta, qué porcentaje de la riqueza total del país acapara el 1-5-10% más rico. De nuevo, la respuesta sorprenderá. El 10% de los daneses más ricos tiene el 66,9% de la riqueza total del país mientras que en España sólo alcanza el 55,9%.

Credit Suisse. Global Wealth Databook 2015

– Los pobres daneses: lo explicaban hace unos días Manuel Llamas yJohan Norberg con un par de ejemplos muy gráficos. Cualquier persona con unos pocos dólares en su cuenta bancaria ya sería más rica que la suma de los patrimonios de los 500 – 1.000 – 2.000 millones de habitantes más pobres del mundo. ¿Y eso? Pues porque lo que cuenta Credit Suisse (y utilizan asociaciones como Oxfam para sus titulares propagandísticos) es la riqueza neta, activos menos deudas. El problema es que en muchos países occidentales hay mucha gente endeudada que no por eso es pobre, aunque en la estadística aparece así reflejado.

Y Dinamarca es el caso más extremo. Como vemos en la segunda tabla, el 10% de los daneses con menos patrimonio tiene una riqueza negativa que equivale ¡al -4,7% del total! Es decir, hay miles de daneses que están muy endeudados lo que no quiere decir que sean personas a las que calificaríamos como “pobres”. Puede ser una familia con una hipoteca que supere el valor de su domicilio o un joven con un crédito de estudios. Ellos no lo saben, pero su posición deudora neta generará mucha demagogia, porque la estadística dice que son más pobres que cientos de millones de habitantes del tercer mundo.

El valor de ser danés: la tercera cuestión que habría que tener en cuenta es cómo de pobres o ricos son realmente esas personas, más allá de lo que diga su cuenta bancaria. En el norte de Europa, el Estado cobra unos elevadísimos impuestos a sus ciudadanos a cambio de servicios sociales. Es muy discutible (por ejemplo, aquí se lo pregunta Juan Ramón Rallo) si el nivel impositivo danés es el más adecuado para una sociedad o es mejor el modelo suizo, con impuestos más bajos (y un PIB per cápita muy superior). Pero lo que no se puede hacer es obviar esa realidad a la hora de hacer estadísticas y luego jugar con esas estadísticas para lanzar un mensaje alarmista sobre desigualdad, ricos y pobres. En este sentido, todas las mediciones sobre desigualdad deberían tener en cuenta las transferencias del Estado.

Pero además, cuando se dice cómo pobres o ricos son los habitantes de un país, no puede obviarse esta realidad. Pensiones, subvenciones, rentas de inserción… En cada país, este tipo de ayudas se articula de una forma. Pero lo que está claro es que tener derecho a cobrar ese dinero es un patrimonio (o debería contarse como tal). Lo explicábamosen nuestro artículo de hace unos días: un agricultor boliviano con media hectárea de terreno a su nombre no es más rico que un pensionista alemán sin propiedades.

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Reino Unido, un filón para las constructoras españolas

El Viejo Continente no ha sido un destino fácil para las empresas españolas de infraestructuras. Los fuertes competidores locales, en países como Francia y Alemania, han dificultado su penetración. Y la política de concesiones de estos países maduros tampoco ha alentado su participación.

Pero el modelo de Reino Unido, basado en la colaboración público-privada, ha tendido un enorme puente hacia las constructoras patrias, que se están haciendo con el grueso de los contratos de relevancia que se adjudican allí.

Se trata de una relación ya consolidada. El pasado mes de octubre, la flamante terminal 2 del aeropuerto londinense de Heathrow recibía su primer vuelo. Se ponía punto y seguido al enorme trabajo que Ferrovial ha desempeñado en el epicentro de la aviación europea.

Cinco años de obras han dado lugar a la primera terminal respetuosa con el medio ambiente de Europa. Un macroproyecto que se adapta a los criterios de sostenibilidad y minimización del impacto en las operaciones aeroportuarias y cuya inversión ha superado los 900 millones de euros. Además, el diseño arquitectónico tiene otro nombre español, el del estudio Luis Vidal Arquitectos, expertos en la proyección de aeropuertos.

Alcantarillado

La constructora que preside Rafael del Pino firmó el pasado verano otra de las obras estrella que se van a llevar a cabo en Inglaterra. Se trata del tramo central del Thames Tideway Tunnel, una nueva infraestructura del sistema de alcantarillado de la capital, que evitará el vertido de aguas residuales no tratadas en el río Támesis. Para tal fin se ha dispuesto de algo más de 1.000 millones de euros y esperan que esté finalizado en siete años.

Otra de las construcciones más sonadas en las islas Británicas es el puente Forth Crossing de Edimburgo, esta vez de la mano de ACS y su filial Dragados. El nuevo puente atirantado, cuya longitud es de 2.600 metros y una anchura de 39 metros, cuenta con un presupuesto de más de 1.100 millones de euros y servirá para conectar la ciudad escocesa con el fiordo Forth, lo que permitirá descongestionar el tráfico de dos emblemáticos puentes construidos en el siglo XIX.

Con acento inglés

El aeropuerto de Heathrow tiene la primera terminal sostenible de Europa, obra de Ferrovial, que aborda un túnel para la red de alcantarillado de Londres

Dragados desarrolla el puente de Edimburgo y dos túneles gemelos en la capital inglesa

Pero Dragados no echa el freno aquí. La ejecución de dos túneles gemelos en pleno Londres es “el mayor contrato singular de construcción adjudicado por Crossrail, y su adjudicación consolida la presencia de la compañía en Reino Unido”, apuntan fuentes de la constructora. La obra unirá la estación de Farringdon y el Royal Victoria Dock por tren, y cuenta con un presupuesto de algo más de 1.000 millones de euros.

En las aguas de Gran Bretaña se produce la energía suficiente para el consumo de 280.000 viviendas. Este impulso a la energía renovable se ha dado gracias al parque de generadores eólicos marinos de West of Duddon Sands (situado en el mar de Irlanda), inaugurado en 2014 y gestionado por Iberdrola.

La estación offshore ha superado con éxito numerosos desafíos tecnológicos, “demostrando la capacidad de Reino Unido para construir grandes proyectos de energías renovables, tanto por la cualificación de su mano de obra y excelente ingeniería como por el desarrollo de la cadena de suministro, la logística y sus instalaciones”, según afirmó en su día el presidente de la eléctrica, Ignacio Galán.

Buscando acortar caminos, las constructoras españolas son las responsables de algunos de los proyectos más emblemáticos de Europa. Hace 15 años, gracias al puente de Oresund, la península escandinava está más cerca del continente. En la creación de este viaducto, combinado de tren-carretera más largo de Europa, participó la filial de ACS, Dragados, y conectó la capital de Dinamarca con la ciudad sueca de Malmo. Otro emblema, el puente de Vidin-Calafat, levantado por FCC sobre el Danubio y con una longitud de casi 2.000 metros, une las orillas de Bulgaria y Rumania.

GETTY IMAGEUno de los parques eólicos marinos con que Iberdrola produce energía en Reino Unido.

Hoy las conexiones son de otro tipo. Por ejemplo, OHL se encarga de unir el aeropuerto y el puerto de la ciudad polaca de Gdansk, construyendo además los túneles bajo la desembocadura del río Vístula en el mar Báltico. “Hemos sido la primera empresa constructora española que ha acometido la ejecución de un túnel submarino mediante el uso de una tuneladora especialmente diseñada para esta obra”, explican en la compañía.

La empresa presidida por Juan Miguel Villar Mir se encarga también de poner en marcha una línea de alta velocidad ferroviaria al sur de Oslo (Noruega) con un presupuesto de más de 260 millones de euros.

A lo largo y ancho del continente, las carreteras que lo cruzan también hablan español. Portugal es destino históricamente prioritario y el país que más obra española alberga. Allí, Cintra (Ferrovial),Iridium (ACS) y Globalvia (FCC) se reparten siete concesiones que suman un total de 1.100 kilómetros de asfalto, según datos del Ministerio de Fomento.

La República de Irlanda confía la creación de toda una red de autovías a estas tres españolas, y en Francia, el conglomerado Abertis gestiona más del 20% de los tramos de peaje. Sacyr apunta a Italia y desarrolla en estos momentos la autopista Pedemontana Veneta, con una inversión de 2.000 millones de euros.

Paso a paso en la fría Rusia

Rusia suena a territorio hostil y cada contrato allí es un triunfo para las constructoras españolas. Y más desde que el precio del petróleo está en mínimos y el país atraviesa una dura crisis económica.

Lo saben bien en OHL, que, en 2011, iba a ser la encargada de desarrollar el proyecto más importante de su historia, la línea férrea Ural Polar, que uniría por tren la República Checa con Rusia.

Pero a pesar de los esfuerzos de la española, el pasado año el desarrollo se esfumó al faltar financiación por parte de Rusia (sí contaban con la parte checa) y OHL se vio obligada a pedir la extinción del contrato. Una mala experiencia para la compañía de Villar Mir.

Mejor suerte ha corrido Técnicas Reunidas. Casi como una pica en Flandes reluce la refinería que construye en la ciudad rusa de Volgogrado. Un proyecto “llave en mano” que la española se adjudicó en 2013 por importe de 1.100 millones de euros. Otra gran obra con sello español que pronto estará acabada

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Felipe González teme al discípulo Pablo Iglesias

Felipe González teme a Pablo Iglesias porque él fue igual. Conoce bien las intenciones del líder de Podemos porque es su némesis. Y no va a tolerar que pueda destruir su creación utilizando las mismas herramientas, cambiando el traje de pana con coderas de Isidoro, por la camisa blanca y la coleta de Turrión. Felipe González era el Pablo Iglesias de los 80. La corriente gochista, [rama del PSOE que venía de la “Gauche prolétarienne” o “izquierda proletaria”. Maoistas del 68] le atacaban sin piedad porque creían que era un socialdemócrata moderado y le apodaban el Nadiusko, un poco porque creían que era todo pose e imagen y porque se burlaban del parecido que tenía con la actriz Nadiuska y sus labios carnosos. Felipe González fue al primero al que se acusó de banalizar la política y hacer de ella un espectáculo de masas. La ruptura que su imagen suponía no encajaba con la tradicionalidad de los Llopis y compañía y de una sociedad que tenía problemas para aceptar la modernidad.

Felipe González era Pablo Iglesias

Felipe González logró en la transición paralizar y sobrepasar al PCE, un partido con una estructura mucho más sólida y con una incidencia muy importante en los movimientos sociales y la lucha antifranquista. Felipe González se aprovechó de ser el partido tolerable de la izquierda para crecer y cercenar las posibilidades del PCE. Cuenta Javier Tusell en La Transición española a la democracia, cómo fue el proceso que llevó al PSOE a superar al partido de Carrillo y llaman la atención las similitudes que se dan con los procesos actuales.

“El Partido Socialista Obrero Español, celebró su XXVII congreso en el mes de diciembre de 1976 con la presencia de una numerosísima y muy brillante representación extranjera, entre la que figuraban, por ejemplo, Nenni, Brandt, Palme, Altamirano… etc. […] Brandt […] intervino para lograr que a Felipe González se le concediera el pasaporte. El apoyo externo contribuye, por supuesto, a explicar la influencia que tuvo este partido político, pero sobre todo en el sentido de colaborar en que uno de los grupos socialistas se impusiera sobre los demás que por el procedimiento de crear ficticiamente una opción política.[…] Los propios dirigentes del partido se mostraron propicios a lo que denominaban como un bloque anticapitalista de clase. Siguiendo su tradición el PSOE se proclamó republicano. […] Un modelo nuevo no implantado en ningún país, […] una fórmula intermedia entre el comunismo y la democracia, la voluntad de mantener una escuela pública única o de administrar la justicia mediante tribunales populares elegidos por los ciudadanos”.

Felipe González, al igual que Pablo Iglesias, comenzó con una agresividad que fue moderando para acceder a las clases medias. Nadiusko tenía la suerte de tener a su izquierda un PCE más agresivo, lo que ha sido IU para Pablo Iglesias. Un pepito grillo de conciencia de clase que les permitiera situarse más moderados para no dar miedo a la asustadiza clase media. González fraguó su liderazgo con los viajes a Portugal a ver a Mario Soares, a Cuba a Fidel Castro y con el apoyo indisimulado de Willy Brandt, que le aconsejaron moderación y unidad. No hay que olvidar que en el año 1976, con el cadáver de Franco casi presente, Felipe González llegó a declarar: “Nuestro partido es marxista, democrático, de masas, y revolucionario”.

Según Tusell: “El lenguaje del PSOE tardaría bastante en moderarse” aunque su actuación fue siempre más práctica y flexible y hábil preferiendo el pragmatismo y la adecuación al entorno antes que una posición “dogmática e ideologizada”.

“La divisa electoral Socialismo es libertad resultaba, en cambio, mucho más prometedora para los españoles que querían un tránsito más decidido y firme hacia un régimen democrático. Incluso es posible que una porción de la sociedad española fuera, como el PSOE de entonces, radical sólo en la expresión aunque en la práctica resultara reformista”.

Felipe González fue consciente de que la ruptura en el periodo que le tocó comandar no era más que un “un método racional y pacífico de conducción del país desde una estructura de poder dictatorial hasta un régimen democrático de convivencia”, pero nadie puede negar que su aparición fue una ruptura, como la que ha supuesto Pablo Iglesias en este momento histórico totalmente diferente. De hecho, el líder de Podemos lo que representa es la fractura con lo conformado por el exlíder socialista, con el régimen del 78, el cisma de lo creado en la transición. En palabras de Pablo Iglesias, “no habrá cambio sin ruptura”.

El líder del PSOE, al igual que Podemos en estos dos años, se esforzó en aglutinar todos los apoyos posibles dentro del espectro ideológico afín. Las confluencias de Pablo Iglesias, que ahora se intentan ridiculizar o mostrar como un síntoma de debilidad, también estuvieron presentes en los años en que Isidoro intentó conformar el PSOE. A pesar de que no logró confluir con todas las fuerzas necesarias, sí consiguió unirse con Convergencia Socialista (de origen católico) y con los socialistas catalanes, que prácticamente eran una organización autónoma.

Pero sin duda el mayor punto de unión entre la ruptura que supuso la aparición de ambos líderes es la imagen que proyectaba a los españoles. Tusell lo narra de esta manera:

“La imagen de Felipe González se convertiría en la segunda entre los líderes políticos españoles de la época. Joven, pero con el bagaje de toda la historia del PSOE, Felipe González representaba a una España ajena al sistema político de Franco… Debió haber un buen número de españoles que pensaron que oposición al régimen era lo mismo que socialismo”.

En conversaciones con La Marea, un histórico dirigente del PSOE, que llegó a ser senador, muy próximo a González, asegura que a pesar de las evidentes similitudes en el proceso de ruptura que ambos han supuesto los diferencia que “Felipe no era populista”, y para ejemplificarlo recuerda una frase que éste dijo en una ejecutiva en la que estaba presente: “No prometáis lo que no podáis cumplir”.

Aunque no siempre eso fue así. En el diario ABC en el año 1977 un redactor alertaba del populismo que adoptaba porque no entendía que el PSOE renegara de su condición marxista con tanta alegría y al siguiente día dijeran que estaba dentro de sus preceptos. Para pasar a llamarse socialdemócratas sin tiempo para que la militancia pudiera asimilarlo. Porque eso, insistía, favorecía al Partido Comunista:

“Hasta ahora todo el mundo ha hablado de lo que sería bueno para el PSOE. Pero nadie ha reflexionado sobre lo que sería bueno para la sociedad en su conjunto. Hace tiempo que vengo sosteniendo la tesis de que la estabilidad de la democracia española depende de la perpetuación de la actual posición hegemónica del PSOE en el seno de la izquierda. Personalmente pienso que eso, que sería bueno que de este Congreso surgiera un PSOE fortalecido. Qué duda cabe que me cuento entre los muchos millones de españoles a los que les gustaría que Felipe González se pareciera al señor Schmidt, pero, desafortunadamente, la realidad de una y otra sociedad es todavía distinta. Tan grave para el país en su conjunto sería que el PSOE quedara escorado a la izquierda y atrapado por lo tanto, en una dinámica frente populista, como que de la noche a la mañana se proclamara socialdemocrata. En ambos casos el gran beneficiario sería el Partido Comunista”.

Les sonará el joven redactor. Se llama Pedro J. Ramírez.

Fagocitar a su izquierda

El objetivo de Felipe González era claro, conseguir que su PSOE fuera identificado como el opositor al régimen. Para ello contó con la inestimable ayuda del PCE, al que por la represión a la que se vio sometida, no le quedó más remedio que moderar su discurso y su lenguaje para no hacer descarrilar la transición además de tener muy identificadas a sus principales figuras políticas con la Guerra Civil, un hándicap teniendo en cuenta la fuerte implementación en la sociedad española del franquismo sociológico.

“El PCE no había renovado su dirección política en los años de exilio; aunque pudiera exhibir como emblemas a personajes como Dolores Ibárruri, Pasionaria, al mismo tiempo tenía, sin duda, más dificultades para conectar con los sectores juveniles, de un izquierdismo superficial, aunque en apariencia radical. […] Carrillo […] también desdeñó al PSOE cuyo voto acabaría considerando como de aluvión”, cuenta Javier Tusell.

Para el expresidente socialista también jugó un papel importante la mochila, maldita para algunos y orgullo para otros, pero que al fin y al cabo también tuvo su relevancia en la lucha entre el PSOE y el PCE por la hegemonía en la izquierda, algo que también ahora se repite con el liderazgo de Pablo Iglesias.

El verdadero problema de estas similitudes a grandes rasgos entre la aparición de estos dos personajes en sus respectivas épocas es que ahora han coincidido. Y el discípulo quiere comerse al maestro. A Pablo Iglesias se le queda corto comerse el espacio de IU, quiere el del PSOE, y Felipe González lo sabe. Por eso no tiene otro objetivo mayor en la política española que combatir a Podemos.

Felipe contra Podemos

El pasado verano en un acto por la liberación de Leopoldo López en Madrid, en La Marea tuvimos la oportunidad de preguntar al exdirigente si su implicación con la liberación de los presos de la oposición tenía algo ver con la aparición de Podemos en España, y si debido a su amistad con la casa real saudí, a la que vendió unos terrenos en Tánger, no le sería más fácil interpelar al rey de Arabia Saudí por la situación de los presos en ese país.

Su respuesta, que dio lugar a un posterior artículo de su asesor y de Leopoldo López criticándonos por atrevernos a preguntarle, fue la siguiente:

“Lamento que algunos de los que estuvieren en esas ideas no sientan más próximos los problemas de Venezuela que los de Corea del Norte, yo sí los siento más próximos a los de Arabia Saudí o de Irán, pero lamento todavía más esa truculencia del método Dahrendorf. Pregúntale por una cosa que no tenga nada que ver con lo que estamos hablando para ver si se desconcierta. Y ya con esta edad nadie me desconcierta”. Además, el expresidente del gobierno añadió: “He intentado no mezclar su lucha por los derechos humanos en Venezuela con lo que pasa en España. Porque respeto muchísimo a los votantes de Podemos y estoy seguro que el 99% no sabe lo que allí ocurre”.

Lo cierto es que no ha cumplido muy bien esa intención de unir ambas cuestiones. En diciembre de este año les lanzó un dardo: ”Se han olvidado ya de Venezuela y de lo que cobraban por asesorar a ese Gobierno”.  El líder del PSOE siempre ha tenido a la formación de Pablo Iglesias como blanco principal de sus ataques. En una charla en Caixa Forum aseguró: “Sería una catástrofe que prendieran alternativas bolivarianas”

Sería muy complicado definir y repasar la deriva reaccionaria que González ha alcanzado desde que los gochistas le llamaban Nadiusko hasta que ha pedido un gobierno de PP y C’s con la abstención del PSOE para evitar que Podemos pise moqueta. Pero sin duda hay una frase que hace muy difícil que el expresidente del gobierno dé lecciones de ningún tipo a Podemos ni a los que ocupan hoy el PSOE. Fue una frase que Fernando Garea apuntó en su momento. Cuenta el periodista que González dijo en una rueda de prensa tras un consejo de ministros: “El Estado de Derecho se defiende desde las cloacas y desagües”. Ahora, también, desde consejos de administración.

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La diputada de JxSí Muriel Casals, en la UCI tras ser atropellada por un ciclista

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La diputada de JxSí Muriel Casals ha sido trasladada este sábado al Hospital Clínic tras ser atropellada por un ciclista en Barcelona y resultar herida, ha informado este domingo el hospital en un comunicado.

Casals ha sufrido un traumatismo craneoenfálico con un hematoma subdural que ha requerido drenaje quirúrgico y también tiene una fractura de pelvis que no ha comportado ninguna complicación.

El estado de Casals es “estable dentro de la gravedad” y está ingresada en la UCI, y la diputada y su familia han pedido el “máximo respeto” por su intimidad, y han afirmado que informarán de cualquier novedad sobre su estado de salud en los próximos días.

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Equo se ofrece para participar en un “Gobierno de izquierdas”

La mesa federal de Equo -partido integrado en el grupo parlamentario de Podemos-, aprobó anoche una resolución a favor de un “gobierno de izquierdas y progresista” del que participe Podemos y en el que los integrantes de Equo también se muestran dispuestos a entrar.

En su resolución, Equo manifiesta su disposición a “participar y apoyar un pacto” para que haya un “gobierno de cambio” y se compromete a someter su contenido a la consulta de su afiliación.

“Manifestamos nuestra disposición a participar en dicho Gobierno y esperamos poder valorar pronto una propuesta en este sentido que en todo caso sería sometida a consulta entre nuestra afiliación”, reza el comunicado del partido ecologista, que apela en él a la “capacidad de diálogo y generosidad de los partidos con voluntad de cambio y transformación”.

http://ecodiario.eleconomista.es/

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¿Cuáles son las cinco ciudades europeas con más carteristas?

El portal de viajes TripAdvisor incluye a Madrid y Barcelona entre las cinco ciudades en las que existe mayor peligro de que el viajero se tope con un carterista

En declaraciones al Daily Mail, publicadas por el diario 20 Minutos la jefa de marketing de TripAdvisor, Christine Peterson, ha expuesto un ránking donde los turistas tienen que poner más atención ante el riesgo de carterista

Barcelona se sitúa en el primer lugar del ranking y Madrid en el tercero

La primera ciudad de lista es Barcelona, ciudad en la que Peterson destaca que se producen 300 robos al día. Las zonas más peligrosas son la Catedral, las Ramblas, Plaça Catalunya y la Plaça Reial.

En segundo lugar se sitúa París, y en el tercero destaca Madrid. De la capital de España, desde el portal de viajes destacan la presencia del ‘clan de las bosnias’, dedicadas al carterismo, y que se trasladaron de Barcelona a Madrid. El Metro, la Plaza Mayor y Cibeles, se postulan como los principales puntos en los que se sitúan los ladrones.

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Futbolistas griegos paran un partido con una sentada de protesta contra la UE por la muerte de refugiados

La llegada masiva de refugiados a las costas griegas y turcas, junto a las miles de muertes provocadas por los naufragios que tienen lugar en el Mediterráneo desde que se desatara la guerra en Siria e Irak no ha pasado tampoco desapercibida en el mundo futbolístico. En un partido de la Segunda División de Grecia entre el AEL Lakrissa y el Acharnaikos, los jugadores de ambos equipos se sentaron en el terreno de juego nada más comenzar el partido durante dos minutos en protesta por el elevado número de personas, pero sobre todo niños, que fallecen cada semana en las aguas del Mediterráneo intentando llegar a la costa europea. El equipo anfitrión, el AEL emitió un comunicado en el afirmaba realizar esta acción “en memoria de los centenares de niños que mueren cada día a causa de la atroz apatía de la UE y de Turquía, sobre lo que pasa en el mar Egeo”.

Un jugador de la Segunda División de Grecia sentado en protesta por las muertes de refugiados en el Mediterráneo

Un jugador de la Segunda División de Grecia sentado en protesta por las muertes de refugiados en el Mediterráneo

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Fidel Castro traslada a Mujica su preocupación por la expansión del Zika

El exmandatario cubano Fidel Castro compartió con el expresidente de Uruguay, José Mujica, su inquietud por la proliferación de la epidemia del virus del Zika durante un encuentro en La Habana, Cuba, informa

El encuentro se produjo durante la visita que Mujica hizo esta semana a la isla. Según reveló este sábado la prensa cubana, Castro le expresó a Mujica “su preocupación por la proliferación del virus del Zika en el mundo”. Ambos líderes ya habían mantenido encuentros en La Habana en julio del año 2013 y enero del 2014.

Según la Organización Mundial de la Salud, el virus del Zika se extenderá de forma explosiva a través de casi todo el continente americano. Las autoridades del Ministerio de Salud de Cuba han anunciado que, de momento, no existen casos en el país, informa Ciber Cuba. Uruguay tampoco ha confirmado casos de la enfermedad.

https://actualidad.rt.com/

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“Alemania es el líder de la UE, pero es un líder aislado”

Gideon Rachman se sirve de sus casi 25 años de corresponsal y analista internacional para explicar cada semana en Financial Times los hilos que mueven la política mundial, advertir de los errores ya conocidos y, de paso, proponer ideas para un mundo en penumbra.

La crisis financiera mundial y la transformación de los medios de comuni­cación derivada de Internet han hecho de Financial Times (FT) el medio verdaderamente global. Fundado en Londres en 1888 y convertido en “la voz de la City”, el diario está hoy en manos del grupo mediático japonés Nikkei, que pagó más de 1.200 millones de euros por la mítica cabecera. Desde su primer número, el FT se especializó en información económica e internacional, con una de las redes de corresponsales más extensas del mundo, incluso en la actualidad. Ha encontrado en Internet lo que para muchos es una fórmula mágica: 750.000 suscriptores, un 70% de ellos digitales. Su influencia política y económica es indiscutible. En 2010-11, en lo peor de la crisis para España, el gobierno tenía tanto interés en lo que publicaba el FT como en los informes de Bruselas. En el ámbito internacional, sus análisis y reportajes son igualmente influyentes a la hora de crear narrativas globales sobre los grandes asuntos mundiales. El comentarista-jefe de política internacional del FT, Gideon Rachman, estuvo en Madrid el 30 de noviembre de 2015 en un encuentro organizado por Aspen Institute España. Con una carrera periodística forjada en la BBC y The Economist, Rachman trabaja en el FT desde 2006. En Madrid, el periodista-analista habló de Europa, de un Reino Unido absorto por el Brexit, del conflicto sirio, de China y, sobre todo, se interesó por el panorama político español. Encontró también 50 minutos para conversar con Política Exterior.

Áurea Moltó: Usted ha escrito que la Unión Europea le recuerda a la Sociedad de Naciones, organización que entró en coma irreversible ante su incapacidad para afrontar los acontecimientos del periodo de entreguerras. ¿Cuáles serían hoy esos acontecimientos y su impacto en la UE?

Gideon Rachman. Trataba de ser provocador al hacer esa comparación con la Sociedad de Naciones, una organización creada sobre la idea de que los países se obligaban a establecer una serie de reglas comunes, pero luego se encuentran con que es muy difícil cumplirlas debido a los cambios radicales que se producen en Europa y los nuevos actores políticos que surgen. En este momento, el paralelismo es inexacto porque lo que sucede en la UE no es tanto la violación de las reglas existentes, sino la incapacidad para alcanzar acuerdos en los grandes asuntos, como la cuestión migratoria o la crisis del euro. Y creo que debemos preocuparnos por la posible ruptura de la UE. Por un lado, la incapacidad de la Unión para abordar la crisis migratoria de manera que satisfaga a los Estados miembros y a sus ciudadanos está llevando a algunos a tomar acciones unilaterales, por ejemplo cerrar las fronteras o rechazar las cuotas de refugiados. Del mismo modo, otro asunto para preocuparse es la posibilidad de que partidos extremistas lleguen al gobierno, lo que ya sucede en Hungría, y podría ser el caso de Polonia. La UE es una organización que funciona razonablemente bien cuando cada miembro de los 28 está comprometido con lo fundamental del proyecto o es suficientemente pequeño para ser aislado, como ha sucedido con Grecia. Este compromiso con la Unión suele darse cuando el poder está en manos de gobiernos de centroderecha o centroizquierda. Pero con gobiernos de extrema derecha o extrema izquierda, muchos de los cuales en realidad no creen en el proyecto europeo, algunos podrían empezar a romper las reglas, incluso a plantear su salida. Esta situación es abordable cuando se trata de un país pequeño, como Grecia, pero pensemos que se tratara de un país grande. Por ejemplo, una Francia gobernada por Marine Le Pen (lo que parece improbable), o un gobierno de Sarkozy, apoyado por una plataforma que pidiera el fin de Schengen; o un futuro gobierno alemán post-Merkel, que podría ser incluso menos generoso con el euro o que cambiase sus planteamientos sobre los refugiados… Pueden darse múltiples escenarios. Lo que quiero decir es que la fragmentación política en Europa, combinada con asuntos muy difíciles de resolver incluso para los gobiernos más fuertes (crisis del euro, refugiados), está creando la posibilidad de una ruptura de la UE.

La guerra siria, los atentados del Estado Islámico en Europa, el revisionismo territorial de Rusia, la crisis de los refugiados… ¿cómo podría haber gestionado la UE esos problemas de una manera más efectiva?

Los países han actuado de forma ligeramente diferente en cada uno de estos problemas, pero no creo que existiera algo así como una decisión correcta que hubiera hecho que las cosas fueran mejor de forma inmediata. En Rusia y Ucrania no hemos estado tan mal, sobre todo teniendo en cuenta que fue una crisis de seguridad de primer nivel. Al final, aunque el enfoque de algunos países europeos fue un poco distinto –los bálticos defendían la línea dura, los italianos no– creo que el paquete de sanciones aprobado ha sido una respuesta bastante efectiva.

Sobre Siria, tampoco tengo claro que hubiera una política adecuada desde el principio. Se suponía que Estados Unidos debía tomar la iniciativa, y la administración Obama se ha esforzado por encontrar una respuesta política, pero no ha dado con ella. Y eso a pesar de que cuenta con un gobierno fuerte y un ejército poderoso. Parece que no existe esa política efectiva. Dicho esto, los países europeos tienen unos instintos muy diversos, y se está viendo en Siria. Los alemanes todavía son muy reacios a utilizar la fuerza militar. Los franceses menos. Los alemanes están más dispuestos a aceptar refugiados, los países del este de Europa, mucho menos. Además, la UE no es la mejor organización cuando tiene que moverse rápido, porque está fragmentada. Estas crisis suelen requerir una rápida toma de decisiones y la UE es muy mala en eso.

¿Diría entonces que la UE está haciendo todo lo que puede?

La UE es buena haciendo cierto tipo de cosas, pero la gestión de crisis, sobre todo las crisis de seguridad, no es una de ellas. Por eso, al final son los gobiernos nacionales los que toman las decisiones. La política exterior siempre se ha abordado de forma intergubernamental, y será cada vez más algo como Berlín hablando con París, Kiev, Moscú… quizá también Londres, Madrid, Roma… Y cada vez habrá menos paciencia para intentar encontrar soluciones en reuniones de 28 miembros en el Consejo Europeo.

Durante años hemos escuchado que los límites entre la política exterior y la interior ya no existen. Ahora estamos viendo cómo problemas exteriores (guerra en Siria) tienen consecuencias en el interior de los países europeos (llegada de refugiados). ¿Cree que las conversaciones directas de François Hollande con Barack Obama, Vladimir Putin y David Cameron para actuar de forma coordinada en Siria están erosionando todavía más la política exterior europea o, por el contrario, podrían ser una oportunidad para impulsarla?

Durante una crisis como la actual lo que suele ocurrir es que una capital habla con otra, y a veces ni siquiera son capitales de la UE las que hablan entre ellas. Por otra parte, los franceses siempre han tenido muy presente la cuestión de la soberanía, y han sido reacios a delegar asuntos de política exterior. Incluso dentro de la UE, Francia se contempla a sí misma como un miembro del Consejo de Seguridad de la ONU y una potencia nuclear. Si a esto se une la sensación de crisis nacional, se entiende que quieran hablar directamente con Washington, Moscú, Londres, y no vayan a hacerlo a través de Bruselas. Pero para mí, en este momento, lo más interesante es el intento por revivir los mecanismos de la Europa de la defensa, que ha sido una ambición francesa durante años. Sin embargo, creo que en la situación actual, para ellos es una cuestión secundaria.

Tras el 13 de noviembre en París y las iniciativas en marcha sobre Siria se ha echado de menos a la alta representante, Federica Mogherini.

Esto se debe en parte a la estructura institucional de la UE, pero también tiene que ver con las personas. No estoy diciendo que ella no sea capaz, pero no es alguien con un profundo conocimiento previo al cargo. La única manera para que ese puesto [el de alto representante] tenga una oportunidad es con una persona como Carl Bildt o David Miliband, con una reputación y un conocimiento acreditados del contexto internacional, que puedan coger el teléfono y hablar directamente con quien ya conocen. Mogherini puede estar haciendo un trabajo particularmente bueno detrás del escenario, pero no va a liderar la respuesta.

La Europa de Merkel

La crisis de los refugiados ha marcado un giro en el papel de Alemania en la UE. Angela Merkel ha liderado la respuesta, afirmando una y otra vez que quiere una solución conjunta. Se repite que la UE necesita líderes, pero Merkel encuentra críticas dentro y fuera de su país. ¿Queremos líderes en realidad?

Esa es la razón por la que una persona como Carl Bildt no consiguió el puesto de alto representante. Porque este tipo de personalidades tienen sus propias ideas, no quieren esperar a que se formen consensos para dar una respuesta, etcétera. La gente quiere líderes si cree que van a hacer lo que ellos quieren que hagan. Hasta la crisis de refugiados, Merkel no ejerció un liderazgo europeo en política exterior, al menos no mucho más que Mogherini o que la burocracia europea. En Rusia y Ucrania sí hizo uso de su influencia, en parte porque Merkel habla ruso, también porque tiene la paciencia necesaria para dialogar con Putin, y por la posición geográfica alemana. Todo esto hace que Ucrania se sienta más próxima a Berlín que a Madrid o Londres.

Por otra parte, está la personalidad y credibilidad que Merkel se ha formado en la última década en Washington o Londres. Reino Unido ha desempeñado el gran papel en los asuntos de política exterior europea, como en el conflicto de los Balcanes en los años noventa y tras la caída del muro de Berlín. Los firmantes del Memorándum de Budapest de 1994 [sobre garantías de seguridad a Ucrania al adherirse al Tratado de No Proliferación Nuclear] fueron EEUU, Francia y Reino Unido. Ahora es Alemania quien ha tomado ese papel protagonista, y creo que de forma bastante eficaz.

Merkel ha podido mantener su liderazgo porque es, de lejos, la figura política de más éxito en Europa

Con la gestión de la crisis del euro también se vio: Alemania es y seguirá siendo esencial porque es el mayor contribuyente. Merkel ha pagado personalmente mantener el euro funcionando, al tiempo que lograba el apoyo interno a una medida muy controvertida en su país. Y lo hizo bien.

En cuanto a la crisis de los refugiados, al igual que la del euro, vemos cómo la división entre problemas exteriores e interiores ya no existe. Aunque es probable que no haya una respuesta política mejor, al abrir las puertas a los refugiados sirios, Alemania tendrá que hacer frente a un enorme flujo de refugiados, y no estoy seguro de que sea sostenible ni siquiera en el propio país. Por otra parte, está poniendo mucha presión en los vecinos del Este, incluso en Francia. Gestionar esto es difícil si quieres ser el líder de Europa, y Alemania está liderando en soledad. El liderazgo de Merkel es también difícil dada la relación de Alemania con los países del Sur de Europa, con los que existe mucha tensión debido a las posiciones alemanas en la gestión de la crisis del euro, que dieron lugar a críticas y resentimiento. De modo que aunque Merkel cuenta con el respaldo de los países del norte de Europa, está perdiendo el de los países del Este por la cuestión de los refugiados, y tiene el resentimiento de los del Sur por la crisis del euro.

En la situación actual, Reino Unido se mantiene al margen debido al asunto del Brexit. Francia está débil y tampoco puede liderar desde atrás, ni en la crisis del euro ni en la de los refugiados. Por tanto, Alemania es el líder de Europa, pero es un líder aislado. Y difícilmente conseguirá el apoyo total de sus socios. A esto se añade que durante un tiempo Merkel ha podido mantener su liderazgo porque es, de lejos, la política de más éxito en Europa –ha ganado tres elecciones y la economía alemana va bien– pero ahora está en una posición débil en el interior del país debido a las críticas de los alemanes por su gestión de la crisis de los refugiados.

¿Qué Angela Merkel podría surgir una vez abandone la política alemana? ¿Podría convertirse en un líder en la UE?

Depende de las circunstancias. Se está especulando mucho sobre si se presentará a las elecciones alemanas de 2017 y, según mis colegas alemanes, se están haciendo lecturas equivocadas. Pero si Merkel se viera obligada a dejar el cargo antes de tiempo, es posible que termine como una figura desacreditada, quizá como Tony Blair, buscando un papel en Europa pero sin conseguirlo porque ha perdido su base de apoyo nacional. Dependerá de cómo terminé la era Merkel.

La partida de Rusia en Siria

¿Qué tipo de arreglo internacional podría poner fin al conflicto en Siria?

Lo bueno de las conversaciones de Viena es que sentaron a la mesa a todos los actores necesarios para una solución, incluidos los iraníes y los saudíes, que sienten mutuamente una desconfiana y un odio absolutos. Entre las potencias no regionales –EEUU, Rusia, etcétera– el mayor punto de desencuentro es en torno al apoyo a una oposición moderada y el plantea­miento de que Bachar El Asad se tiene que ir como parte de la solución. Creo que el tipo de solución diplomática que busca la región es una vía de transición desde El Asad, en la que no se impondría la demanda occidental “El Asad debe irse”, pero tampoco la posición ruso-iraní, que sostiene que debe quedarse. La solución estaría en algún tipo de acuerdo que abra un periodo de transición de un año o dos, probablemente seguido de unas elecciones. Aunque no creo que nadie tenga mucha fe en las elecciones, con los precedentes de Libia y Egipto, donde se plantearon como parte necesaria para acabar con la inestabilidad. Pero en cualquier caso, parece la única manera de legitimar la etapa post-El Asad. La comunidad internacional puede impulsar este camino, que será largo. Si se celebran las elecciones serían supervisadas y financiadas por la UE. Quizá una opción sería alcanzar algún compromiso para que El Asad se presentara, pero no creo que Occidente lo permitiera, ni que la oposición siria participara en esas elecciones. Afortunadamente, ahora se han reunido las personas adecuadas para buscar una solución, cualquiera que sea. Probablemente será una combinación de alto el fuego y una transición que permitiera a El Asad salir del gobierno a través de la celebración de elecciones.

Algunos analistas afirman que Rusia supone a largo plazo una amenaza mayor que el EI.

Yo solía estar de acuerdo con esa idea, y hace un año habría dicho que sí, porque Rusia es un actor mucho más poderoso que el EI: tiene armas nuclea­res, es la octava economía del mundo, etcétera. Además, con la anexión de Crimea, ha sido la primera vez, desde 1945, que un país ha “transferido” por la fuerza la soberanía de parte de un país a otro, lo que supone un desafío. Mientras tanto, el gobierno ruso ha adoptado una retórica nacionalista y antioccidental. Desde luego, los países bálticos temen que puedan ser los próximos. Por el contrario, el EI, aunque pueda cometer atentados en las calles de París, no está en la misma liga que los rusos en cuanto a poder, y el terrorismo no es lo mismo que una amenaza nuclear. Dicho esto, es muy difícil explicar a la opinion pública europea que debería preocuparse más por los rusos que por el EI, porque si deambulas por las calles de París o Londres, lo que te preocupa no son los rusos. Creo que las dos son amenazas duraderas. Hay un factor adicional, que es la capacidad del EI para atraer a ciudadanos occidentales. No se trata solo de una amenaza militar, sino de una batalla ideológica. Miles de occidentales se han ido o simpatizan con las ideas del EI.

¿Cree que trabajando juntos en Siria, los países occidentales y Rusia podrían restaurar cierto margen de confianza?

Sería estupendo, pero no creo que vaya a suceder. A algunos les preocupa tanto Rusia que ven esta posibilidad como una trampa y temen que si se trabaja con ellos en Siria, los rusos lo utilizarán para debilitar a Occidente, ya que no comparten nuestros objetivos. Incluso así, vale la pena intentarlo y, si logramos hacer algo en Siria, quizá se sienten las bases para mejorar las relaciones en otras áreas. Pero reconozcamos que el expediente de Putin no es alentador. Habrá que ser muy cautos y estar preparados para abandonarlo si pareciera que estamos siendo utilizados en sus objetivos antioccidentales. De cualquier forma, al menos que se haya asumido que estamos atascados en 20 años de hostilidad entre Rusia y Occidente y que un cambio interno en el país tardará aún mucho tiempo, creo que se debe hacer el esfuerzo por intentar mejorar las relaciones.

¿De qué manera la presencia de actores externos está dirigiendo el conflicto sirio y cuáles son las consecuencias?

Ustedes en España tienen la experiencia de lo que es una guerra subsidiaria (proxy war) en los años treinta del siglo XX [cuando la Alemania nazi y Rusia apoyaron a cada uno de los dos bandos en la Guerra Civil]. En Siria, la guerra ha empeorado por el hecho de que hay actores externos interviniendo, proporcionando armas y dinero a los distintos bandos. Eso significa que el conflicto solo puede resolverse con la victoria de alguna de las partes. Pero en este momento, ninguno de los actores externos está dispuesto a admitir la derrota: los saudíes no están preparados para que su lado pierda, como tampoco lo están los rusos o los iraníes. Por eso, creo que la única manera de salir de ahí es reconocer que todos están sufriendo las consecuencias de este conflicto, pero la falta de confianza es tan alta que cualquier decisión es objeto de sospecha. Por ejemplo, en el caso de un alto el fuego, algunos temen que los rusos y los iraníes lo aprovechen para reabastecer a El Asad, lo que alteraría de nuevo los equilibrios llevando a la situación inicial. Es esta falta de confianza lo que hace tan difícil alcanzar un acuerdo.

El gran conflicto no es imposible

Usted asegura que no se puede descartar la posibilidad de un choque directo entre grandes potencias; por ejemplo, el riesgo de que el conflicto sirio dé lugar a un enfrentamiento abierto entre iraínes y saudíes, o entre rusos y estadounidenses. Incluso un enfrentamiento entre China y EEUU en el mar del Sur de China. ¿Cómo evitar este escenario?

Hay que confiar en el liderazgo racional de los principales países. La razón por la que no se puede descartar este enfrentamiento es por la forma en que está construido el mundo. En primer lugar, existen potencias satisfechas e insatisfechas. Por ejemplo, tenemos a Rusia y China. Tendemos a pensar que aunque se oponen a la globalización y están enraizadas en el viejo orden, no tienen motivos para tratar de desestabilizar el sistema porque no les va mal. Pero creo que ahora está claro que los rusos sienten que han sido “explotados” con el final de la guerra fría y les gustaría que algunas cosas cambiaran. De manera similar, China tiene muchas reclamaciones territoriales, que en la actualidad demanda con más energía, particularmente en el mar del Sur de China. Más que una paz sostenida en reglas y fronteras acordadas, lo que hoy tenemos es una paz sostenida en parte a través de la disuasión, con EEUU diciendo “si amenazas las fronteras de los Estados bálticos o la estabilidad en el mar del Sur de China, te enfrentarás al ejército estadounidense”. Esto es una manera mucho menos segura de mantener la paz. Supone volver al equilibrio de poder. La disuasión es probablemente necesaria, pero tiene altos riesgos. Esa es la preocupación actual de los países bálticos con Rusia. Por eso EEUU ha respondido moviendo tropas a esos países, y ha hecho saber a los chinos que el acuerdo de seguridad entre EEUU y Japón cubre también las islas Senkaku. El riesgo que se asume con ello es muy alto, porque son precisamente estos hechos los que pueden llevar a la guerra. Además, hay errores de cálculo y malentendidos sobre el terreno. No se trata de que alguien en Washington o en Pekín tome una decisión, sino que puede ser la acción de una persona en un barco en el mar del sur de China, que decida disparar por algún motivo, o un incidente menor en un país báltico que ponga en juego la credibilidad de una de las partes. La escalada del conflicto puede ser muy rápida. Pero todo esto son escenarios. Probablemente no ocurrirán, pero sí son hoy más posibles.

Sería muy interesante ver cómo actuaría EEUU si China fuera una democracia

Historiadores reputados advierten sobre las similitudes del contexto actual –y el convencimiento de que un conflicto entre grandes potencias no es posible– con la situación de Europa en vísperas de la Primera Guerra mundial, cuando tampoco se contemplaba la guerra como posibilidad.

La situación ahora es muy distinta. Cuando estalló la Primera Guerra mundial, en agosto, los británicos aseguraron que terminaría en Navidad. Nadie minusvalora hoy las consecuencias de una guerra. Todo el mundo asume que una guerra entre grandes potencias sería catastrófica, porque estamos en la era nuclear. Solo hay que fijarse en el derribo del avión ruso por parte de Turquía. Rusia ha reaccionado con mucha cautela porque Turquía es parte de la OTAN. Los rusos están profundamente enojados con el derribo, pero son conscientes de los riesgos de una escalada. Por eso creo que la disuasión nuclear ha funcionado hasta ahora. Las armas nucleares hacen imposible comparar la situación actual con 1914.

¿Por qué EEUU tiene todavía un papel tan activo en Europa, Oriente Próximo y Asia? ¿Cree que Washington realmente teme la posibilidad de ese conflicto directo entre grandes potencias?

Hay numerosas razones. En primer lugar, EEUU se ha acostumbrado a ser el país más poderoso del mundo, y ese papel no se abandona fácilmente. Si eres una superpotencia tienes poder de decisión en cuestiones relativas al orden mundial, a la economía, la seguridad. Pero en el fondo de todo hay algo emocional: “me gusta ser el número uno y quiero seguir siéndolo”. En cualquier caso, creo que un mundo en el que EEUU es la potencia dominante –aunque ninguna potencia dominante es popular– hace al mundo más libre y democrático que si China o Rusia fueran la potencia número uno. Sería muy interesante ver cómo actuaría EEUU si China fuera una democracia. Probablemente ambos países actuarían de manera muy distinta el uno hacia el otro en la situación actual. Una de las razones por la que los chinos y los rusos ven EEUU como una amenaza es porque están convencidos de que Washington quiere un cambio de régimen en Pekín y Moscú y no los acepta como gobiernos legítimos. Y eso está en el fondo del conflicto. Si Rusia y China fueran democracias, probablemente no dependeríamos de la disuasión, y habría más cooperación regional en busca de estabilidad. Aunque creo que incluso así EEUU querría ser el número uno. Para explicarlo tendríamos que recurrir a la teoría de las relaciones internacionales.

El mundo surgido de Internet

¿Cómo definiría el mundo moderno?

En mi opinión, las mayores fuerzas desde la caída del muro de Berlín han sido la integración económica, la globalización y la emergencia de un mundo en el que EEUU ha sido la potencia dominante. Y creo que una de las razones por las que hemos entrado en un periodo más inestable es porque muchas de esas fuerzas han sido cuestionadas. En primer lugar, la globalización y la estabilidad del sistema se han tambaleado por la crisis financiera. En segundo lugar, el poder americano ha sido desafiado de forma desconocida hasta ahora. Y en tercer lugar, el cambio tecnológico. Yo solía desestimar la idea de que Internet cambiara las relaciones internacionales, y sin embargo lo ha hecho en modos que solo ahora empezamos a entender. En parte por la creación de negocios muy disruptivos que tienen efectos políticos. En parte por la fragmentación de los medios de comunicación tradicionales y la generación de nuevas fuentes de información. También ha dado lugar a maneras de dirigir la economía que, a su vez, originan vulnerabilidades, como se ve con el auge de la ciberseguridad. Es un mundo totalmente distinto creado alrededor de Internet y apenas comprendemos todavía las implicaciones de ese cambio.

Y en ese mundo alrededor de Internet, ¿cuál es el papel del periodismo? Para unos, estamos presenciando el final del periodismo; para otros entramos en una nueva era informativa con grandes posibilidades.

Me preocupa sobre todo el futuro de los corresponsales extranjeros. Cuando comencé como corresponsal en Bangkok debía haber unos 10-15 corresponsales occidentales en plantilla de los grandes periódicos. Los medios ya no pueden afrontar esos gastos. Y esto tiene que ver con la calidad de la información. También hay un fenómeno que resulta incómodo para los occidentales, pero que no es necesariamente malo: el monopolio occidental de los medios globales está desapareciendo. BBC, The New York Times, Financial Times eran las voces dominantes, pero ahora tienes Al Yazeera, Russia Today, CCTV, financiados por el Estado, a diferencia de la financiación privada de los medios occidentales. Estos medios están creando narrativas alternativas, lo que es bueno porque hay más diversidad. Pero me preocupa que hayan sido creados por el Estado, por lo que no pueden considerarse medios independientes. Esto es potencialmente perjudicial a la hora de crear narrativas comunes sobre problemas comunes.

Por otra parte, el auge de las redes sociales es positivo en la medida en que están democratizando el debate, y se está informando de asuntos y en formatos totalmente novedosos. Lo malo es que estamos en un mundo que privilegia los comentarios sobre los hechos. Si tienes cada vez menos corresponsales, pero más voces, lo que se genera es una información fragmentada que potencialmente puede impulsar la polarización política. Creo que esto explica de alguna manera lo que está pasando con Donald Trump en EEUU. Las audiencias de los grandes medios se han reducido radicalmente, ya que ahora los ciudadanos buscan la información en otras fuentes. Estas fuentes tienen intereses diversos y operan de forma muy distinta a los grandes medios de comunicación. Sobre todo, se dirigen a grupos de lo que podría­mos llamar creyentes, y no están interesados en crear ningún tipo de narrativa común. Son capaces de difundir ideas como que Barack Obama es musulmán. Y es muy difícil corregir estas informaciones y corrientes de opinión. Por ello, creo que esto puede ser potencialmente corrosivo para la democracia. Pero no debemos caer en la histeria. Ya tuvimos movimientos de este tipo en el pasado, como el de McCarthy en EEUU. La fragmentación de los medios es quizá uno de los problemas para que se produzca un debate racional.

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Los fracasos de la democracia

Escribir sobre el futuro es un negocio arriesgado. La bola de cristal está agrietada; las fuentes son escasas; las extrapolaciones, dudosas. Pero no resulta mucho más fácil recordar la historia reciente, o comprender qué ha estado pasando exactamente. Cuanto más cerca estamos del pasado, más opaco aparece este.

Tal vez estoy permitiendo que la nostalgia pase por encima de la exactitud. Pero suelo recordar un mundo de certezas, de orden global y progreso. Como ha defendido Henry Kissinger, entre otros, parecía que la infraestructura geopolítica levantada tras la Segunda Guerra mundial por Estados Unidos y unos pocos aliados podía compararse con aquella surgida del Congreso de Viena en el siglo XIX, en cuanto a sus contribuciones a la paz y la prosperidad económica. Olvidémonos de las guerras subsidiarias luchadas en nombre de las ideologías de las grandes potencias en el sur del planeta. Olvidémonos de todos esos años durante los cuales la continuidad de la paz dependía de la amenaza del Armagedón. La segunda mitad del siglo XX supuso una notable recuperación de una primera mitad que en demasiadas ocasiones parecía dar la razón a Nietzsche cuando decía que Dios había muerto. Los escombros, las cámaras de gas y los dictadores despiadados dan testimonio de lo que la civilización occidental llegó a representar.

Y entonces llegaron los días de la reconstrucción. Los vencedores de las Grandes Guerras crearon un mundo mejor con generosidad y maestría extraordinaria por parte de Washington. Las Naciones Unidas, la Unión Europea, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, junto a la ininterrumpida difusión de la democracia y el Estado de Derecho, prometieron y proporcionaron un mundo mejor a millones de personas.

Los escombros, las cámaras de gas y los dictadores despiadados dan testimonio de lo que la civilización occidental llegó a representar

¿Qué pasó entonces? ¿Cuándo y cómo cambiaron las cosas? ¿Cuándo cambió el mundo de rumbo y tomó un nuevo camino en dirección a quién sabe dónde?

Quizá el momento del cambio llegó en el momento del triunfo aparente. El imperio Ruso había colapsado junto a la Unión Soviética, y con ello la promesa o la amenaza de la hegemonía comunista. China, India y otros abandonaron el Socialismo del Tercer Mundo y se unieron a la economía global. El Nuevo Orden Económico Internacional se impuso, pero sobre las bases de los mercados emergentes y el capitalismo. Las revoluciones democráticas bullían a lo largo del globo.

Desde entonces, las viejas certezas se han desmoronado en un estrépito de dudas y confusión. El auge económico de China parece tambalearse, dando alas a la perspectiva, según Larry Summers, de una recesión mucho más severa que las sufridas por otras economías de rápido crecimiento. EE UU continúa como la única superpotencia real, pero parece haber perdido la confianza en sí mismo y el entusiasmo por ejercer un liderazgo global en algún lugar entre los desiertos desagradecidos de Mesopotamia y las salas de reuniones de los comités del Capitolio.

Para algunos, Europa resulta tan decadente como una película de Sorrentino; en el mejor de los casos, navega entre los sueños del pasado y las duras opciones del presente, ostentosa e introvertida o competitiva y abierta. Estados fallidos, desde Asia central y occidental hasta el Sahel, exportan sus problemas y población. Las perspectivas deprimentes de los más pobres del planeta, el millardo de abajo, amenazan con convertir buena parte del globo en un campo de batalla darwiniano.

Podemos ver un punto de luz al final del túnel en el acuerdo global sobre cambio climático: demasiado tarde y demasiado poco, pero al fin algo sobre lo que construir el futuro. Esta amenaza nos recuerda, además, que los problemas que nos aquejan solo pueden ser resueltos de manera efectiva mediante la cooperación internacional. Quizá las personas sí que son conscientes de que nuestro futuro depende de ese sentido de intereses comunes y humanidad compartida, y sin embargo ni ellos ni los líderes que los representan actúan como si lo fuesen.

En EE UU y Europa los políticos evitan, temerosos, desafiar a sus votantes con las crudas realidades del siglo XXI

Este es sin duda el gran desafío de nuestro tiempo. A mitad del siglo pasado, las viejas democracias asumieron la tarea de conseguir que la cooperación funcionase y crearon instituciones que pudiesen canalizar y gestionar esa empresa común. La retórica iba por delante de la realidad. Siempre lo hace. Pero la ONU y su red tuvieron un éxito real a pesar de la tosquedad rusa de los primeros años y la ambivalencia de largo recorrido de las grandes potencias acerca de ceder autoridad a un gobierno cuasi-global. Sin embargo, hoy, junto a la autoridad de otras organizaciones regionales como la UE, la credibilidad y legitimidad de la soberanía compartida como medio para superar esas reticencias o acabar con las fronteras nacionales están desacreditadas o son ignoradas.

La globalización económica y las maravillas de la tecnología de la información deberían haber allanado fronteras y proporcionarnos una conciencia aún más acusada de los desafíos y la humanidad compartidos. Por el contrario, parecen haber tenido poco impacto.

¿A qué problemas podemos hacer frente sin estar unidos? Migraciones masivas, narcotráfico, crimen organizado, el comercio moderno de esclavos, el alcance violento de la de desolada rabia terrorista… la única respuesta efectiva a problemas como estos es trabajar unidos. Creamos instituciones para lograr esa acción conjunta; ahora, o bien hemos olvidado como solían funcionar, o no queremos asumir los riesgos de intentar que vuelvan a funcionar.

En EE UU y Europa –los cuales cargan con una responsabilidad particular acerca de la efectividad de todas esas instituciones globales– los políticos evitan, temerosos, desafiar a sus votantes con las crudas realidades del siglo XXI. ¿Decir la verdad a tus conciudadanos es la manera más rápida de perder el cargo? Tal vez, pero seguro que no para siempre. De hecho, si ninguno lo intenta, esos líderes políticos perderán de todos modos sus cargos y mucho más. Ya no es suficiente para presidentes y primeros ministros electos, como le sucedía al abate Sieyès durante la Revolución Francesa, considerar la mera supervivencia un triunfo.

¿Puede el sistema político americano, en excesivo partidista, dominado por el dinero, recobrar su vitalidad como ejemplo de la democracia? ¿Puede la política europea recuperar la moral, con líderes europeos contándole a sus ciudadanos más cosas de las que estos están cómodos oyendo? Parece haber un conjunto de preguntas existenciales acerca de la manera en que las democracias más antiguas gestionan sus asuntos. Tal vez incluso sin un esfuerzo democrático real, incluso sin volver a confiar en la razón y en la voluntad de los votantes de comportarse racionalmente, podríamos de algún modo apañarnos, salir del paso en los próximos años. El peligro es que apañarse ya no es suficiente. El peligro es que no podemos apañarnos y no nos apañaremos. El peligro es que estamos en el filo de la navaja en lo que Matthew Arnold describía como “esta llanura sombría”. El peligro es que esta vez caeremos.

Artículo de la serie “El futuro del conflicto” de International Crisis Group para celebrar el 20º aniversario de la organización. politicaexterior.com publicará en español los 20 ensayos de la serie.

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